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LA MÁS INQUIETANTE PELÍCULA DE TERROR DEL CINE ESPAÑOL (MARCELINO PAN Y VINO,1954)

Domingo de Ramos, llego a casa para comer algo entre las procesiones de la mañana y las de la tarde, enciendo la televisión y zapeo para encontrar algo con que entretener la pitanza. En no se qué cadena frailuna están emitiendo, como no, Marcelino Pan y Vino, a mi juicio la más inquietante película de cine de terror español de la historia.

El hecho de que el autor inicial del relato y coguionista de la película, José María Sánchez Silva, fuera un destacado periodista falangista, que la historia se desarrollara en un convento franciscano y el interlocutor del niño se encarnase en un Cristo relegado (vaya usted a saber por qué) en un desván, pareció confundir a la censura y al público. Pero si nos fijamos bien, la película es de absoluto terror.

Un niño huérfano recogido por unos frailes encuentra una entidad fantasmal en un desván apartado y entabla amistad con ella. Esta entidad, que, como hemos dicho, se manifiesta en un crucifijo diciendo ser Jesucristo en persona, va manipulando y confundiendo al niño hasta que logra matarlo.

El enfoque del narrador y del director es cándido y amparado en la intensidad religiosa y clerical que el régimen de la época imponía a las expresiones sociales y artísticas, pero se trata a todas luces una perspectiva equivocada que edulcora ingenuamente la más siniestra historia de terror gótico y psicológico que se ha llevado al cine en España. Si no me creen, vuelvan a ver la película con menos inocencia y ya me dirán…

Para terminar, confesaré (aunque será pésimo para mi reputación) que si las pacatas leyes de origen protestante que dominan las mal llamadas democracias occidentales y la economía me lo permitieran, haría una versión de la película ambientada en un convento de monjas desenfrenadas (me viene a la cabeza, como modelo, Interior de un Convento de Walerian Borowczyk), protagonizada por una adolescente (¿y por qué pienso en Valerie y su Semana de las Maravillas?) y con la imagen de una Virgen sandunguera en lugar de un Cristo, con mucho terror gótico, sentido del humor negro y altas dosis de erotismo al gusto de los setenta del siglo XX. Después de todo, va siendo hora de empezar a quebrar la feroz y kafkiana censura impuesta en los inmorales regímenes liberales por la Revolución Conservadora que se inició en Francia en 1976 y se extendió por el mundo desde Estados Unidos a partir de 1977.

Soy así, no tengo remedio.

© Fernando Busto de la Vega