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EL TUTEO Y LA FALANGE

CAMILO JOSÉ CELA Y GONZALO TORRENTE BALLESTER, DOS FALANGISTAS AL AZAR.

En España nos tuteamos de manera habitual, es un hecho. Muy pocas veces hay quien reflexione al respecto y busque el motivo de esta anomalía social tanto histórica como geográfica (el tuteo no es habitual, salvo en Suecia, en ninguna parte de Europa o América) y quien lo hace muy a menudo queda preso de los lugares comunes y el relato oficial de la Historia pensando que este tuteo se debe a la quiebra de la rígida etiqueta franquista durante la Transición y que representa un signo de democracia, igualitarismo y social democracia. Y, naturalmente, se equivoca.

No tiene demasiada importancia, se trata tan solo de una curiosidad, pero resulta interesante encontrar las verdaderas raíces de las costumbres sociales. Hacerlo ayuda a poner en perspectiva las verdades oficiales y los relatos dogmáticos que vienen a justificar las aspiraciones políticas de estos o aquellos.

En España esta puesta en perspectiva es especialmente interesante porque desarma rápidamente las ínfulas de la izquierda y demuestra su escasa influencia en la vida social e histórica del país.

Con el tuteo sucede lo mismo.

El tuteo es cosa de los falangistas.

Habrá quien clame por el origen sindical del mismo y quiera atribuírselo a la UGT o la CNT, y se equivocará. La UGT y el PSOE fueron siempre grupúsculos pequeño burgueses y no se apeaban el tratamiento como principio. Todavía en 1938 Largo Caballero, Negrín y Prieto se trataban de usted tras décadas de militancia común y de amistad más o menos continua. En cuanto a la CNT, en 1937 dejó de contar y de influir en España (afortunadamente).

Los que desde 1936 impusieron sus usos y costumbres en la sociedad hasta bien entrado 1976 fueron los falangistas que se tuteaban entre sí sin importar su rango (al Jefe Nacional se le saludaba con un «¡A tus órdenes!») ni su procedencia social (en la CNT predominaba la clase obrera, en la Falange se mezclaban todas las clases) y así fue impregnándose la sociedad española de igualitarismo y hermandad entre españoles.

De modo que, mal que nos pese, hemos de reconocerlo y tenerlo presente: este rasgo tan característico de la vida social española no proviene de la Transición ni de la influencia izquierdista sino de la falangista.

Es un dato histórico, no sufráis por él. Pero id aprendiendo a diferenciar churras de merinas.

© Fernando Busto de la Vega.

FECHANDO LOS AÑOS DE MARICASTAÑA Y LA TANA

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  • LOS TIEMPOS DE MARICASTAÑA
  • EL AÑO DE LA TANA (O DE LA NANA)
  • EN CONCLUSIÓN

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En tiempos extraños y absurdos como estos en los que las lumbreras del Ministerio de Educación imponen una catastrófica reforma educativa que precipitará la edad oscura a la que nos dirigimos sin aparente remedio y deciden que la Historia debe estudiarse sin referencias cronológicas, es bueno nadar contracorriente y dedicarse a establecer cronologías relativas y absolutas sobre todo lo fechable. Hoy, en concreto, voy a hacerlo con dos expresiones imprecisas del vocabulario español que vienen a referirse a épocas antiguas y lejanas, pero de datación poco clara. Me refiero a los años de «la tana» y a los tiempos de «Maricastaña».

Abordaremos este problema de datación en sus dos vertientes: cronología relativa y absoluta.

En lo tocante a la cronología relativa, y como demostrará la absoluta, podemos afirmar que el año de la tana corresponde a una fecha más cercana que los tiempos de Maricastaña.

Antes de continuar, debo aseverar que no solamente dataremos en este artículo ambas expresiones, también las ubicaremos geográficamente. Procedamos, pues.

LOS TIEMPOS DE MARICASTAÑA

Resulta que María Castaña es un personaje histórico, una gallega de posibles que dirigió una revuelta de la ciudad de Lugo contra su obispo, Pedro López de Aguilar, en el año 1386. Durante dicha revuelta fue asesinado el mayordomo del obispo y los tribunales eclesiásticos castigaron, una vez pacificada la ciudad, a María Castaña y sus familiares a pagar una tremenda multa pecuniaria y perder en favor del obispo varios campos y posesiones rurales.

De modo que podemos afirmar que el Año de Maricastaña es, exactamente, el de 1386. Y, sí, ha llovido mucho desde entonces a pesar de las sucesivas y pertinaces sequías.

EL AÑO DE LA TANA (O DE LA NANA)

Más moderna, y también históricamente más vidriosa, es la locución referida al Año de la Tana.

La Tana es la por ahora última evolución de un tema que puede rastrearse en textos escritos en castellano al menos hasta el siglo XVIII y que va variando según nos remontamos en el tiempo. La Tana es previamente la Nana y en un principio la Nanita.

Así que el Año de la Tana es originariamente el año de la Nanita. Y no tendríamos ninguna noción de a qué nos referimos si no fuera por algunos registros parroquiales manchegos que nos informan de que, precisamente en 1634, anduvo por aquellos parajes, ganándose la vida de pueblo en pueblo, una juglaresa enana que causó gran impresión y no poco regocijo a lo largo y ancho de La Mancha y que era conocida como La Nanita, aféresis, sin duda, de enanita.

El Año de la Nanita fue muy recordado no solo en La Mancha, también en Aragón y otras zonas adyacentes, no por las famosas actuaciones de aquella cómica de la legua por lo demás desconocida para la gran historia, si no por tratarse de un año de hambre. Hubo sequía, malas cosechas, escasez y carestía. Fue, en resumen, un malísimo año en el que quizá la única alegría de aquellos pueblos manchegos fue la visita de la Nanita a quien se recordaba con cariño para olvidar el hambre y la necesidad aunque estas fueron tan señaladas que todavía recordamos el Año de la Nanita o de la Tana como un momento destacado y singular.

EN CONCLUSIÓN

Resumiendo: que el tiempo de Maricastaña nos conduce a una revuelta en Lugo sucedida en 1386 y encabezada por una prominente burguesa lucense y el año de la tana viene a resultar 1634 y nos remite a la gira por La Mancha de cierta oscura juglaresa acondroplásica que alegró fugazmente la vida de pueblos y aldeas sumidos en la crisis económica y el hambre.

© Fernando Busto de la Vega