ADVERSUS NARCISISTAS

No lo negaré: resulta divertido manipular al manipulador, defenderse del narcisista con tácticas de guerrilla psicológica. Otorgarle un periodo de gracia durante el cual se crea vencedor y, en realidad, esté siendo derrotado. Al menos, neutralizado.

De pronto, después de meses de silencio y de que no hayas hecho el más mínimo esfuerzo por ponerte en contacto con ella (en este caso hablamos de una narcisista, hembra), cuando te necesita, la individua se pone en contacto contigo, por teléfono. Es una llamada secreta, la hace en un momento en que sabe que estarás solo para que no existan testigos si fracasa y menos aún si tiene éxito. Se muestra cordial, deseosa de tu amistad, incluso insinuante (utiliza todas las armas a su disposición) naturalmente, te toma por imbécil y piensa que no eres capaz de comprender lo que está sucediendo. Ni siquiera tiene la inteligencia (tanto te subestima) de colegir que dispones de información sobre ella, que sabes que ha llamado a otras personas para intentar conseguir lo mismo que quiere de ti, que anda reptando por las sentinas para obtener torticeramente lo que legítimamente se le niega.

En ese punto, lo cómodo y seguramente lo inteligente, es colgar. Con amabilidad, pero colgar y mantener las distancias.

Sin embargo, resulta tan tentador trasquilar a quien entra a por uvas…

Nada hay más detestable que la hipocresía, el egoísmo, que traten de utilizarte y manipularte…y, para mí, que me tomen por idiota. Podría haberlo ignorado todo, pero que me insulten suponiendo que se me puede engañar y manipular… que utilice un anzuelo erótico-sentimental pensando que de ese modo me cegará y caeré…

Aquella llamada significó la guerra.

Y lo repito: es divertido manipular y desorientar al (en este caso la) narcisista manipulador. Quebrar cada dos días el orden lógico de las cosas para que se vuelva loca y no sepa donde se encuentra. Para que su plan se venga abajo, quede demolido en el estupor y la confusión.

Por supuesto, este es un juego breve y de suma cero. Debe acabar donde empezó: en la separación radical y, para ello, no hay mejor estrategia que provocar al enemigo hasta que él mismo (ella en este caso) corte los puentes imposibilitándose el regreso.

De este modo se acaba con el problema rápidamente y de un modo definitivo. Y, además, uno se divierte.

© Fernando Busto de la Vega.

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