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SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL Y JUAN NEGRÍN (SIN OLVIDAR TANGENCIALMENTE A SEVERO OCHOA)

SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL, PREMIO NOBEL DE MEDICINA EN 1906.

No podemos engañarnos, todos sabemos que hay libros que no escribiré ni interesantísimas investigaciones en las que no perderé el tiempo. Ello no significa en modo alguno que no señale el camino a aquellos que teniendo tiempo, medios y ganas para investigar anden a la búsqueda de temas de interés. En ese sentido, con varias décadas menos, me identifico con el George Dumézil de La Prostituta y los Señores de Colores cuando, ya con más de ochenta años y dándose cuenta de que no iba a tener tiempo de completar todas las investigaciones que tenía en cartera sobre la trifuncionalidad indoeuropea, las resumió en dicho libro para que sus discípulos directos e indirectos tuvieran una guía que seguir.

En estos días ando repasando la biografía de Juan Negrín más allá de su aspecto político y he dado con una interesantísima línea de tensión histórica y científica poco explorada que bien justificaría meses de huroneo historiográfico en archivos y bibliotecas: la influencia que Santiago Ramón y Cajal ejerció sobre la carrera científica de Negrín a través de la presidencia de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE). La influencia y la confrontación de ambas voluntades con predominio de la de Ramón y Cajal, en mejor posición social y de prestigio.

JUAN NEGRÍN, PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA (1937-1939)

La primera vez que Juan Negrín recurrió al patronazgo de Ramón y Cajal y la JAE fue en 1912 cuando acababa de doctorarse en Medicina en Leipzig con tan solo veinte años. Desde ese momento y hasta que en 1917 la propia JAE fundó y le puso al frente del Laboratorio de Fisiología General la férrea voluntad de Ramón y Cajal resultó determinante para dirigir la vida y carrera del futuro presidente del Gobierno republicano con un momento clave en 1916 cuando, regresado a España desde Alemania a causa de la I Guerra Mundial, Negrín solicitó a la JAE una beca para estudiar en Estados Unidos. Beca que le fue denegada por el propio Ramón y Cajal con el argumento de que primero debería transmitir en España los conocimientos adquiridos en Leipzig y ofreciéndole el puesto de director del Laboratorio de Fisiología General creado ad hoc para él en 1917.

Subsidiariamente, otra interacción interesante en la historia científica que debería estudiarse con más profundidad es la del propio Negrín y su discípulo Severo Ochoa.

De hecho, podría trazarse un puente de Nobel a Nobel (de Ramón y Cajal a Severo Ochoa) pasando por Juan Negrín como nexo común. Resultaría un libro ilustrativo e interesante.

Como sabemos, Severo Ochoa se distanció de su maestro Negrín cuando este decidió entrar en política en 1930 argumentando, en mi criterio con buen tino, que un científico debe dedicarse a la ciencia, no a la política. De hecho Negrín dilapidó su carrera científica y hasta su prestigio por su desafortunada incursión en la política. La ruptura total llegó en 1935 cuando Ochoa opositó a la cátedra de Fisiología de la universidad de Santiago de Compostela y Negrín votó en su contra para apoyar al candidato de su amigo Pi y Suñer, su propio hijo: Jaime Pi y Suñer.

El lance es interesante en varios aspectos, pero sobre todo porque muestra el nivel de compadreo, endogamia y amiguismo que ya entonces predominaba en la universidad española y lo poco fiables que los laureles académicos y las prelaciones escolares resultan a menudo. No diré mucho más al respecto.

SEVERO OCHOA, DISCÍPULO DE NEGRÍN Y PREMIO NOBEL DE MEDICINA EN 1959.

© Fernando Busto de la Vega.