BOMBARDEAR RABAT EN 48 HORAS (O ANTES)

¿Estoy furioso por la gestión derrotista, colaboracionista y propia de un traidor de Pedro Sánchez en relación con la invasión, tan parecida a la Marcha Verde, de Marruecos sobre Ceuta?¿Y quién no? Algún día quiero ver a este traidor a España en la cárcel por su repugnante actitud. Hasta entonces me hago una pregunta: ¿Por qué nuestros aviones de guerra no están sobrevolando nuestras fronteras del sur? ¿Por que no estamos movilizando a la Legión y los Regulares? Ese es el único lenguaje que la tiranía alauita comprende.

Es famoso el momento en el que Hasán II (no lo olvidemos, un criminal de guerra y genocida) amenazó en Madrid con ocupar por sorpresa Ceuta y Melilla y cómo Adolfo Suárez, entonces presidente del Gobierno, zanjó el asunto desactivando la amenaza, amenazando a su vez con bombardear Rabat y Casablanca en el plazo de 48 horas después de la invasión. Una respuesta contundente que anuló la amenaza del sátrapa marroquí y enfrió durante décadas sus maniobras ofensivas.

Menos conocida (porque la izquierda se empeña en ocultar la Historia de España, especialmente en determinados periodos para poder mentirle al pueblo y obtener réditos electorales) es la maniobra que en diciembre de 1957 la Armada española llevó a cabo contra Agadir (un puerto atlántico marroquí).

En ese momento, la provincia española de Ifni, en África, estaba siendo atacada por «fuerzas irregulares» no identificadas y pretendidamente independientes. Todos sabían que estaban apoyadas por Marruecos y que con la excusa de establecer algún tipo de cortafuegos que separara a los irregulares y las tropas españolas el Ejército Real Marroquí pretendía cruzar la frontera con la intención real de ocupar Ifni y expulsar a los españoles.

La respuesta del generalísimo Franco, en ese momento Jefe del Estado español, fue tajante: envió barcos de guerra a Agadir que realizaron dos pasadas por la bahía marcando con sus cañones sus objetivos en la ciudad, pero sin llegar a disparar. El aviso, de todos modos, llegó a donde debía llegar y el sátrapa genocida e ilegítimo del momento, Hasán II, padre del actual sátrapa ilegítimo, Mohamed VI, detuvo la invasión.

Imagino que, en gran medida, los débiles gobernantes actuales de España se mantienen calladitos e inactivos porque, en realidad, el enemigo yanqui está (como siempre) detrás de las acciones marroquíes, pero ese no es motivo para la inacción. Somo españoles…actuemos como tales y que luego nos salga el sol por Antequera.

NOTA: Tampoco estaría de más hacer volar por los aires al sátrapa o al heredero (ya deberíamos haber fomentado una banda terrorista saharaui o comunista bajo control español para poder llevar a cabo operaciones tan necesarias como estas) o desestabilizar la dictadura enemiga apoyando y fomentando organizaciones (políticas, culturales, armadas) defensoras de la independencia del Rif o del Sáhara. Pero no actuamos. Los Reyes Católicos, Felipe II y cuantos fueron españoles de verdad están revolviéndose en sus tumbas.

© Fernando Busto de la Vega.

CEUTA Y LA ANTIESPAÑA

La izquierda antiespañola (que es toda al menos desde 1833) siempre anda entonando jeremiacas e hipócritas lamentaciones acusando a los defensores de España de fascistas, ultras, xenófobos y demás descalificativos del canon (o manual) habitual de su sanedrín oculto cuando, después de un desaguisado provocado por su incompetencia o su abierta traición (como lo sucedido en Ceuta en el verano de 2026), los verdaderos patriotas se ponen manos a la obra para restablecer el orden.

Ahora andan, ciertos medios de todos conocidos y cuyos dirigentes e integrantes deberán ser juzgados y castigados por traición cuando por fin derribemos el ilegítimo régimen que les permite existir, lloriqueando porque los ceutíes, hartos de sus mentiras y de sus retorcidas acusaciones, les increpen. Le sucede lo mismo a ciertas ONG que, en plena invasión de territorio español, se dedican a defender y ayudar a los invasores traicionando con ello a España y los españoles.

En situaciones como esta es preciso dibujar con plena claridad cual es la realidad: España ha visto invadido su territorio en una operación de guerra híbrida llevada a cabo por Marruecos con la aquiescencia y el apoyo oculto del enemigo estadounidense. Muchos de los invasores engañados volvieron a Marruecos por su propia voluntad, pero han quedado los irreductibles, que ocupan el territorio español, suponen una carga para el Estado y la sociedad (a la que no han contribuido ni contribuirán) y sirven a sus amos extranjeros en contra de la soberanía y estabilidad de España. Son enemigos de España dentro del territorio español. Estamos en una situación de guerra híbrida en la que nos jugamos la soberanía de nuestra patria, un territorio que debería considerarse como inviolable y sagrado, y en esa tesitura, sumándose a la indolencia culpable del Gobierno social-comunista que padecemos, ciertos medios patrios, de idéntica tendencia, salen a defender a los invasores y a insultar a los españoles (por lo visto, defender a tu patria, tu territorio, las calles que deberían transitar tranquilamente tus hijos, tus servicios públicos, tu pertenencia a España es convertirse en un ultraderechista peligroso, en un xenófobo poseído por el odio). Lo mismo sucede con determinadas ONG sufragadas por el Estado (y algunos Estados enemigos) que aparecen para alimentar, defender, asesorar y hasta armar a los invasores. ¿Alguien se extraña de que estos periodistas y «activistas» sean percibidos por el pueblo como enemigos y, por lo tanto, increpados?

Estamos sufriendo una invasión, un ataque por parte de Marruecos y Estados Unidos y los invasores que han decidido permanecer en Ceuta no son seres inocentes (les vemos violando a sus propias mujeres, a menudo niñas, atacando patrullas militares, robando, negándose a marchar del territorio invadido, empecinados en mantener su vinculación al islam, que es incompatible con la civilización europea…), pero son preferidos por ciertos medios de comunicación, por ciertas organizaciones presuntamente benéficas, pero de lealtades dudosas y por ciertas organizaciones políticas a la integridad de España y a los intereses de los españoles, que son insultados y acosados por esas instancias cuando osan defenderse. ¿Cómo debemos interpretar esta situación? Solo cabe una interpretación: como traición (y como tal deberá juzgarse y hacerse pagar en el futuro).

Pero tampoco supone ninguna sorpresa. La izquierda española siempre fue antiespañola. Recordemos que ya en 1909 los traidores anarquistas de la CNT montaron motines y disturbios (la Semana Trágica de Barcelona) en connivencia con los republicanos y los independentistas catalanes para intentar evitar que España recuperara su pulso y defendiera sus fronteras con el establecimiento del protectorado en el norte de Marruecos. Recordemos que en 1922-1923 el filibusterismo parlamentario del PSOE y los republicanos, apoyados en la calle por los anarquistas, costó más vidas de soldados españoles que el desastre de Annual (1921) por el mero hecho de que todos los diputados socialistas de la época estaban a sueldo del traidor y especulador socialista Horacio Echevarrieta, que tenía intereses en el chiringuito que nuestro enemigo y traidor Ab el-krim había montado en torno a la capital de su insurrección en la bahía de Alhucemas.

Fue tal el daño que causó aquella constante traición del PSOE en 1922-1923 que fue necesario que el general Primo de Rivera diera el golpe de Estado de 1923 para organizar a continuación el desembarco de Alhucemas (1925) acabando con la insurrección en nuestro protectorado.

Más tarde, en 1931, el PSOE (como sigue haciendo con las llamadas Leyes de Memoria Democrática) falseó la historia culpando al rey y al general Fernández Silvestre de graves cargos en 1921 y haciendo olvidar sus crímenes de 1922-1923.

Cien años después seguimos igual.

Si queremos defender la integridad territorial de España, lo he dicho aquí hasta el aburrimiento, debemos, por un lado, acabar con el ilegítimo e ineficaz régimen de 1978 que nos conduce a la condición de Estado fallido y por otro hacer una intensa y generalizada limpia de enemigos interiores, tanto de partidos e instituciones (sindicatos, ONG, asociaciones diversas…) como de individuos claramente escorados a la anti-España. Urge ya hacerlo.

Lo digo sin odio, pero con total convicción.

© Fernando Busto de la Vega.

EL COÑAZO DE GARCÍA LORCA

Otro verano erre que erre con la elegía lorquiana. ¿Y dónde estará? ¿Aquí o allí?…

En primer lugar hay que decir que importa poco donde esté el cuerpo de Lorca. Hay otros muchos cuerpos de grandes luminarias de nuestra cultura, nuestro arte, nuestra poesía y nuestra literatura que han desaparecido y a nadie le importa. Hay tumbas (pocas) bien establecidas que nadie visita y que nadie se preocupa de cuidar.

Es preciso decirlo: en España el arte y la cultura importan un comino a todo el mundo y nadie se preocupa de donde andarán enterrados los grandes poetas, escritores, pintores, etc. España es un país de museos vacíos (salvo los famosos y gracias a los turistas) y de bibliotecas despobladas (salvo por los opositores y estudiantes universitarios en trance de examinarse). A nadie en este país le ha importado nunca un comino un poeta, un escritor, un pintor, un escultor, un compositor o un músico. Como mucho tal o cual general metido a político o tal o cual político metido a demagogo. Futbolistas y otros deportistas crean parroquia, pero solo cuando triunfan, luego caen en el mismo olvido que el resto.

Entonces ¿a qué viene el coñazo habitual con Federico (le llaman así como si le conocieran de toda la vida)?

Es un tic propagandístico de la izquierda española, a la que tampoco le importan un comino los poetas, los escritores o demás artistas, salvo que puedan utilizarlos a modo de promoción de sus siglas.

El PCE logró apropiarse de convenientes mártires como Antonio Machado, Miguel Hernández o Federico García Lorca y utilizarlos para ampliar su parroquia contándolos entre los suyos (aprovechando que estaban muertos y no podían opinar) y cada vez que agitaban el zamarrón de sus martirios en realidad estaban haciendo campañas de captación y dando a entender que ellos monopolizaban el campo de la cultura y el arte (lo que es falso: recordemos entre otras cosas que pocos regímenes son más inclinados a la censura y la represión de la libertad artística que los comunistas, incluyendo a los cenutrios de la CNT y el anarquismo en general), para hacerse, en definitiva, los buenos, los guays, los chachipirulis…

Machado y Hernández ya han pasado de moda, por eso la izquierda no los utiliza apenas para sus zancochos propagandísticos. Pero como en el caso de García Lorca el misterio de su cuerpo desaparecido sigue intrigando al populacho, continuan utilizándolo cual plañideras estereotipadas.

¡Ay, Federico, Federico…!

Un asco. La típica hipocresía ramplona y santurrona de la izquierda. Pero mientras lo puedan seguir utilizando para situarse entre los buenos y los cultos de este país y continuar demonizando al adversario…por cierto: recomiendo al lector que examine cuantos intelectuales y artistas no comunistas fueron ejecutados por los comunistas entre 1936 y 1939. Se sorprenderá. Más tarde, aprovechando el antiespañolismo y la filiación comunista de muchos editores barceloneses de los años cincuenta a setenta (es esta una etapa editorial en España que creó muchos ídolos con pies de de barro, incluyendo los popes del llamado Boom Latinoamericano y que debe ser impugnada en bloque para deshacer sus perversas consecuencias en la literatura y la cultura de la hispanosfera) se ocuparon de silenciar a muchos escritores y poetas que no comulgaban con ellos y hoy permanecen, por ese motivo, en la penumbra cuando no en la sombra.

En resumidas cuentas: el coñazo que dan todos los veranos con el cadáver de Federico es solo propaganda de la izquierda para seguir intentando hacer olvidar su vacuidad intelectual, su propensión a la represión y la censura y sus numerosos crímenes (muchos de los cuales, en forma de traición a España, siguen cometiendo hoy en día).

© Fernando Busto de la Vega.

UNA GUIRI CON UNA SARDINA

Woman holding a fish toward an unimpressed man on a busy beach
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Este año, por empeño de las dos alegrías de mi vida presente (Aura y Luna), he retomado una vieja costumbre de juventud abandonada hacía ya casi dos décadas: nadar al amanecer en el Cantábrico, en cualquier playa del Cantábrico que me pille cerca.

No negaré que después de tanto tiempo sin ejercitar tan saludable como bucólica costumbre, incluso sin nadar en absoluto, me dominaba la preocupación. Al principio, todavía oscurecido, me limitaba a dar saltitos en la orilla huyendo con grititos ridículos de las olas y haciéndome el indolente y el reservón con la esperanza de que mis acompañantes se aburrieran y me permitiesen abdicar de este intempestivo regreso a la juventud (por cierto, he de reconocerlo, los bañadores ya no me quedan igual… ¿habré engordado desde entonces?), pero mis chicas son inasequibles al desaliento y hasta creo que tienen un punto de sadismo `a deux que las convierte en muy pesadas e implacables. Quiero decir…siempre me impulsan y se empeñan en no permitirme prescindir de lo que suelen denominar «experiencias vitales únicas» , las muy… adorables.

Resumiendo: que yo remoloneaba en la orilla quejándome de la oscuridad y de la temperatura del agua mientras ellas, con sus minúsculos biquinis (ignoro para qué los usan si el área que cubren es prácticamente despreciable… en tamaño, no en interés), reían implacables y tiraban de mí hacia el mar con hechuras de sirenas inflexiblemente crueles, relamiéndose quizá mientras pensaban en el suculento festín que podía llegar a resultar. Como el amanecer avanzaba también con decisión inmisericorde y era de temer que adentrándose en la mañana comenzaran a llegar testigos incómodos e indeseables, opté por el riesgo y la firmeza. Aparté a mis preciosas (pero tiránicas y despiadadas) acompañantes y con decisión y desdén ante las aguas frías y los riesgos esperables me adentré en el mar adoptando un continente heroico y estoicamente despreocupado. Pronto dejé de hacer pie y descubrí que podía flotar y desplazarme. Cierto que no con la energía, la habilidad y la elegancia de antaño, pero sin desmerecer de cualquier perrito nadador o cualquier marsopa decidida a haraganear un rato. Me gustó la cosa, y seguí haciéndola.

Poco después mis chicas me hacían compañía, venían a jugar conmigo, y todo parecía idílico y maravilloso…

Pero los dioses tienen su sentido del humor, que a menudo intuyo, pero no entiendo, y como en tantas otras ocasiones en mi vida tornaron lo idílico en surrealista.

Hete aquí, que una vez ganada confianza y mientras Aura y Luna volvían a salir del agua para acostarse en la arena a los primeros rayos del sol matinal (que emergía ocasionalmente de entre su celaje de nubes grises), me decidí a alejarme un tanto más de la costa, mar adentro, recordando la consabida canción de Héroes del Silencio, y mis ya lejanas hazañas juveniles. Y entonces sucedió.

No, no fue el esperable calambre que hace preciso un salvamento inmediato haya socorrista o no en la playa ni ese cruzarse con un atlético surfista (no te digo ya si es chica) que te mira desde su tabla y su neopreno con el mismo desdén que un millonario lo hace desde su Ferrari cuando te cruzas con él montando una bicicleta eléctrica. No, fue peor. Y más raro.

De pronto, en lontananza, apareció una Zodiac que se dirigió en derechura hacia mí. Su rumbo era agresivo y determinado. En la proa de la embarcación, erguida y con una inconcebible pamela color aguamarina y unas gafas de sol con ridículos cristales del mismo color, venía una robusta vikinga de vaya usted a saber qué costas con una enorme sardina colgando de su mano derecha. Sardina que parecía ofrecerme agitándola mientras se dirigía a mí en una jerigonza extraña, melosa y pronunciada en voz agudísima.

Cuando llegó hasta mí, que sacaba la cabeza del agua y la miraba con el ceño fruncido, no cambió de actitud: siguió ofreciéndome la sardina con zalamera solicitud. La mandé de inmediato a un lugar poco delicado, pero nada cambió. De modo que le di la espalda y nadé con desdén en dirección contraria. No sirvió de nada. Me siguió. El tipo que dirigía la barca prescindió del motor y utilizó un remo. La guiri, pesada y rubia, seguía ofreciéndome la sardina. Hubo un momento en que me volví y le espeté:

—Ásala por lo menos, tía plasta. ¡So petarda!

Pero no me entendió, de modo que enderecé hacia la playa donde mis chicas ya atisbaban con curiosidad la Zodiac que me perseguía a remo.

En cuanto me puse en pie y comencé a andar, el interés de la guiri en mí pareció desvanecerse. Simplemente dejó escapar un desilusionado:

—¡Oh!

Y dirigiéndose a su acompañante algo así como:

—Deter inter sel

Y enseguida la Zodiac se alejó mar adentro. Creo que hablaba en sueco, pero prefiero no saber lo que decía.

¿En serio habré engordado tanto?

© Fernando Busto de la Vega.

ALGUNAS PREGUNTAS A UNA MADRE MODERNA

El siglo XXI, no cabe negarlo ya, es un semillero de tontos. Es más: la estupidez y la estulticia han tomado el timón conduciéndonos hacia una decadencia irremediable. Parece que ya nada va a salvarnos, porque, entre otras cosas, se ha impuesto entre los pocos capaces de llevar la civilización adelante una resignación lánguida y fatalista en lugar de la lógica y necesaria indignación activa. En fin…es lo que hay: nos toca asistir pasivamente al ocaso de Occidente. Y ni siquiera tenemos a un Aecio hacia el que volver los ojos.

Y los síntomas de esta decadencia cuasi terminal están por todas partes. Sin ir más lejos, hoy me ha asaltado uno de ellos (he intentado cruzar de acera, pero me ha sorprendido al volver una esquina y no he tenido ocasión de escapar, me he tenido que tragar la indeseada conversación).

Como decía, al volver una esquina me he topado con una conocida. Una madre en la cuarentena que andaba correteando por ahí medio desnuda (con una braguita nimia que le marcaba claramente su natura femenina y un minúsculo top deportivo) delante de sus dos hijos (a la niña de unos doce años, la llevaba con atuendo similar) y del mundo. Me ha saludado orgullosa y contenta de encontrarme. Le complacía mostrarme su gran labor maternal y su modernidad puritana enseñándome la constancia y disciplina con la que semanalmente sacaba a sus hijos a hacer deporte.

En efecto, parece ser que todos los sábados los saca por la mañana de casa, ataviados con las ropas de deporte menos discretas, más a la moda y más caras, y les hace correr un circuito predeterminado en tiempos concretos. Con esto piensa que los está educando y cumpliendo bien con su labor de madre.

En condiciones normales, por educación, yo hubiera sonreído, asentido, saludado y dicho adiós apresurado, pero como este es un asunto, el de la decadencia occidental, que me corroe, no he podido evitar hacerle algunas preguntas a madre tan moderna.

He eludido toda alusión al recato y el pudor, a lo apetecible que la niña resultaba con el atuendo deportivo minúsculo y ceñido que le había puesto, y me he limitado a preguntarle cuantas veces a la semana los llevaba a una biblioteca.

…Silencio y muecas de extrañeza.

Le he preguntado si les ha enseñado a jugar al ajedrez.

…Misma respuesta.

Le he preguntado también si les está enseñando a conocer y apreciar nuestra cultura y civilización, desde Sócrates u Homero hasta los últimos descubrimientos de la física cuántica pasando por el barroco, el renacimiento o la ópera.

…Aquí ya ha colapsado, los labios se le torcían hacia la derecha y el ojo izquierdo parecía tener un llamativo y cómico tic.

Finalmente, le he preguntado si les estaba enseñando a los niños a respetar lo sagrado y rendir culto a los dioses.

Claro que no.

He sonreído con desdén, le he guiñado el ojo a la hija, que ha sonreído coqueta y prometedora, y he seguido mi camino. Ante mí, en un escenario cotidiano, la decadencia total de Occidente encarnada en una madre moderna (y, por lo tanto, ignorante y estúpida).

© Fernando Busto de la Vega.