
En España la Hispanidad ha de ser una columna vertebral de la ideología social e institucional. Por supuesto, dirigida hacia el exterior, cosa que puede y debe hacerse (salvo, como es el caso, que suframos un régimen ilegítimo e intruso como el de 1978 y una sucesión de gobiernos básicamente antiespañoles) y que ya se hizo eficazmente en el pasado. Pero, sobre todo, esta militancia hispana, habida cuenta de la situación desesperada a la que nos está llevando el régimen ilegítimo de 1978 y sus gobiernos disolventes y antiespañoles, debe ser interna.
No pueden tolerarse por más tiempo, si pretendemos revertir la decadencia que padecemos y la destrucción que nos aguarda, movimientos separatistas que cuestionan la indiscutible unidad de la nación, movimientos antihispanistas como son todos los internacionalistas (desde los izquierdistas a los liberales y trumpistas), intelectuales y asociaciones que ponen en cuestión el legado español o movimientos políticos que a lo largo de la historia han demostrado ser caballos de Troya antiespañoles (republicanos, marxistas, anarquistas y demás ralea roja). Eso tiene que acabar.
Y no va a acabar dentro del régimen intruso y antiespañol de 1978. Necesitamos una nueva organización estatal que sea militantemente hispanista y de cariz acentuadamente social.
Yo ya veo una España Nueva. Pero tenemos que luchar por ella, por su instauración. Se acabó la moderación y el conformismo. Comienza la lucha.
© Fernando Busto de la Vega.