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NACIDOS PARA PERDER, LUCHEMOS.

Nacemos para perder. Hagamos lo que hagamos, acabaremos muertos. Esta es una realidad indiscutible. Por eso mismo resulta estúpido tener miedo. Y lo malo del caso es que vivimos acojonados.

Nos lavan el cerebro con el espejismo del triunfo pretendiendo que no nos percatemos de la realidad completa. Hasta el mayor de los triunfadores ha perdido mil veces, hasta el más rotundo éxito conduce al fracaso. La cima es el inicio de la decadencia. Quizá podamos construir un imperio, pero seguramente moriremos con él. O, en cualquier caso, moriremos y de nada habrá servido nuestro esfuerzo. Porque tarde o temprano todos los imperios caen y ninguno de nuestros herederos agradecerá nuestro legado, simplemente lo aceptará como un derecho.

Insisto, pues: nacemos para perder y hagamos lo que hagamos acabaremos muertos, derrotados y olvidados. Entonces ¿de qué sirve el miedo?

Teniendo en cuenta que nuestro tiempo es finito y que acabaremos en el desastre carece de sentido tener miedo. Ya estamos muertos y vencidos, luchemos y vivamos. Seamos grandes de espíritu y dejemos en el mundo la huella de nuestra grandeza, que no es necesariamente la de nuestro poder. Tanto el emperador como el mendigo tienen el mismo compromiso consigo mismos: sonreír con calma ante el dolor y los desafíos y triunfar ante las tentaciones inducidas por el miedo, la pequeñez de espíritu y la ignorancia. Todo lo demás, con riqueza o pobreza, en el poder y la gloria o en la base de la pirámide, en la marginalidad, es desperdiciar la vida.

Vas a morir, aprovecha la vida. Vas a sufrir, combate con valentía y disfruta los buenos momentos. Se grande, se generoso, se benéfico, se indulgente…lo demás, no importa. Tal es el camino hacia la divinidad.

© Fernando Busto de la Vega.

POLÉMICA, REDES Y CENSURA.

Resulta que ahora todo es polémica. Todo el mundo se escandaliza y opina por las redes sociales. Todo el mundo trata de imponer sus puntos de vista y de ejercer el dominio y la humillación sobre los demás.

Esta situación nos la venden como novedosa. Parece que es una característica de la época. Pero se trata de otra interpretación errónea del adamismo ignorante que preside la interpretación del mundo de ciertas generaciones que carecen de formación histórica, de cultura, de humanidad (se ve que no suelen hablar con sus mayores) y de sentido común.

En realidad ese ambiente ha existido siempre. La diferencia radica en que antes se daba en los patios de vecinas, las esquinas de los barrios, los bares…y ahora en esa cosa tan moderna (ya no tanto, por cierto) que son las redes sociales.

Yo conozco bien los chismes, críticas y censuras de las vecindonas guardianas de la ortodoxia social y siempre agresivas y malhumoradas…y aprendí hace muchísimo tiempo una realidad que siempre debe tenerse en cuenta: los que critican, censuran, lapidan e insultan jamás, digo JAMÁS, aportan nada positivo a nadie. Solo critican, censuran, lapidan e insultan…aun en el caso de modificar nuestra conducta y adaptarla a sus directrices encontrarán causa para seguir odiándonos, insultándonos, criticándonos, lapidándonos y cancelándonos…en esas mentalidades tóxicas, y a menudo interesadas, no existe el perdón, solo el odio.

Es más: cuando caes y necesitas manos que te ayuden, estas jamás, y vuelvo a decir JAMÁS, llegan de esas personas de intachable y agresiva moralidad que critican, lapidan e insultan. Conclusión: como nada van a darte ni nada les debes, la mejor forma de lidiar con esos seres tóxicos es el desprecio y el regodeo en aquello que te censuran.

Ladran, luego cabalgamos.

¿Polémica?…siempre artificial, destructiva y tóxica. No escuches y sigue adelante con tu vida y tus proyectos. La libertad y la gloria se conquistan y esa conquista nunca llega de hacerle caso a quienes critican y odian sin aportar nada útil. En las redes sociales y los medios de comunicación al uso solo la mediocridad y la negatividad se hacen oír. Y carecen de interés para quien aspira a la grandeza, que es la única aspiración digna del ser humano.

© Fernando Busto de la Vega.