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EL VALOR DEL GUERNICA DE PICASSO

Leo que ahora es posible hacerse un selfi ante el Guernica de Picasso en el Museo Reina Sofía y que esto indigna a algunos, mientras entusiasma a otros. A mí, como casi todo este tipo de cosas, me da igual. Anticipo que no iré a Madrid para fotografiarme delante de ese cuadro ni de ningún otro.

Sin embargo, la noticia me induce a una reflexión que voy a formular únicamente como pregunta. Mi respuesta es clara, pero la obviaré.

La cuestión es esta: ¿ cual es el verdadero valor del Guernica? Naturalmente no me refiero al crematístico sino al artístico.

¿Tendríamos este cuadro en igual aprecio si no hubiera servido durante décadas a la propaganda comunista? ¿Lo veneraríamos si en lugar de Picasso en su dorado exilio parisino lo hubiera pintado otro artista? ¿Si en lugar de ser un encargo pagado a peso de oro por el mismo gobierno de la república presidido por Largo Caballero que pretendió entregar las Baleares a Italia y quizá la Canarias a Alemania a cambio de que no apoyaran a Franco, lo hubiera pintado un tal Pepe Pérez en el sótano de su casa de Cuenca?…

Soy partidario, lo saben quienes siguen este blog, de derribar los falsos mitos y las falacias artísticas y literarias del malhadado siglo XX para iniciar una nueva etapa de futuro más allá del partidismo y las oligarquías que han conducido España a su total decadencia desde la imposición de los liberales en el siglo XIX. Acaso el Guernica de Picasso sea uno de esos falsos mitos a derribar…¿Y si lo tiramos a un vertedero y ya de paso nos deshacemos de la visión maniquea, guerracivilista y sesgada que pretende implantar en el público ?

Una última cosa diré: guste o no, la guerra es un acto evolutivo. Las pierden los menos adaptados, los más débiles, aquellos que están llamados a desaparecer de la faz del mundo para dejar paso a los vencedores, que representan la ventaja evolutiva de la especie. Aquellos que pierden una guerra no deben empeñarse en mantener las ideas que les condujeron a ser derrotados ni perpetuarse en la queja permanente y en vencer con mendacidad rastrera lo que no supieron ganar en los campos de batalla. Todo derrotado es inferior por definición. La ideología del Guernica, también.

© Fernando Busto de la Vega.

DALÍ, PICASSO, BOUGUEREAU, ALFONSO PASO Y LA POSTERIDAD

Resulta complicado experimentar algún tipo de simpatía por Salvador Dalí. Sin embargo, no es factible descartar de raíz ni su expresión artística ni el andamio teórico que la sustenta. Desgraciadamente, las necesariamente escuetas entradas de un blog como este no son el ámbito preciso para abordar largas y sesudas disertaciones sobre la filosofía del arte y la naturaleza de la posteridad (con todo lo que tiene de azar y subjetividad). No obstante, me permitiré un pequeño apunte.

Sabemos que William-Adolphe Bouguereau, simplemente «el pintor» «la hegemonía académica» de la burguesía parisina del XIX, fue odiado, envidiado y denostado por todos los jóvenes vanguardistas que detestaban tanto su éxito como el obstáculo que representaba para su propio camino hacia la fama (algo parecido a lo que en la escena teatral madrileña sucedió en los años sesenta con el auge casi absoluto de Alfonso Paso y los jovenzuelos «vanguardistas» y «revolucionarios» afiliados al PCE y que hubieran dado una mano por ser la mitad de famosos y seguidos que él).

Como el vanguardismo, aupado por los destrozos de la Primera Guerra Mundial y las maniobras propagandistas antiburguesas de determinadas corrientes políticas, acabó triunfando, Bouguereau fue arrojado al olvido, como se condenó al ostracismo cultural a Alfonso Paso tras la muerte de Franco.

Después de la Segunda Guerra Mundial el asunto del arte se convirtió en parte de la propaganda imperialista de soviéticos y yanquis. Los unos apostaban por el arte abstracto, los otros por lo contrario. En ese contexto nada inocente, y seguramente bien financiado bajo mano por diferentes agencias gubernamentales, estalló la controversia entre Dalí y Picasso en torno a la validez de la obra de Bouguereau. Dalí, declarado franquista y fan del capitalismo, la defendía. Picasso, que recitaba de comunista (aunque como el propio Dalí explicó al inicio de su libro Picasso y Yo: «Picasso es comunista, yo tampoco.»), la denostaba.

En esta disputa aparentemente artística podemos contemplar el trasfondo de la lucha «cultural», pero sobre todo propagandística, de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos y, si lo deseamos, subsumida en ella, la estela fratricida (y estúpida) de las dos Españas enfrentadas en la Guerra Civil. Sirve esto para comprender y dar a entender el modo en que los intereses políticos y las ambiciones imperialistas interfieren en el mundo artístico, literario e intelectual viciándolo y prefabricando perspectivas afines al auge de tal o cual facción.

Sea como fuere, y a pesar de estar sujetos a la hostilidad arbitraria de políticos incultos y totalitarismos imperialistas catetos, pintores, literatos, intelectuales y artistas diversos protagonizan carreras de fondo que traspasan con amplitud su temporalidad vital. Y ello me lleva a preguntarme: ¿dentro de quinientos años quién habrá vencido, a quién se recordará y admirará? ¿A Bouguereau o a los jóvenes vanguardistas que le odiaban y trataron de arrojarlo al olvido? ¿A Alfonso Paso o a los jóvenes que le detestaban y presumieron en los setenta de abrir nuevas vías vanguardistas al teatro? ¿Al academicismo burgués anclado en normas clásicas y por lo tanto eternas, o a las vanguardias díscolas y claramente afectadas de un egolatrismo manierista y freudiano regodeo en la propia adolescencia? ¿A Dalí o a Picasso?

El tiempo dirá, claro. Yo solo me lo pregunto.

© Fernando Busto de la Vega.