Category Archives: literatura

TRES POEMAS DE OMAR JAYAM (O KHAYYAM, SI QUERÉIS UTILIZAR GRAFÍA INGLESA)

En tiempos de incertidumbre como estos, lo mejor es refugiarse en el placer sereno (o en el tumultuoso si se tienen a mano un par de mujeres ardientes y complacientes con las que fornicar y reír) y no renunciar al vino ni a la belleza mientras se escuchan palabras de sabiduría milenaria. Personalmente, me gusta, a veces, brindar a través de los siglos con Omar Jayam y hoy quiero hacerlo públicamente, en esta charla intemporal y muda aderezada con buen vino, mejor talante y una sonrisa relajada nacida de la confianza en el infinito y el desprecio hacia lo contingente.

Así pues, reproduzco aquí tres de los poemas de Jayam, que no serán hueros e inútiles en tiempos como los que corren.

¿Temes lo que pueda traerte el mañana?
No te apegues a nada, 
no interrogues a los libros, ni a tu prójimo.
Ten confianza. De otro modo,
el infortunio no dejará de confirmar tus temores.
No te preocupes por ayer, ya ha pasado. 
No te angusties por mañana, aún no ha llegado. 
Vive sin nostalgia ni esperanza,
tu única posesión es el instante. 
Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: amanece.
Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: anochece. 
 

Cierra tu libro y piensa. Mira impasible al Cielo
y a la Tierra. Da al pobre la mitad de tus bienes,
perdona las ofensas, no le hagas daño a nadie
y apártate a un rincón si quieres ser dichoso.

Son los versos de mi amigo Omar en los que ahora meditaba, con mi copa de vino en la mano. Ya es de noche, pero sé con certeza que amanecerá.

Y no olvidemos a ese respecto al amigo Juan de la Cruz.

© Fernando Busto de la Vega.

DOS MÉRITOS DE JAVIER MARÍAS

A nadie que siga este blog se le oculta mi empeño en reformular el panorama literario de los últimos cien años para eliminar las erróneas perspectivas impuestas por una maquinaria literaria y propagandística al servicio de la petulancia, la pedantería y la vacuidad de ciertos sectores oligárquicos y provincianos, a menudo nucleados en torno a la decepcionante industria editorial catalana que se erigió en faro comercial después de la guerra civil (no olvidemos que, por mucho que se victimicen los catalanistas, el triunfo de Franco significó el de la paleta y explotadora oligarquía catalanista cuyos vástagos, con un buen capital a su disposición, pudieron dárselas de progres, de comunistas de salón y de iluminados popes de la intelectualidad sin salir de su provincianismo, de su antiespañolismo, de su clasismo y de su limitada formación escorada a la anglofilia y el afrancesamiento). Como ejemplo de lo dicho, hace meses publiqué este pequeño trabajo sobre Felipe Trigo o este otro sobre algunos escritores sobrevalorados.

En esa tesitura revolucionaria (poco apreciada por las masas, he de admitirlo) es preciso aprovechar cada coyuntura para avanzar en la revisión de las creencias culturales imperantes y en el socavamiento de la errónea perspectiva heredada, no para derribar mitos con pies de barro, que caerán por su propia inercia que los desprotege frente a los vaivenes y rigores de la Historia, sino para encontrar figuras hoy ocultas y desconocidas. Y, sobre todo, para engendrar un mundo literario y cultural completamente diferente y comprometido con el resurgir de España como realidad poderosa.

Necesitamos barrer a las oligarquías corruptas e incompetentes y ello implica demoler sus andamios propagandísticos, también en el ámbito literario. Aniquilar sus lugares comunes y desmochar sus torres en el aire que nos parecen sólidas a base de relatos sesgados y perspectivas viciadas. Necesitamos, también, desarrollar nuevas estructuras sociales, nacionales y culturales y ello implica construir sobre las ruinas del pasado.

Por eso no podemos ceder a la hipocresía ni a la debilidad complaciente.

Y el caso de Javier Marías permite, ahora que su muerte lo ha puesto de moda, señalar dos de sus principales méritos que nos ayudarán a aclarar las estructuras del mecanismo literario, propagandístico y cultural de este país.

Su primer mérito fue nacer en la familia adecuada, con los contactos adecuados. No solo sucede en la literatura. En muchos ámbitos de la sociedad española (empresa, política, profesiones liberales…) los méritos, los contactos y las oportunidades se heredan. Si Javier Marías hubiera procedido de una familia pobre de Vallecas quizá hubiera logrado publicar, pero raramente habría alcanzado el estatus que alcanzó, por muchas milongas que nos cuenten. ¿Desmerezco con esto su obra? En absoluto, digo que en España vivimos en una sociedad clasista, cerrada y cutre que no permite el ascenso de los vástagos de las clases trabajadoras salvo como mascotas marginales y que, si su procedencia hubiera sido otra, no conoceríamos su obra y nadie la glosaría en los medios de comunicación. Ergo ese fue su primer gran mérito: nacer no ya en la familia adecuada, sino en la clase social precisa y, dado el republicanismo de su padre, en el momento adecuado para aprovechar el péndulo de la Transición y la emergencia de una socialdemocracia burguesa necesitada de referentes culturales que esgrimir como propios. Marías fue el equivalente literario a la Movida o a la nueva comedia madrileña, una moda para parecer modernos y creerse mejores que sus antecesores de los niños pera que ocuparon el espectro cultural y político en los ochenta y noventa sin ser otra cosa que un relevo generacional de la oligarquía de siempre.

El segundo gran mérito de Javier Marías, y ya hablamos sobre ello en el artículo que dedicamos a Salman Rushdie, fue encarnar la ideología adecuada, incluyendo una acusada inclinación a la influencia de lo anglosajón que refleja muy bien (como la fascinación de Garci por el cine norteamericano y sus tics “culturales” o ciertos tortuosos desvíos de Gonzalo Suárez) la desconexión de las clases altas y medias de este país con su propia cultura, de hecho: el avanzado proceso de aculturación y colonización que padecemos y que debe ser revertido de inmediato.

Lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

HOT SUMMER (AND NUDE MILF): UNA NOVELA QUE NUNCA ESCRIBIRÉ

Tengo que dejar de salir por la noche. Al segundo cubata la gente se pone insoportable y empieza a contarte su vida para que la plasmes literariamente. Creen que su historia será la que te proporcione un éxito arrollador y la consagración literaria. Y quizá tengan razón, pero, en cualquier caso, la respuesta suele ser la huida, a ser posible con una amable sonrisa. Si queremos expresarlo así y utilizando un repelente anglicismo muy de moda en estos tiempos: hacerle ghostling al muso de turno.

Y, oye, ahora, a la luz del día, lo cierto es que el argumento del tipo que me perseguía (y pugnaba por palparle el culo a mi joven acompañante, lo que le costó un codazo en las costillas, un pisotón salvaje y un cabezazo en la nariz, tenía la mala costumbre de ser más alto que yo) no es malo del todo. Da para una mediocre novela melodramática, romántica y con mucho erotismo. Una novela que yo no escribiré, pero dejo aquí el argumento por si a alguien le interesa, que los esfuerzos de mi nocturno interlocutor no sean en vano.

El tipo tenía pensado hasta el título, en inglés: Hot Summer And Nude Milf.

Al parecer estaba basado en su vida o en lo que el recordaba como tal.

A saber: un verano, el de sus quince años, su familia y él coinciden en el bloque de apartamentos de la playa con un matrimonio de su ciudad y mismo barrio todavía joven. La esposa, seductora y en buen uso, es pícara y lasciva. Se divierte dejando que el muchacho la vea corretear desnuda por su apartamento o tomando el sol en topless en la terraza, le sonríe en el supermercado y en la playa (donde sigue en topless) y le mete mano en el ascensor. Además fornica todas las noches sin preocuparse de que todo el vecindario escuche sus gemidos.

Lógicamente, el chico entra en ciclo de pasión y furia masturbatoria y se enamora locamente. Hacia el final del verano, por fin, la cosa llega a su conclusión: hay sexo. La esposa y el muchacho fornican con fruición y frecuencia allí donde les pilla la ocasión.

Y aquí termina la primera parte.

La segunda es todavía más enrevesada y apasionante.

Ese invierno, ya de regreso en la ciudad del interior en la que viven los protagonistas, el muchacho se percata de que la mujer está embarazada y tiene casi la certeza, aunque nunca la confirmación, porque después del verano ella no vuelve a hablarle ni a permitir que se le acerque aunque se cruzan a menudo por el barrio, de que la niña que nace es suya.

Pasan veinte años y el muchacho, ya hombre adulto, conoce y se encapricha de una jovencita de diecinueve que le corresponde. Por azar descubre que es la hija de su antigua vecina y, por lo tanto, quizá su hija y ahí es donde llega el nudo gordiano y melodramático de la historia…la duda moral, la disyuntiva ética…

Y ese es el punto donde me desalienta el argumento. Por un lado, me aburre el melodrama, solo podría enfocar el argumento desde el humor y así nadie compraría la novela. Por otro lado, y como le expliqué al plasta que me contaba sin cesar su vida sin dejar de intentar sobar a mi acompañante, eso, en la actualidad, se solventa con una simple prueba de paternidad. Los avances tecnológicos nos arrebatan infinidad de giros melodramáticos que resultaban de la mayor utilidad para escritores de generaciones pasadas.

En fin, que no voy a escribir Hot Summer And Nude Milf ni a utilizar un título tan horrible, inconveniente y en inglés, de modo que cedo título y argumento generosamente a la humanidad.

Si alguien se decide a utilizar cualquiera de los dos me gustaría tener noticia de ello, por pura y simple curiosidad.

© Fernando Busto de la Vega

ALGUNOS ESCRITORES SOBREVALORADOS ( NERUDA, BORGES, CORTÁZAR, BENEDETTI…)

JULIO CORTÁZAR Y JORGE LUIS BORGES, petulantes y banales.

Curiosamente, todos los citados provienen del cono sur, puede que sea casualidad.

No obstante, el provincianismo acomplejado inherente a la cultura de esos países, el subsiguiente complejo de inferioridad camuflado de prepotencia intelectual y el rechazo visceral a la herencia española que conducía a estos escritores, como si fueran indígenas africanos deseosos de ser admitidos en buenas universidades, a infames procesos de aculturación y mimetización con tradiciones ajenas como la francesa o la anglosajona conforman en buena medida la insulsa banalidad de sus aportaciones literarias y su candidatura al olvido. No es, pues, casualidad que la lista de atañidos por el título se centre en una zona geográfica concreta. Aunque en próximas entradas dirigiremos la artillería contra otros nombres y otras geografías, conviene ir desmantelando las falacias literarias engendradas por el siglo XX para abrir camino a una profunda renovación en el siglo XXI.

El más fácil de eliminar de los citados es Pablo Neruda a quien solo su afiliación al comunismo le hizo grande. El comunismo, igual que ahora el feminismo, tenía como táctica, para presentarse como opción moral e intelectualmente superior, jalear a los artistas y escritores afiliados a sus estructuras o afines a ellas. De eso se benefició un poeta por lo demás mediocre y olvidable como el citado. Neruda es Neruda por comunista, no por poeta. Dejémoslo ahí.

PABLO NERUDA, mediocre y olvidable.

Borges y Cortázar adolecen de un mal muy propio de los criollos ilustrados. Ya lo hemos dicho: complejo de inferioridad con respecto a Europa, provincianismo y renuncia a sus verdaderas raíces españolas, lo que les conduce a una hipercaracterización como escritores inscribiéndose en corrientes vacuas, pero aclamadas como vanguardistas por los mediocres medios intelectuales franceses y anglosajones y, por lo tanto, a construir una obra sin interés, raíces ni futuro. La propaganda de los intelectuales aquejados de sus propios males tanto en América como en Europa se encargó de colocarlos en pedestales de barro de los que va siendo hora derrocarlos. Argentina debe repensarse en todos los sentidos, pero, sobre todo, en el intelectual y literario.

En cuanto a Benedetti…pura superficialidad. No abundaré más en ello.

MARIO BENEDETTI, desdeñable.

© Fernando Busto de la Vega.

SOBRE EL ATENTADO CONTRA SALMAN RUSHDIE EN NUEVA YORK

Las cosas nunca son tan evidentes, unidimensionales y sencillas como parecen.

Imagino a muchos lectores leyendo estas líneas con una idea muy concreta sobre lo que voy a decir al respecto del hecho que las inspira. Y, sí, naturalmente que voy a clamar por la libertad de expresión inherente al oficio del escritor, contra la barbarie y el totalitarismo, incluso contra la superstición islámica que en opinión de este autor es la más execrable, peligrosa, repugnante y contraria a la civilización de todas las supersticiones surgidas del tronco abrahámico (que en todas sus ramas es peligroso, repugnante y contrario a la civilización, sin excluir al cristianismo).

Pero para decir esas cosas, esas tonterías, para sumarme a los lugares comunes no me molestaría en escribir. Como escritor, aunque desconocido, tengo un cierto valor porque nunca me quedo en lo evidente ni me conformo con los lugares comunes ni las perspectivas predeterminadas. Hay que pensar siempre un poco más allá.

Y a este respecto solo quiero hacerme una pregunta y hacérsela al lector: ¿nos importaría lo más mínimo que apuñalen, asesinen o inviten a lokums y baklavas envenenadas al señor Rushdie si su obra no viniera a sustentar la ideología del imperialismo yanqui y la percepción de los anglo-germano-protestantes y sus adléteres sobre cómo debe ser el mundo?

Detestamos a los ayatolas, y eso está bien. Pero, por el amor de todos los dioses grandes y pequeños, no cometamos el error de no detestar a los pastores evangelistas ni seamos tan ingenuos como para creer que cuando determinados estamentos se llevan las manos a la cabeza por un hecho como el apuñalamiento del señor Rushdie lo hacen por causa de la libertad y del progreso.

Va siendo hora de madurar, de mirar más allá…De ir cambiando el mundo.

© Fernando Busto de la Vega.