Honremos hoy a Apolo.
Señor de los lobos, protege mis pasos en la oscuridad de la noche. Dirígeme hacia el amanecer.
Y no olvidemos tampoco a Dionisos.
Señor del éxtasis, condúceme ante mi esposa celestial. Que la niebla del mundo no oculte su brillo eterno y podamos beber, como siempre, de la misma copa.
¡Evohé!
© Fernando Busto de la Vega.