
A mi eso de que las mujeres enseñen las tetas (en español son tetas, nada de pechos, senos o demás eufemismos monjiles y frailunos) me parece bien. Mejor a los veinte que a los cincuenta, la verdad.
Que el acto de enseñar las tetas pretenda ser una reivindicación política, en cambio, se me atoja ridículo y fuera de lugar. Cambiemos las tornas y pensemos en un cantante o cualquier otro señor que, para reivindicar lo que fuera, se dedicase a hacer el molinete en público. ¿Qué dirían las feministas, los progres y demás caterva reparte-carnets de guay y moderno?
Ahora, y pienso que existe una calculada estrategia para llamar la atención y volver a la palestra detrás, Eva Amaral, en el Sonorama, ha cantado una canción a pecho descubierto siguiendo la estela, por cierto, de otras cantantes-activistas emperradas en lo mismo (curiosamente en estos días en la industria musical es muy frecuente, sobre todo entre las cantantes jóvenes, enseñar carne como no lo hacían las cantantes de generaciones anteriores para vender discos aduciendo motivos reivindicativos, la hipocresía campa a sus anchas, desde siempre, por la industria musical, este es el equivalente al «si lo exige el guion» de aquellas actrices del destape) y no la criticaré, de hecho me da igual.
El «peligro» de esta tendencia es que algunas señoras de a pie se la creen, se la toman en serio y pretenden ser reivindicativas en la vida corriente. Recuerdo, en pleno revuelo por los pezones de Ione Belarra, a cierta profesora que se presentó en el centro educativo donde trabaja con un corpiño de esos que realzan el busto, pero carecen de copas, y una fina camisetita enterando al personal y a los alumnos de su, por lo demás, nada espectacular anatomía pectoral. La señora iba por ahí muy orgullosa y como no dándole importancia a la cosa…hizo el ridículo. Hasta el día de hoy no ha repetido la exhibición, perdón: la reivindicación. Y no era precisamente una jovencita…
Por el contrario, el uso del toples en las playas y las piscinas está en regresión entre las más jóvenes, cosa que preocupa mucho, según he podido leer, a sus mamás…pero a cambio ahora enseñar el culo, incluso en la vida diaria (eso sí: como mínimo con un fino hilillo entre las nalgas para simbolizar la ropa) se ha convertido en lo más normal del mundo. Costumbres. Tampoco, he de decirlo, me molesta demasiado que las jovencitas vayan por ahí enseñando las nalgas, si bien ya hablamos en otro lugar del mal humor que estos actos reivindicativos ponen a algunas.

Ahora bien, un aspecto de esta anécdota pectoral de la señora Eva Amaral, a mi modo de ver bastante interesante, es el modo en que se pone de manifiesto la sutil, pero evidentísima, censura existente hoy en día. Si el lector se preocupa en repasar los medios de prensa observará que en la mayoría de ellos la noticia, acompañada de una fotografía del hecho, o pixelan las tetas o recortan por encima de las mismas a la hora de informar…hace quince o veinte años (o quinientos) eso no hubiera sucedido. Ahora, sí. Ahora existe una superestructura censora, las redes sociales de mentalidad puritana anglosajona, que ejerce su dominio tiránico sobre la libertad de expresión (que incluye la representación de la desnudez y de la sexualidad), que borran o limitan la difusión de ciertas imágenes (y textos, no seamos ilusos) y determinan, como si fuéramos incapaces de entendernos con nuestra propia conciencia, qué podemos ver y qué no. Hablarán, naturalmente, de la protección de la infancia…pero a la infancia no hay que protegerla de la naturaleza. Ningún infante, salvo que lo eduques en la represión y la hipocresía, va a sufrir ningún trauma por ver un desnudo, si me apuran ni siquiera una escena sexual. La clave radica en la educación y la censura en estos asuntos denota una mentalidad sucia, repugnante y anclada en el puritanismo victoriano muy propia de los anglosajones protestantes. Una mentalidad que las sociedades civilizadas (los mediterráneos de tradición católica principalmente) debemos rechazar y combatir.
Antes de acabar quiero hacer hincapié en dos cosas. La primera: el hecho de, aunque nos digan lo contrario, que existe una censura omnipresente que no afecta solo a las imágenes sino a los textos y las ideas…nos manipulan y la mayoría de vosotros no os dais cuenta, pensáis realmente que vivís en libertad.
La segunda: mi conflicto estratégico. Sé de sobra que si ilustro este artículo con tetas seré objeto de censura y su difusión se resentirá mucho…muchísimo. Por otro lado, yo también estoy reivindicativo… ¿Qué hago?…¿Me pliego a la censura subrepticia y evito las tetas para que el mensaje llegue lejos o asumo que en pleno puente de agosto nadie me va leer haga lo que haga y me doy el gustazo?
Os invitaría a votar, pero en mi obra soy príncipe soberano y mi estrategia habitual es no preocuparme todavía de una gran difusión de mis libros para volar libre bajo el radar de la censura…ya remontaremos. Y esta reflexión inclina definitivamente la balanza: tetas (no las de Amaral, naturalmente).

© Fernando Busto de la Vega.
Magistral… 👌
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En el caso de Amaral, el pixelado está mas que justificado por razones de un mínimo buen gusto.
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