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EL QUEIPO DE LLANO QUE NO CONOCES

JOSÉ MARÍA QUEIPO DE LLANO, CONDE DE TORENO. PRESIDENTE DEL CONSEJO DE MINISTROS DE ESPAÑA EN 1835.

Uno de los más tristes e indeseables efectos de la polarización política en la que vivimos y que conduce a los polos totalitarios de izquierda y derecha a modificar, malversar y manipular la Historia para utilizarla como propaganda política en favor de sus ambiciones de control y poder, es el oscurecimiento de esa misma Historia, la ignorancia de la mayor parte de la gente sobre su pasado.

Como estamos en agosto no profundizaré demasiado. Seré breve y solamente señalaré en una dirección. Lo demás lo dejaremos para otra ocasión o al arbitrio del lector.

En estos tiempos en los que la izquierda sigue siendo «antifascista» (porque por lo visto Mussolini sigue vivo y agazapado en algún lado y Hitler planea regresar al poder desde su exilio en Argentina) y librando la guerra de 1936 (que provocó con sus ansias totalitarias y perdió por su absoluta incompetencia) cuando alguien nombra a Queipo de Llano parece que solo puede referirse al general Don Gonzalo…que más allá de su perfil de conspirador y represor salvaje y sanguinario no aportó nada a la Historia de España.

En esta humilde y corta entrada quiero recordarle al lector que hubo otro Queipo de Llano, Don José María, nacido en Oviedo en 1786 y fallecido en el exilio en París en 1843, afrancesado y liberal, que formó parte de la Junta de Defensa de Asturias en 1808, de las Cortes de Cádiz en 1812, presidente del Gobierno en 1835 y cuñado del traidor general Del Riego.

Personalmente no experimento ninguna simpatía por el conde de Toreno, que así se le conoce habitualmente en la historiografía española; le considero, al igual que al general Del Riego y el resto de los liberales afrancesados de la época, un traidor a España. Pero no está de más que se le de a conocer y que la gente, cuando oiga el apellido Queipo de Llano, piense más allá del general sanguinario y represor y, de paso, más allá del guerracivilismo que las facciones políticas tratan de imponernos para escamotearnos nuestra Historia y poder justificar los desafueros por los que algún día, cuando se restablezca el orden y caiga el ilegítimo régimen de 1978, unos y otros, izquierdistas y derechistas, deberán ser castigados con la máxima dureza.

© Fernando Busto de la Vega.

LA GESTACIÓN SUBROGADA Y EL CURIOSO «SEGUNDO NACIMIENTO» DE RAMIRO I DE ARAGÓN

ESTATUA DE RAMIRO I, PRIMER REY DE ARAGÓN, EN JACA

No me parece mala cosa utilizar el sensacionalismo de la actualidad para poner en conocimiento del público hechos del pasado que deberían ser más difundidos. De modo que voy a aprovechar el campanazo de Ana Obregón con su hija-nieta y la polémica suscitada en los medios de comunicación y en las redes sociales para narrar otro «nacimiento» polémico y artificial del pasado.

Hacia 1011 el rey Sancho el Mayor de Navarra contrajo matrimonio canónico con Muniadona de Castilla hija del conde Sancho García de Castilla y, lo que la hacía mucho más importante y poderosa, de una mujer, Urraca Gómez, perteneciente a la poderosa familia leonesa de los Banu Gómez (condes de Saldaña, Carrión y Liébana, que se habían sublevado contra el rey Bermudo II de León aliados con Almanzor y que en décadas sucesivas se convertirían en los más encarnizados enemigos del Cid Campeador). Para ese momento Almanzor ya había muerto y el Califato de Córdoba se encontraba en plena disolución, pero García Gómez, el jefe de la familia, nieto de Fernán González, primer conde independiente de Castilla, seguía vivo y al frente de su poderosa coalición y acaba de saquear Córdoba imponiendo en el tambaleante trono a Sulaimán Al-Mustaín. No era un tipo ni una facción que conviniese ignorar o desairar.

De modo que la boda de Sancho el Mayor de Navarra con la nieta de este García Gómez, habida cuenta de la cercanía a la frontera navarra de dicha familia y de su influencia en León y Castilla, cuyo trono pretendía el navarro, era mucho más que una excelente apuesta. Se trataba de una necesidad política de primer orden y permitía a los Banu Gómez (en efecto, en esa época las grandes familias nobiliarias cristianas se nombraban del mismo modo que las musulmanas) tenían derecho a imponer sus condiciones. Y la más relevante de ellas era que el primogénito del matrimonio debería heredar el trono principal y los restantes, según las leyes navarras, partes relevantes del reino adquiridas por su padre y así fue: García Sánchez III, el primogénito, fue rey de Navarra, Fernando Sánchez, conde de Castilla y luego rey de León y Gonzalo Sánchez rey en Sobrarbe y Ribagorza.

Pero existía un pequeño problema. Sancho el Mayor de Navarra había tenido un hijo cinco años antes de esta boda con Sancha de Aybar, hija de un importante magnate navarro con apoyos en Aragón.

Siguiendo los criterios impuestos posteriormente por la Iglesia Católica Ramiro Sánchez no podía ser considerado otra cosa que un bastardo sin derechos dinásticos. Pero a comienzos del siglo XI las cosas no resultaban tan sencillas. Por un lado los criterios de la Iglesia eran mucho más abiertos, estaban muy influidos por el derecho germánico (y hasta Carlomagno tuvo hijas unidas irregularmente a magnates de la corte sin que ello supusiera ningún desdoro) y en las tierras españolas la influencia de las costumbres musulmanas eran determinantes. Ciertamente Sancha de Aybar no era una consorte legítima según los criterios de la Iglesia y por ello Sancho el Mayor pudo contraer matrimonio canónico con Muniadona de Castilla, pero tampoco era una cualquiera. En primer lugar la sostenía una amplia facción del reino en Navarra y Aragón, en segundo su rango era el de una concubina oficial, alguien que, según las costumbres árabes y germánicas podía dar muy bien un heredero legítimo al trono (obsérvese que no hablamos para nada de las supuestas costumbres vasconas porque, en la práctica, no existían y no tenían ninguna influencia en los acontecimientos dinásticos o políticos, son un invento del romanticismo del siglo XIX, una mentira), de modo que tampoco a ella se la podía despreciar.

Los Banu Gómez no solo tuvieron que aceptar que Ramiro, aunque no fuese reconocido como primogénito, formase parte de los herederos, además hubo de ser «adoptado» por Muniadona. Y aquí es donde queríamos llegar.

Muniadona Sánchez, que ese era su verdadero nombre, hija del conde de Castilla y nieta de García Gómez de Carrión, Saldaña, Liébana y Cea, jefe de los Banu Gómez, no adoptó legalmente a Ramiro…hubo de parirlo por segunda vez. De hecho, se celebró una ceremonia «mágica» y hasta apotropaica, desde luego muy poco cristiana, en el que el niño (debía tener los cinco o seis años) salió de entre las piernas de la noble dama (que andaría por los dieciséis) siendo acogido como un hijo de su propio vientre por ella y por toda la corte navarra y las diferentes facciones castellanas, aragonesas y leonesas.

He aquí una variedad medieval y arcaica de gestación subrogada que seguramente el lector no conocía.

Por supuesto Ramiro Sánchez obtuvo su parte de herencia (Aragón) se hizo más tarde con Sobrarbe y Ribagorza, emparentó por matrimonio con la casa de Foix-Comminges-Carcasona y consiguió el título real que ya nadie le discutió a su hijo Sancho Ramírez que, además, heredó Navarra.

© Fernando Busto de la Vega.