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LOS REGALOS DE LAS ORCAS Y OTRAS OBSERVACIONES ETOLÓGICAS.

Parece que la nueva comidilla de la prensa sensacionalista (es decir: de la prensa toda en sus páginas secundarias) es un estudio sobre las orcas que determina un nuevo y hasta ahora nunca descrito comportamiento que hace hiperventilar a los etólogos y desvariar a los periodistas (que, hay que decirlo, deberían mejorar su formación humanística y científica, las nuevas hornadas salidas de las Facultades de Ciencias de la Información pueden ser águilas en ese campo, pero denotan en cada párrafo que escriben o en cada frase que enuncian sus profundas carencias en áreas tan importantes, indispensables para cualquiera que quiera explicar el mundo, aunque sea desde la humildad de la crónica diaria) amenazando con convertirse en la magufada del verano.

Hete aquí que ahora las orcas (se documentó primero el comportamiento en Oceanía, pero la prensa española asegura que también se da entre el grupo de orcas que hasta ahora eran conocidas por atacar barcos en el estrecho de Gibraltar) se dedican a hacer regalos a los barcos. Partes de sus presas son ofrecidas a los humanos, aparentemente con buena voluntad, y de este hecho andan los expertos sacando conclusiones, entre ellas la que parece más importante y aceptada es la que demuestra el reconocimiento de las orcas a la mente humana. Explican que esos regalos vienen a decir: «sabemos que sois inteligentes como nosotras y este es un regalo para demostrar esa equiparación y el respeto que conlleva». No lo niego, pudiera ser.

Sin embargo, en contacto con especies depredadoras no deberíamos descartar la posibilidad del señuelo y el tanteo. En cualquier caso, yo no sería el primero en lanzarme al mar para interactuar con las orcas amistosas que hacen regalos.

Por otro lado, tampoco cabe descartar una moda. Las orcas, las ballenas y delfines en general, no cabe dudarlo, son especies inteligentes y expresan comportamientos culturales (creo que ya no puede existir discusión al respecto y tampoco en referencia a los grandes simios, aunque yo lo extendería a las aves en general y a muchas otras especies, claro que yo no soy un etólogo). Ya previamente se han documentado comportamientos asimilables a modas. Por ejemplo aquella orca que en el verano de 1987 se puso un atún muerto en la cabeza a guisa de sombrero y dio en pasearse así por el océano. En cuestión de semanas todas las orcas en centenares de kilómetros a la redonda la imitaban. Luego, llegado el otoño, la moda cesó y no quedó rastro de ella hasta que en 2008 se recuperó brevemente. Es un caso curioso, existen muchos más que no puedo detallar aquí.

Debo decir a ese respecto, que las modas y comportamientos que podemos denominar culturales o tentativos (según el contexto en que deseemos enmarcarlos) no se dan únicamente en los mamíferos marinos o las aves (¿cabe recordar aquí aquellos mirlos de Gran Bretaña que en los años cincuenta aprendieron a abrir las botellas de leche que los lecheros dejaban en las puertas de las casas para ingerir su contenido?) si no también los peces. Tan solo hay que caminar y ver, mirar con atención a lo que nos rodea. Pondré un ejemplo desconocido: como todo el mundo sabe, el Ebro está infestado de enormes siluros. Hace años se hizo famosa su costumbre de acechar a las palomas que iban a beber en el tajamar del Puente de Piedra a su paso por Zaragoza. La costumbre cesó cuando las palomas trasladaron sus reales a una mejana existente pasado dicho puente donde el escaso fondo de la orilla y la claridad de las aguas les permite beber sin peligro. En consecuencia, hace años que no existen siluros acechando en los tajamares y la diversión que su caza ofrecía a los humanos que se asomaban al puente y las riberas, se difuminó.

No obstante, en años posteriores, y solo durante uno o dos veranos, los siluros adoptaron otra técnica de caza: saltaban del agua al paso de las golondrinas y aviones que hacían vuelos rasantes por la superficie del mismo río en la misma zona. Desde que me percaté del comportamiento y hasta que dejó de estar de moda nunca vi que resultara exitoso. Para cuando el siluro sacaba su cabeza o incluso gran parte de su cuerpo del agua, el pájaro hacía tiempo que había pasado y quizá por el constante fracaso, la técnica se abandonó, pero no deja de ser un interesante ejemplo de tentativa que puede llevar al cambio del comportamiento de una especie en concreto en un entorno determinado. Conviene tenerlo en cuenta para sacar las conclusiones adecuadas.

Por otro lado, he podido observar, y seguramente no seré el único, que gorriones y mirlos, ambas especies urbanas y en estrecho contacto con el ser humano, cuando obtienen un buen botín (generalmente un grueso escarabajo o una cucaracha enorme entre los gorriones, un cúmulo de lombrices entre los mirlos) suelen colocarse en algún lugar visible y mostrarle orgullosamente su botín a los humanos que pasan (y que en su mayoría, ciegos ante el mundo que les rodea, les ignoran), pero también es un comportamiento interesante y a tener en cuenta. Gorriones y mirlos gustan de presentar su prosperidad a los humanos con los que conviven. También esto merece un estudio profundo y las conclusiones adecuadas.

Acabaré esta entrada hablando de los patos. Vivo en un barrio en el que, hasta que la nociva alcaldesa de mi ciudad lo destruyó con obras e intervenciones destinadas en apariencia a la modernización, pero en realidad a la privatización del espacio público y el beneficio especulativo de las grandes empresas en detrimento del ciudadano, los patos se paseaban asiduamente por las calles. Esto daba lugar a una convivencia simpática que permitía admirar las normas de urbanidad de los patos. Era frecuente cruzarse en una acera o en una esquina con una familia completa de anátidas con toda su prole que al cruzarse con el humano de turno saludaban con un «cuac» específico acompañado de una mirada concreta. Cuando se les respondía con un «hola» las mamás meneaban la cola con satisfacción.

Es algo que he vivido. Lo cuento y dejo una última reflexión: urge replantearse la percepción de la conciencia de los animales que nos rodean y, en consecuencia, nuestra relación con ellos.

© Fernando Busto de la Vega.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES EL FUTURO

Giant robot exploding on city street with people running away and debris flying

La mayor parte del negocio digital consiste en vender humo deformando la realidad con añagazas propagandísticas basadas en el desconocimiento técnico de inversores y clientes. Esta es la realidad.

Cuando un espejismo deja de tener gancho o demuestra sus limitaciones de inmediato se crea otro y, a la postre, consiste todo en ir arrebatando a la gente (llámalo mercado, llámalo pueblo) su autonomía, su independencia y su privacidad para consolidar poderes omnímodos que no diferencian demasiado lo privado de lo público, el Estado de las grandes corporaciones. Es, en definitiva, tanto en oriente como en occidente, un método de asentar un totalitarismo de magnates y oligarcas en el que la mayor parte de la población esté en manos de unos pocos tiranos preapocalípticos. Por ese motivo, deberíamos ir poniéndole límites en nuestras vidas (y con nuestras leyes) al excesivo protagonismo tecnológico.

En ese contexto, la IA no es sino un espejismo más conducente a la imposición de la tiranía absolutista y totalitaria de las empresas que la impulsan y los Estados a su servicio (o, en el caso de China, del Estado y las empresas a su servicio, en este aspecto el orden de los factores apenas cambia el resultado final. Tan peligrosa es China para la libertad del mundo como Elon Musk, Mark Zuckerberg, los restantes oligarcas tecnológicos anglosajones y los Estados Unidos).

Ahora nos la venden como el santo grial, la respuesta a todas las preguntas…pero en modo alguno representa el futuro.

¿Por qué?

Muy sencillo: por dos factores claves.

El primero es que consume demasiada energía y requiere instalaciones masivas fácilmente accesibles al sabotaje y el ataque directo (acabar con la IA y con internet no precisa de sofisticados métodos electrónicos, basta con atacar la electricidad y el agua que mantienen en funcionamiento los grandes nodos de procesamiento de datos o, directamente, destruir estos y sus interconexiones, de modo que pequeños equipos analógicos y decididos podrían hacer saltar por los aires, incluso literalmente, no solo la Inteligencia Artificial, sino internet en su conjunto). Comandos organizados y armados con los medios e instrucciones de los años setenta bastarían para acabar con la IA atacando sus soportes físicos. Es tan sencillo como eso. Y da que pensar.

Por otro lado, insisto en el consumo de energía. El mantenimiento de los grandes centros de procesamiento de datos es, sencillamente, insostenible. Máxime en un contexto de calentamiento global que exija cada vez más refrigeración y, por ende, mayor consumo de agua y otros recursos primarios. Ergo, con el tiempo, la IA se vendrá abajo. Pasarán quizá décadas, pero su fin es ineluctable. Eso sin contar con la escasez de muchos de los componentes necesarios para hacer funcionar esta industria.

El segundo factor es su funcionamiento. Aunque pueda parecernos casi milagrosa, lo cierto es que la programación de la IA está dirigida a hacerla mediocre y la mediocridad siempre implosiona y se derrumba en la obsolescencia. Pensemos que la idea germinal de toda esa babel digital está en el funcionamiento de los hormigueros y los enjambres y que, por ende, se premia la ruta media. En otras palabras: la IA se nutre de senderos prefabricados por la media de los usuarios y no está dotada de mayores entendederas; es, por lo tanto, tendente a la mediocridad y la falta de originalidad en las respuestas a problemas complejos. Para obnubilarla y anularla bastará con presentarle señuelos aparentemente trascendentales y complejos, pero sin relevancia real mientras se la circunvala con operaciones menores preconcebidas en secuencia y con una finalidad determinada no previsible en los primeros pasos de dichas secuencias.

Pienso en un futuro próximo en el que quizá debamos sublevarnos contra los tiranos y luchar por nuestra libertad como especie e individuos. Yo, que soy previsor, ya me estoy preparando. Pero, tranquilos, mientras tanto sigamos utilizando la IA y, para predicar con el ejemplo, ilustraré esta entrada con imágenes elaboradas con ella.

Quiero terminar esta entrada citando a Futurama: « Tus labios, mis labios…¡El Apocalipsis!»

Rusty robot sitting on a stool smoking a pipe beside a broken robot in a workshop filled with mechanical parts.
En mis tiempos…cuando éramos los mejores…

© Fernando Busto de la Vega.

EL VALOR DE LA DERROTA

Young man sitting on curb in urban alley looking distressed with head in hands

No soy en absoluto aficionado a esa nueva suerte de pancracio que resultan ser las artes marciales mixtas, pero debo confesar que me hubiera encantado ver a Ilia Topuria, con su bandera española y entrando en liza con Antonio Banderas cantando la Canción del Mariachi derrotando en las narices del racista Trump al gringo de turno. No ha podido ser, resignación.

Sin embargo, el asunto nos sirve para abordar una interesante reflexión: la del valor de la derrota.

Hasta ayer Ilia Topuria era un campeón invicto, hoy es un hombre sabio y mejor práctico de su actividad. La derrota es devastadora y nos hace envejecer (la vejez en muchos casos tiene más que ver con las experiencias que con la edad), pero nos enseña.

Un campeón (o un general ) invicto, por mucho brillo que expanda a su alrededor no es sino un proyecto a medio terminar. La derrota enseña más que la victoria continua. Sobre todo, que somos humanos y sometidos a nuestras propias insuficiencias. También que la soberbia del invicto es solo un aspecto ridículo de una adolescencia tardía. Nos guste o no, hemos nacido para ser derrotados y, a pesar de ello, seguir peleando. Esa es la verdadera naturaleza de la vida: sobrevivir a pesar de nuestras limitaciones, seguir luchando incluso cuando nos han apaleado y humillado. Saber que, llegado un punto, solo vamos hacia abajo. La culminación es siempre el inicio de la decadencia.

Pero el éxito del ser humano, en realidad de cualquier ser vivo, es sobrevivir a pesar de la decadencia. Persistir a pesar de las derrotas. Sobrevivir.

Es ahora, cuando ha dejado de ser invencible, que Ilia Topuria (y recurro a él como simple ejemplo extensible a todos nosotros) debe demostrar que es grande. No es lo mismo ser victorioso que grande. La victoria no demuestra nada, la grandeza nos constituye…si la poseemos y la sabemos implementar.

El valor de la derrota es, filosófica y humanamente, impagable. Rezad por ella cuando os creáis los mejores. Y dejad de serlo para ser, simplemente, grandes.

© Fernando Busto de la Vega.

AHORA COMPRENDEMOS MEJOR LAS LEYES DE ZAPATERO

Anda la izquierda española apesadumbrada y desorientada a raíz de las imputaciones contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) al que consideran un «faro moral» por mor de las leyes disolventes y perjudiciales que impuso y han conducido a España a la decadencia en menos de dos décadas. Recordemos que este fue el tipo que defendió la «alianza de civilizaciones», las leyes de ideología de género, el impulso del feminismo radical y fanático (no lo hay de otro tipo), de matrimonio llamado paritario, de exaltación de la homosexualidad, de normalización de la inmigración y regalo de la nacionalidad española a gentes que ni siquiera saben hablar español…en fin: todo aquello que (junto con el auge, nunca hay que olvidarlo ni dejar de señalar a quienes lo impulsan, también traidores a España, aunque de distinto signo, del evangelismo) está conduciendo a España a la destrucción.

Para la izquierda y los llamados «progresistas» todas esas aberraciones morales convertidas en leyes representan un «avance». Pero la realidad es que están destruyendo a España y deben ser revertidas a la mayor brevedad para recuperar el pulso social y las posibilidades de conquistar un futuro nacional de carácter popular. Con esas leyes en vigor nada nos salva de acabar convertidos en un Estado fallido, rumbo que llevamos y que nos acerca cada vez más al precipicio.

Ahora sabemos que Zapatero era corrupto, que andaba en sospechosos y vergonzantes tratos con el bolivarianismo venezolano (y cualquier español que acepte el bolivarianismo, el indigenismo o cualquier otra encarnación de la Leyenda Negra y del maoísmo, caballo de Troya del imperialismo chino, solo puede ser considerado un traidor y despreciado como tal) y los intereses geoestratégicos de China. Es decir: que era y es un instrumento en manos de nuestros enemigos.

Ello nos ayuda a comprender mejor sus perjudiciales e inaceptables leyes. No se concibieron como un avance moral ni una demanda social ni para cambiar la nación, sino para debilitarla al servicio de nuestros enemigos. Zapatero que, no lo olvidemos, fue capaz (junto con Rajoy) de cambiar la constitución española para satisfacer a los buitres alemanes y americanos obligando a pagar la estafa a la que nos sometieron los bancos de dichos países (y de otros como Inglaterra) por encima de las necesidades presupuestarias para atender el Estado del Bienestar español, es decir: los intereses de la Nación…Zapatero, decíamos, las impuso con la finalidad que están consiguiendo: conducir a la decadencia a España y convertirla en un Estado fallido.

Si, como parece, próximamente en sede judicial se confirma la corrupción de ZP y su enriquecimiento al servicio de intereses extranjeros (venezolanos, chinos…) no solo deberá juzgársele como traidor a España y enemigo del pueblo (cuando se restablezca el orden y esto sea posible) sino también conceptuar todas sus leyes como instrumento de la destrucción de España y, por ende, revertirlas y castigar con dureza a cuantos las defendieron, defienden y apoyan. Esa gente no es progresista o izquierdista, es antiespañola, por convencimiento o simple estulticia, pero deben en cualquier caso ser apartados de la vida pública y castigados de inmediato en función de sus culpas.

Es necesario restablecer el orden en España. Hoy, no mañana. Y, para ello, necesitamos derribar el ilegítimo régimen de 1978 y establecer uno nacional, revolucionario y temporalmente autoritario. Ese es nuestro camino de salvación, el único.

© Fernando Busto de la Vega.

LA PAYASADA DE LEÓN XIV EN ESPAÑA

Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán español, y esta inapelable realidad es aplicable a las payasadas que el papa León XIV ha venido a predicar a España, especialmente en relación con la invasión de migrantes africanos que estamos sufriendo.

Hay que explicarle al papa, y a quienes comulgan (siendo católicos o progres) con sus posiciones, que un país, un continente, no es una ONG, no es una maquinaria destinada a sacrificar el presente y el futuro de sus nacionales para satisfacer las desordenadas ambiciones de naturales de otras regiones, sino un instrumento para el mantenimiento de la prosperidad y el progreso de esos nacionales (que son, junto a sus antepasados, quienes con su esfuerzo, trabajo, estudio y predisposición la han instalado en la vanguardia económica, social y cultural del mundo) así como la defensa y expansión de la Civilización, papel que España, como sabemos, cumplió sobradamente en el pasado y está destinada a cumplir en el futuro.

Ello es incompatible con arruinarse aceptando pasivamente la invasión de elementos culturalmente inferiores que en la mayoría de los casos (puedo afirmarlo por mi experiencia profesional diaria) ni saben leer ni escribir y mucho menos manejar la nueva tecnología ni adaptarse a las costumbres europeas ni desean aprender ni adaptarse. Antes al contrario, importan a Europa las suyas hasta el punto de corroer los barrios en los que se hacinan y cuyos bancos se atestan de negros tumbados o repantigados descalzos y con las barrigas al aire, vagueando durante todo el día y toda la noche y de moros gritando y acosando mujeres en todas las esquinas (donde muchos de ellos se dedican a trapichear) …¿Le parece al lector bienintencionado una descripción racista y xenófoba? Eso es porque no ha sufrido esta invasión. Le recomiendo, si tiene ocasión, que se pasee por el barrio de las Delicias de Zaragoza o el del Gancho de la misma ciudad y luego opine. Si no puede trasladarse a Zaragoza, no importa: España y Europa están llenos de barrios semejantes, degradados hasta el extremo por la inmigración africana y americana.

¿Es de recibo que alguien, cualquier figurón internacional, cualquier ideología estúpida, nos obligue a soportar esto? ¿A aceptar unos procesos inasimilables que nos convierten, paso a paso, en países del tercer mundo? La inmigración depaupera la sociedad europea y ese es un hecho incontrovertible. Seguir en la misma línea que hemos seguido hasta ahora y que defiende el papa, solo tiene un final: la destrucción de Europa y su conversión en un territorio arrasado, alejado del progreso, la riqueza y la civilización, en un continente fallido hundido en la miseria, la ignorancia y el islam.

Es preciso recordarle a ese payaso vestido de blanco que llaman León XIV y tuvo la humorada de viajar a Canarias para defender políticas tan desastrosas, que los migrantes africanos son en su mayor parte musulmanes y lo primero que hacen, en cuanto llegan a España, es organizar una mezquita. No una iglesia ni un centro de estudios de cultura europea: una mezquita, mientras que los americanos, aparte de introducir las bandas de delincuentes hasta hace un par de décadas por completo desconocidas en Europa, suelen apiñarse en otra de las sectas que amenaza a la civilización: las iglesias evangélicas.

De modo que la inmigración, además de delincuencia, pobreza e involución, inunda España de dos de las más peligrosas sectas que amenazan a la Civilización en el mundo: el islam y el evangelismo. Ya solo por eso debería controlarse con microscopio quién entra en España y como se comporta. Porque las actuales políticas son disolventes y destructivas y solo pueden ser impulsadas por memos absolutos o traidores. Da lo mismo, ambas categorías deben ser apartadas del poder a la mayor brevedad y castigadas duramente por sus crímenes. El papa-payaso es un propagandista de estas políticas y, por ende, cómplice de estos crímenes.

Es preciso explicarle también a León XIV que España es una tierra repoblada. Según avanzó la Reconquista, nuestra gloriosa y costosa liberación del yugo musulmán, proceso secular que salvó a Europa y la convirtió en lo que es hoy, fueron repoblándose las tierras que los moros abandonaban. Y se hizo con método y unas líneas políticas muy claras. En primer lugar, se elegía repobladores que mejoraran la raza. No cualquiera podía instalarse en las tierras liberadas de la frontera. Por regla general se trataba de gentes del norte de la península sin mezclas perjudiciales (Roma, con su legado genético unido al de celtas e íberos, y los visigodos eran la materia de la repoblación a la que se unían, gentes procedentes del norte de los Pirineos). Y esto fue así desde las primeras repoblaciones en el siglo VIII hasta el siglo XVIII cuando siglos después de acabada la Reconquista se decidió repoblar Sierra Morena y se hizo con alemanes católicos. Porque esta es la segunda parte de la ecuación: España se construyó con la dirección genética adecuada y la estructura ideológica precisa. En ese sentido, la Inquisición (tan denostada por los anglosajones y germanos protestantes porque les impidió eficazmente mangonear en España) no fue un instrumento de atraso, sino de defensa de la unidad cultural y moral que llevó a España a convertirse en la Nueva Roma llevando la Civilización no solo a América, sino al orbe entero.

Esa debe seguir siendo, en el siglo XXI, la política rectora de nuestro desempeño como nación: una defensa cerrada de nuestro legado genético y cultural que excluye por definición el asentamiento de negros, moros y otras razas secundarias en nuestra tierra sagrada. Otra cosa es avanzar hacia el tercermundismo y la destrucción. Convertir a Europa en una África 2.0 en plena y desastrosa involución.

Por otro lado, ante un panorama en el que se le está regalando la nacionalidad española a gente que ni siquiera es capaz de hablar correctamente el español, a menudo ni de balbucear un par de palabras, habría que recordar a los traidores que nos gobiernan que español se es, por constitución inmemorial, por derecho de sangre. Todo lo demás, aunque se haya legislado en las ilegítimas cortes del ilegítimo régimen de 1978, es traición, es contrafuero. Y deberá pagarse.

Lo dejo aquí.

Clown in bishop attire with colorful robe and mitre holding a staff at seaside
UN PAPA-PAYASO

© Fernando Busto de la Vega.