
Estoy convencido de que en estos días nos encontramos ante el público más ignorante y falto de criterio de al menos el último siglo. Y los hechos demuestran esta estulticia estructural a cada paso que damos.
Una excelente prueba del nueve de esta realidad ineluctable e inquietante es lo que está sucediendo con la misión de la Artemis II a la luna. La propaganda yanqui, coreada absurdamente por todos los medios de comunicación (y sus redacciones compuestas por titulados, graduados y licenciados de ciertas edades, de las generaciones útiles y emergentes que son las más afectadas por dicha ignorancia e incultura) nos está vendiendo el viajecito de marras como el no va más. Pero, en la práctica, la Artemis II no está sino repitiendo las hazañas que ya se realizaron entre 1969 y 1973 con naves que disponían de una ínfima parte de la tecnología de la que ahora dispone cualquiera de nosotros.
Hace medio siglo ya llegamos a la luna, vimos desde el espacio su cara oculta y regresamos a la tierra amerizando en el Pacífico. Exactamente el mismo viaje de la Artemis II, lo que convierte su misión en algo ridículo y poco innovador. Es como si mañana alguien volviese a descubrir América. ¿Por qué cunde el entusiasmo? Pues más allá de los intereses propagandísticos de los Estados Unidos, por la absoluta ignorancia reinante entre informantes y informados. Desconocen el pasado, incluso uno tan cercano, y por ese motivo se dejan impresionar por hechos puramente irrelevantes, pero bien envueltos. Y es este un problema muy presente en el mundo moderno, esa ignorancia supina de las nuevas generaciones que les conduce a un adanismo ridículo que las convierten en manipulables y narcisistas.
Recordemos, de paso, que por primera vez en la historia las nuevas generaciones están en regresión, tienen cocientes intelectuales más bajos que sus antecesores. Vamos de nuevo hacia el mono.
En otras palabras: estamos jodidos.
© Fernando Busto de la Vega.



