Archivo por meses: abril 2023

LA MANTEQUILLA DEL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS

Ya sabemos que el feminismo es una versión más patológica e histérica de lo común del puritanismo evangelista anglosajón. Deberíamos, por lo tanto, mirarlo con desdén e ironía desde la cumbre de nuestro estado de civilización mediterráneo avanzado. Pero no sucede así. Debido a que nuestra oligarquía es, al menos desde 1833, una intermediaria de la colonización extranjera, especialmente la de nuestros enemigos protestantes germánicos, los bárbaros del norte de toda la vida; a que nuestro actual régimen de 1978 fue impuesto por los Estados Unidos y sigue a su servicio y a que nuestra economía está intervenida por el capital yanqui, nos estamos aculturando, dejando que nos colonicen cultural e ideológicamente y sometiéndonos a los dictados de los bárbaros en lugar de insistir en civilizarlos.

Naturalmente, esta es una situación que habrá que revertir más temprano que tarde y, lo sabemos, será preciso aplicar medidas de limpieza muy estricta para librarnos de los traidores y de los elementos troquelados por el enemigo. Hasta entonces los últimos reductos debemos mantenernos firmes en la lucha, contravenir abiertamente la propaganda y la agitación del enemigo y no ceder ni un palmo de terreno en lo que a la razón y nuestra condición respecta.

Últimamente, el feminismo que ha parasitado el Estado en España y sus adláteres andan generando polémicas artificiales a guisa de agitación para subrayar su supuesta superioridad moral y, de paso, imponer su pacata moral enfermizamente puritana de origen evangélico (y ya sabemos que el evangelismo es anti español).

Una de tantas polémicas artificiales destinadas a imponer la censura puritana (esa que considera que el David de Miguel Ángel o la Maja Desnuda de Goya son pornografía) y, de paso, criminalizar al hombre maduro blanco y occidental, es la de la famosa escena del enculamiento de María Schneider en El Último Tango en París.

Ahora la cosa nos la venden desde un supuesto progresismo acusando a los machistas hombres blancos de haber engañado y violado realmente (cuando incluso ella reconoce que todo el acto fue pura simulación) a una joven actriz de diecinueve años. La llamada cultura de la violación y toda esa mierda propagandística…Pero no debemos dejarnos engañar, el rechazo viene de lejos, del mismo 1973, y no procede del progresismo sino del puritanismo anglosajón que andaba por entonces buscando antídotos legales (censura) contra la liberación sexual de los setenta y la derrota que les supuso la campaña contra Garganta Profunda y que ha ido adoptando diversos disfraces para parecer moderno y progre.

NO PUEDO PONER UN FOTOGRAMA MÁS EXPLICATIVO DE GARGANTA PROFUNDA PORQUE ENTONCES LOS ALGORITMOS CENSORES LIMITARÍAN LA DIFUSIÓN DE ESTA ENTRADA Y SUS VISITAS SE VERÍAN MUY MERMADAS. LA CENSURA, ENCRIPTADA Y DISIMULADA, CONTINÚA.

Lo que no soportaban los puritanos de la época, y siguen sin soportar los actuales (por mucho que se disfracen de progres y feministas enrolladas) era la normalización de una relación esporádica que se saliera de la norma impuesta por ellos y que implicase a un hombre maduro con una jovencita (creedme: todavía hoy en día, especialmente entre las mujeres de cierta edad, que se sienten relegadas no solo como entidades sexuales sino como ordenadoras de las oportunidades reproductivas y sexuales de los hombres a los que aspiran a dominar y controlar erigiéndose en máximas censoras sociales, existe la repulsa hacia las relaciones entre hombres maduros y chicas jóvenes. No estoy hablando ya de esas que se encuentran por debajo de las artificiales leyes de consentimiento sexual, también las que son claramente mayores de edad. Es superior a sus fuerzas: en cuanto atisban algo, se lanzan a prohibirlo, censurarlo y boicotearlo…porque escapa a su control social. El feminismo tiene mucho de eso, de mujeres al final de su vida fértil intentando mantener su control reproductivo sobre la sociedad y los machos dominantes…igual que las beatas puritanas de antaño. Pura biología…por eso una sociedad sana es una sociedad que escapa a los intentos de control de las hembras viejas y permite la libertad total de apareamiento de los machos dominantes).

Como decíamos, la polémica sobre la escena de la mantequilla en El Último Tango en París es artificial, forma parte del agitprop del puritanismo evangelista yanqui disfrazado de feminismo progresista para imponer la censura y el control de las beatas sobre las pollas libres que en el mundo son y la seducción que estas ejercen sobre las hembras núbiles o en vías de llegar a serlo cuyos cerebros todavía no han podido lavar.

Como siempre en este tipo de campañas se tiende a demonizar al estrato social al que se odia, se discrimina y se quiere someter o eliminar (los nazis actuaron igual contra los judíos) y a victimizar a la otra parte para justificar el odio contra la primera. Todo lo cual se diluye con una sola pregunta: ¿Quién sería María Schneider sin Marlon Brando, Bernardo Bertolucci y El Último Tango en París?…reto a cualquiera a que, sin mirarlo, me cite a bote pronto otras tres películas de esta señora. Pues eso.

© Fernando Busto de la Vega…Una, Grande y Libre (y no hablo de España, precisamente).

LOS TAMBORES, BUÑUEL, SAURA Y YO.

ICÓNICA IMAGEN DE PEPPERMINT FRAPPÉ, PELÍCULA DE CARLOS SAURA ESTRENADA EN 1967 EN LA QUE EL TAMBOR, TOCADO POR GERALDINE CHAPLIN, TIENE GRAN IMPORTANCIA ARGUMENTAL.

Soy aragonés, amigos y, por lo tanto, llevo el estruendo de los tambores en la sangre, en el alma y en la médula de mi creatividad exactamente igual que los también aragoneses Luis Buñuel y Carlos Saura, si bien no acabo de estar seguro de que este último (a fin de cuentas nacido en Huesca, ciudad donde la fiebre de la percusión litúrgica, procesional y telúricamente mágica tiene menos peso y tradición) entendiera y sintiera tan profundamente el tambor y su significado mágico y trascendente como Buñuel (calandino) o yo (zaragozano criado desde la más tierna infancia con los tambores atronando la primavera), y temo que, en última instancia, lo suyo solo fuera un a modo de impostura, de síndrome mimético y transitoriamente superficial o superficialmente transitorio.

LUIS BUÑUEL TOCANDO EL TAMBOR DURANTE LA ROMPIDA DE LA HORA EN CALANDA CON EL ACTOR FERNANDO REY MUY ATENTO A SU EJECUCIÓN.

Los tambores son ruido, pero también vibración. Una vibración que hace temblar el suelo y las vísceras cuando se vive de cerca, un ruido que convierte en dolor el repentino silencio, una experiencia que, vivida en primera persona, a pie de calle, en medio del tumulto y de la madrugada, ejerce un papel iniciático, abismal, profundamente mistérico. Hay un antes y un después para quien lo experimenta, para quien se impregna de ese tronar feroz y a la vez íntimo, de ese ruido exterior que se convierte en vibración visceral primero y espiritual después.

En el Bajo Aragón, comarca que conservó mejor que ninguna otra la pasión de los tambores trasladándola del Corpus a la Semana Santa, conocen bien esa cualidad mágica de los tambores capaces de «romper la hora», de abrir un umbral que conduce de lo cotidiano a lo trascendente, de quebrar los sellos y permitir la comunicación con lo sagrado. Quien escribe o hace cine desde el influjo mágico de los tambores conocidos en la calle y en la madrugada (o en la mañana o la tarde) habla necesariamente otro idioma. Un lenguaje abismal y profundo que marca las distancias…

GERALDINE CHAPLIN, LA HIJA DE CHARLOT, TOCANDO EL BOMBO EN CALANDA EN UNA ESCENA DE PEPPERMINT FRAPPÉ.

El turismo acecha a esta teofanía popular, pero, afortunadamente (y aunque la protagonista de Peppermint Frappé fuera la hija de Charlot, entonces pareja de Carlos Saura) todavía no hemos padecido ningún anglosajón descerebrado que descubriera el acto mágico y sagrado a sus pares llenándonos las calles de Zaragoza y los pueblos de la Ruta del Tambor de guiris ignorantes y borrachos tratando de sumarse a una tradición que no entienden ni son capaces de respetar. Pertenecer a la España interior y ser poco conocido tiene sus ventajas.

CARLOS SAURA ROMPIENDO LA HORA EN CALANDA.

El tiempo de la caja muda ha concluido. Los tambores vuelven a resonar en la primavera. El misterio ha retornado…los dioses se manifiestan en el ruido y la vibración, yo, como todos los años, me sumiré en dicha teofanía para emerger, el lunes que viene, purificado y sacralizado. Olvidad a Cristo, ignorad los pasos…zambullíos en el abismo ancestral, dejad que os transforme. Luego hablaréis un nuevo idioma que ahora ignoráis. Es la magia última de los tambores.

OTRO ICÓNICO FOTOGRAMA DE PEPPERMINT FRAPPÉ.

Y, para terminar: no confundáis esto de lo que hablo con la superficialidad de las batucadas o el legado africano y nocivo de los tambores llegados a América con los esclavos. Nada tiene que ver.

Desechad también la memez germánica de El Tambor de Hojalata y la pedantería falsamente intelectual de un escritor aficionado a besarse su propio culo como Günter Grass, nosotros no tenemos resabios nazis, culpas innombrables que expiar y sí queremos crecer, de hecho hace tiempo que lo hicimos.

ESCENA DE EL TAMBOR DE HOJALATA, CUYA PEDANTERÍA GERMÁNICA NADA TIENE QUE VER CON EL ABISMO MISTÉRICO Y TELÚRICO DE LOS TAMBORES DE ARAGÓN.

© Fernando Busto de la Vega.