Archivo por meses: julio 2023

MEJUNJES ALCOHÓLICOS Y UNA REFLEXIÓN MANIDA SOBRE EL PLACER.

Hay por esos mundos de Dios todo un doctor en Historia reducido a la triste condición de profesor de instituto (los profesores de instituto, casta engreída y endogámica tendente a la negación de la realidad, suelen creerse una élite intelectual, un cuerpo sagrado que constituye la base de la intelligentsia patria, pero son en realidad el epítome más triste de la mediocridad funcionarial, la entrega a los lugares comunes, la vulgaridad intelectual y la indigencia cultural y, por lo tanto, su condición es deleznable e indeseable) que en la facultad solía desayunar un croissant mojado en cerveza. Ahora lo niega taxativamente, en especial delante de sus hijos, y presume de ser un entendido en los caldos de Borgoña (aunque, lo digo, deja bastante que desear en lo que respecta a los vinos del Rin y lo ignora todo sobre el tokay, que mira con prevención a causa de haber sido originado por la esposa de un príncipe de Transilvania a la que sigue confundiendo obstinadamente con Erszebeth Bathory).

Viene esto a cuento por el cierto revuelo que, contra todo pronóstico, ha venido generando en ciertos círculos, una inocente confesión hecha en este mismo blog allá por finales de junio de este mismo año en el que me describía bebiendo ron con zumo de melocotón.

Hay cohortes enteras de amigotes bebedores y espontáneos aficionados al bebercio que andan opinando, sin probar el mejunje, y rechazando inquisitorialmente la ocasional y dulce mixtura. En todas estas semanas el único apoyo que he recibido (y es raro, porque suele ser un tocapelotas impenitente) es el de mi amigo Censorino Purujosa (alias Francisco), que me aportó datos y recetas para contrarrestar las arremetidas de mis críticos. Del mismo modo que estos han dado en denominar el «bustivega» a esa combinación de ron y zumo de melocotón, yo denominaré «censorino» a la receta que trasegaba mi amigo durante la forzada reclusión del Covid-19. El encierro le cogió a contrapié y acabó aficionándose a un combinado de circunstancias que ahora aprecia sobremanera compuesto a base de whisky DYC de quince años y zumo de manzana Hacendado.

En mis tiempos de adolescente engreído, entregado a Dante y Dostoievski y empecinado en la esgrima, el ciclismo y el ajedrez me las daba de purista (máscara habitual del ignorante) y únicamente aceptaba aquello que consideraba adecuado para un hombre de mundo. En consecuencia, solía esgrimir una pomposa copa de calvados cuando dedicaba largas horas a jugar al ajedrez con otros tipos raritos, por supuesto en ausencia de mis padres, y miraba con desdén a una de mis novias de entonces que, por el contrario, se daba con fruición a una mezcla de anís dulce y peppermint, que la mantenía siempre feliz y con la mirada acarameladamente turbia obligándome, de paso, a inventar explicaciones sobre la excepcional capacidad de evaporación de ciertos espirituosos para contrarrestar las sospechas paternas sobre la rápida desaparición del contenido de tales o cuales botellas en el mueble-bar del salón azul de casa (teníamos otro blanco, con fantasma incorporado, pero sin almacenamiento alcohólico).

Quiero, aparte de rellenar blog en tiempos estivales de visitantes poco interesados en asuntos serios y profundos y de continuar una tradición sobre cócteles de este blog escrito, curiosamente, por alguien que, en realidad, apenas bebe, poner de manifiesto una idea cardinal sobre «lo socialmente correcto» y la felicidad en libertad.

Todos conocemos la mueca de desdén del sumiller de un buen restaurante cuando rechazamos su propuesta de maridaje y elegimos un vino diferente (¿acaso un heterodoxo blanco?) para acompañar un ya pasado de moda rosbif o algún otro género más a la moda de receta de carne.

Ese sumiller es la más moderna encarnación de la ortodoxia social, de lo más estrictamente aceptado y correcto y muy pocos se atreven a desacatarlo temerosos de ser tenidos por poco elegantes, rudos o ignorantes.

Yo, personalmente, paso. Hago lo que quiero y disfruto de lo que considero bueno en cada ocasión, en todos los aspectos de la vida.

Sirva esto, de paso, como desacato público a esos amigos conservadores que habitualmente me predican contra mi propensión a los escarceos con mujeres casadas y jovencitas que «podrían ser mis hijas».

Volviendo al principio: amigo C., vuelve a mojar el croissant en la caña, si eso te hace feliz (y prueba el tokay). A los demás: romped las cadenas, disfrutad del mejor modo posible y de la manera que os apetezca, vienen mal dadas y es posible que el año que viene estemos todos muertos, o en la miseria.

¡Evohé!

© Fernando Busto de la vega.

LA FALACIA DEL BLOQUEO PARLAMENTARIO

Cuando el partidismo y los intereses fácticos y espurios se imponen al patriotismo y la responsabilidad, se contraen gravísimas responsabilidades y se cometen delitos de lesa patria que no pueden ser perdonados ni reparados, solo castigados. Hablamos de traición.

Hoy, justo después de las elecciones del 23 de julio de 2023 en España, los dirigentes de los dos grandes partidos (PSOE y PP) incurren, una vez más, en los delitos arriba descritos.

Únicamente por sus intereses partidistas y su inercia de politicastros al servicio de sus propias ambiciones y no de los intereses generales de la nación, nos andan vendiendo por un lado el cuento del bloqueo parlamentario y, por el otro, la necesidad de pactar con partidos que son enemigos de España, traidores y nocivos al bien común.

Nos mienten diciendo que la situación política y parlamentaria es complicada e insalvable y esta mentira constituye traición. Y habría que empezar a recordarle a todo el mundo, especialmente a nuestros representantes públicos, que la traición se paga con la vida. Claro: en un régimen liberal diseñado para convertir a España en un Estado fallido, no. Cuando llegue la restitución del orden, entonces sí.

En realidad, la situación política española resulta muy sencilla. Lo principal es dejar fuera de las opciones de decisión a los enemigos de España, sean territoriales o sean extremistas financiados por poderes externos. La solución es una gran coalición centrada en un programa racional y factible que aporte una larga legislatura de estabilidad y progreso beneficiosa para el común del pueblo y la nación.

Negar esta posibilidad y fingir para conducir a España al bloqueo o a pactos con extremistas o independentistas es traición, lo repito. Demagogia, antipatriotismo. Exijo desde aquí la dimisión de todos aquellos que insistan en esa dicotomía artificial y se opongan a la necesaria gran coalición.

Sería el pueblo, en la calle, quien debería exigir esta solución. No se hará porque no vivimos en una verdadera democracia. Una verdadera democracia está compuesta por ciudadanos, el régimen español de 1978 se cimenta en una plebe sin formación y sin moral, es parte de su naturaleza que, como ya hemos explicado en otras artículos de este mismo blog, está diseñada por nuestros enemigos, especialmente el imperialismo yanqui, para conducirnos a la destrucción.

Y así estamos descendiendo un escalón más hacia la condición de Estado fallido por culpa de nuestros irresponsables políticos. Luego se quejarán cuando, por traidores, los llevemos al paredón (a unos y a otros, no habrá diferencia de siglas ni de colores).

© Fernando Busto de la Vega.

IBÁÑEZ HA MUERTO

Me enteré de la noticia mediante un correo electrónico de mi amigo Francisco que venía a decir: «Mecagüentó, que mierda de semanas». Y hay que darle la razón, esta sola noticia basta para considerarlas pésimas.

Sea como fuere, la cosa es cierta: Francisco Ibáñez (1936-2023) ha muerto y nos ha dejado huérfanos.

La parte buena es que, quizá, a partir de ahora la triste y desangelada «intelligentsia» de este país, esa caterva prácticamente inmunda de chisgaravises y merluzos que se las dan de intelectuales y reparten carnets de guay y enrollado al tiempo que ejercen la censura con su desprecio indiferente y a los que tanta cancha dan los medios del régimen (televisiones, periódicos, radios…) empezarán a reparar en su importancia (o, lo más probable: le olvidarán).

Estoy firmemente convencido de que, en esencia, esas mentes preclaras del vigente régimen no están preparadas para comprender la grandeza de Ibáñez y su contribución a la cultura española más allá de su máscara editorial de autor infantil de monigotes.

Ibáñez fue un producto típico del mundo editorial barcelonés, basado en el amiguismo, el enchufismo, la ideología catalanocentrista y la explotación de los autores, especialmente en el mundo del cómic y, más concretamente, en la editorial Bruguera. A pesar de ello, del encorsetamiento y la opresión en la que se desenvolvió (encorsetamiento y opresión que no procedían tanto de la dictadura de Franco como de la burguesía catalana en medio de su proyecto soterradamente nacionalista de inyectar parte de su capital en el mundo editorial y cultural para imponer su relato, y ya en varias ocasiones hemos hablado aquí de ello) logró desarrollar una personalidad propia, una libertad creativa arrasadora y una crítica social demoledora que le auparán en el futuro a un puesto insigne dentro de nuestra continuidad cultural hispana.

De momento, como digo: ha dejado huérfanas a varias generaciones de españoles. ¡Hay que joderse!

Por cierto: hago notar que cuando murió Antonio Gala hace poco más de un mes no se dijo ni una sola palabra en este blog. La razón es clara: Gala es olvidable y poco interesante, una de esas excrecencias culturales que a menudo jalean indebidamente los medios de comunicación (como en su momento Camilo José Cela o Terenci Moix) y que solo ocuparán una nota a pie de página de nuestra historia cultural, artística y literaria.

Es bueno ir deshaciendo mitos y buscando las verdaderas claves de bóveda de nuestra decadente y vergonzante época cultural.

© Fernando Busto de la Vega

LA POLICÍA INFILTRADA Y LOS INFORMES OFICIALES

Estamos en verano, época de noticias chuscas.

Y la que me ocupa hoy no deja de tener un cierto regustillo sórdido. Ha aparecido un tipo, un despreciable independentista catalán, que andaba coqueteando con el terrorismo y acaba de descubrir que la «novia» con la que lleva tres años de relación es una policía infiltrada en los movimientos filoterroristas del independentismo catalán y le ha utilizado para camuflarse en ellos y aumentar su red de contactos. Nada que no se haya visto mil veces en el historial policiaco.

La clave de este asunto es que, al parecer, la funcionaria llegó a mantener relaciones sexuales habituales con el investigado y eso la sitúa en un filo extremadamente resbaladizo.

No voy a juzgarla aquí, si bien sus actos dentro del entorno laboral y mediante contraprestación económica la convierten en algo poco acorde con su primaria profesión policial. Tampoco voy a expresar mi decepción por el hecho de que una funcionaria de carrera lleve a extremos tan indignos sus servicios al Estado.

Lo único que me preocupa de todo este asunto tan sórdido como ridículo son los informes que remitía a sus superiores.

¿Cómo se escribe en un informe oficial me he liado con el investigado y me lo estoy follando para sonsacarle información? Lo pregunto en serio, por si alguna vez retrato una situación similar en una de mis novelas, porque no se me ocurre el modo.

Por otra parte ¿Qué cara se le habrá quedado a los padres, hermanos, familiares y amigos de esa policía infiltrada sabiendo hasta dónde ha llegado y en las condiciones en que lo ha hecho? Imagino que muchos no volverán a tratarla.

No deja de tener su enjundia literaria esta noticia chusca. Sin duda la tendré en cuenta para futuras novelas.

© Fernando Busto de la Vega.

FOTOGRAFÍA Y HAIKU

Matsuo Basho definía el haiku como aquello que sucede aquí, ahora mismo. En otras palabras: el haiku consiste en encontrar lo trascendente en lo cotidiano, incluso en aquello que no parece significar nada por sí mismo.

Sin embargo, el verdadero conocedor sabe que todo es trascendente y significativo, que hasta el suceso más aleatorio y transitorio ocupa un lugar. El caos es simplemente una apariencia.

A mi juicio, la fotografía debe jugar también esa baza de explicar la totalidad y lo transitorio desde el aquí y el ahora. Llegar a la poesía y la mística desde la cotidianeidad, desde la humildad, desde la mirada del hombre común…

Todo lo cual está muy relacionado con lo que escribí en este otro lugar sobre Hotei.

Añado algunas fotografías propias para expresar con ejemplos esta teoría.

A través de estas imágenes sencillas, encontradas en el azar de los paseos de un cazador de lo trascendente, que no otra cosa han de ser el poeta y el fotógrafo, expreso la naturaleza última del mundo que me circunda. Cada cual que las entienda como desee.

Gracias.

© Fernando Busto de la Vega.