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ESPRAY DE PIMIENTA

Seguramente, el concepto icónico y determinante que nos ha dejado la invasión magrebí en Ceuta es el de todas esas mujeres y niñas españolas que, de pronto, han visto radical y salvajemente comprometida su seguridad y su libertad viéndose obligadas a modificar su vestimenta, restringir sus movimientos y protegerse con espráis de pimienta del acoso y los asaltos de los bárbaros del otro lado de la frontera ilegítimamente asentados (con la traidora y vergonzosa connivencia del Gobierno español de turno) en una ciudad plena e indiscutiblemente española.

Ahora bien, solo los muy ignorantes pueden sorprenderse con este desarrollo de los acontecimientos.

La permisividad de los gobiernos españoles de turno (a un lado y otro del decepcionante espectro parlamentario) con la instalación de magrebíes ( y musulmanes en general) en España tolerando que conviertan (como sucede por otro lado en Francia y en otros muchos países que han seguido similares e inconcebibles políticas de tolerancia que niegan todas las enseñanzas de la Historia en aras de unas ideologías nefastas y contrarias a los intereses de la civilización que Europa representa y, claramente, de sus pueblos autóctonos preteridos por las políticas oficiales en beneficio de neodamois indignos) barrios enteros en guetos y pueblen la geografía de mezquitas grandes y pequeñas destinadas no a la oración sino al adoctrinamiento y la financiación ilegal de muchas acciones hostiles a la patria que les acoge, hace mucho tiempo que ha perturbado la existencia de miles, quizá decenas de miles, de mujeres españolas que han visto coartada su libertad y su tranquilidad por la agresividad sexual de estos energúmenos circuncidados y sin domesticar.

Prescindiré aquí, como suelo hacer en estas páginas, de grandes datos estadísticos y de estudios pomposos (y generalmente sesgados a favor de la ideología dominante, cuando se abordan, que es rara vez porque un análisis siquiera somero de las consecuencias del establecimiento de musulmanes en Europa resulta siempre demoledor para las autoridades corruptas que lo permiten) y me centraré en lo que puedo atestiguar personalmente, en lo que he vivido.

Contaré, pues, unas pocas anécdotas del día a día que se remontan en algunos casos a décadas atrás.

Quiero recordar aquí a una compañera de trabajo, una de las mujeres que se encargaba de la limpieza del centro donde yo realizaba entonces mis labores de humilde servidor público, que vivía en un entorno islamizado y que debía salir acompañada por su marido para ir a trabajar cuando le tocaba el turno de mañana y se veía obligada a salir todavía de noche para llegar temprano a su quehacer laboral. Cerca de su casa había unos bancos que ocupaban los magrebíes desde el anochecer hasta el alba creando un clima de inseguridad y trapicheo de drogas y, si salía sola, la acosaban, la agredían y estuvo cerca de ser violada en más de una ocasión. No era una mujer especialmente joven ni espacialmente hermosa, y aun así, cuando los (no voy a decir putos moros) individuos aquellos la veían salir a ganarse honradamente la vida, la tomaban como presa para sus sucias mentalidades y sus impulsos animales. Como ella, todas las vecinas que se veían en sus mismas condiciones, incluso las adolescentes que regresaban del instituto o de sus actividades ya anochecido, sufrían similar acoso, igual peligro, sin que las autoridades (ni, por cierto, las feministas) hicieran nada en su favor. Imperaba, como en todos los guetos islamizados, la ley de los invasores y sus agresiones y acosos quedaban impunes, lo que, naturalmente, les envalentonaba.

Esto es moneda común, como digo, en todos los barrios con población musulmana.

Pondré ahora dos ejemplos que me tocan incluso más de cerca.

Cierta noche (serían las diez) regresando a mi casa del trabajo, pasé cerca de un Kebab. La calle estaba bien iluminada y razonablemente poblada, lo que no obstó para que uno de los camareros del local (en este caso un paquistaní) desocupado y aburrido, al ver pasar una muchachita de unos dieciséis o diecisiete años bastante bonita y con unos pantalones más o menos ceñidos, le saliese al encuentro y le agarrase violentamente la entrepierna con una sonrisa babosa mientras con la otra mano buscaba manosearle los pechos y sus dos colegas le jaleaban. Naturalmente, me vi obligado a intervenir y la cosa terminó como el rosario de la aurora. Finalmente intervino la policía y, creánlo, a punto estuve de ser yo el detenido. El paquistaní se fue de rositas y la chiquita llorando sin atreverse a denunciar. ¿Qué le hubiera sucedido de no intervenir yo? ¿Cuántas otras sufrieron un asalto similar?

Otro ejemplo más sangrante: en un supermercado uno de estos bachimozuques se atrevió a empujar a mi madre porque no le permitía colarse en una fila y hasta tuvo el atrevimiento de levantarle la mano. Para su desgracia yo andaba cerca…y no voy a contar las consecuencias de sus demasías, pero el honor quedó a salvo y el ejemplo firmemente establecido. Desde ese día, todos los (no los llamaré moros de mierda) vecinos del Magreb que se cruzaban con mi madre, le sonreían, le hacían reverencias y la saludaban untuosamente.

No quiero alargar en demasía esta entrada, de modo que terminaré poniendo de manifiesto un hecho para mí sangrante y paradójico.

Conozco jovencitas marroquíes y argelinas criadas en España que, a simple vista, nadie identificaría como musulmanas. En España visten y se comportan casi igual que las chicas españolas, pero cuando viajan a Marruecos o a Argelia, ellas mismas me han confesado que visten con ropas adecuadas, que se disfrazan, en sus propias palabras, de moras, con un solo designio: evitar se acosadas y violadas.

A pesar de ello, prefieren vivir en Marruecos o Argelia que en España, lo cual se debe al férreo adoctrinamiento de las mezquitas (en las que no solo se habla de religión, sino sobre todo de política) y la cerrazón de sus familias, que disimulan modernidad en España sin dejar de rumiar por dentro sus anacrónicos prejuicios africanos (y musulmanes). Eso es lo que hay.

Lo dejo aquí.

Bueno, no: una última cosa. Quiero dirigirme a esas oenegés dedicadas (a cambio de importantes réditos conseguidos del dinero público, lo que las convierte en entes parásitos del Estado) a defender a los invasores y fomentar sus fechorías. Solo quiero hacerles una pregunta, mejor: una afirmación evidente. Sois conscientes de que vuestras acciones innobles e indignas, además de constituir traición a España y a la Civilización, provocan las agresiones, el acoso y las violaciones de miles, quizá cientos de miles, de mujeres españolas, muchas de ellas niñas y adolescentes. Lo sabéis y persistís en vuestros crímenes ¿En qué os convierte eso? ¿Cuál creéis que será vuestro castigo, no institucional, sino personal, cada uno de vosotros deberá pagar individualmente por sus acciones, cuando se restablezca el orden?

Ahora sí que lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

CEUTA Y MELILLA, ESPAÑOLAS DESDE LA ÉPOCA ROMANA.

En tiempos como estos en los que la ilegítima tiranía alauita pretende robar a España sus ciudades de Ceuta y Melilla conviene ir recordando la historia para dejar claras algunas cosas.

A menudo, quienes defienden la indiscutible (pero discutida por nuestros enemigos) españolidad de Ceuta y Melilla exponen la reocupación castellana de ambas en el siglo XV. Pero la vinculación de estas ciudades a España procede de mucho antes, de la misma época romana en la que la Tingitana, todo el norte del actual Marruecos dependía de la Diócesis de Hispania, con capital en Mérida.

Toda la península ibérica y el norte del África occidental pertenecían a la división administrativa de Hispania bajo autoridad directa del Prefecto del Pretorio de las Galias con capital en Tréveris hasta el año 407 y en Arlés desde ese año hasta su extinción en 477.

Más tarde, los vándalos cruzaron a África por Tánger y por Ceuta no por casualidad, sino por la vinculación, no solo geográfica sino política, de estas ciudades a Hispania. Corría el año 429.

Cuando el emperador Justiniano destruyó el reino vándalo y extendió sus conquistas hasta la misma Hispania, Ceuta y Melilla, allá por el año 534, quedaron dentro de la provincia bizantina de Spania con capital en Cartagena. Es decir: seguían dependiendo administrativa, política y militarmente de España, no de ninguna entidad africana, eran y son plenamente españolas.

Tanto era así, que cuando los godos expulsaron a los bizantinos de España no se detuvieron en la costa peninsular. El rey Sisebuto conquistó Melilla en el año 614 y Ceuta en el 615 pasando a depender del Reino Visigodo, con capital en Toledo.

No fue hasta el año 708 que los musulmanes trataron de conquistarlas por primera vez, pero fueron rechazados durante tres años, hasta que el conde Don Julián, gobernador hispanorromano de la Tingitana cambió de bando con los efectos ya conocidos.

Pero no queda ahí la cosa, Ceuta perteneció al Califato de Córdoba (capital: Córdoba, España) hasta su disolución y después perteneció a la Taifa de Málaga y al reino nazarí de Granada. Hubo, en esos siglos, ocasionales invasiones magrebíes, pero a grandes rasgos Ceuta siempre estuvo vinculada a España, no al Magreb. Lo mismo sucedió con Melilla que hasta se constituyó a la caída del Califato de Córdoba en una más de tantas taifas españolas hasta que cayó en manos de los almorávides, como la mayor parte de esas otras taifas españolas, hasta que, como ellas, fue reconquistada por los españoles cristianos.

En resumen: toda la Historia desmiente que ninguna entidad política del Magreb pueda tener derecho alguno sobre Ceuta y Melilla. Cuando discutáis con quienes defienden lo contrario, utilizad también estos datos históricos.

Y, como conviene que la cosa quede clara a muchos…(Saint George catch me confessed in these tasks of translator so alien to my terrible English).

CEUTA AND MELILLA HAVE BEEN SPANISH SINCE THE TIME OF THE ROMAN EMPIRE

In times like these in which the illegitimate Alawite tyranny intends to steal from Spain its cities of Ceuta and Melilla, it is convenient to remember history to make some things clear.

Often, those who defend the indisputable (but disputed by our enemies) Spanishness of Ceuta and Melilla expose the Castilian reoccupation of both in the fifteenth century. But the link between these cities and Spain comes from much earlier, from the same Roman era in which the Tingitana, the entire north of present-day Morocco, depended on the Diocese of Hispania, with its capital in Mérida.

The entire Iberian Peninsula and North West Africa belonged to the administrative division of Hispania under the direct authority of the Prefect of the Praetorium of Gaul, with its capital in Trier until 407 and in Arles from that year until its extinction in 477.

Later, the Vandals crossed into Africa through Tangier and Ceuta not by chance, but because of the link, not only geographical but political, of these cities to Hispania. It was the year 429.

When Emperor Justinian destroyed the Vandal kingdom and extended his conquests to Hispania, Ceuta and Melilla, back in the year 534, they were within the Byzantine province of Spania with its capital in Cartagena. That is to say: they continued to depend administratively, politically and militarily on Spain, not on any African entity, they were and are fully Spanish.

So much so, that when the Goths expelled the Byzantines from Spain they did not stop at the peninsular coast. King Sisebuto conquered Melilla in 614 and Ceuta in 615, becoming dependent on the Visigothic Kingdom, with its capital in Toledo.

It was not until the year 708 that the Muslims tried to conquer them for the first time, but they were repulsed for three years, until Count Don Julián, Hispano-Roman governor of Tingitana, changed sides with the effects already known.

But it doesn’t stop there, Ceuta belonged to the Caliphate of Cordoba (capital: Cordoba, Spain) until its dissolution and then belonged to the Taifa of Malaga and the Nasrid kingdom of Granada. There were, in those centuries, occasional Maghrebi invasions, but broadly speaking, Ceuta was always linked to Spain, not to the Maghreb. The same happened with Melilla, which was even constituted at the fall of the Caliphate of Cordoba in one of many Spanish taifas until it fell into the hands of the Almoravids, like most of those other Spanish taifas, until, like them, it was reconquered by the Christian Spaniards.

In short: all of history denies that any political entity in the Maghreb can have any rights over Ceuta and Melilla. When you argue with those who defend the opposite, also use these historical data.

© Fernando Busto de la Vega.

BOMBARDEAR RABAT EN 48 HORAS (O ANTES)

¿Estoy furioso por la gestión derrotista, colaboracionista y propia de un traidor como Pedro Sánchez en relación con la invasión, tan parecida a la Marcha Verde, de Marruecos sobre Ceuta?¿Y quién no? Algún día quiero ver a este traidor a España en la cárcel por su repugnante actitud. Hasta entonces me hago una pregunta: ¿Por qué nuestros aviones de guerra no están sobrevolando nuestras fronteras del sur? ¿Por que no estamos movilizando a la Legión y los Regulares? Ese es el único lenguaje que la tiranía alauita comprende.

Es famoso el momento en el que Hasán II (no lo olvidemos, un criminal de guerra y genocida) amenazó en Madrid con ocupar por sorpresa Ceuta y Melilla y cómo Adolfo Suárez, entonces presidente del Gobierno, zanjó el asunto desactivando la amenaza, amenazando a su vez con bombardear Rabat y Casablanca en el plazo de 48 horas después de la invasión. Una respuesta contundente que anuló la amenaza del sátrapa marroquí y enfrió durante décadas sus maniobras ofensivas.

Menos conocida (porque la izquierda se empeña en ocultar la Historia de España, especialmente en determinados periodos para poder mentirle al pueblo y obtener réditos electorales) es la maniobra que en diciembre de 1957 la Armada española llevó a cabo contra Agadir (un puerto atlántico marroquí).

En ese momento, la provincia española de Ifni, en África, estaba siendo atacada por «fuerzas irregulares» no identificadas y pretendidamente independientes. Todos sabían que estaban apoyadas por Marruecos y que con la excusa de establecer algún tipo de cortafuegos que separara a los irregulares y las tropas españolas el Ejército Real Marroquí pretendía cruzar la frontera con la intención real de ocupar Ifni y expulsar a los españoles.

La respuesta del generalísimo Franco, en ese momento Jefe del Estado español, fue tajante: envió barcos de guerra a Agadir que realizaron dos pasadas por la bahía marcando con sus cañones sus objetivos en la ciudad, pero sin llegar a disparar. El aviso, de todos modos, llegó a donde debía llegar y el sátrapa genocida e ilegítimo del momento, Hasán II, padre del actual sátrapa ilegítimo, Mohamed VI, detuvo la invasión.

Imagino que, en gran medida, los débiles gobernantes actuales de España se mantienen calladitos e inactivos porque, en realidad, el enemigo yanqui está (como siempre) detrás de las acciones marroquíes, pero ese no es motivo para la inacción. Somo españoles…actuemos como tales y que luego nos salga el sol por Antequera.

NOTA: Tampoco estaría de más hacer volar por los aires al sátrapa o al heredero (ya deberíamos haber fomentado una banda terrorista saharaui o comunista bajo control español para poder llevar a cabo operaciones tan necesarias como estas) o desestabilizar la dictadura enemiga apoyando y fomentando organizaciones (políticas, culturales, armadas) defensoras de la independencia del Rif o del Sáhara. Pero no actuamos. Los Reyes Católicos, Felipe II y cuantos fueron españoles de verdad están revolviéndose en sus tumbas.

© Fernando Busto de la Vega.

CEUTA Y LA ANTIESPAÑA

La izquierda antiespañola (que es toda al menos desde 1833) siempre anda entonando jeremiacas e hipócritas lamentaciones acusando a los defensores de España de fascistas, ultras, xenófobos y demás descalificativos del canon (o manual) habitual de su sanedrín oculto cuando, después de un desaguisado provocado por su incompetencia o su abierta traición (como lo sucedido en Ceuta en el verano de 2026), los verdaderos patriotas se ponen manos a la obra para restablecer el orden.

Ahora andan, ciertos medios de todos conocidos y cuyos dirigentes e integrantes deberán ser juzgados y castigados por traición cuando por fin derribemos el ilegítimo régimen que les permite existir, lloriqueando porque los ceutíes, hartos de sus mentiras y de sus retorcidas acusaciones, les increpen. Le sucede lo mismo a ciertas ONG que, en plena invasión de territorio español, se dedican a defender y ayudar a los invasores traicionando con ello a España y los españoles.

En situaciones como esta es preciso dibujar con plena claridad cual es la realidad: España ha visto invadido su territorio en una operación de guerra híbrida llevada a cabo por Marruecos con la aquiescencia y el apoyo oculto del enemigo estadounidense. Muchos de los invasores engañados volvieron a Marruecos por su propia voluntad, pero han quedado los irreductibles, que ocupan el territorio español, suponen una carga para el Estado y la sociedad (a la que no han contribuido ni contribuirán) y sirven a sus amos extranjeros en contra de la soberanía y estabilidad de España. Son enemigos de España dentro del territorio español. Estamos en una situación de guerra híbrida en la que nos jugamos la soberanía de nuestra patria, un territorio que debería considerarse como inviolable y sagrado, y en esa tesitura, sumándose a la indolencia culpable del Gobierno social-comunista que padecemos, ciertos medios patrios, de idéntica tendencia, salen a defender a los invasores y a insultar a los españoles (por lo visto, defender a tu patria, tu territorio, las calles que deberían transitar tranquilamente tus hijos, tus servicios públicos, tu pertenencia a España es convertirse en un ultraderechista peligroso, en un xenófobo poseído por el odio). Lo mismo sucede con determinadas ONG sufragadas por el Estado (y algunos Estados enemigos) que aparecen para alimentar, defender, asesorar y hasta armar a los invasores. ¿Alguien se extraña de que estos periodistas y «activistas» sean percibidos por el pueblo como enemigos y, por lo tanto, increpados?

Estamos sufriendo una invasión, un ataque por parte de Marruecos y Estados Unidos y los invasores que han decidido permanecer en Ceuta no son seres inocentes (les vemos violando a sus propias mujeres, a menudo niñas, atacando patrullas militares, robando, negándose a marchar del territorio invadido, empecinados en mantener su vinculación al islam, que es incompatible con la civilización europea…), pero son preferidos por ciertos medios de comunicación, por ciertas organizaciones presuntamente benéficas, pero de lealtades dudosas y por ciertas organizaciones políticas a la integridad de España y a los intereses de los españoles, que son insultados y acosados por esas instancias cuando osan defenderse. ¿Cómo debemos interpretar esta situación? Solo cabe una interpretación: como traición (y como tal deberá juzgarse y hacerse pagar en el futuro).

Pero tampoco supone ninguna sorpresa. La izquierda española siempre fue antiespañola. Recordemos que ya en 1909 los traidores anarquistas de la CNT montaron motines y disturbios (la Semana Trágica de Barcelona) en connivencia con los republicanos y los independentistas catalanes para intentar evitar que España recuperara su pulso y defendiera sus fronteras con el establecimiento del protectorado en el norte de Marruecos. Recordemos que en 1922-1923 el filibusterismo parlamentario del PSOE y los republicanos, apoyados en la calle por los anarquistas, costó más vidas de soldados españoles que el desastre de Annual (1921) por el mero hecho de que todos los diputados socialistas de la época estaban a sueldo del traidor y especulador socialista Horacio Echevarrieta, que tenía intereses en el chiringuito que nuestro enemigo y traidor Ab el-krim había montado en torno a la capital de su insurrección en la bahía de Alhucemas.

Fue tal el daño que causó aquella constante traición del PSOE en 1922-1923 que fue necesario que el general Primo de Rivera diera el golpe de Estado de 1923 para organizar a continuación el desembarco de Alhucemas (1925) acabando con la insurrección en nuestro protectorado.

Más tarde, en 1931, el PSOE (como sigue haciendo con las llamadas Leyes de Memoria Democrática) falseó la historia culpando al rey y al general Fernández Silvestre de graves cargos en 1921 y haciendo olvidar sus crímenes de 1922-1923.

Cien años después seguimos igual.

Si queremos defender la integridad territorial de España, lo he dicho aquí hasta el aburrimiento, debemos, por un lado, acabar con el ilegítimo e ineficaz régimen de 1978 que nos conduce a la condición de Estado fallido y por otro hacer una intensa y generalizada limpia de enemigos interiores, tanto de partidos e instituciones (sindicatos, ONG, asociaciones diversas…) como de individuos claramente escorados a la anti-España. Urge ya hacerlo.

Lo digo sin odio, pero con total convicción.

© Fernando Busto de la Vega.

LA ILEGITIMIDAD DE LA DINASTÍA ALAUÍ DE MARRUECOS

El ilegítimo tirano alauita Hasán II que en 1956 bombardeó a su propio pueblo con napalm y fósforo blanco para establecer su dictadura en el Rif y que en 1975 pretendió que España le entregara enjaulada a la población del Sáhara español para proceder a su exterminio. Le protegían los Estados Unidos, como siguen haciendo con sus herederos. Es una acto de defensa de los derechos humanos derrocar a esta dinastía que basa su poder en la represión salvaje y en la mentira de descender de Mahoma y ayudar a la población marroquí a librarse del yugo imperialista yanqui y conseguir una verdadera democracia.

En un contexto geopolítico en el que nuestros enemigos Marruecos, Israel y Estados Unidos utilizan mentiras para agredir a España y subvertir su integridad territorial y sus derechos históricos, conviene recordar verdades históricas y jurídicas que la maldad y la insidia de esos enemigos escamotean y tratan de hacer olvidar. Una de ellas, como explicamos aquí, es la persistente soberanía de España sobre el Magreb al menos desde la época romana (la provincia Tingitana estuvo siempre gobernada desde Mérida, desde la capital de las provincias Hispanas, siguió estándolo desde Toledo bajo los visigodos y desde Córdoba bajo los Omeyas. Gobernase quien gobernase en España, la Tingitana y otras partes del norte de África estuvieron bajo control hispano, desde siempre). Esta es una realidad histórica indiscutible.

Pero debemos centrarnos en aspectos más concretos.

A saber: Ceuta, que pertenecía al reino nazarí de Granada hasta que los benimerines la conquistaron en 1386, fue reconquistada por los portugueses en 1415 (más de 150 años antes de la rebelión de los alauitas en Tafilete). En 1578, como el resto de Portugal, pasó bajo el control de España y permaneció bajo el mismo después de la sublevación del duque de Braganza en 1640. Es, por lo tanto, una ciudad europea y española desde mucho antes de que existiera el ilegítimo y tiránico sultanato alauita.

Con Melilla sucede lo mismo. La ocupó en 1497 el duque de Medina Sidonia para España, más de un siglo antes de la insurrección de los alauitas en Tafilete, por lo tanto es una ciudad netamente europea y española desde antes de que existiera el ilegítimo sultanato alauita.

Los alauitas basan su supuesto derecho al trono en una mentira: sostienen, sin pruebas, que descienden de Mahoma, lo cual, evidentemente, es falso. Sustentan su supuesta soberanía en una mentira propagandística que sirvió únicamente para obtener popularidad entre las tribus magrebíes después de su indebida sublevación contra el legítimo sultanato saadí, que era la verdadera autoridad legítima del Magreb. Y aún así, hubieron de someter por la fuerza a todas las tribus árabes y bereberes de Marruecos después de derrocar a los saaditas y la desafección de estas contra los ilegítimos tiranos alauitas fue de tal calado y de tal duración que en 1956, cuando por presiones de los imperialismos yanqui y soviético, España y Francia abandonaron sus respectivos protectorados (construidos en gran medida para pacificar Marruecos dadas las constantes sublevaciones tribales contra los alauitas), el Marruecos independiente, en manos de los dichos alauitas, títeres de tales imperialismos emergentes, hubieron de someter el Rif, el antiguo protectorado español, sometiendo a la población civil (que deseaba cualquier cosa menos permanecer bajo control de la tiranía alauita) a bombardeos con napalm y fósforo blanco, es decir: mediante crímenes de guerra que nadie demandó al tirano Hasán II y sus generales, aunque conviene dejar aquí de manifiesto. Veinte años después, con la bendición de Estados Unidos e Israel, el mismo tirano, Hasán II, lanzó la Marcha Verde contra el Sáhara Español exigiendo de España que encerrase a los desafectos saharauis en un recinto con rejas en los barrios bajos de El Aaiún para poderlos someter a un premeditado genocidio. Afortunadamente, nuestros heroicos y humanitarios legionarios, se negaron a obedecer esa orden, abrieron la jaula y hasta les cedieron sus vehículos y sus armas a los saharauis para que huyeran al sur y al este y pudieran organizar su resistencia al exterminio marroquí. Conviene insistir aquí en que los Estados Unidos estuvieron detrás de esta maniobra, tanto del despojo de la legítima soberanía española, como del intento de genocidio de los saharauis, que siguen luchando por su supervivencia y su independencia.

Queda, por lo tanto, claro que los alauitas son una tiranía ilegítima y genocida a la que la justicia exige derrocar para el bien de la Humanidad y de los pueblos que mantiene sojuzgados en el Magreb. Lo que hemos visto recientemente en Ceuta, además de una amenaza de los genocidas alauitas y sus amos yanquis de reeditar la Marcha Verde, es un ejemplo de la desesperación del pueblo marroquí, sometido a la dictadura y la miseria por sus ilegítimos gobernantes que son una élite establecida ilegalmente en el poder a raíz de una ilegítima sublevación contra el poder legalmente constituido, el sultanato saadí.

En 1631, los alauitas se sublevaron en Tafilete esgrimiendo su falsa descendencia de Mahoma, conquistaron la capital en 1669 y desde entonces sus ilegítimos sultanes se dedicaron a someter por la fuerza a las tribus del Magreb. Para establecer la paz y defender a estas tribus del salvajismo represor de los alauitas España y Francia hubieron de imponer sus respectivos protectorados en 1906 y desde su retirada en 1956 los alauitas siguieron su represión genocida tanto en el Rif como en el Sáhara y otras zonas de su territorio manteniendo hasta el día de hoy en la miseria a los magrebíes sojuzgados.

Un régimen ilegítimo como el alauí no puede reclamar nada legítimamente, mucho menos la soberanía sobre ciudades que eran españolas mucho antes de que su régimen tiránico y genocida existiera. Da igual si lo apoyan nuestros enemigos yanquis o los sionistas de Tel Aviv, la verdad es la verdad y la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla (que mantiene como reductos europeos, prósperos y democráticos frente a la dictadura cleptocrática y tercermundista alauita) debe ser defendida a toda costa. Es preciso comenzar acciones desestabilizadoras en Marruecos, atentar contra las figuras de la tiranía alauita, reforzar nuestro ejército, buscar aliados que garanticen nuestra soberanía (hola, China…) y nuestro predominio en el Estrecho (será preciso recuperar Gibraltar, claro) y establecer un nuevo régimen no sometido a intereses extranjeros que trabaje para la grandeza de España. Ha llegado el momento del combate y la grandeza.

© FERNANDO BUSTO DE LA VEGA.