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YO ME QUEDARÉ EN MI CASA (ALQUILADA)

No cabe la menor duda de que es indispensable, para la salvación de España, poner coto a la colonización, siempre nociva, de los fondos buitre y de los especuladores inmobiliarios, cambiar de raíz el modelo económico obsoleto, cleptocrático y extractivo que padecemos en nuestro país y erradicar sin contemplaciones el capitalismo liberal de origen anglosajón y protestante que tanto ha contribuido a la decadencia de la nación. Esta es mi más íntima convicción y parecería que, haciendo honor a la más estricta coherencia ideológica, debería salir de inmediato a la calle para sumarme a la movilización que estamos viendo estos días. Pero no lo haré. Ni siquiera en defensa lisa, llana y cruda de mis intereses más inmediatos como alquilado.

¿Por qué?

Porque esos mismos que ahora gritan en las calles en defensa de cambios en el mercado inmobiliario hace exactamente un mes (escribo el 2 de octubre recordando las innobles contramanifestaciones del 2 de septiembre) se dedicaban a insultar a los patriotas que nos manifestábamos a cientos de miles en defensa de Ceuta y la integridad territorial de España.

Porque al salir ahora a las calles a gritar por los derechos de los inquilinos no hacen otra cosa que tratar de tapar el peligro que corre Ceuta y sé que no les importaría ver desmembrada a la nación y venderían nuestra independencia y nuestra continuidad histórica por la simple posibilidad de alcanzar el poder e imponer sus maximalismos tiránicos (y por lo tanto son enemigos de España y del pueblo y deben ser combatidos).

Porque en sus concentraciones se ondea la tricolor republicana (no olvidemos que el morado de la misma alude a las sectas masónicas, siempre enemigas de España y responsables de la pérdida de nuestro imperio) y se reclama su legado, siempre innoble, sangriento, desestabilizador, antiespañol y conducente a la decadencia social, moral, cultural, política y espiritual de la nación y se abuchea la rojigualda, símbolo de unidad, permanencia y grandeza futura del Estado.

Porque jamás me uniré a demagogos que se autodenominan en femenino y aprovechan el apoyo de los gobiernos moralmente deleznables de la izquierda para sembrar en los institutos públicos dementes programas de ideología sexual y de género que arrastran a los adolescentes a problemas mentales y personales de gran calado contribuyendo a la destrucción de nuestro capital futuro y, en el mismo sentido, nunca caminaré con quienes apoyan estúpidamente el reemplazo genético y cultural en lugar de defender a ultranza nuestro legado en todos los campos de batalla que pudieran presentarse y menos aún apoyaré a quienes consideran que la civilización europea ( y española) tienen el mismo valor que las subculturas atrasadas de otros lugares del mundo.

Porque, y lo digo alto y claro, por alguna razón difícil de comprender en las manifestaciones y movilizaciones de la izquierda solo hay individuas feas e histéricas (al menos en las de la derecha puede uno conocer chicas con clase, buena educación y no mal físico, lo que no es razón huera ni de poco peso para lanzarse a una revolución, cualquiera que esta sea) que revuelven el estómago y deprimen el ánimo.

Y, finalmente, porque hay que tener mucho cuidado con las compañías y las celadas.

Lo que está sucediendo en España con este Sindicato de Inquilinas y todos sus satélites del submundo rojo-aberchale, antiespañol e independentista, es similar a cuando un grupo de adolescentes malintencionados, tratan de convencer a la guapa de la clase para que salga con ellos poniéndose la piel de cordero y ofreciéndole planes aparentemente deseables, pero con la intención de drogarla, bajarle las bragas y sodomizarla en comandita en cualquier edificio abandonado.

Hay que saber quien nos invita a salir y si nos conviene aceptar o no.

En este caso, no nos conviene. El problema inmediato, urgente, sigue siendo la amenaza de nuestros enemigos (entre quienes se cuentan, en el frente interior, estos alborotadores de los que hablamos) sobre la integridad y continuidad de España.

NOTA (4 de octubre de 2026).- No cabía esperar otra cosa: sobre esta entrada está actuando la censura del SEO y de la promoción, eso deja muy claro, de nuevo, la falta de libertad que experimentamos los patriotas y al servicio de qué intereses e ideología están las empresas tecnológicas. No resulta ninguna sorpresa, pero es bueno recordarlo, aun sabiendo lo limitado de nuestra voz en este ecosistema adverso.

© Fernando Busto de la Vega.

ESPRAY DE PIMIENTA

Seguramente, el concepto icónico y determinante que nos ha dejado la invasión magrebí en Ceuta es el de todas esas mujeres y niñas españolas que, de pronto, han visto radical y salvajemente comprometida su seguridad y su libertad viéndose obligadas a modificar su vestimenta, restringir sus movimientos y protegerse con espráis de pimienta del acoso y los asaltos de los bárbaros del otro lado de la frontera ilegítimamente asentados (con la traidora y vergonzosa connivencia del Gobierno español de turno) en una ciudad plena e indiscutiblemente española.

Ahora bien, solo los muy ignorantes pueden sorprenderse con este desarrollo de los acontecimientos.

La permisividad de los gobiernos españoles de turno (a un lado y otro del decepcionante espectro parlamentario) con la instalación de magrebíes ( y musulmanes en general) en España tolerando que conviertan (como sucede por otro lado en Francia y en otros muchos países que han seguido similares e inconcebibles políticas de tolerancia que niegan todas las enseñanzas de la Historia en aras de unas ideologías nefastas y contrarias a los intereses de la civilización que Europa representa y, claramente, de sus pueblos autóctonos preteridos por las políticas oficiales en beneficio de neodamois indignos) barrios enteros en guetos y pueblen la geografía de mezquitas grandes y pequeñas destinadas no a la oración sino al adoctrinamiento y la financiación ilegal de muchas acciones hostiles a la patria que les acoge, hace mucho tiempo que ha perturbado la existencia de miles, quizá decenas de miles, de mujeres españolas que han visto coartada su libertad y su tranquilidad por la agresividad sexual de estos energúmenos circuncidados y sin domesticar.

Prescindiré aquí, como suelo hacer en estas páginas, de grandes datos estadísticos y de estudios pomposos (y generalmente sesgados a favor de la ideología dominante, cuando se abordan, que es rara vez porque un análisis siquiera somero de las consecuencias del establecimiento de musulmanes en Europa resulta siempre demoledor para las autoridades corruptas que lo permiten) y me centraré en lo que puedo atestiguar personalmente, en lo que he vivido.

Contaré, pues, unas pocas anécdotas del día a día que se remontan en algunos casos a décadas atrás.

Quiero recordar aquí a una compañera de trabajo, una de las mujeres que se encargaba de la limpieza del centro donde yo realizaba entonces mis labores de humilde servidor público, que vivía en un entorno islamizado y que debía salir acompañada por su marido para ir a trabajar cuando le tocaba el turno de mañana y se veía obligada a salir todavía de noche para llegar temprano a su quehacer laboral. Cerca de su casa había unos bancos que ocupaban los magrebíes desde el anochecer hasta el alba creando un clima de inseguridad y trapicheo de drogas y, si salía sola, la acosaban, la agredían y estuvo cerca de ser violada en más de una ocasión. No era una mujer especialmente joven ni espacialmente hermosa, y aun así, cuando los (no voy a decir putos moros) individuos aquellos la veían salir a ganarse honradamente la vida, la tomaban como presa para sus sucias mentalidades y sus impulsos animales. Como ella, todas las vecinas que se veían en sus mismas condiciones, incluso las adolescentes que regresaban del instituto o de sus actividades ya anochecido, sufrían similar acoso, igual peligro, sin que las autoridades (ni, por cierto, las feministas) hicieran nada en su favor. Imperaba, como en todos los guetos islamizados, la ley de los invasores y sus agresiones y acosos quedaban impunes, lo que, naturalmente, les envalentonaba.

Esto es moneda común, como digo, en todos los barrios con población musulmana.

Pondré ahora dos ejemplos que me tocan incluso más de cerca.

Cierta noche (serían las diez) regresando a mi casa del trabajo, pasé cerca de un Kebab. La calle estaba bien iluminada y razonablemente poblada, lo que no obstó para que uno de los camareros del local (en este caso un paquistaní) desocupado y aburrido, al ver pasar una muchachita de unos dieciséis o diecisiete años bastante bonita y con unos pantalones más o menos ceñidos, le saliese al encuentro y le agarrase violentamente la entrepierna con una sonrisa babosa mientras con la otra mano buscaba manosearle los pechos y sus dos colegas le jaleaban. Naturalmente, me vi obligado a intervenir y la cosa terminó como el rosario de la aurora. Finalmente intervino la policía y, creánlo, a punto estuve de ser yo el detenido. El paquistaní se fue de rositas y la chiquita llorando sin atreverse a denunciar. ¿Qué le hubiera sucedido de no intervenir yo? ¿Cuántas otras sufrieron un asalto similar?

Otro ejemplo más sangrante: en un supermercado uno de estos bachimozuques se atrevió a empujar a mi madre porque no le permitía colarse en una fila y hasta tuvo el atrevimiento de levantarle la mano. Para su desgracia yo andaba cerca…y no voy a contar las consecuencias de sus demasías, pero el honor quedó a salvo y el ejemplo firmemente establecido. Desde ese día, todos los (no los llamaré moros de mierda) vecinos del Magreb que se cruzaban con mi madre, le sonreían, le hacían reverencias y la saludaban untuosamente.

No quiero alargar en demasía esta entrada, de modo que terminaré poniendo de manifiesto un hecho para mí sangrante y paradójico.

Conozco jovencitas marroquíes y argelinas criadas en España que, a simple vista, nadie identificaría como musulmanas. En España visten y se comportan casi igual que las chicas españolas, pero cuando viajan a Marruecos o a Argelia, ellas mismas me han confesado que visten con ropas adecuadas, que se disfrazan, en sus propias palabras, de moras, con un solo designio: evitar se acosadas y violadas.

A pesar de ello, prefieren vivir en Marruecos o Argelia que en España, lo cual se debe al férreo adoctrinamiento de las mezquitas (en las que no solo se habla de religión, sino sobre todo de política) y la cerrazón de sus familias, que disimulan modernidad en España sin dejar de rumiar por dentro sus anacrónicos prejuicios africanos (y musulmanes). Eso es lo que hay.

Lo dejo aquí.

Bueno, no: una última cosa. Quiero dirigirme a esas oenegés dedicadas (a cambio de importantes réditos conseguidos del dinero público, lo que las convierte en entes parásitos del Estado) a defender a los invasores y fomentar sus fechorías. Solo quiero hacerles una pregunta, mejor: una afirmación evidente. Sois conscientes de que vuestras acciones innobles e indignas, además de constituir traición a España y a la Civilización, provocan las agresiones, el acoso y las violaciones de miles, quizá cientos de miles, de mujeres españolas, muchas de ellas niñas y adolescentes. Lo sabéis y persistís en vuestros crímenes ¿En qué os convierte eso? ¿Cuál creéis que será vuestro castigo, no institucional, sino personal, cada uno de vosotros deberá pagar individualmente por sus acciones, cuando se restablezca el orden?

Ahora sí que lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

BOMBARDEAR RABAT EN 48 HORAS (O ANTES)

¿Estoy furioso por la gestión derrotista, colaboracionista y propia de un traidor como Pedro Sánchez en relación con la invasión, tan parecida a la Marcha Verde, de Marruecos sobre Ceuta?¿Y quién no? Algún día quiero ver a este traidor a España en la cárcel por su repugnante actitud. Hasta entonces me hago una pregunta: ¿Por qué nuestros aviones de guerra no están sobrevolando nuestras fronteras del sur? ¿Por que no estamos movilizando a la Legión y los Regulares? Ese es el único lenguaje que la tiranía alauita comprende.

Es famoso el momento en el que Hasán II (no lo olvidemos, un criminal de guerra y genocida) amenazó en Madrid con ocupar por sorpresa Ceuta y Melilla y cómo Adolfo Suárez, entonces presidente del Gobierno, zanjó el asunto desactivando la amenaza, amenazando a su vez con bombardear Rabat y Casablanca en el plazo de 48 horas después de la invasión. Una respuesta contundente que anuló la amenaza del sátrapa marroquí y enfrió durante décadas sus maniobras ofensivas.

Menos conocida (porque la izquierda se empeña en ocultar la Historia de España, especialmente en determinados periodos para poder mentirle al pueblo y obtener réditos electorales) es la maniobra que en diciembre de 1957 la Armada española llevó a cabo contra Agadir (un puerto atlántico marroquí).

En ese momento, la provincia española de Ifni, en África, estaba siendo atacada por «fuerzas irregulares» no identificadas y pretendidamente independientes. Todos sabían que estaban apoyadas por Marruecos y que con la excusa de establecer algún tipo de cortafuegos que separara a los irregulares y las tropas españolas el Ejército Real Marroquí pretendía cruzar la frontera con la intención real de ocupar Ifni y expulsar a los españoles.

La respuesta del generalísimo Franco, en ese momento Jefe del Estado español, fue tajante: envió barcos de guerra a Agadir que realizaron dos pasadas por la bahía marcando con sus cañones sus objetivos en la ciudad, pero sin llegar a disparar. El aviso, de todos modos, llegó a donde debía llegar y el sátrapa genocida e ilegítimo del momento, Hasán II, padre del actual sátrapa ilegítimo, Mohamed VI, detuvo la invasión.

Imagino que, en gran medida, los débiles gobernantes actuales de España se mantienen calladitos e inactivos porque, en realidad, el enemigo yanqui está (como siempre) detrás de las acciones marroquíes, pero ese no es motivo para la inacción. Somo españoles…actuemos como tales y que luego nos salga el sol por Antequera.

NOTA: Tampoco estaría de más hacer volar por los aires al sátrapa o al heredero (ya deberíamos haber fomentado una banda terrorista saharaui o comunista bajo control español para poder llevar a cabo operaciones tan necesarias como estas) o desestabilizar la dictadura enemiga apoyando y fomentando organizaciones (políticas, culturales, armadas) defensoras de la independencia del Rif o del Sáhara. Pero no actuamos. Los Reyes Católicos, Felipe II y cuantos fueron españoles de verdad están revolviéndose en sus tumbas.

© Fernando Busto de la Vega.

CEUTA Y LA ANTIESPAÑA

La izquierda antiespañola (que es toda al menos desde 1833) siempre anda entonando jeremiacas e hipócritas lamentaciones acusando a los defensores de España de fascistas, ultras, xenófobos y demás descalificativos del canon (o manual) habitual de su sanedrín oculto cuando, después de un desaguisado provocado por su incompetencia o su abierta traición (como lo sucedido en Ceuta en el verano de 2026), los verdaderos patriotas se ponen manos a la obra para restablecer el orden.

Ahora andan, ciertos medios de todos conocidos y cuyos dirigentes e integrantes deberán ser juzgados y castigados por traición cuando por fin derribemos el ilegítimo régimen que les permite existir, lloriqueando porque los ceutíes, hartos de sus mentiras y de sus retorcidas acusaciones, les increpen. Le sucede lo mismo a ciertas ONG que, en plena invasión de territorio español, se dedican a defender y ayudar a los invasores traicionando con ello a España y los españoles.

En situaciones como esta es preciso dibujar con plena claridad cual es la realidad: España ha visto invadido su territorio en una operación de guerra híbrida llevada a cabo por Marruecos con la aquiescencia y el apoyo oculto del enemigo estadounidense. Muchos de los invasores engañados volvieron a Marruecos por su propia voluntad, pero han quedado los irreductibles, que ocupan el territorio español, suponen una carga para el Estado y la sociedad (a la que no han contribuido ni contribuirán) y sirven a sus amos extranjeros en contra de la soberanía y estabilidad de España. Son enemigos de España dentro del territorio español. Estamos en una situación de guerra híbrida en la que nos jugamos la soberanía de nuestra patria, un territorio que debería considerarse como inviolable y sagrado, y en esa tesitura, sumándose a la indolencia culpable del Gobierno social-comunista que padecemos, ciertos medios patrios, de idéntica tendencia, salen a defender a los invasores y a insultar a los españoles (por lo visto, defender a tu patria, tu territorio, las calles que deberían transitar tranquilamente tus hijos, tus servicios públicos, tu pertenencia a España es convertirse en un ultraderechista peligroso, en un xenófobo poseído por el odio). Lo mismo sucede con determinadas ONG sufragadas por el Estado (y algunos Estados enemigos) que aparecen para alimentar, defender, asesorar y hasta armar a los invasores. ¿Alguien se extraña de que estos periodistas y «activistas» sean percibidos por el pueblo como enemigos y, por lo tanto, increpados?

Estamos sufriendo una invasión, un ataque por parte de Marruecos y Estados Unidos y los invasores que han decidido permanecer en Ceuta no son seres inocentes (les vemos violando a sus propias mujeres, a menudo niñas, atacando patrullas militares, robando, negándose a marchar del territorio invadido, empecinados en mantener su vinculación al islam, que es incompatible con la civilización europea…), pero son preferidos por ciertos medios de comunicación, por ciertas organizaciones presuntamente benéficas, pero de lealtades dudosas y por ciertas organizaciones políticas a la integridad de España y a los intereses de los españoles, que son insultados y acosados por esas instancias cuando osan defenderse. ¿Cómo debemos interpretar esta situación? Solo cabe una interpretación: como traición (y como tal deberá juzgarse y hacerse pagar en el futuro).

Pero tampoco supone ninguna sorpresa. La izquierda española siempre fue antiespañola. Recordemos que ya en 1909 los traidores anarquistas de la CNT montaron motines y disturbios (la Semana Trágica de Barcelona) en connivencia con los republicanos y los independentistas catalanes para intentar evitar que España recuperara su pulso y defendiera sus fronteras con el establecimiento del protectorado en el norte de Marruecos. Recordemos que en 1922-1923 el filibusterismo parlamentario del PSOE y los republicanos, apoyados en la calle por los anarquistas, costó más vidas de soldados españoles que el desastre de Annual (1921) por el mero hecho de que todos los diputados socialistas de la época estaban a sueldo del traidor y especulador socialista Horacio Echevarrieta, que tenía intereses en el chiringuito que nuestro enemigo y traidor Ab el-krim había montado en torno a la capital de su insurrección en la bahía de Alhucemas.

Fue tal el daño que causó aquella constante traición del PSOE en 1922-1923 que fue necesario que el general Primo de Rivera diera el golpe de Estado de 1923 para organizar a continuación el desembarco de Alhucemas (1925) acabando con la insurrección en nuestro protectorado.

Más tarde, en 1931, el PSOE (como sigue haciendo con las llamadas Leyes de Memoria Democrática) falseó la historia culpando al rey y al general Fernández Silvestre de graves cargos en 1921 y haciendo olvidar sus crímenes de 1922-1923.

Cien años después seguimos igual.

Si queremos defender la integridad territorial de España, lo he dicho aquí hasta el aburrimiento, debemos, por un lado, acabar con el ilegítimo e ineficaz régimen de 1978 que nos conduce a la condición de Estado fallido y por otro hacer una intensa y generalizada limpia de enemigos interiores, tanto de partidos e instituciones (sindicatos, ONG, asociaciones diversas…) como de individuos claramente escorados a la anti-España. Urge ya hacerlo.

Lo digo sin odio, pero con total convicción.

© Fernando Busto de la Vega.

EL COÑAZO DE GARCÍA LORCA

Otro verano erre que erre con la elegía lorquiana. ¿Y dónde estará? ¿Aquí o allí?…

En primer lugar hay que decir que importa poco donde esté el cuerpo de Lorca. Hay otros muchos cuerpos de grandes luminarias de nuestra cultura, nuestro arte, nuestra poesía y nuestra literatura que han desaparecido y a nadie le importa. Hay tumbas (pocas) bien establecidas que nadie visita y que nadie se preocupa de cuidar.

Es preciso decirlo: en España el arte y la cultura importan un comino a todo el mundo y nadie se preocupa de donde andarán enterrados los grandes poetas, escritores, pintores, etc. España es un país de museos vacíos (salvo los famosos y gracias a los turistas) y de bibliotecas despobladas (salvo por los opositores y estudiantes universitarios en trance de examinarse). A nadie en este país le ha importado nunca un comino un poeta, un escritor, un pintor, un escultor, un compositor o un músico. Como mucho tal o cual general metido a político o tal o cual político metido a demagogo. Futbolistas y otros deportistas crean parroquia, pero solo cuando triunfan, luego caen en el mismo olvido que el resto.

Entonces ¿a qué viene el coñazo habitual con Federico (le llaman así como si le conocieran de toda la vida)?

Es un tic propagandístico de la izquierda española, a la que tampoco le importan un comino los poetas, los escritores o demás artistas, salvo que puedan utilizarlos a modo de promoción de sus siglas.

El PCE logró apropiarse de convenientes mártires como Antonio Machado, Miguel Hernández o Federico García Lorca y utilizarlos para ampliar su parroquia contándolos entre los suyos (aprovechando que estaban muertos y no podían opinar) y cada vez que agitaban el zamarrón de sus martirios en realidad estaban haciendo campañas de captación y dando a entender que ellos monopolizaban el campo de la cultura y el arte (lo que es falso: recordemos entre otras cosas que pocos regímenes son más inclinados a la censura y la represión de la libertad artística que los comunistas, incluyendo a los cenutrios de la CNT y el anarquismo en general), para hacerse, en definitiva, los buenos, los guays, los chachipirulis…

Machado y Hernández ya han pasado de moda, por eso la izquierda no los utiliza apenas para sus zancochos propagandísticos. Pero como en el caso de García Lorca el misterio de su cuerpo desaparecido sigue intrigando al populacho, continuan utilizándolo cual plañideras estereotipadas.

¡Ay, Federico, Federico…!

Un asco. La típica hipocresía ramplona y santurrona de la izquierda. Pero mientras lo puedan seguir utilizando para situarse entre los buenos y los cultos de este país y continuar demonizando al adversario…por cierto: recomiendo al lector que examine cuantos intelectuales y artistas no comunistas fueron ejecutados por los comunistas entre 1936 y 1939. Se sorprenderá. Más tarde, aprovechando el antiespañolismo y la filiación comunista de muchos editores barceloneses de los años cincuenta a setenta (es esta una etapa editorial en España que creó muchos ídolos con pies de de barro, incluyendo los popes del llamado Boom Latinoamericano y que debe ser impugnada en bloque para deshacer sus perversas consecuencias en la literatura y la cultura de la hispanosfera) se ocuparon de silenciar a muchos escritores y poetas que no comulgaban con ellos y hoy permanecen, por ese motivo, en la penumbra cuando no en la sombra.

En resumidas cuentas: el coñazo que dan todos los veranos con el cadáver de Federico es solo propaganda de la izquierda para seguir intentando hacer olvidar su vacuidad intelectual, su propensión a la represión y la censura y sus numerosos crímenes (muchos de los cuales, en forma de traición a España, siguen cometiendo hoy en día).

© Fernando Busto de la Vega.