
Uno, es parte del oficio, anda siempre buscando argumentos e historias que le ayuden a poner en pie narraciones interesantes y que, sin perder el agrado de sus lectores, permitan algún tipo de reflexión vital y un cierto filosofar oculto en la acción y el implacable desarrollo de la trama.
Ayer, rebuscando en viejas historias japonesas, encontré la semilla de una de esas novelas magníficas que jamás escribiré, pero cuyo argumento quiero, no obstante, compartir aquí y legar a quien le pueda interesar.
La historia, hay que decirlo, es real y ocurrió en un pasado ya remoto, pero puede actualizarse fácilmente.
Es la siguiente: un apuesto joven recién salido del cascarón (o de la universidad), llega como secretario a casa de un prócer (nos vale desde un ministro hasta un traficante de drogas o un especulador inmobiliario) ya cercano a la jubilación casado con una hermosa mujer mucho más joven, pero unos quince mayor que el nuevo secretario.
Hay un flechazo. La esposa madura, pero todavía atractiva y seductora, se fija en el joven que ha llegado a la casa y este, un pipiolo bobo al cabo, le corresponde ardientemente. Inician unas relaciones adulterinas…y, cierto día, el marido, un tipo celoso y peligroso, los sorprende en plena acción. Hay un forcejeo, quizá el cornudo saca un arma, y el pipiolo, guiado por el miedo, la pasión y la inconsciencia se la arrebata y le mata.
Los amantes han de huir.
Las circunstancias les obligan a sobrevivir como delincuentes y es en esa tesitura donde poco a poco el joven secretario va descubriendo la verdadera naturaleza de su amante madura. Se trata de una mujer violenta, cruel, avariciosa, egoísta, manipuladora, llevada más de la pasión física que del amor…llega a despreciarla y odiarla. Acaba asesinándola en una violenta discusión a causa del destino y reparto de uno de sus botines.
He ahí un drama tremendo, tremebundo incluso, y hasta tremendista que puede escribirse con prosa ligera, abundancia de anécdotas violentas y sexuales y proponer como objeto de meditación filosófica sin parecer en exceso pedante. Un tema que me vendría como anillo al dedo, pero que no escribiré.
© Fernando Busto de la Vega.
Esas mujeres maduras…¡qué peligro!
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A mi me pasó algo similar, no tan extremo. Solo llegó al divorcio.
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Bravo!!!!!
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Es que la jodienda no tiene enmienda
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Una historia romántica.
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Yo siempre tengo aventuras con jovencitos, pero estoy soltera. Y no soy mala.
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Tengo 18 y estoy liada con una de 40, casada, en plan…pues eso. Espero que no salga mal.
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El amor conduce a veces al desastre….
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Se lo que NO hiciste el último verano.
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Pues no lo cuentes
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Todos tenemos nuestra casada cuarentona en la memoria…
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Mas que drama y objeto de meditación filosófica es una caso más de a uno que le dejan meter la picha donde no debería, pensando que está sacando provecho. Un caso que se repite en todas las culturas y en las que siempre sale mal, y la tipa pone los cuernos ¿porqué se piensan los pipiolos que a ellos les irá mejor?
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Genial 💯
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