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VALENCIA: LOS QUE VAN Y LOS QUE VUELVEN

Vivo en Zaragoza, una ciudad del interior de España situada a poco más de trescientos kilómetros de Valencia. Desde aquí, y desde todo el reino de Aragón, están partiendo cada día, centenares de personas (policías locales y nacionales, bomberos, militares, todos ellos fuera de servicio, en sus días festivos o vacacionales, pero también estudiantes, cocineros, albañiles…de todas las profesiones, sexos, religiones y orígenes: hay rumanos, y marroquíes, y americanos de diez o doce países, naturalmente españoles de pura cepa…) salen hacia la catástrofe del reino hermano de Valencia para ayudar.

En ese contexto se está produciendo un fenómeno acaso poco difundido, pero a mi modo de ver altamente significativo: jóvenes que desmantelan las casas de sus padres y de otros familiares (se llevan mantas, toallas, ropa, productos de limpieza, comida…en actos espontáneos de solidaridad…), he visto furgonetas parar en un punto concreto, en una calle cualquiera, para recoger bolsas con objetos necesarios, que aportaban amigos, familiares…parar solo un instante, cargar y seguir camino. He visto furgonetas entrar en centros educativos y en empresas privadas donde se les aportaba el material que se podía detraer, e incluso más, para montar cocinas o comedores de campaña, o lo que se necesitase…todo ello como iniciativa privada de los ciudadanos. He visto gente con su tarjeta de crédito comprando desde productos de limpieza hasta maquinaria que de inmediato se embarcaban en las consabidas furgonetas camino de Valencia.

He visto hombres jóvenes y fuertes llorar porque sus circunstancias del momento no les permiten subirse a una de esas furgonetas e ir, nunca mejor dicho, al fango (el trabajo, los hijos, los padres enfermos, la salud en ocasiones…)

Y he observado algo en los que parten y en los que regresan que me ha llenado de admiración, respeto y fe en el ser humano, incluso en España (esta España plural donde el inmigrante puede ser extranjero, pero sus hijos, sin perder sus raíces acaban diciendo, en lo que a Zaragoza respecta, co y maño), una España que sus políticos de todas las tendencias al servicio de intereses espurios y extranjeros se empeñan en destruir.

Los que van, lo hacen por impulso natural, sin afectación ni presunción. Simplemente agarran lo que pueden de sus casas, de sus amigos, de sus cuentas corrientes, se coordinan con compañeros de trabajo, de pandilla, con familiares y salen de naja hacia la catástrofe, solo para ayudar.

Los que regresan no presumen. Tampoco reblan (palabra aragonesa que significa rendirse), solo se recuperan, retoman sus obligaciones y preparan el regreso.

¡Cuanta grandeza en la gente normal! ¡Cuanta esperanza para el futuro!…¡Que asquerosa miseria e incompetencia en los políticos! ¿Sigue quedando alguna duda de que debemos derribar el corrupto régimen de 1978 (va por ti, Unga-unga) y reconstruir desde los cimientos otro que permita la máxima expresión de un pueblo tan grande?

© Fernando Busto de la Vega.

SAQUEOS EN VALENCIA TRAS LA DANA

Algo ha cambiado en España. Hace apenas una década hubiera sido impensable que en un escenario de catástrofe y devastación como el que está sufriendo Valencia apareciesen saqueadores. Ahora los hay. Hay gente, especialmente jóvenes, que aprovechan la catástrofe para robar y saquear. No para apropiarse de bienes de primera necesidad que aseguren su supervivencia en un escenario dantesco y ante un panorama de saturación de los medios de rescate y auxilio, sino de objetos de lujo.

Hay bandas organizadas que están importando comportamientos delictivos de otros continentes. Que están convirtiendo España en un país peor, que están conduciéndolo a estándares tercermundistas (incluyendo en el Tercer Mundo a los Estados Unidos) y es preciso decirlo: existen culpables que deben pagar por esta transformación que estamos sufriendo.

Por supuesto, los culpables directos de los saqueos, pero, sobre todo, la casta política tanto de derechas como de izquierdas que han abandonado por completo sus deberes, la política a largo plazo y con un plan preconcebido, sus obligaciones como gestores y servidores públicos, que han traicionado al pueblo para dedicarse a la corrupción, a la implantación de ideas nocivas de ambos signos, que ponen por delante de la realidad y de la seguridad del pueblo sus intereses y sus ideologías, las que les imponen desde fuera, desde ámbitos y organismos internacionales a los que los españoles les importamos poco y , en general, desean vernos hundidos en la mierda.

España ha cambiado para mal en una década. Reaccionemos, busquemos a los culpables (nuestros políticos, activistas y empresarios) y castiguémoslos pronto y con dureza. Es preciso enderezar el rumbo, volver a vivir en un país en el que no hay saqueos cuando se producen catástrofes (y conocemos los saqueos a comercios, ¿llegaremos a conocer robos a ancianos en sus domicilios o violaciones?) …

Si no se actúa todo puede ir a peor. Todo irá a peor.

© Fernando Busto de la Vega.