
El buen gobierno es aburrido, no genera noticias. Simplemente todo funciona como es debido sin que nadie lo note ni le de importancia. Es más administración cotidiana del funcionamiento de la nación que altisonantes declaraciones políticas.
Evidentemente, siempre puede suceder un imponderable. Somos humanos. Ahora bien, cuando estos imponderables empiezan a acumularse bajo una misma administración es signo inequívoco de que esta es nefasta, está en decadencia y resulta perjudicial para sus administrados, para los ciudadanos y la nación.
En España tuvimos el año pasado un apagón general causado por la mala gestión de la red eléctrica y el énfasis demagógico en la implementación de un determinado modelo de producción y consumo y el descuido técnico en el mantenimiento de infraestructuras estratégicas claves. Hace poco, acabamos de tener un accidente ferroviario que no solo ha causado muertos y heridos sino que ha bloqueado las comunicaciones ferroviarias entre la meseta y Andalucía. Y este accidente ha sucedido una vez más por el énfasis ideológico en una determinada opción de gestión y explotación y por el descuido técnico en el mantenimiento de infraestructuras estratégicas claves. Ya no nos encontramos ante imponderables, sino ante un patrón de decadencia, incuria e incapacidad.
Una situación que, además, se resolverá con ese eufemismo tan arraigado en nuestra clase política de la «responsabilidad política». En otras palabras: unos cuantos próceres serán cesados o perderán las elecciones y se harán acreedores no a un castigo merecido por traición a la patria (la incuria y la demagogia deben ser tipificadas como tales) sino a una promoción por medio de eso que se han llamado «puertas giratorias» a ocupar lucrativos puestos directivos en empresas públicas y privadas.
Y lo peor es que, dentro del régimen, no existe alternativa. Gane quien gane las elecciones generales próximas llegaran al poder los mismos inútiles y los mismos traidores con distinto collar.
Esa es la España que tenemos. Insisto en que deberíamos cambiarla cuanto antes.
© Fernando Busto de la Vega.