PIRATAS ARGENTINOS

EL PIRATA IRLANDÉS AL SERVICIO DE INGLATERRA WILLIAM BROWN QUE LOS INSURRECTOS DEL RÍO DE LA PLATA CONTRATARON PARA EJERCER LA PIRATERÍA CONTRA LA LEGÍTIMA AUTORIDAD DEL VIRREINATO A LA QUE COMBATÍAN, COMO TRAIDORES, A SUELDO DE INGLATERRA: ESPAÑA.

No sé, por alguna razón, al hilo de los acontecimientos, me parece adecuado recordar estos días a los piratas argentinos y, sobre todo, el modo en que los insurgentes del Río de la Plata se «europeizaron» adoptando las mejores costumbres de los ingleses tales como la piratería.

Cuando aquellos masones traidores (como el despreciable San Martín) se sublevaron contra la legitimidad de España desconociendo la autoridad de Madrid en favor de sus amos ingleses (no olvidemos nunca que la «independencia» de la América española fue una gran traición no solo a España, sino a los propios pueblos americanos, de ciertos oligarcas vendidos a Inglaterra por avaricia y soberbia) lo primero que hicieron fue contratar mercenarios anglosajones y franceses para ejercer la piratería contra España. Es decir: el acto fundacional de Argentina no solo consistió en traicionar a su rey y a la unidad de la Patria (España, obviamente, aunque esos agentes de Inglaterra se denominasen patriotas refiriéndose a pedazos concretos de la unidad española era simple demagogia) sino adoptar la piratería inglesa como forma de expresión internacional. Podemos, pues, legítimamente, contar a Argentina en el número infame de las naciones piratas como Inglaterra, Holanda, Francia o los magrebíes. Y supongo que los argentinos se sentirán orgullosos de ello.

Pero no voy a hacerlo largo.

Nombraré, por ejemplo, a Guillermo (William) Brown, irlandés que sirvió en la Armada inglesa entre 1801 y 1809 y llegó de incógnito, como simple comerciante, a Buenos Aires, en 1810. En 1814, ya convertido en pirata al servicio de los insurrectos rioplatenses (aunque pretenden adjudicarle el título de corsario es inaplicable, porque dichos sublevados no eran una nación legalmente constituida y, por ende, no podían expedir títulos legales de corsario, quienes como tales le servían eran simples piratas a los que, por cierto, siempre otorgaban grados militares regulares en la escuadra argentina, que, por lo tanto, puede decirse que estuvo fundada y organizada por piratas ingleses)…En 1814, decíamos, ya ejerció de pirata en las costas de Uruguay y entre 1815 y 1816 con una escuadra de tres barcos y auxiliado por un pirata francés (Bouchard) y otro escocés (Russell) se dedicó a saquear y apresar barcos españoles en las costas de Chile, Perú, Ecuador y Colombia.

Poco después, Hipólito Bouchard, el mismo pirata francés que había servido a las órdenes de Brown en el Pacífico, capitaneó su propio barco para saquear las costas de Filipinas, Centroamérica y México, incluyendo California, entonces españolas. Y que también estaban atacando en esos momentos piratas ingleses al servicio del despreciable traidor Bolívar.

Citaré también a David Jewett, estadounidense que sirvió como pirata a los insurrectos argentinos , que no fue especialmente brillante y acabó sirviendo a Brasil, pero abunda en el ejemplo de los anglos y franceses que los masones insurrectos en Argentina contra la autoridad legal y legítima de España, contrataron.

Desde esta perspectiva, cuando los argentinos nacionalistas y trasnochados andan proclamando a los cuatro vientos que son europeos, quizás tengan razón: al sublevarse tomaron las peores costumbres de los peores europeos. Y ahí siguen, fracasando y haciendo el ridículo.

Por cierto: también en literatura y cultura.

© Fernando Busto de la Vega.

LA NIMIEDAD DE LOS MALOS

Ilustro esta entrada con una imagen de la serie de televisión rusa El Maestro y Margarita (2005), adaptación de la novela homónima de Bulgákov. No haré comentario alguno sobre el motivo, dejaré que el lector, si lo desea, ate cabos (por ejemplo con el Fausto de Goethe o el Frankenstein de Shelley) y llegue en sus conclusiones tan lejos como quiera.

Cine y literatura tienden (en un espasmo decadente de posromanticismo trasnochado y su admiración por el luciferismo) a construir personajes malvados con un aura de grandeza. Incluso simples asesinos en serie, violadores crueles o delincuentes habituales son presentados ante el público como individuos carismáticos y seductores. Esto es un error. Un error porque entra en conflicto directo con la realidad y un error de perspectiva artística y moral que solo conduce a la decadencia social, literaria y cultural.

Yo, a lo largo de mi vida, he conocido suficientes delincuentes para afirmar que ninguno de ellos tiene nada de seductor. Quien recurre a la violencia o la agresión (pensemos en los violadores o incluso en los asesinos en serie) para satisfacer su ego o sus impulsos no tiene nada de superior, es un ser despreciable e inferior incapaz de gestionar sus impulsos egoístas. Por lo tanto, lo podemos situar al nivel de los simios menos inteligentes.

Quizá posea una educación, una formación, un cierto encanto superficial, pero sus actos le colocarán siempre al nivel de los simios inferiores. Y así debe ser tratado y retratado.

El cine y la literatura actuales (especialmente los procedentes de ámbitos anglosajones y aquellos que padecen su influencia, incluso desde el progresismo) tienen el grave defecto de seguir anclados en el siglo XIX. En su inmensa mayoría, por muy modernas que las obras puedan parecer, tienen planteamientos arcaizantes y desarrollos dependientes de los tics más despreciables del Romanticismo. Eso se debe a que nuestras sociedades liberal-capitalistas (y especialmente las anglosajonas) no han evolucionado, siguen conformándose mediante esquemas mentales que tienen al menos trescientos años. El mundo anglosajón está atrasado y superado por la actualidad, solo puede, por ende, ofrecer productos degenerados procedentes de modelos caducos y moralmente contraproducentes. En otras palabras: bazofia. Y todos los que imitáis o aceptáis esos mismos modelos caducos solo producís eso: mierda.

Conviene ir replanteando, sobre todo en España (no hablo de las literaturas americanas, porque es obvio que en Hispanoamérica la dependencia de los modelos anglosajones o franceses es máxima y por ende sus producciones más degeneradas y despreciables que las peninsulares) presupuestos ideológicos y perspectivas morales nuevas y diferentes, que se anclen en nuestra tradición cultural y no en la anglosajona o la francesa. Hasta entonces, queridos (y queridas, las mujeres, especialmente las progres feministas que se creen la bomba por escribir imbecilidades sin profundidad filosófica ni conocimiento real de la vida y que se presumen cultísimas sin haber leído a Góngora, Ovidio o Plauto, son las que en mayor medida chapotean en ese asqueroso lodo) colegas que seguís en el lodo del posromanticismo germánico-evangelista, solo seréis basura literaria. El pasado, la nada. Por mucho que vendáis.

© Fernando Busto de la Vega.

EL PESIMISMO INSTRUMENTAL DEL 98

El Maine, la excusa que utilizaron los yanquis para emprender la guerra contra España en 1898, el momento perfecto para ellos. En 1899 iban a entrar en servicios nuevos barcos de guerra que les hubieran imposibilitado por completo la victoria. Actuaron como las hienas oportunistas y racistas que son. Nunca nuestros aliados, siempre (también hoy), nuestros enemigos.

Durante demasiado tiempo hemos dejado el relato de la historia y capacidades de España en manos de los enemigos exteriores e interiores de la misma (en este caso: liberales, federalistas, socialistas, anarquistas y demás ralea), pero ante la inminencia de vernos convertidos en un Estado fallido, conviene retomar las riendas de nuestro futuro para volver a ocupar el puesto que nos corresponde en el mundo y, para ello, hacer lo propio con la interpretación y explicación de nuestro pasado. No podemos seguir más tiempo creyendo en las milongas que nos vende la anti-España y es preciso, obligatorio, mirar con nuevos ojos, más objetivos, libres y optimistas, nuestro pasado, elaborar e imponer nuevas perspectivas que, con la verdad, destruyan los relatos pesimistas y derrotistas de los antiespañoles.

Un caso paradigmático es el del pesimismo del 98.

Ya sabéis: en 1898 con las clásicas mentiras propagandísticas y aprovechando un momento clave de deterioro de la Armada española (en 1897 o 1899 hubieran fracasado en su intento) los Estados Unidos, en su habitual expansionismo imperialista azuzado por la codicia y el racismo antiespañol (que sigue exhibiendo ese tipejo ridículo que tienen por presidente, el Trompetas), nos robaron las provincias ultramarinas de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam (por cierto, bajo la presidencia de un masón liberal que años antes se había negado a presentar en la Conferencia de Berlín las reclamaciones correspondientes a las exploraciones y posesiones de España en África y que nos hubieran proporcionado la posesión de prácticamente todo el África occidental desde Argelia y Marruecos hasta nuestra Guinea e incluso Gabón, lo que le hace muy sospechoso de conspirar contra la grandeza de España, como a todos los masones que, por el mero hecho de serlo, deben ser considerados enemigos y traidores).

Naturalmente, esta pérdida causó una gran conmoción en España y una sensación de pesimismo y fin de ciclo que federales, republicanos, socialistas y otras malas hierbas aprovecharon para retomar aliento después de que los desastres causados por la I República (1873-1874) los arrojasen a los vertederos de la Historia y la política. Aprovechando, usando y retorciendo este pesimismo, volvieron a medrar presentándose falsamente como el revulsivo necesario para acabar con esa España derrotada e instalar otra a su gusto, es decir: débil, desunida y sometida a ideologías e intereses extranjeros.

Pero la verdad es otra.

La España derrotada en 1898 y que, por culpa del repugnante Sagasta, no reclamó sus derechos en África en 1886, en 1906 estaba ya participando en la Conferencia de Algeciras para iniciar una nueva expansión africana (mucho más modesta de la que podría haberse conseguido en 1886), y restablecer nuestra posición. La España presuntamente sin pulso de los jeremiacos del 98 y que tanto difundieron como dogma los izquierdistas antiespañoles para ejercer su labor de zapa, apenas ocho años después de su derrota, estaba ya lanzándose a nuevas aventuras y conquistas. Eso no es un país derrotado y sin pulso, es un país dinámico, fuerte, con capacidad de supervivencia, resolución y perspectivas de futuro.

¿Cómo presentaron y siguen presentando los antiespañoles de la izquierda esta resiliencia (utilicemos la palabreja de moda de los progres) de España? Como intereses particulares de la oligarquía a la que enfrentaban al pueblo para poner palos en las ruedas de la recuperación de España. Así se las apañaron para fomentar disturbios como la Semana Trágica de Barcelona en 1909 y convencer al pueblo ignorante de que la grandeza de España no les beneficiaba y no era cosa de toda la nación. Es decir: desde el principio (y hasta hoy) socialistas, federalistas, progresistas, anarquistas e independentistas han jugado a evitar la grandeza de España, a fomentar el antiespañolismo en el pueblo y a servir a intereses extranjeros en contra de los intereses de España. Y lo han hecho, en gran medida, inventando relatos falsos sobre la Historia y las verdaderas capacidades de España. Eso, naturalmente, les volverá a llevar (no cabe otro remedio) a purgar sus culpas en los paredones y las cunetas en cuanto restablezcamos el orden en España. Ellos mismos se lo buscan.

Pero, para llegar a ese punto, es preciso cambiar las conciencias, destruir las mentiras que la anti-España ha impuesto sobre la España verdadera. Fomentar nuevas perspectivas que lleven al pueblo a conocer la verdad. Aquí lucharemos en esa trinchera.

Por cierto, y antes de terminar: hay que decir que España consiguió su pequeño nuevo imperio en África y que volvió a perderlo de nuevo por obra y gracia de nuestros enemigos: los Estados Unidos que, en 1975, organizaron la Marcha Verde para despojar a España de su provincia del Sáhara.

Hoy en día, Trump, el Trompetas, sigue buscando la ruina de España acechando a Ceuta, Melilla y las Canarias, seamos muy conscientes de quienes son nuestros verdaderos enemigos.

© Fernando Busto de la Vega.

LAS FEMINISTAS PROGRES VUELVEN A EJERCER SU SUPREMACISMO SEXISTA

Ilustro esta entrada con la imagen de una mujer desnuda como simple acto de rebeldía frente al puritanismo y el supremacismo del hembrismo progre que sufrimos. Al ver a esta chica, estáis viendo la revolución, el desacato y el rechazo de la enfermiza pacatería de origen protestante anglosajón del feminismo como secta.

Sorpresa ninguna, ya sabemos que el feminismo progre que constituye la columna vertebral del PSOE y la ultraizquierda de este país, es una opción supremacista, sexista y fanática que reincide una y otra vez en conductas que si se dirigieran contra otros colectivos (en lugar de los hombres blancos heterosexuales) y desde otras tribunas (partidos no adscritos a sus sectas totalitarias) se tacharían como crímenes contra la humanidad y graves atentados contra la justicia, la igualdad y la libertad. Esa es la ralea de esa ideología y de las leguleyas, politicuchas y supremacistas que las impulsan. Gentuza que en su momento no solo deberá responder de sus crímenes sino pasar severas revisiones psiquiátricas para dilucidar si su evidente psicopatía es una asociación de individualidades enfermas o cursa como un género de contagio perverso.

Desde que el indecente Zapatero (al que empezamos a conocer en su impúdica realidad de traidor al pueblo, corrupto y agente de la decadencia social y política de España con sus políticas aberrantes y criminales) dio carta de naturaleza administrativa a esos grupúsculos de feminazis sexistas (racistas contra los hombres, especialmente si son blancos y heterosexuales) y permitió que comenzaran a crear chiringuitos parasitarios con dinero público empezó el proceso de discriminar al hombre y acosarlo injustamente quitándole derechos y dando privilegios a las mujeres.

El mismo comportamiento se considera delictivo en un hombre e inocente en una mujer o convierte en víctima a una mujer mientras que al hombre se le arrebata dicha condición simplemente por ser hombre. Ya hablamos en estas mismas páginas del registro de violencia de género…que solo cuenta las víctimas femeninas y oculta los hombres maltratados y asesinados por sus esposas o novias (no abundaré demasiado en esto, basta con que el lector interesado entre en la pestaña de «Crímenes que te ocultan» en este mismo blog para ilustrarse a fondo al respecto).

Pues bien, el Gobierno Progre-Socialista continúa en la misma senda.

En estos días el llamado «Ministerio de Igualdad», que se ocupa, en realidad, de fomentar la desigualdad, la persecución contra el hombre blanco heterosexual y la imposición de las políticas destinadas a destruir España y convertirla en un Estado fallido (y esto también deberán pagarlo quienes llevan a cabo dichas políticas y, al tratarse de traición al pueblo y a la patria, solo podrán expiar sus culpas en los paredones, que a la postre siempre han sido la reserva espiritual para la salvación de España) ha lanzado (no debemos olvidar que el feminismo tiene su origen en el protestantismo yanqui y, por lo tanto, además de su supremacismo ha heredado su puritanismo, ambos enfermizos, hay que decirlo, lo hemos repetido ya a menudo en estas páginas: ser feminista se acerca mucho a una enfermedad mental, además de constituir una perversión moral) una campaña de propaganda (no olvidemos tampoco que este Ministerio de Igualdad asume funciones muy similares al de Propaganda de Goebbels) para la «concienciación» de la población contra la prostitución que pretenden prohibir (medida que, como demuestran las prohibiciones en Estados Unidos, Suecia y otros países afectados por idéntico puritanismo protestante disfrazado de progresismo feminista, únicamente perjudican a las prostitutas favoreciendo a las mafias que, tangencialmente, se ganan la inmunidad untando a los organismos, mejor dicho: a las funcionarias y políticas, que vigilan la moral pública y el supremacismo hembrista). Ahora andan haciendo anuncios que aparecen en televisión y en las redes denunciando la «cosificación» de las putas y otras zarandajas ridículas por el estilo. Buscando, en suma, el habitual victimismo para imponer sus medidas totalitarias de odio.

Y es aquí donde se les ve el plumero: hablan siempre de mujeres, porque, al parecer, los hombres no se prostituyen. A los putos, que les den por el culo (y sin cobrar). Claro está en esas mentalidades hembristas que un hombre sea víctima de trata o venga obligado a prostituirse no les importa en absoluto. Tampoco admiten que hay mujeres que pagan putas y putos y mucho menos que ellas, en gran medida, viajan a África o el Caribe a disfrutar del turismo sexual, es decir: a usar el dinero público que esquilman con sus chiringuitos y les otorga un estatus económico y social elevado para aprovecharse de jóvenes (a menudo hombres, pero también chicas) a los que explotan sexualmente. Pero, claro, no es lo mismo. Si una feminazi le paga a un negro en Cabo Verde para que se la folle no pasa nada, se oculta el hecho y ya. Si un hombre blanco heterosexual hace lo propio en el puticlub de la esquina ha de marchar indefectiblemente al cadalso. La vacaburra repugnante y salida, pero hembra y progre, es libre de pagarle a negritos menores para obtener placer sexual (que ningún hombre de su entorno social y raza le daría voluntariamente) y esto, con ocultarlo, es suficiente (la típica hipocresía de los progres y de los puritanos). ah, pero al contrario…¡Anatema!

Subsidiariamente, han sacado la Ley de Violencia Vicaria…y ojo (tampoco es ninguna sorpresa) dicha «ley» (una ley injusta y supremacista no puede ser considerada tal ni legítima) solo considera víctimas a las mujeres. Si un hombre asesina a sus hijos para dañar a su exesposa, recibe todos los agravantes de dicha ley y la esposa todos los beneficios de la condición de víctima. Si sucede al revés, si una mujer mata a sus hijos para dañar a su exesposo, entonces no se le aplica la ley. Tan sencillo como eso.

Progresismo y feminismo son no solo una secta peligrosa que amenaza a la igualdad y a la justicia, también un proyecto financiado por los enemigos de una España fuerte. Actuemos en consecuencia.

Apliquemos otra ración de desacato revolucionario antes de terminar.

© Fernando Busto de la Vega.

TERCERMUNDISMO

Lo que vemos aquí no es fruto de la pobreza, sino de la irresponsabilidad y el egoísmo individuales y la falta de organización administrativa y respeto mutuo.

La verdad reside en los detalles, esta es una frase que se repite a menudo en estas páginas y que nos servirá una vez más para llegar a comprender una realidad oculta, incómoda y que enfurecerá a algunos.

Por cuestiones profesionales me veo obligado a tratar, desde la trinchera de la administración pública, con cientos de inmigrantes cada semana y esto me permite percatarme de algunos rasgos que, a la postre, explican muy bien tanto la naturaleza de la ineficacia e inviabilidad de sus naciones de origen como la compleja integración de esas personas en la nuestra sin contribuir a su deterioro.

Existe un rasgo común en muchos (nunca se debe generalizar al extremo) de los inmigrantes que llegan de la América hispana, del Magreb y del África negra (y que no se da en los europeos ni los asiáticos no musulmanes): la incapacidad, en apariencia total y aparentemente definitiva para ceñirse a un simple trámite administrativo. El mero hecho de comprender que debe acudirse a los sitios con cita previa y recordar la fecha y la hora de la misma representa ya en sí mismo un problema grave. Hay gente que se presenta sin la debida cita y se enfada cuando no se le atiende sin ella y otros muchos que, simplemente, la dejan pasar, se presentan semanas o meses después y se enfadan también cuando se les indica que ya perdieron su cita.

La cosa es sencilla, se limita a decirles: «para poder ser atendidos en condiciones, dedicándoles el tiempo que requiere su trámite, tienen que venir tal día a tal hora» y un porcentaje elevadísimo ni siquiera es capaz de cumplir esta simple obligación por mucho que se la recalques e insistas en ello usando un idioma que comprendan (que esta es otra: cuando emigras a un país, como mínimo se pensaría que deberías haberte preocupado de aprender los rudimentos de su lengua y no pensar que todo va a funcionar, como suelen creer los subsaharianos, quedándote de pie y mirando al suelo con infantil carita de pena para que el funcionario blanco te lo de todo masticadito y servido y que esta actitud se mantenga en muchos casos dos y tres años después de haber llegado al país). Y esta incapacidad denota los males intrínsecos de esas sociedades de origen que la llegada de estos inmigrantes amenaza con imponer aquí.

Es preciso decir que, cuando ven que, al haber hecho caso omiso de sus citas, no van a poder realizar el trámite cuando y como a ellos les apetece, estos individuos reaccionan de diferentes maneras. Unos (generalmente los magrebíes y algunos hispanoamericanos que tiran de odio racista y resquemores antiespañoles elevando el tono con la esperanza de que el funcionario acabe cediendo por temor a ser tachado de racista) con rabia y agresividad. Otros con lloros, ruegos y ofrecimientos (pequeños intentos de soborno), algunos (especialmente los subsaharianos) quedándose de pie durante horas en el mostrador de turno sin marcharse por mucho que les digas que nadie les va a recibir y les vuelvas a explicar mil veces que necesitan cita previa.

Hay algunos, especialmente hispanoamericanos, que se encastillan y exigen que sea el funcionario quien les de la cita previa que necesitan y se niegan en redondo a tomarla por ellos mismos porque, al parecer, representa un ultraje que deban hacerlo como ciudadanos autónomos y responsables y necesitan que un funcionario español les haga de mayordomo.

Todo esto pueden parecer simples anécdotas que atañen a recién llegados necesitados de adaptarse a su nuevo entorno, pero muestran en realidad las disposiciones mentales propias de personas procedentes de países ineficaces y desorganizados.

En primer lugar podemos constatar la total y absoluta falta de responsabilidad personal y de respeto hacia la administración y los restantes ciudadanos. Solo su problema les importa y pretenden ser atendidos cuando les conviene y les apetece (los hay que se presentan a cinco minutos del cierre de la oficina de turno y pretenden que se les atienda aunque su trámite lleve media hora o cuarenta minutos y no faltan los que llegan una hora antes o media hora después del horario de cierre y se dedican a golpear las puertas para que se les habrá prorrumpiendo en malas caras e insultos cuando se les indica el horario de atención al público y se les explica que deben atenerse a él) sin querer comprender que se necesita un orden para respetar las necesidades y derechos de los restantes usuarios. Son personas incapaces de atenerse a un simple proceso de cita previa a causa de la indisciplina moral y social que traen de fábrica (quiero recordar aquí que, durante la pandemia, cuando tomaba el autobús que me conducía al Centro COVID en el que trabajaba como voluntario, los únicos que viajaban sin mascarillas y con los que había que discutir todos los días para que se las pusieran, debiendo llamar a veces a la policía, eran hombres de ascendencia hispanoamericana que rechazaban, por chulería y desprecio al bien común, someterse a las normas profilácticas establecidas para todos, ellos eran demasiado guapos y chulos para aceptarlas y sumarse al esfuerzo común y, claro, algunos acababan detenidos por los «racistas» cuerpos de seguridad.

Acto continuo, tras la irresponsabilidad personal, la falta de madurez para cumplir el único deber que se les impone (acudir a una fecha y hora precisas) y el desprecio hacia los derechos ajenos y el desconocimiento de los propios deberes, llega la fase de excepción, en la que buscan quebrar las normas a su favor mediante los gritos, las posiciones pasivo-agresivas, las exigencias, los llantos, los ruegos y los intentos de soborno. Esto también denota una disposición moral deplorable y típica que define per sé al tercermundismo.

Digo con esto, y para terminar, que el tercermundismo y sus nefastas consecuencias, van mucho más allá de las causas políticas, económicas y postcoloniales (la América hispana jamás fue una colonia y, en el peor de los casos, lleva sin serlo doscientos años) que esgrime la demagogia maoísta y cala en el comportamiento moral de sus ciudadanos. Hablamos de una disposición inmadura, irresponsable, egoísta y desorganizada que amenaza por su propia existencia a la eficacia de los Estados avanzados poniéndolos en peligro de caer en los mismos abismos que los países tercermundistas. Hay que tener cuidado con eso.

Otra de las taras morales de estos inmigrantes tercermundistas es su profunda y agresiva ignorancia que abarca desde la total incompetencia digital e incluso alfabética (es elevado el número de subsaharianos que llegan a Europa sin saber leer ni escribir) hasta el problema de las supersticiones contrarias a la civilización que traen y no abandonan (subsaharianos y magrebíes son básicamente musulmanes, hay muchos hispanoamericanos que llegan como despreciables evangelistas de sectas predominantemente antiespañolas) …y esa es una amenaza sistémica. Europa, y especialmente España, deben defender la civilización que representan en todos los frentes, también en el del control de las sectas hostiles que pretenden arraigarse en su territorio. Eso de la libertad de religión es una derivada del mosaico de sectas protestantes que en modo alguno podían imponerse unas sobre otras en los Estados Unidos y que no tenían otro remedio que coexistir. Desde esa realidad sectaria la idea pasó al liberalismo parlamentario anglosajón, pero es una de tantas excrecencias masónicas incompatibles con la grandeza y permanencia de España y la civilización que representa que debemos eliminar. Y, para ello, lo sabemos, es necesario derrocar al ilegítimo régimen intruso de 1978 que padecemos.

Creo que se nota la diferencia y no dudo en qué realidad queremos vivir, para preservarla debemos ser conscientes de los insidiosos peligros que el tercermundismo trae consigo y cercenarlos de raíz.

© Fernando Busto de la Vega.