SOBRE PIZZAS Y HAMBURGUESAS

Cuantos me conocen están al cabo de la calle sobre mi preferencia de salir con chicas menores de treinta años y mi aversión por las cuarentonas que, o bien están divorciadas o bien solteras, en ambos casos por evidentes taras de su carácter personal y moral exacerbadas por su proximidad a la decadencia. Soy así, no cabe darle más vueltas y, de momento, contra todo pronóstico, voy saliéndome con la mía, de modo que soy feliz y me importa poco el juicio de las puritanas amargadas (siempre son mujeres las que juzgan, critican y persiguen) que puedan ofenderse con esta entrada.

Pero, hay que decirlo, el asunto de las contradicciones generacionales siempre está presente en ese tipo de relaciones. Por supuesto en lo concerniente a eso que ellas llaman música. No obstante, esa es una batalla amortizada. Desde que aparecieron el reguetón, el trap y demás milongas con Autotune mejor ni disputar. Ahora bien, cuando ya nos adentramos en terrenos gastronómicos…

A ver, seamos claros, en el campo de la comida las mujeres son molestas a todas las edades, todas están a dieta o experimentan repugnancias patológicas por unos alimentos u otros y todas se creen nutricionistas de pro, especialmente las que practican algún tipo de deporte (aunque se putañear y juntarse con malas compañías en el gimnasio o salir a correr en bragas por el parque), pero las chicas de veinte años…¡Ay, las chicas de veinte años!

Es sábado por la mañana, he dormido poco y quizá por ello sigo entre el enfado y el trauma irónico. Quizá porque hay algunas señoritas que me han exigido (más que pedir) que escribiera sobre ellas en este blog a la máxima brevedad y estoy convencido de que pensaban que lo haría elogiosa y obsequiosamente, pero se equivocaban.

Hay generaciones enteras que no han sido educadas por sus familias (y este es un fracaso impulsado por el feminismo que alienta la inmadurez emocional y personal así como la falta de compromiso de las mujeres) y, por lo tanto, no saben comer. No tienen ningún tipo de cultura, menos aún gastronómica. Solo conocen lo que han visto en televisiones estimuladas por ese modelo estadounidense que nuestras cadenas replican una y otra vez en un proceso de aculturación y empobrecimiento del acerbo cultural español que en algún momento deberá castigarse severamente en sus impulsores. De modo que para algunas generaciones todo son hamburguesas y pizzas.

Pero existiendo los bocadillos, las empanadas e incluso las empanadillas ¿alguien me quiere decir qué papel ocupan las pizzas en el mundo? Salvo que seas un estadounidense inculto o un memo aculturado por años de imitar el modelo de esos anglos asilvestrados e ignorantes o estés en Nápoles u otra ciudad italiana, ninguno.

Lo mismo podemos decir de las hamburguesas en relación con los filetes rusos (mucho más versátiles) y el steak tartar.

Y, precisamente, el steak tartar me tiene a mí traumatizado y enfadado esta luminosa y preciosa mañana de sábado.

Estos son los hechos que expongo para mi escarnio y la hilaridad desdeñosa de mis lectores.

Hete aquí que, en un alarde milagroso, consigo que dos chicas «más bien verosímiles» (cito la Verbena de la Paloma, y en ese mismo ámbito podría decir: una morena y una rubia) vengan a cenar a mi casa. Vamos a experimentar una noche con cierto toque de clase, incluyendo cócteles (y fui a mi trastero secreto en el quinto pino para rescatar mis adminículos de coctelero además de invertir una cierta cantidad de dinero en licores que, dada mi condición de abstemio prácticamente constante, no suelo tener en casa) y, siguiendo las indicaciones de mis amables invitadas, que pensaron primero en el sushi y luego lo descartaron, un chic plato de steak tartar.

(NO SON ESTAS, PERO SE LES PARECEN) QUERÍAN QUE UTILIZARA UN SELFIE SUYO, PERO POR RAZONES LEGALES, NUNCA SE SABE CUANDO VAMOS A DISCUTIR, ES MEJOR NO CAER EN ESA TRAMPA. NO OBSTANTE, AMBAS HAN ACEPTADO ESTA REPRESENTACIÓN QUE RECUERDA A ALGUNAS FOTOS QUE SE HAN HECHO JUNTAS. E INSISTEN EN QUE DIGA QUE ELLAS SON MÁS GUAPAS. SEA.

Total, que en mi papel de cocinero de postín, decidí no ahorrar pasos y convertir la elaboración del plato estrella de la cena en un espectáculo de primer orden. En lugar de comprar la pieza de ternera picada, la compré entera y la piqué frente a ellas con un tenedor y un afiladísimo cuchillo de cocina: primer drama. El proceso les daba asco, empezaron las arcadas, la una contagiaba a la otra y acabaron haciendo sitio para la cena empujándose y alternándose en el monopolio de la taza del retrete.

Consecuencia: finalicé el show y concluí el proceso a escondidas y con una picadora.

Segundo drama:

—Fer, amor, no has cocinado las hamburguesas.

—Niñas, es un steak tartar.

—¿Y no se cocina? ¿Tampoco el huevo?

—Se cocina sin fuego, los propios ingredientes…

Nueva ronda de vómitos, grititos histéricos y visajes de repugnancia.

Al cabo hube de convertir el steak tartar ya macerado en hamburguesas fritas, aliñadas con mostaza (francesa, en eso me planté) y mermelada de tomate (también me negué en redondo al ketchup, ingrediente que, de todos modos, no se encuentra en mi cocina).

Menos mal que dentro de lo malo no dejaron de reírse y divertirse y que los cócteles ulteriores vinieron a arreglar la noche.

Estuvo bien, pero sigo enfadado y traumatizado por mucho que mis invitadas se rían al leer por encima de mi hombro esta entrada que les parece graciosa y yo estimo tristísima.

© Fernando Busto de la Vega.

JOVELLANOS EN SEVILLA

En la primavera de 1767, con veintitrés años y recién adquirido el título de bachiller en Cánones por la Universidad de Alcalá de Henares, Gaspar Melchor de Jovellanos llegó a Sevilla para ocupar el cargo de juez (alcalde) sorprendiendo y hasta escandalizando a sus colegas e incluso a toda la ciudad con su aspecto.

A menudo creemos que los choques generacionales y la reivindicación de ideas y reformas sociales mediante un atuendo y un tipo de corte de pelo determinado es cosa de nuestra época. Y nos equivocamos. Ya en el siglo XVIII había viejos que despotricaban contra los jóvenes por su ruidosa música y jóvenes desmelenados frente a viejos empelucados. Jovellanos fue, precisamente, uno de estos. Llegó a Sevilla y empezó a ejercer sin usar peluca, tan solo con el pelo crecido y rizado artificialmente por la parte de la nuca. Además, prescindió a menudo del manteo y demás prendas que conformaban el uniforme judicial del momento, se negó a cobrar los habituales porcentajes que sus colegas solían llevarse por las multas impuestas y comenzó a introducir nuevas doctrinas legales como las de Beccaria. En suma: toda una revolución social en marcha. Lo que en términos del siglo XX casi podríamos definir como un juez yeyé o hippy, un moderno.

Es interesante que el lector se sitúe en la perspectiva adecuada, que se imbuya del espíritu del momento, que llegue a comprender la sonada ruptura que la llegada de aquel joven juez sin peluca ni uniforme, con ideas y prácticas nuevas, causó en un estamento tan conservador e inmovilista como el judicial y, por ende, en la sociedad sevillana del momento. Naturalmente, su actitud y atuendo generaron muchísimas críticas y no pocas protestas. Pero Jovellanos permaneció en su puesto, e incluso fue ascendió, hasta 1778 cuando le ascendieron todavía más nombrándole miembro de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte de Madrid.

Evidentemente, y esta es la parte importante de la anécdota que inspira este artículo, el joven Jovellanos no se presentó con aquel atuendo y aquella actitud por su cuenta y riesgo en Sevilla, imprudencia que le hubiera costado la carrera. Lo hizo impulsado por el mismísimo conde de Aranda, en aquel momento presidente del Consejo de Castilla (máximo órgano legal y ejecutivo del país) que le recibió en su despacho de Madrid antes de marchar a Sevilla y le aconsejó que prescindiera de la peluca y el manteo y que diese rienda suelta a sus ideas innovadoras.

No fue casualidad. Acababa de tener lugar el Motín de Esquilache (1766) que impulsó al conde de Aranda, entonces capitán general de Valencia, al apoteosis político del momento. Como sabemos, el rey (Carlos III) hubo de huir de Madrid a Aranjuez, y el conde de Aranda invadió Castilla la Nueva con sus tropas interponiéndolas entre el rey y los amotinados en un acto espontáneo y que respondía a la lógica de proteger al rey, pero que tuvo mucho de pronunciamiento militar. En apariencia, los cimientos de la monarquía no se conmovieron, pero la figura regia hubo de ceder su poder y su protagonismo, siquiera transitoriamente, al pueblo amotinado primero y a una figura militar, la del conde de Aranda, después. Todo el asunto, aunque sería largo demostrarlo, se nos presenta como un antecedente directo de lo que sería el siglo XIX con todos sus pronunciamientos militares, especialmente de signo liberal.

De hecho, la llegada al poder del conde de Aranda está en la raíz misma de la irrupción del liberalismo en España. Entonces, en 1766, faltaban todavía más de cuarenta años para que este movimiento político (absolutamente perjudicial para España porque desde finales del siglo XVIII cayó bajo control inglés a través de Lord Holland, y de la masonería con la irrupción de los franceses en 1808 llevando a la destrucción del imperio español y amenazando todavía hoy la integridad de lo que queda de la nación y su viabilidad). Pero las raíces se encuentran precisamente en ese «pronunciamiento» del conde de Aranda en 1766. Con él llegó al poder el llamado Partido Aragonés, una extensa nómina de nobles, funcionaros, intelectuales y juristas de ese origen que seguían imbuidos del espíritu foral del Reino y Corona de Aragón, eliminados por al absolutismo borbónico con los Decretos de Nueva Planta en 1707.

En el foralismo constitucional aragonés nunca hubo cabida para el absolutismo monárquico y el rey vivía sometido a la ley y en perpetuo equilibrio con las Cortes y el Justicia Mayor, nada más opuesto al absolutismo afrancesado de los Borbones. Hay que notar que en el Partido Aragonés figuraban la condesa de Montijo y sus hijos, uno de los cuales, Cipriano, se convirtió (además de en partidario de José Bonaparte y padre de Eugenia de Montijo) en primer gran maestre de la masonería española durante su estancia en Granada.

Pues bien, ese foralismo soterrado de Aranda, que se convirtió en instrumento de la alta nobleza para nivelar el excesivo poder del absolutismo monárquico, evolucionó con la llegada de Lord Holland (no en vano miembro de la Cámara de los Lores y buen amigo de Jovellanos y enemigo de Godoy) a Madrid en 1803 en un proyecto político claramente anglófilo: con el rey sometido, como en Aragón, a las leyes y las instituciones y un ordenamiento constitucional que incluía (como sucedería en todos los proyectos liberales a partir de 1812) un senado, una cámara alta donde estuvieran representados los nobles en consonancia con una cámara baja, donde se representase al común. Exactamente igual que en Inglaterra y en la Edad Media, porque no debemos equivocarnos: el constitucionalismo parlamentario liberal de origen anglosajón tiene muy poco de moderno y mucho de arcaico, clasista y estamental.

Previamente, Carlos IV trató de defenderse del poder del Partido Aragonés y su soterrado constitucionalismo de base foral, potenciando su absolutismo a través de la dictadura arbitraria de un valido: Godoy, al que Jovellanos detestaba (y que acabó encarcelándolo en Mallorca en 1801). El Partido Aragonés, arrinconado por Godoy (aunque ya había empezado a perder poder cuando el conde de Aranda fue cesado como presidente del Consejo de Castilla y enviado como embajador a París en 1773), nucleó su oposición en torno al Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, que luego traicionó a estos partidarios erigiéndose a partir de 1814 en el mayor absolutista de todos los Borbones.

Todo este proceso político se traslucía ya en la llegada del joven juez asturiano sin peluca ni uniforme a la Sevilla de 1767. Para entonces, las ideas, más allá del foralismo o el absolutismo, no estaban perfectamente definidas y muchas de las políticas de Godoy (entre ellas los intentos de desamortización) podrían haber sido subscritas por el Partido Aragonés y, de hecho, fueron copiadas por los gobiernos liberales a partir de 1820.

Nos encontramos, claro está, ante un proceso denso y complejísimo que no podemos detallar en el reducido espacio de este blog. Pero conviene, en aras de ir conociendo y comprendiendo mejor nuestra historia, dejar pinceladas como esta. Comprender lo que significaba la llegada de un joven rompedor y moderno como Jovellanos a la importante plaza de Sevilla en 1767, el impacto social y profesional que supuso y la carga de profundidad política e ideológica que llevaba incorporada y venía teledirigida desde Madrid por un general y presidente del Consejo de Castilla de casi cincuenta años que había llegado al poder mediante un oportuno movimiento de tropas.

Lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

LA INMIGRACIÓN Y EL PRECIO DE LA VIVIENDA

LOS NUEVOS ESPAÑOLES, SEGÚN LOS GOBIERNOS «PROGRESISTAS». POR CIERTO: ASALTAR UNA FRONTERA POR TIERRA O POR MAR, AUNQUE SEA SIN ARMAS, ES UN ACTO DE GUERRA, ES UNA FORMA DE INVASIÓN QUE NUESTROS GOBERNANTES PREMIAN CON LA ENTREGA DE LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA A INDIVIDUOS SIN NINGÚN VÍNCULO CULTURAL, CIVILIZATORIO O GENÉTICO CON ESPAÑA Y QUE, EN SU MAYOR PARTE, ESTAN TAN BAJAMENTE CUALIFICADOS QUE NI SABEN ESCRIBIR NI MANEJAR UN ORDENADOR. Y EN MUCHOS CASOS NI SIQUIERA HABLAR ESPAÑOL. ASÍ SE AVANZA.

Anda Vox despotricando contra las ilegítimas y perjudiciales regularizaciones de extranjeros de los izquierdistas antiespañoles en el poder y asegurando que su presencia sube el precio de la vivienda, especialmente del alquiler. Y tienen razón. Si la demanda se dispara y la oferta permanece igual, la consecuencia cae por su propio peso: escasez y carestía. Demasiada inmigración dispara el precio de la vivienda. Y depaupera los barrios y la convivencia. A este respecto no pienso argumentar, pondré solo un ejemplo que conozco bien: el barrio de las Delicias de Zaragoza. Hace dos décadas era una zona limpia, segura, comercial…ahora está sucia, es insegura, está llena de individuos sospechosos tirados (descalzos y rascándose la barriga) en los bancos que ya no pueden utilizar las abuelitas españolas, trapicheando o preparados para dar el queo…es lo que hay. Hasta tiroteos están empezando a darse.

Es lo que sucede por tener una política inmigratoria de aluvión, que se conforma con toda la gallofa infecta que de África, América o Asia quiera venir sin filtrar ni asegurarse de que los individuos pueden aportar algo (porque subsaharianos y magrebíes hay que ni saben leer, ni usar un ordenador ni quieren aprender. Eso sí: llegan con espíritu conquistador, dispuestos a imponer su islam sobre la civilización europea que la izquierda está traicionando y abandonando haciéndose reos todos sus jefes y militantes de alta traición, delito que tarde o temprano deberán pagar).

Diré más: por cuestiones profesionales puedo asegurar que se está dando la nacionalidad española a africanos que ni siquiera son capaces de hablar español, y no a pocos: a muchos. Son individuos que ni conocen ni respetan la civilización española, que a menudo carecen de formación, que son fanáticos religiosos e invasores silenciosos dispuestos a sustituir al elemento patrio y convertir España en África, pero se les otorga la ciudadanía y un documento de identidad español cumpliendo no se sabe bien qué criterios, aunque desde luego no aquellos que servirían al interés nacional.

De modo que sí: la inmigración incontrolada, de aluvión, masiva y de baja cualificación, además de nula afección a España (y esto vale también por muchos americanos imbuidos de la leyenda negra, racistas antiespañoles y, en su mayor parte, evangelistas) es más que un grave problema, es un acto de traición que amenaza con destruir la nación y aniquilar al pueblo.

Pero no nos dejemos engañar. Cuando Vox clama contra la inmigración y pone como excusa el precio de la vivienda, en realidad no está aportando soluciones. La otra cara del problema son los fondos buitres de origen extranjero que les financian, la oligarquía cleptocrática que llevamos padeciendo al menos desde 1833 y cuyos valores ellos defienden. Los especuladores antiespañoles de toda la vida que gustan de llevar pulseritas y calcetines con la bandera de España y ondearla en sus balcones, pero que llevan robando y oprimiendo al pueblo más de dos siglos.

La Revolución Nacional, imprescindible para la salvación de España a corto plazo, deberá limpiar el país de inmigrantes indeseados y castigar con dureza a los traidores que nos los han impuesto desde el poder, pero también arrancar de raíz la influencia del capitalismo especulador y extractivo extranjero (y castigar a quienes desde el poder le permitió implantarse en España, sin ir más lejos la familia Aznar y el PP en su conjunto) y quebrar la columna vertebral de los oligarcas patrios cleptócratas, especuladores, explotadores, corruptos, ineficientes y perjudiciales.

No se puede ganar el futuro de España, que ahora mismo es un Estado fallido, sin concatenar ambas acciones.

Ningún partido ni movimiento hoy en día encarna esta necesidad imperativa y dual en el ilegítimo régimen de 1978. Ergo, estamos bien jodidos.

© Fernando Busto de la Vega.

MARY GERONTÓFILA

Que uno no acaba de conocer nunca a las personas es una verdad como un templo. Que la vida te da sorpresas, también. Y yo no salgo de mi asombro a causa de algo que estoy conociendo estos días y que no puedo dejar de consignar. Es personal, pero merece una reflexión y unas risas.

Hay una señora, a la que llamaremos Mary, que en el último año ha dado un giro total a su vida. Antes era una profesional seria, aparentaba una larga serie de virtudes y llevaba una existencia normal y, seguramente, aburrida. Tanto que, a espaldas de su marido, fue creándose otra totalmente distinta y a su gusto. Fue cuando empezaron a aparecer a su alrededor los viejecitos. ¿Pero quien podía sospechar?

Hasta donde sabemos, la vida sexual de Mary anduvo siempre dentro de las lindes de la normalidad, era incluso convencional y aburrida. Pero en un momento dado algo se disparó en su interior (quizá provocado por el consumo de drogas, muchas de las cuales conseguía de forma legal alegando dolores y lesiones que los médicos avalaban bien por su encanto innegable, bien por miedo a sus afamadas querellas, es follonera y revolvedora) y la fue sumiendo en un marasmo de deseos inconfesados e inconfesables que fueron sacando a la luz sus filias más profundas.

En suma: aprovechando que su marido trabajaba desde las siete de la mañana a las once de la noche y que ella vivía ociosa, de la mano de dos pérfidas influencias (una amiga intimísima y malmetedora y quizá su primer viejo, que empezó a perseguirla cuando aún estaba casada y se hizo hueco a su lado con mil excusas) fue dejándose arrastrar al abismo de sus fantasías. De pronto descubrió que necesitaba libertad y que el matrimonio (sobre todo el marido, con sus exigencias de fidelidad y normalidad) la agobiaban y preparó un divorcio a traición.

Una vez libre, se compró una casita (para el pecado) con jardín y se lanzó a la vida alegre.

Su marido, que entonces era amigo mío, apostaba porque la primera experimentación de Mary en su nueva soltería sería el lesbianismo y puede que tuviera razón, aunque ella lo negaba (como negará lo de la gerontofilia). Sin embargo, tanta amistad, complicidad y secretismo con la citada amiga…que nadie se equivoque: nada que objetar, cada cual es muy dueña. Estamos narrando hechos, no juzgando personas.

Lo que resulta indudable es que el viejo elevado desde al menos dos años antes de su divorcio a la condición de privado, consejero y mentor, consiguió su propósito y su galardón. Durante algún tiempo en exclusiva, al cabo de meses han ido disputándole el puesto otros octogenarios más decrépitos que él.

A Mary, que es alta, de grandes tetas, porte rollizo y culo descontrolado, se la ve a menudo paseando y frecuentando terrazas y bares con viejecitos que apenas pueden con los pantalones y que presenta como familiares y amigos. También, me he informado, se los lleva a su casita con jardín. Parece que allí no hay sexo propiamente identificable, entre otras razones porque sus compañeros no están ya para erecciones ni empentones, pero Mary se pasea ligera de ropa o en cueros, luciendo palmito, deja que la manoseen y la babeen…ellos son felices y ella parece que ha encontrado, sin abandonar a la amiga que la indujo al divorcio, su verdadera filia y es feliz así.

Como decía, nada que objetar. Cada cual es feliz a su manera, solo me sorprende la deriva de una mujer que conocí como seria, formal y convencional. También me pregunto, sé que va justa de dinero, si directa o indirectamente sus actividades le reportan alguna propinilla o si el tiempo le deparará alguna herencia. No es fenómeno nuevo, ya en la antigua Roma había izas de este estilo, lean el Satiricón.

Y lo dejo aquí. La única intención de esta entrada es manifestar el asombro por cómo cambian las vidas y cómo la madurez nos brinda nuestro propio yo que, en ocasiones, es el de ninfómana gerontófila. El camino hacia la felicidad es largo y retorcido.

NOTA—Esta historia daría para una novelita golfa y somardona que yo no escribiré, dejo el argumento para quien lo quiera.

NOTA 2—Reflexionando me he dado cuenta de que es posible que nos encontremos en los prolegómenos de una historia mejor. Alguien debería asegurarse de que en torno a esta gerontófila (sea mercenaria o solo perversa) no empiezan a morir viejecitos en una ratio superior a la media dejándole sus cosas…estaríamos entonces ante una envenenadora y esa sí sería una buena novela que quizá yo escribiera.

¿Qué quieren que les diga? La literatura es así.

© Fernando Busto de la Vega.

GUSTAV HOLST, LA ASTROLOGÍA Y LA MÚSICA

GUSTAV HOLST (1874-1934), COMPOSITOR BRITÁNICO CUYA SUITE LOS PLANETAS (1919) RECOMIENDO VIVAMENTE AL LECTOR, ASÍ COMO EL RESTO DE SU OBRA.

Hoy haremos una entrada breve, solo para constatar, como nos gusta hacer aquí de vez en cuando, el misterio de la creación y el modo en el que los mismos estímulos afectan de modo diferente a cada individuo revelando lo que en realidad esconde, su verdadera naturaleza.

Hemos de trasladarnos a unas vacaciones en Mallorca en abril de 1913. Cuatro amigos ingleses discuten sobre astrología. Son el compositor aludido, Gustav Holst, su amigo y protector Henry Balfour Gardiner (también compositor, hijo de un acaudalado hombre de negocios y gracias a ello promotor de una serie de conciertos en el Queen´s Hall de Londres sucedidos entre 1912 y 1913 en los que dio a conocer a una larga serie de compositores británicos contemporáneos, entre los que se contaba el propio Holst) y los hermanos Arnold y Clifford Bax (compositor el primero, y también promocionado en los citados conciertos por Balfour Gardiner, escritor el segundo).

En ese momento Holst estaba estudiando el sánscrito en busca de estímulos musicales, pero a raíz de aquella conversación entre jocosa y supersticiosa muy propia de los anglos del momento, imbuidos de un pensamiento mágico muy poco estudiado en sus implicaciones sociales, culturales y políticas (recomiendo en este punto la lectura de mi ensayo ¡Esta vivo! …Espera, no que algo dice al respecto), cambia de objeto de estudio y se pasa con armas y bagajes a la astrología.

Seis años más tarde, además de haberse convertido en uno de los más eficaces elaboradores de cartas astrales y pronósticos de Gran Bretaña, Gustav Holst estrena en el Queen´s Hall, la Suite Los Planetas, que merece la pena escuchar.

Así, desde la charla informal y anárquica, además de un tanto fatua y pseudocientífica, en unas vacaciones mallorquinas llegamos a la creación de una obra artística señera. He ahí el misterio de la creación y de cómo los mismos estímulos revelan la verdadera naturaleza de distintos individuos (si en el grupo hubiera habido un potencial asesino en serie probablemente la conversación le hubiera conducido a asesinatos relacionados con el horóscopo y si hubiera habido un aficionado a la repostería, quizá disfrutaríamos de unos pastelitos «planetarios» que, ahora que lo pienso, me parecen una excelente idea y quizá me ponga a crearlos creando la costumbre de los pasteles-zodiaco).

Lo dejo aquí.

©Fernando Busto de la Vega.