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EL FIN DE LAS AMAZONAS

La última noticia que se tiene de mujeres escitas guerreras en la antigüedad proviene de la batalla de Naisso (269 de nuestra era) en la que el emperador Claudio II aplastó la enorme invasión encabezada por el rey godo Cniva en la que participaron, además de godos, hérulos, bastarnos, gépidos, sármatas y otros muchos grupos del norte del Danubio y de las estepas pónticas.

Al ser derrotados los godos, entre los muchos prisioneros capturados, se apresó a una guardia de jóvenes guerreras femeninas que defendían un carro sagrado tirado por ciervos que transportaba la imagen de una diosa que los romanos identificaron con Artemisa. Literalmente, las últimas amazonas de la estepa póntica. Las últimas de la Historia.

Ciertamente, entre los escitas y los sármatas, mientras perduró el auge de la caballería ligera, podían encontrarse mujeres entre sus tropas. Estas se componían de arqueros a caballo muy ligeramente armados y resultaba casi natural que para aumentar su número y su capacidad de dispersión, fundamental a la hora de sobrepasar en movilidad a los ejércitos de infantería de los grandes estados que asaltaban, se incorporaran a ellas jóvenes de ambos sexos dando origen al mito de las amazonas, de mujeres combatientes especializadas en el arco.

Las cosas empezaron a complicarse para las amazonas cuando los asirios del Imperio Nuevo comenzaron a usar caballería pesada para combatir a los sármatas y a los escitas. Apareció así, en torno al siglo VIII a. d. C., mientras en Grecia surgía la infantería pesada de los hoplitas, la caballería pesada de lo que llegarían a ser los catafractarios.

CATAFRACTO PERSA

Estas nuevas unidades, que protegían a jinete y caballo con armaduras metálicas de las flechas de la caballería ligera, alcanzaron pronto una gran relevancia militar. Los escitas y los sármatas, así como sus vecinos germánicos, no tardaron en verse obligados a abandonar sus primitivas tácticas de caballería ligera viéndose forzados a recubrirse ellos mismos y sus monturas de pesadas armaduras. De este modo, el modelo de los catafractarios se extendió a las estepas, como luego lo haría a Roma y Bizancio. La nueva modalidad, que exigía una gran fuerza física del guerrero, apartó definitivamente a las mujeres del combate salvo en casos de continuidad ritual como las capturadas en Naisso y que después de rendirse sin luchar y perdiendo el carro sagrado que debían defender ya no pudieron continuar con su culto ni con su cofradía desapareciendo innoblemente de la historia.

Como curiosidad hay que decir que en fecha tan tardía como el siglo VI de nuestra era, los godos se burlaban de los gépidos por su lentitud en la marcha. Se debía a que los primeros continuaban utilizando las tácticas de caballería ligera de los antiguos escitas mientras los segundos habían optado por el modelo de la caballería pesada. En cualquier caso, para entonces ambos pueblos habían entrado en la órbita militar romana y conformaban en la práctica unidades militares apoyadas por infantería regular que podían utilizarse según las conveniencias. De hecho, los gépidos y los hunos que participaron a las órdenes romanas en la conquista del reino vándalo en África en el siglo VI eran en su mayor parte caballería ligera, mientras que los visigodos del siglo VII solían enfrentarse a los francos como caballería pesada.

Sea como fuere, advertiré al lector que mi recuerdo favorito de las lejanas amazonas no data de la época clásica sino de la cultura pop anglosajona (mira tú por dónde y quién lo diría). He de confesarlo: desde pequeño soy fan de Red Sonja.

UNA INTERPRETACIÓN MODERNA DE RED SONJA. CONOCIDA ES LA DEBILIDAD DEL AUTOR POR LAS PELIRROJAS Y SUS AMIGOS CONOCEN A ESE RESPECTO ALGUNAS HISTORIETAS.

© Fernando Busto de la Vega.