EL COÑAZO DE GARCÍA LORCA

Otro verano erre que erre con la elegía lorquiana. ¿Y dónde estará? ¿Aquí o allí?…

En primer lugar hay que decir que importa poco donde esté el cuerpo de Lorca. Hay otros muchos cuerpos de grandes luminarias de nuestra cultura, nuestro arte, nuestra poesía y nuestra literatura que han desaparecido y a nadie le importa. Hay tumbas (pocas) bien establecidas que nadie visita y que nadie se preocupa de cuidar.

Es preciso decirlo: en España el arte y la cultura importan un comino a todo el mundo y nadie se preocupa de donde andarán enterrados los grandes poetas, escritores, pintores, etc. España es un país de museos vacíos (salvo los famosos y gracias a los turistas) y de bibliotecas despobladas (salvo por los opositores y estudiantes universitarios en trance de examinarse). A nadie en este país le ha importado nunca un comino un poeta, un escritor, un pintor, un escultor, un compositor o un músico. Como mucho tal o cual general metido a político o tal o cual político metido a demagogo. Futbolistas y otros deportistas crean parroquia, pero solo cuando triunfan, luego caen en el mismo olvido que el resto.

Entonces ¿a qué viene el coñazo habitual con Federico (le llaman así como si le conocieran de toda la vida)?

Es un tic propagandístico de la izquierda española, a la que tampoco le importan un comino los poetas, los escritores o demás artistas, salvo que puedan utilizarlos a modo de promoción de sus siglas.

El PCE logró apropiarse de convenientes mártires como Antonio Machado, Miguel Hernández o Federico García Lorca y utilizarlos para ampliar su parroquia contándolos entre los suyos (aprovechando que estaban muertos y no podían opinar) y cada vez que agitaban el zamarrón de sus martirios en realidad estaban haciendo campañas de captación y dando a entender que ellos monopolizaban el campo de la cultura y el arte (lo que es falso: recordemos entre otras cosas que pocos regímenes son más inclinados a la censura y la represión de la libertad artística que los comunistas, incluyendo a los cenutrios de la CNT y el anarquismo en general), para hacerse, en definitiva, los buenos, los guays, los chachipirulis…

Machado y Hernández ya han pasado de moda, por eso la izquierda no los utiliza apenas para sus zancochos propagandísticos. Pero como en el caso de García Lorca el misterio de su cuerpo desaparecido sigue intrigando al populacho, continuan utilizándolo cual plañideras estereotipadas.

¡Ay, Federico, Federico…!

Un asco. La típica hipocresía ramplona y santurrona de la izquierda. Pero mientras lo puedan seguir utilizando para situarse entre los buenos y los cultos de este país y continuar demonizando al adversario…por cierto: recomiendo al lector que examine cuantos intelectuales y artistas no comunistas fueron ejecutados por los comunistas entre 1936 y 1939. Se sorprenderá. Más tarde, aprovechando el antiespañolismo y la filiación comunista de muchos editores barceloneses de los años cincuenta a setenta (es esta una etapa editorial en España que creó muchos ídolos con pies de de barro, incluyendo los popes del llamado Boom Latinoamericano y que debe ser impugnada en bloque para deshacer sus perversas consecuencias en la literatura y la cultura de la hispanosfera) se ocuparon de silenciar a muchos escritores y poetas que no comulgaban con ellos y hoy permanecen, por ese motivo, en la penumbra cuando no en la sombra.

En resumidas cuentas: el coñazo que dan todos los veranos con el cadáver de Federico es solo propaganda de la izquierda para seguir intentando hacer olvidar su vacuidad intelectual, su propensión a la represión y la censura y sus numerosos crímenes (muchos de los cuales, en forma de traición a España, siguen cometiendo hoy en día).

© Fernando Busto de la Vega.

UNA GUIRI CON UNA SARDINA

Woman holding a fish toward an unimpressed man on a busy beach
.

Este año, por empeño de las dos alegrías de mi vida presente (Aura y Luna), he retomado una vieja costumbre de juventud abandonada hacía ya casi dos décadas: nadar al amanecer en el Cantábrico, en cualquier playa del Cantábrico que me pille cerca.

No negaré que después de tanto tiempo sin ejercitar tan saludable como bucólica costumbre, incluso sin nadar en absoluto, me dominaba la preocupación. Al principio, todavía oscurecido, me limitaba a dar saltitos en la orilla huyendo con grititos ridículos de las olas y haciéndome el indolente y el reservón con la esperanza de que mis acompañantes se aburrieran y me permitiesen abdicar de este intempestivo regreso a la juventud (por cierto, he de reconocerlo, los bañadores ya no me quedan igual… ¿habré engordado desde entonces?), pero mis chicas son inasequibles al desaliento y hasta creo que tienen un punto de sadismo `a deux que las convierte en muy pesadas e implacables. Quiero decir…siempre me impulsan y se empeñan en no permitirme prescindir de lo que suelen denominar «experiencias vitales únicas» , las muy… adorables.

Resumiendo: que yo remoloneaba en la orilla quejándome de la oscuridad y de la temperatura del agua mientras ellas, con sus minúsculos biquinis (ignoro para qué los usan si el área que cubren es prácticamente despreciable… en tamaño, no en interés), reían implacables y tiraban de mí hacia el mar con hechuras de sirenas inflexiblemente crueles, relamiéndose quizá mientras pensaban en el suculento festín que podía llegar a resultar. Como el amanecer avanzaba también con decisión inmisericorde y era de temer que adentrándose en la mañana comenzaran a llegar testigos incómodos e indeseables, opté por el riesgo y la firmeza. Aparté a mis preciosas (pero tiránicas y despiadadas) acompañantes y con decisión y desdén ante las aguas frías y los riesgos esperables me adentré en el mar adoptando un continente heroico y estoicamente despreocupado. Pronto dejé de hacer pie y descubrí que podía flotar y desplazarme. Cierto que no con la energía, la habilidad y la elegancia de antaño, pero sin desmerecer de cualquier perrito nadador o cualquier marsopa decidida a haraganear un rato. Me gustó la cosa, y seguí haciéndola.

Poco después mis chicas me hacían compañía, venían a jugar conmigo, y todo parecía idílico y maravilloso…

Pero los dioses tienen su sentido del humor, que a menudo intuyo, pero no entiendo, y como en tantas otras ocasiones en mi vida tornaron lo idílico en surrealista.

Hete aquí, que una vez ganada confianza y mientras Aura y Luna volvían a salir del agua para acostarse en la arena a los primeros rayos del sol matinal (que emergía ocasionalmente de entre su celaje de nubes grises), me decidí a alejarme un tanto más de la costa, mar adentro, recordando la consabida canción de Héroes del Silencio, y mis ya lejanas hazañas juveniles. Y entonces sucedió.

No, no fue el esperable calambre que hace preciso un salvamento inmediato haya salvavidas o no en la playa ni ese cruzarse con un atlético surfista (no te digo ya si es chica) que te mira desde su tabla y su neopreno con el mismo desdén que un millonario lo hace desde su Ferrari cuando te cruzas con él montando una bicicleta eléctrica. No, fue peor. Y más raro.

De pronto, en lontananza, apareció una Zodiac que se dirigió en derechura hacia mí. Su rumbo era agresivo y determinado. En la proa de la embarcación, erguida y con una inconcebible pamela color aguamarina y unas gafas de sol con ridículos cristales del mismo color, venía una robusta vikinga de vaya usted a saber qué costas con una enorme sardina colgando de su mano derecha. Sardina que parecía ofrecerme agitándola mientras se dirigía a mí en una jerigonza extraña, melosa y pronunciada en voz agudísima.

Cuando llegó hasta mí, que sacaba la cabeza del agua y la miraba con el ceño fruncido, no cambió de actitud: siguió ofreciéndome la sardina con zalamera solicitud. La mandé de inmediato a un lugar poco delicado, pero nada cambió. De modo que le di la espalda y nadé con desdén en dirección contraria. No sirvió de nada. Me siguió. El tipo que dirigía la barca prescindió del motor y utilizó un remo. La guiri, pesada y rubia, seguía ofreciéndome la sardina. Hubo un momento en que me volví y le espeté:

—Ásala por lo menos, tía plasta. ¡So petarda!

Pero no me entendió, de modo que enderecé hacia la playa donde mis chicas ya atisbaban con curiosidad la Zodiac que me perseguía a remo.

En cuanto me puse en pie y comencé a andar, el interés de la guiri en mí pareció desvanecerse. Simplemente dejó escapar un desilusionado:

—¡Oh!

Y dirigiéndose a su acompañante algo así como:

—Deter inter sel

Y enseguida la Zodiac se alejó mar adentro. Creo que hablaba en sueco, pero prefiero no saber lo que decía.

¿En serio habré engordado tanto?

© Fernando Busto de la Vega.

ALGUNAS PREGUNTAS A UNA MADRE MODERNA

El siglo XXI, no cabe negarlo ya, es un semillero de tontos. Es más: la estupidez y la estulticia han tomado el timón conduciéndonos hacia una decadencia irremediable. Parece que ya nada va a salvarnos, porque, entre otras cosas, se ha impuesto entre los pocos capaces de llevar la civilización adelante una resignación lánguida y fatalista en lugar de la lógica y necesaria indignación activa. En fin…es lo que hay: nos toca asistir pasivamente al ocaso de Occidente. Y ni siquiera tenemos a un Aecio hacia el que volver los ojos.

Y los síntomas de esta decadencia cuasi terminal están por todas partes. Sin ir más lejos, hoy me ha asaltado uno de ellos (he intentado cruzar de acera, pero me ha sorprendido al volver una esquina y no he tenido ocasión de escapar, me he tenido que tragar la indeseada conversación).

Como decía, al volver una esquina me he topado con una conocida. Una madre en la cuarentena que andaba correteando por ahí medio desnuda (con una braguita nimia que le marcaba claramente su natura femenina y un minúsculo top deportivo) delante de sus dos hijos (a la niña de unos doce años, la llevaba con atuendo similar) y del mundo. Me ha saludado orgullosa y contenta de encontrarme. Le complacía mostrarme su gran labor maternal y su modernidad puritana enseñándome la constancia y disciplina con la que semanalmente sacaba a sus hijos a hacer deporte.

En efecto, parece ser que todos los sábados los saca por la mañana de casa, ataviados con las ropas de deporte menos discretas, más a la moda y más caras, y les hace correr un circuito predeterminado en tiempos concretos. Con esto piensa que los está educando y cumpliendo bien con su labor de madre.

En condiciones normales, por educación, yo hubiera sonreído, asentido, saludado y dicho adiós apresurado, pero como este es un asunto, el de la decadencia occidental, que me corroe, no he podido evitar hacerle algunas preguntas a madre tan moderna.

He eludido toda alusión al recato y el pudor, a lo apetecible que la niña resultaba con el atuendo deportivo minúsculo y ceñido que le había puesto, y me he limitado a preguntarle cuantas veces a la semana los llevaba a una biblioteca.

…Silencio y muecas de extrañeza.

Le he preguntado si les ha enseñado a jugar al ajedrez.

…Misma respuesta.

Le he preguntado también si les está enseñando a conocer y apreciar nuestra cultura y civilización, desde Sócrates u Homero hasta los últimos descubrimientos de la física cuántica pasando por el barroco, el renacimiento o la ópera.

…Aquí ya ha colapsado, los labios se le torcían hacia la derecha y el ojo izquierdo parecía tener un llamativo y cómico tic.

Finalmente, le he preguntado si les estaba enseñando a los niños a respetar lo sagrado y rendir culto a los dioses.

Claro que no.

He sonreído con desdén, le he guiñado el ojo a la hija, que ha sonreído coqueta y prometedora, y he seguido mi camino. Ante mí, en un escenario cotidiano, la decadencia total de Occidente encarnada en una madre moderna (y, por lo tanto, ignorante y estúpida).

© Fernando Busto de la Vega.

LA ILEGITIMIDAD DE LA DINASTÍA ALAUÍ DE MARRUECOS

El ilegítimo tirano alauita Hasán II que en 1956 bombardeó a su propio pueblo con napalm y fósforo blanco para establecer su dictadura en el Rif y que en 1975 pretendió que España le entregara enjaulada a la población del Sáhara español para proceder a su exterminio. Le protegían los Estados Unidos, como siguen haciendo con sus herederos. Es una acto de defensa de los derechos humanos derrocar a esta dinastía que basa su poder en la represión salvaje y en la mentira de descender de Mahoma y ayudar a la población marroquí a librarse del yugo imperialista yanqui y conseguir una verdadera democracia.

En un contexto geopolítico en el que nuestros enemigos Marruecos, Israel y Estados Unidos utilizan mentiras para agredir a España y subvertir su integridad territorial y sus derechos históricos, conviene recordar verdades históricas y jurídicas que la maldad y la insidia de esos enemigos escamotean y tratan de hacer olvidar. Una de ellas, como explicamos aquí, es la persistente soberanía de España sobre el Magreb al menos desde la época romana (la provincia Tingitana estuvo siempre gobernada desde Mérida, desde la capital de las provincias Hispanas, siguió estándolo desde Toledo bajo los visigodos y desde Córdoba bajo los Omeyas. Gobernase quien gobernase en España, la Tingitana y otras partes del norte de África estuvieron bajo control hispano, desde siempre). Esta es una realidad histórica indiscutible.

Pero debemos centrarnos en aspectos más concretos.

A saber: Ceuta, que pertenecía al reino nazarí de Granada hasta que los benimerines la conquistaron en 1386, fue reconquistada por los portugueses en 1415 (más de 150 años antes de la rebelión de los alauitas en Tafilete). En 1578, como el resto de Portugal, pasó bajo el control de España y permaneció bajo el mismo después de la sublevación del duque de Braganza en 1640. Es, por lo tanto, una ciudad europea y española desde mucho antes de que existiera el ilegítimo y tiránico sultanato alauita.

Con Melilla sucede lo mismo. La ocupó en 1497 el duque de Medina Sidonia para España, más de un siglo antes de la insurrección de los alauitas en Tafilete, por lo tanto es una ciudad netamente europea y española desde antes de que existiera el ilegítimo sultanato alauita.

Los alauitas basan su supuesto derecho al trono en una mentira: sostienen, sin pruebas, que descienden de Mahoma, lo cual, evidentemente, es falso. Sustentan su supuesta soberanía en una mentira propagandística que sirvió únicamente para obtener popularidad entre las tribus magrebíes después de su indebida sublevación contra el legítimo sultanato saadí, que era la verdadera autoridad legítima del Magreb. Y aún así, hubieron de someter por la fuerza a todas las tribus árabes y bereberes de Marruecos después de derrocar a los saaditas y la desafección de estas contra los ilegítimos tiranos alauitas fue de tal calado y de tal duración que en 1956, cuando por presiones de los imperialismos yanqui y soviético, España y Francia abandonaron sus respectivos protectorados (construidos en gran medida para pacificar Marruecos dadas las constantes sublevaciones tribales contra los alauitas), el Marruecos independiente, en manos de los dichos alauitas, títeres de tales imperialismos emergentes, hubieron de someter el Rif, el antiguo protectorado español, sometiendo a la población civil (que deseaba cualquier cosa menos permanecer bajo control de la tiranía alauita) a bombardeos con napalm y fósforo blanco, es decir: mediante crímenes de guerra que nadie demandó al tirano Hasán II y sus generales, aunque conviene dejar aquí de manifiesto. Veinte años después, con la bendición de Estados Unidos e Israel, el mismo tirano, Hasán II, lanzó la Marcha Verde contra el Sáhara Español exigiendo de España que encerrase a los desafectos saharauis en un recinto con rejas en los barrios bajos de El Aaiún para poderlos someter a un premeditado genocidio. Afortunadamente, nuestros heroicos y humanitarios legionarios, se negaron a obedecer esa orden, abrieron la jaula y hasta les cedieron sus vehículos y sus armas a los saharauis para que huyeran al sur y al este y pudieran organizar su resistencia al exterminio marroquí. Conviene insistir aquí en que los Estados Unidos estuvieron detrás de esta maniobra, tanto del despojo de la legítima soberanía española, como del intento de genocidio de los saharauis, que siguen luchando por su supervivencia y su independencia.

Queda, por lo tanto, claro que los alauitas son una tiranía ilegítima y genocida a la que la justicia exige derrocar para el bien de la Humanidad y de los pueblos que mantiene sojuzgados en el Magreb. Lo que hemos visto recientemente en Ceuta, además de una amenaza de los genocidas alauitas y sus amos yanquis de reeditar la Marcha Verde, es un ejemplo de la desesperación del pueblo marroquí, sometido a la dictadura y la miseria por sus ilegítimos gobernantes que son una élite establecida ilegalmente en el poder a raíz de una ilegítima sublevación contra el poder legalmente constituido, el sultanato saadí.

En 1631, los alauitas se sublevaron en Tafilete esgrimiendo su falsa descendencia de Mahoma, conquistaron la capital en 1669 y desde entonces sus ilegítimos sultanes se dedicaron a someter por la fuerza a las tribus del Magreb. Para establecer la paz y defender a estas tribus del salvajismo represor de los alauitas España y Francia hubieron de imponer sus respectivos protectorados en 1906 y desde su retirada en 1956 los alauitas siguieron su represión genocida tanto en el Rif como en el Sáhara y otras zonas de su territorio manteniendo hasta el día de hoy en la miseria a los magrebíes sojuzgados.

Un régimen ilegítimo como el alauí no puede reclamar nada legítimamente, mucho menos la soberanía sobre ciudades que eran españolas mucho antes de que su régimen tiránico y genocida existiera. Da igual si lo apoyan nuestros enemigos yanquis o los sionistas de Tel Aviv, la verdad es la verdad y la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla (que mantiene como reductos europeos, prósperos y democráticos frente a la dictadura cleptocrática y tercermundista alauita) debe ser defendida a toda costa. Es preciso comenzar acciones desestabilizadoras en Marruecos, atentar contra las figuras de la tiranía alauita, reforzar nuestro ejército, buscar aliados que garanticen nuestra soberanía (hola, China…) y nuestro predominio en el Estrecho (será preciso recuperar Gibraltar, claro) y establecer un nuevo régimen no sometido a intereses extranjeros que trabaje para la grandeza de España. Ha llegado el momento del combate y la grandeza.

© FERNANDO BUSTO DE LA VEGA.

¿HABRÁ QUE MATAR YANKIS?

En tiempos como estos, con un Trump barajando intervenir en España, conviene recordar lo que le sucede a los tiranos que invaden España.

El tirano Trompetas, digo ese cerdo impresentable de Trump, lleva meses insultando y agrediendo a España. Ahora ha dado un paso más: ha repetido, con la asidua y despreciable complicidad de ese otro tirano tercermundista que debemos soportar al sur del Estrecho, el sátrapa alauí, la táctica de la Marcha Verde (que orquestó Kissinger) contra Ceuta. Ha sido un aviso que nuestro inane Gobierno parece estar pasando por alto. Pero que debemos tener muy en cuenta. Y también que Marruecos, con el apoyo de los Estados Unidos, es nuestro principal y más directo enemigo.

El cerdo impresentable de Trump, ese tirano Trompetas y Zanahorio, ha ido más allá: ha desconocido la indiscutible y legítima soberanía española sobre Ceuta y Melilla preparando el próximo paso: arrebatárnoslas (como nos arrebataron Cuba, Filipinas, Puerto Rico, Guam, las Marianas y el Sáhara y estuvieron a punto de hacer con Cartagena, La Coruña y Canarias). Además, anda diciendo que pretende defender a los ciudadanos estadounidenses de los males de la inmigración ilegal tanto dentro como fuera de las fronteras yanquis. Eso suena a intervencionismo militar.

¿Está preparando el cerdo zanahorio de Trump una intervención armada en España? Viendo cómo le ha ido en Irán…pero no cabe descartarlo.

No pasa nada. Todos nosotros llegamos tarde a la escabechina de franceses en 1808-1814, pero a lo mejor nos damos el gustazo de hacer otra similar con invasores yanquis. Yo ya estoy afilando la navaja…

Mi querido cerdo Dumnovaldo (esa es la forma española de Donald), quiero darte un consejo: ya sé que no eres demasiado avispado, que rondas el horizonte de sucesos de una senilidad ridícula y sin retorno, que eres un absoluto ignorante, un borderline de libro, pero te convendría tener presente lo que le sucedió a Napoleón al invadir España. Y él era mucho más inteligente y hábil que tú. Deberías recordar también que Hitler no tuvo los cojones de invadirnos porque sabía lo que le ocurriría. También que no habéis ganado ninguna guerra desde 1945. Ni en Corea, ni en Vietnam, ni en Somalia, ni en Iraq, ni en Afganistán, ni en Irán…Podéis destruir, pero no sois capaces de vencer.

Llegados a este punto, tú mismo.

Los españoles somos pacíficos, pero indomables. Si quieres un nuevo baño de sangre yanqui, invádenos de algún modo.

Por cierto, antes de terminar quiero recordar aquí la cobardía de los yanquis expulsados de la Legión Española en 1921 y por qué después no se permitió el alistamiento de ningún otro de la misma nación dadas sus evidentes deslealtad y cobardía, no tenían el valor suficiente para combatir con absoluto desprecio de la propia vida como los españoles, eran débiles y degenerados.

© Fernando Busto de la Vega.