Category Archives: espiritualidad

TRES POEMAS DE OMAR JAYAM (O KHAYYAM, SI QUERÉIS UTILIZAR GRAFÍA INGLESA)

En tiempos de incertidumbre como estos, lo mejor es refugiarse en el placer sereno (o en el tumultuoso si se tienen a mano un par de mujeres ardientes y complacientes con las que fornicar y reír) y no renunciar al vino ni a la belleza mientras se escuchan palabras de sabiduría milenaria. Personalmente, me gusta, a veces, brindar a través de los siglos con Omar Jayam y hoy quiero hacerlo públicamente, en esta charla intemporal y muda aderezada con buen vino, mejor talante y una sonrisa relajada nacida de la confianza en el infinito y el desprecio hacia lo contingente.

Así pues, reproduzco aquí tres de los poemas de Jayam, que no serán hueros e inútiles en tiempos como los que corren.

¿Temes lo que pueda traerte el mañana?
No te apegues a nada, 
no interrogues a los libros, ni a tu prójimo.
Ten confianza. De otro modo,
el infortunio no dejará de confirmar tus temores.
No te preocupes por ayer, ya ha pasado. 
No te angusties por mañana, aún no ha llegado. 
Vive sin nostalgia ni esperanza,
tu única posesión es el instante. 
Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: amanece.
Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: anochece. 
 

Cierra tu libro y piensa. Mira impasible al Cielo
y a la Tierra. Da al pobre la mitad de tus bienes,
perdona las ofensas, no le hagas daño a nadie
y apártate a un rincón si quieres ser dichoso.

Son los versos de mi amigo Omar en los que ahora meditaba, con mi copa de vino en la mano. Ya es de noche, pero sé con certeza que amanecerá.

Y no olvidemos a ese respecto al amigo Juan de la Cruz.

© Fernando Busto de la Vega.

SOBRE JAINISTAS Y VEGANOS

EMBUTIDOS VEGANOS

Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver y, desde luego, no existe mayor fanático, y más estúpido, sectario y peligroso, que aquel que no solo rechaza la evidencia sino que, además, maniobra para impedir que esta se ponga de manifiesto. Ahora en el mundo woke y progre tenemos mucho de eso, llegando incluso a la implementación de legislación específica para imponer la censura y un pensamiento monolítico ayuno de crítica y en todo enfrentado a la realidad y el sentido común. Por ello es preciso combatir esas tendencias desde todas las trincheras posibles.

Confieso que, en su momento, allá por los lejanos tiempos de la adolescencia, sufrí una cierta fascinación por Mahavira, pero no tardé en desengañarme de sus seguidores a los que consideré desde un principio hipócritas, fanáticos y despreciables. El jainismo nunca quedó dentro de mis preferencias. No estoy lejos del principio de Ahimsa, pero insisto en que debe ser entendido correctamente. No puede existir la Ahimsa sin un orden firme que la establezca, vigile y regule y, consecuentemente, en ocasiones, la violencia es parte integrante e irrenunciable de la Ahimsa, de la no violencia. Un ejemplo: la delincuencia callejera, si no se combate con energía y no se elimina a los delincuentes, no puede existir la paz social, ergo: la violencia aplicada al establecimiento de esa paz social es parte inextricable de la no violencia. Naturalmente, esta concepción de la Ahimsa resulta ofensiva y herética para budistas, hinduistas y jainistas, pero eso solo demuestra lo equivocados que están y lo lejos de la verdad espiritual. Por otro lado, los activistas occidentales que asumieron la no violencia como método subversivo tampoco estarán demasiado contentos con mi interpretación, pero ese es un asunto que no debe ocuparnos aquí.

Como decía, no estoy lejos de la ahimsa, pero considero que debe entenderse de un modo adecuado. En ese sentido, si bien sentí un inicial respeto por el vegetarianismo al que esta induce (un respeto matizado por el hecho de que Hitler y otros líderes nazis optasen por el vegetarianismo bajo el influjo de su ideología) y casi simpatía por los jainistas, luego aprendí que, según su propia ideología, comer vegetales también está mal. Un buen jainista debería dejar de consumir alimentos y dejarse morir. Puesto que la secta ha perdurado durante milenios es evidente que no lo hacen. No, recurren a la hipocresía: dejan el trabajo de la recolección de alimentos vegetales a miembros de otras religiones a los que desprecian y estiman impuros hasta el punto de considerar manchado cualquier alimento que toque su sombra, pero aceptan los vegetales que les traen y se los comen conculcando su propia ley. Niegan la realidad: comemos y somos comida, la renuncia a esa realidad biológica implica la muerte.

JAINISTAS, TÉNGASE EN CUENTA QUE LA MASCARILLA QUE LLEVAN NO ES POR CAUSA DEL COVID SINO PARA NO HERIR AL AIRE CON SU RESPIRACIÓN. NÓTESE QUE TODOS LLEVAN LA NARIZ FUERA.

Es muy posible que yo mismo, cuando considere acabada mi misión en este mundo, renuncie al ciclo biológico y abandone cualquier tipo de alimentación para elevar mi espíritu al siguiente nivel. Hasta entonces dejo de lado cualquier hipocresía. Del mismo modo que no abandono ni el sexo ni el alcohol ni la vida crápula (siempre que me permitan mantener mis funciones cognitivas y espirituales en su culmen), no abandonaré mi condición de homínido omnívoro y, desde luego, no aburriré a nadie tratando de que lo haga. Mi mensaje vendría a ser: comed, bebed, fornicad, divertíos, sed traviesos, pero también útiles y respetuosos con los demás. Amad y sed amados.

Por desgracia en occidente, dentro de ese mundo woke, en todo contrario al Recto Orden, que está tomando el poder, tenemos una secta insoportable y fanática que lucha por imponer sus criterios y que, en cuanto nos descuidemos y adquiera el poder suficiente, lo hará mediante leyes. Son los puñeteros veganos.

Puesto que esta entrada se alarga ya demasiado, evitaré las largas disquisiciones y centraré la argumentación en un hecho evidente que por sí mismo ya desmonta todo el entramado vegano.

Los veganos, en su empeño por expandir su secta y soportar su tediosa y deficiente dieta, no dejan de imitar los alimentos de los omnívoros. Hay “embutidos veganos” como los que ilustran la primera fotografía de esta entrada, huevos veganos…de todo.

¿Qué demuestra eso? Que parten de la mentira y viven en la mendacidad. Si la condición de omnívoros no fuera parte esencial de la naturaleza humana, los veganos no tendrían necesidad de imitar los alimentos de los omnívoros para soportar su dieta y expandir su secta. Conclusión: dejadlo ya. Si queréis estar a la altura de vuestras convicciones éticas, ayunad y morid, ahí os respetaré como a santos y mártires. Si no estáis dispuestos a llegar tan lejos, haced lo que os de la gana, pero dejad de molestar.

© Fernando Busto de la Vega.

MEDITANDO DESNUDAS

Estamos en agosto, hace calor y no nos apetece enfrascarnos en sesudas y profundas disquisiciones. Así que tiraré de anécdota un tanto infantil y bastante ramplona para rellenar esta página y unos minutos de asueto para mis lectores.

Ya he explicado varias veces en estas entradas que lo mío es el zen (no budista) y el estoicismo. Naturalmente, uno no puede decir esto sin haber pasado un buen puñado de horas sentado en meditación y efectuándola con otras muchas técnicas. Por algún motivo esta circunstancia a los varones y a las mujeres de cierta edad les resulta por completo indiferente mientras que a las jóvenes las atrae con una cierta pátina de reverencia. Es lo habitual: donde las mujeres con experiencia ven un gilipollas, las jovencitas bobas encuentran un tipo muy profundo e interesante.

Ello conduce a veces, lo confesaré, a experiencias mixtas entre el misticismo y la bellaquería que encuentran su traducción en poemas como este de El Gorrión en la Rama Desnuda:

Al alba, sentada en tanga para meditar,
dice:—guíame.
Respondo:—mata a Buda sin vacilar.
Hazlo, y bésame. 

Esa mezcla entre lo divino y humano, que tanto puede escandalizar a muchos, es, sin embargo, una utilísima enseñanza que no desgranaré aquí.

Pues bien, vamos a la anécdota (y, ojo, a su enseñanza):

Días pasados, en un breve viaje a Levante, mi joven anfitriona y sus amigas me pidieron que las guiara en una práctica de zazen (o similar) que yo encaucé por la técnica Shikantaza.

El zazen siempre se practica vestido, pero las chicas, con la intención de integrarse en la naturaleza, exigieron practicar desnudas. Me pareció bien. Tal determinación condujo a unas largas pesquisas para encontrar un lugar lo suficientemente retirado y discreto como para encontrarse en la naturaleza, pero sin mirones indeseados.

Finalmente, al anochecer, consintieron comenzar el ejercicio.

No hubo mirones, pero las chicas acabaron huyendo a la carrera del lugar entre gritos y manotazos: atraían a los mosquitos y estos se mostraban inmisericordes. No negaré que me reí a gusto. Su impulso místico acabó ahí, mientras huían en cueros por el campo, no lejos del mar, perseguidas por una miríada de insectos.

En ese punto yo recordé otro poema de El Gorrión en la Rama Desnuda:

Calor feroz de estío, medito.
Las moscas que revolotean mi calva
¿me martirizan o me salvan?

Naturalmente no les hablé a las chicas de este poema ni de la enseñanza que conlleva. No lo hubieran comprendido. En lugar de eso se vistieron y buscamos una terraza agradable. Lo demás ya no resulta de interés para el lector.

© Fernando Busto de la Vega.

TRES ACTOS PARA CAMBIAR EL MUNDO

EL ENCABEZADO DE UN BLOG HA DE BUSCAR UN CIERTO ESPEJISMO DE PERFECCIÓN PARA ATRAER AL PÚBLICO. PERO…

Todos estamos asustados, es inevitable. Aunque no viviéramos en momentos como estos, en los que parece próxima nuestra extinción como especie, algún tipo de fin del mundo, la vida asusta. Me gustaría predicar la confianza, decir, como los grandes profetas de todas las escuelas espirituales: confiad, porque sois amados. Pero estas palabras no sirven para nada sino se viven. Son una enseñanza vacía y engañosa para la mayor parte de los seres humanos. Tarde o temprano llegareis a ese convencimiento, pero sé que no será ahora…ni próximamente.

También sé que la mayoría de vosotros, como yo mismo, buscáis el modo de ser útiles, de cambiar algo en este maremágnum que nos arrastra, de encontrar una esperanza, aunque la vida os destroza, las responsabilidades os abruman, el temor os atenaza…

A este respecto quiero proponeos una disciplina que me impuse hace años y que considero utilísima y una herramienta infalible para cambiar el mundo a vuestro alrededor y, sobre todo, para cambiar vuestro propio interior hacia una posición de mayor serenidad, felicidad y positividad que os hará infinitamente más fuertes y más sabios.

Es sencillo, son apenas tres actos a ejecutar: sonreíd, apreciad la belleza, haced lo mejor que esté en vuestras manos.

Aprenderéis pronto que para sonreír, es preciso que los demás sonrían también, y eso será una gran lección que producirá un enorme cambio a vuestro alrededor. Cuando comprendáis que hasta en los peores días, en los peores momentos y lugares existe un atisbo de belleza, eso también os cambiará para siempre, y para mejor. No excluyáis a las personas de esa apreciación de la belleza (apreciad y resaltad las virtudes de los demás y no enfaticéis sus defectos). Finalmente: en cada situación haced aquello que consideréis más elevado moral y espiritualmente. No son necesarios grandes gestos, ni grandes gestas, por el contrario, dentro de “lo mejor” se encuentra la humildad.

Probad, siquiera unas semanas: dos, tres…,y observaréis los cambios a vuestro alrededor.

Estamos al borde del abismo, pero podemos evitarlo con una sonrisa. No esperéis a que otros os salven, erigíos vosotros mismos en salvadores.

… LAS SONRISAS MÁS ÚTILES SON LAS SINCERAS Y LAS QUE SURGEN DEL CORAZÓN, AUNQUE VISUALMENTE NO CUMPLAN CON NUESTRAS ESPECTATIVAS ESTÉTICAS. SÉ QUE ME ENTENDÉIS.

© Fernando Busto de la Vega.

HOY, ALGO DE ESPIRITUALIDAD

Algún día escribiré un sesudo libro lleno de vacua erudición sobre la influencia de la espiritualidad contemplativa franciscana en San Juan de la Cruz, poniendo en su debida perspectiva la tan cacareada influencia sufí (que no niego) y aludiendo a un poco conocido manual de contemplación (para los modernos que se dejan seducir por lo oriental: de meditación) inglés del siglo XIV : La Nube del No Saber, que algunos atribuyen, sin demasiado fundamento, a un cartujo, pero que participa intensa y profundamente de la tradición mística franciscana.

Tradición, por cierto, que no recomiendo como camino de iluminación. Francisco de Asís, dueño de muchas virtudes espirituales, no dejaba de ser un desequilibrado y una creación de la curia vaticana para colonizar las ciudades que en ese momento escapaban de la influencia eclesiástica, y, por lo tanto, añadió una significativa carga ideológica y propagandística a todo el asunto de la formación de su orden que afectó también a la tradición contemplativa de la misma.

Esa insistencia, ideológicamente muy cristiana, pero espiritualmente perjudicial, en comparar la práctica contemplativa (o meditación) con la pasión de Cristo o el martirio de algunos santos, además de contraproducente, sádica y retorcida es por completo innecesaria. Llegar a la iluminación, al satori, si deseamos utilizar esa palabra japonesa tan vinculada el zen, es cuestión de disciplina y de constancia, pero no requiere necesariamente un periodo de sufrimiento intenso ni de identificación con el sufrimiento mistérico de ninguna mitología concreta, ni siquiera la cristiana.

A mi juicio, toda la tradición de contemplación franciscana que podemos ver en San Juan de la Cruz, por ejemplo en el poema Tras Un Amoroso Lance, cuya lectura recomiendo, pero que ofreceré al lector en la versión musical que Estrella Morente hizo en colaboración con Michael Nyman, conduce a una desesperación y dolor innecesarios para el buscador de la Verdad.

Por supuesto, y hay que decirlo, ese voluminoso y sesudo libro lleno de erudición que me propongo escribir, será por completo inútil. El camino espiritual hacia la iluminación es eso: un camino, una experiencia. Acción y no pomposa erudición.

A este respecto será interesante recordar aquel cuento zen en el que un maestro exitoso, con cientos de discípulos, se ve en la necesidad de dividir su monasterio y, por lo tanto, de erigir un nuevo maestro que comprenda la práctica contemplativa (o meditativa) y decide someter a sus discípulos a un examen. Los reúne a todos en lo que podemos definir como refectorio del monasterio, coloca en el centro de la estancia una escudilla con agua y pide a los monjes que expresen la naturaleza del agua sin utilizar esa palabra.

Naturalmente, los primeros en intentarlo son los eruditos, sentados en las primeras filas de la reunión. Durante horas parlotean y parlotean sin conseguir el propósito propuesto por el maestro. Al cabo, un fámulo, el más humilde de los monjes (y este no es dato baladí: si buscas la grandeza espiritual debes ser humilde y confundirte con los que están más abajo en la escala social, entre los poderosos nunca ha habido ni habrá presencia divina, ya lo dijo Cristo: antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico al Reino de los Cielos), harto de tanta cháchara y deseando acabar porque todavía debía fregar los platos y barrer el monasterio, se levantó, cruzó la habitación desde las últimas filas de los monjes, le dio una patada a la jícara con agua derramando esta y marchándose sin decir nada…él fue el elegido como nuevo maestro, porque era el único que demostró la comprensión última de la espiritualidad (de la cual el zen solo es un camino acaparado indebidamente por los monjes budistas).

No explicaré más. Quien esté preparado para comprender lo que digo lo comprenderá, los que no…bueno…cada cual ocupa su lugar en la escala de comprensión, id ascendiendo y todo llegará.

Comenzaba esta entrada con un poema de San Juan de la Cruz cantado por Rosalía, que homenajeaba la versión de Enrique Morente. Quiero terminarla ofreciendo al lector la versión original de este cantaor y haciendo un pequeño guiño erudito: esa fuente de la que habla el poema y que los cristianos identifican con el Espíritu Santo, entre los seguidores de Zoroastro se identificaba con la diosa Anahita, que los griegos asimilaban a Ariadna, la reina del Laberinto…os dejo el dato, aprovechadlo. No siempre tendréis tan cerca la comprensión.

Por cierto, que basta leer el poema que comienza: “Entréme donde no supe, y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo” para saber que San Juan de la Cruz, a pesar de su equivocada vía franciscana, alcanzó el satori, la iluminación. No dejéis de leer ese poema.

© Fernando Busto de la Vega.

Y, ya sabéis: matad a Buda, matad a Cristo, matad a Mahoma…morid vosotros mismos para resucitar.