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PURGAS INTERNAS EN POLÍTICA

Vox se encuentra en plena guerra civil, la dirección del partido anda quitándose de en medio a cuantos segundones y comprimarios han osado oscurecer y plantar cara al caudillo carismático y providencial. Nada que no hayamos visto antes mil veces, incluso recientemente y en condiciones similares (recordemos a Podemos).

En realidad, no se trata de un fenómeno extraño. Es habitual y natural. Cuando una estructura de poder se crea, tiende a afinarse en la cumbre para consolidar el liderazgo (cabe aquí señalar ejemplos conspicuos: como el enfrentamiento de Hitler con Rohm o el camino de asesinatos de Stalin hasta alcanzar el control absoluto del partido y la Unión Soviética, incluso disponemos de casos similares en la sucesión de herejías y escisiones dentro del cristianismo hasta la consolidación de liderazgos regionales: papado, patriarcados). Ese es el desarrollo normal de los acontecimientos, luego nada extraño ni especialmente sorprendente está sucediendo en Vox, como nada raro ni inusitado sucedió en Podemos.

¿Cuál es y ha sido el problema en estos dos partidos emergentes? La ambición y las prisas de sus líderes.

Para que una estructura política perdure en el tiempo y adquiera estabilidad institucional y capacidad de gobierno debe someterse a un largo y pausado tiempo de maduración no inferior a un par de décadas. Debe ir asentándose paciente y laboriosamente en el entramado territorial y dotándose de raíces sociales y clientelares en cada provincia y comarca del ámbito estatal que pretenda abarcar mientras el núcleo variopinto de fundadores (todos o la mayoría de ellos líderes en potencia) van devorándose mutuamente como tiburones en el seno materno hasta que la facción más fuerte se afianza y define la estructura de poder y la línea política. Solo así el partido estará preparado para perdurar en el tiempo y asaltar el poder.

Las prisas, en política, son malas consejeras. Y ese es y ha sido el problema de Vox, Podemos y otras marcas políticas recientes en España: el querer saltarse pasos y poner dichas organizaciones políticas al servicio de las urgentes ambiciones de sus líderes más caracterizados (Pablo Iglesias, Santiago Abascal…) y convertirse rápidamente en instrumentos al servicio de los poderes (por cierto, extranjeros) que los inspiraron y sostienen. De este modo, y mientras se descuida el arraigo territorial, el desgaste de las luchas por el poder y la indefinición de líneas prácticas de acción ideológica y política conduce al agostamiento prematuro de los proyectos.

Muchos querían acabar con el bipartidismo y utilizar el vacío de poder para medrar rápidamente, pero no estaban preparados para conseguirlo. En cierto sentido ha venido a sucederles lo mismo que al Partido Reformista de Melquiades Álvarez hace cien años. Este, fundado en 1912, aspiró a crecer rápidamente desplazando al Partido Liberal Fusionista del turno bipartidista establecido en 1876. Naturalmente no lo consiguió y quedó rápidamente amortizado debiendo disolverse en 1924, tras el golpe de Estado del general Primo de Rivera.

Lo dicho: asistimos en Vox, como asistimos en Podemos, a un espectáculo conocido y habitual y a los efectos de querer correr mucho, el paréntesis de la disponibilidad biológica es demasiado estrecho para ambiciones personales enfrentadas a estructuras bien asentadas (PP, PSOE…), y alcanzar el poder antes de asentar los cuadros, los liderazgos y el arraigo territorial. Conocemos las consecuencias de estos errores.

© Fernando Busto de la vega.

ABASCAL SE HA DEFINIDO (ES UN TRAIDOR A ESPAÑA)

No nos equivoquemos, que el PSOE y sus aliados sean traidores y enemigos del pueblo y de España no implica que sus rivales electorales dejen de serlo. Y Abascal (aunque no teníamos dudas al respecto) se ha definido claramente como tal al demostrar a sueldo de qué intereses está su partido, Vox.

Los indocumentados e ignorantes progres, que siguen anclados en 1936 sin comprenderlo, no dejan de acusar a cuantos no son de su cuerda de fascistas. Y yo digo que ojalá nuestra extrema derecha fuera fascista porque entonces tendría orgullo nacional y vocación social, PP y Vox son solo representantes de la oligarquía cleptocrática, corrupta y colonizada que hace décadas se vendió al imperialismo yanqui para mantener su poder y sus cauces de enriquecimiento a costa del sometido pueblo español y sin ánimo ninguno de devolverle la grandeza y el poder que le corresponden. Esto nos lo demuestran Abascal y Vox aceptando la financiación y los argumentarios del libertarismo ultraliberal y marchando a rendir pleitesía a Trump.

Cuando restablezcamos el orden en España, Pedro Sánchez y los gerifaltes de PSOE, Podemos, Sumar y los demás chiringuitos independentistas no pueden sobrevivir. Abascal, Feijoo y los suyos, tampoco. Son igual de traidores, pero vendidos a otros intereses que no son los de España.

Mucha banderita, muy poca vergüenza, ningún honor. Gentuza.

© Fernando Busto de la Vega.