Archivo por meses: septiembre 2023

EL GOLPE DE PRIMO DE RIVERA (1923)

Resulta triste decirlo, pero es verdad: en España carecemos de historiadores. Nos sobran los propagandistas y los apologistas, pero nos faltan historiadores. Incluso aquellos con más fama y que presentan trabajos sesudos y bien documentados que pueden llegar a dar el pego, una vez examinados a fondo, acaban delatándose como garantes de una ortodoxia política bien definida. Eso se debe, entre otras cosas, a que en España nunca, y digo nunca, ni siquiera ahora, ha existido una verdadera democracia. Tan solo un régimen oligárquico que muta en el accidentalismo, pero mantiene fuertemente sujetas las riendas de todas las instituciones del Estado, desde las judiciales a la universidad.

Se dirá que podemos recurrir a los hispanistas externos, pero estos son mayoritariamente anglosajones o están imbuidos de su ideología y, por lo tanto, también son botarates de facción. De Inglaterra no puede llegar ninguna interpretación ni explicación útil de la historia de España, tan solo la deformada por los intereses e ideología de nuestro enemigo tradicional.

También se dirá que existen diversidad de opiniones entre los historiadores patrios y que eso garantiza y justifica la existencia de una democracia. Falso. Solo existen facciones, sectas. Están, por un lado, los propagandistas nacional-católicos (entre los que se andan infiltrando desde hace un cuarto de siglo los pagados por el ultraliberalismo anglosajón y judeo-protestante) y, por otro, los liberal-progresistas. Una de estas dos Españas artificiales y al servicio de ideologías externas ha de helarte el corazón, españolito. Y ambas deben ser barridas radical e inmediatamente de nuestro panorama intelectual, historiográfico, político y social.

Actualmente la facción más en boga es la liberal-progresista e impera su sesgada perspectiva fáctica. Por eso tenemos una visión determinada y manipulada de los acontecimientos sociales y políticos de nuestra Historia y no otra.

Consecuentemente, en esto, como en todo, soy absolutamente partidario de replantear desde la base nuestra perspectiva del siglo XX (y del XIX) para encontrar un futuro viable en el XXI.

Dominando la facción liberal-progresista del estamento universitario-historiográfico y en los medios de comunicación, obviamente cualquier alusión al concepto de patria y de perpetuación de la esencia de España a lo largo de la Historia es despreciado y perseguido. Cualquier movimiento que no se estime protagonizado por siglas de izquierda o por un «pueblo» dirigido y manipulado por estas, se demoniza. Así las cosas, los golpes de Estado destinados a mantener la unidad y la continuidad de España son siempre tratados negativamente.

Sin embargo, esa perspectiva llena de prejuicios e intereses políticos debe cambiar sin caer en el otro sesgo: el derechista. Debemos analizar nuestra Historia no desde la ideología, sino desde la madurez y la sensatez.

Por ese motivo quiero dedicarle, ahora que va a cumplirse el centenario, una breve mirada al golpe de Estado del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923.

Lo primero que hay que decir es que el golpe era necesario.

La huelga de la Canadiense en 1919 había quebrado por completo al Estado otorgándole a la CNT (que había purgado a sus elementos lerrouxistas para imponer a los anarquistas) esperanzas de poder derribarlo en breve y conseguir una subversión que hubiera dado al traste con el país. El golpe de Primo de Rivera lo impidió asegurando la continuidad de España.

Por otro lado, el desastre de Annual en 1921 había supuesto un duro revés para la recuperación de España como nación viable y potencia media en auge. Era preciso restablecer la situación y Primo de Rivera lo consiguió con el desembarco de Alhucemas en 1925 y la derrota de Abd el Krim en 1926.

Lo segundo que hay que decir es que el golpe estaba condenado al fracaso desde antes de producirse.

Por mucho que el general Primo de Rivera se acomodase al mito del «cirujano de hierro» que venía a cortar por lo sano y salvar a una España moribunda que había puesto en circulación Joaquín Costa, no podía verse limitado por su propia naturaleza. El general Primo de Rivera era un hombre del régimen de 1876, del turnismo caciquil sobre el que se había impuesto la avaricia desprejuiciada y escasamente inteligente de Alfonso XIII. Cuando Primo de Rivera hablaba de «salvar España» apenas era consciente de que estaba diciendo «salvar a la oligarquía corrupta que dominaba el país desde el golpe anterior del general Martínez Campos en 1874». Con dicha limitación conceptual poco podía hacer en pro de la comunidad nacional.

Además, convertir un golpe necesario en una mala imitación del fascismo mussoliniano no podía conducir a nada útil. Si al menos la mascarada se hubiera llevado con eficacia…pero Primo de Rivera carecía de arraigo social y político para replicar una Marcha Sobre Roma. Lo más que pudo hacer fue trasladarse en tren desde Barcelona a Madrid con la aquiescencia del rey y de los demás capitanes generales.

Lógicamente, cuando trató de organizar un partido único, la Unión Nacional, a imagen del Movimiento Nacional Fascista, fracasó también. Seguía careciendo de base social y la Unión Nacional nació endeble, raquítica y trufada de arribistas y corruptos.

En resumen: el golpe de 1923 era necesario, pero estaba condenado al fracaso por falta de base social y por su visión limitada que, lejos de englobar a toda la nación, venía a identificarla con los caciques y los poderes fácticos del régimen. Por eso, aunque fue útil (limitó la agitación social y puso freno a los movimientos disolventes, restauró el prestigio y el poder de España en África…) acabó fracasando.

© Fernando Busto de la Vega.

EL MISTERIO DE LA CAJITA ROJA ROBADA

Hay historias pequeñas, nimias, que le llegan a uno por casualidad y, desde el principio, llaman su atención, le convencen de que pueden ser el germen de algo grande, acaso de una excelente novela de misterio.

Ayer mismo me sucedió. En el transcurso de una conversación intrascendente y anecdótica, alguien (que no gustaría ser citada) me contó la siguiente historia real y aparentemente intranscendente.

Nos encontramos en un instituto, la recaudación semanal de las fotocopias que se hacen a los alumnos (en conjunto una cantidad módica, prácticamente despreciable) se guarda en una cajita roja que, al final de la semana, se deposita en el despacho del secretario del centro.

Un buen día la caja y la recaudación desaparecen.

Hasta aquí la historia monda y lironda, los sucesos esquemáticos. Un simple robo.

No obstante, subyace una pregunta intrigante, un rasgo característico que induce a la reflexión y representa la semilla misma de la historia ulterior, de la novela en ciernes.

Cierto: se trata de un robo. Alguien que conoce el centro y sus costumbres, alguien de dentro, se introduce en el despacho del secretario y se hace con la paupérrima recaudación semanal. Unos cuantos euros…

Nada más sencillo que llevarse las monedas y los billetes en el bolsillo. Entonces ¿por qué llevarse la cajita, que en todo caso es un elemento llamativo, delator y difícil de esconder?

Esta pregunta es la clave de todo. El resorte literario y también el medio de descubrir al culpable. No diré más. Dejaré que el lector elucubre por su cuenta y, quién sabe, a lo mejor acaba encontrando el origen de su propia novela de misterio…

© Fernando Busto de la Vega.

LENGUAS, CIVILIZACIÓN Y PARLAMENTO

El General Espartero, regente de España (1840-1843), a pesar de ser liberal, sabía que, para que España funcione debidamente, hay que bombardear Barcelona y acallar a las oligarquías provinciales regularmente. Lo dijo alto y claro. Fernando II de Aragón y el conde duque de Olivares opinaban igual. De hecho, es la primera norma de una España fuerte: unidad frente al cantonalismo.

La única función del lenguaje es la comunicación. Por lo tanto, la tendencia histórica natural es la integración de los hablantes en grandes isoglosas, a menudo mediante procesos políticos de carácter imperialista (nos guste o no, el imperialismo ha sido siempre un método de expandir la civilización e implementar la ecúmene que debe conducir a la paz universal). Quienes, con cualquier excusa, van en contra de este proceso natural y beneficioso para la humanidad, son elementos retrógrados y desechables que en caso alguno deben ser escuchados y atendidos y sí eliminados a la mayor brevedad.

En España, ya lo sabemos, debido a la debilidad prefabricada por nuestros enemigos del régimen ilegítimo de 1978 y la persistencia del federalismo liberal incardinado desde 1874 en las corrientes izquierdistas hábilmente manipuladas desde los años veinte del siglo pasado por Moscú y desde los sesenta por Pequín, estamos recorriendo precisamente el camino inverso. Desde la unidad idiomática a la atomización. Lo que significa, en la práctica, que avanzamos desde el proyecto nacional hacia un mosaico de taifas manejadas por corruptas oligarquías provinciales. Madrid en 2023 es Córdoba en 1031.

No pasa nada. Únicamente hay que traer a colación la guerra cantonal de 1873-1874 y tener el cuajo de hacer una limpieza profunda durante la misma. Los cánceres solo se curan cortando por lo sano. Habrá que hacerlo.

Mientras tanto, estamos asistiendo a un esperpento más de este régimen ilegítimo y en declive. La vicepresidenta de un Gobierno en funciones entrevistándose con un traidor a España sin ser encarcelada ni destituida y el Parlamento plegándose a la atomización lingüística impulsada por los traidores a la nación.

No quiero desbarrar ni dejarme llevar por la justa indignación del patriota (tiempo habrá cuando el Estado colapse de reconstruirlo con la energía y las ejecuciones necesarias), plantearé el asunto en términos lógicos.

Hablamos del Parlamento…es decir: de una institución pensada para hablar y entenderse. Lógicamente un parlamento debe desarrollarse en un solo idioma, porque es el método mejor para que todos puedan explicarse y entender las razones del otro. Si a un parlamento lo sometes a la atomización lingüística, por mucho que contrates traductores y compres pinganillos, lo estás pervirtiendo, prostituyendo y privándolo de su razón de ser. Deja, por lo tanto, de ser un Parlamento.

No es que el Parlamento español sirva para mucho, pero en el momento en que se admitan en él otras lenguas que no sean la nacional, el español, habrá dejado de existir, aunque sus miembros sigan cobrando del Estado y tratando de vendernos la burra de la constitucionalidad y la legitimidad institucional. Será un paso más hacia la destrucción.

Y, no nos asustemos, por lo tanto un paso más hacia la necesaria reconstrucción.

Esperanza y combate, amigos: esperanza y combate.

Recordemos a Garci Ximénez y el modo en que de la nada puede reconstruirse un reino.

© Fernando Busto de la Vega.

EL VALOR DEL GUERNICA DE PICASSO

Leo que ahora es posible hacerse un selfi ante el Guernica de Picasso en el Museo Reina Sofía y que esto indigna a algunos, mientras entusiasma a otros. A mí, como casi todo este tipo de cosas, me da igual. Anticipo que no iré a Madrid para fotografiarme delante de ese cuadro ni de ningún otro.

Sin embargo, la noticia me induce a una reflexión que voy a formular únicamente como pregunta. Mi respuesta es clara, pero la obviaré.

La cuestión es esta: ¿ cual es el verdadero valor del Guernica? Naturalmente no me refiero al crematístico sino al artístico.

¿Tendríamos este cuadro en igual aprecio si no hubiera servido durante décadas a la propaganda comunista? ¿Lo veneraríamos si en lugar de Picasso en su dorado exilio parisino lo hubiera pintado otro artista? ¿Si en lugar de ser un encargo pagado a peso de oro por el mismo gobierno de la república presidido por Largo Caballero que pretendió entregar las Baleares a Italia y quizá la Canarias a Alemania a cambio de que no apoyaran a Franco, lo hubiera pintado un tal Pepe Pérez en el sótano de su casa de Cuenca?…

Soy partidario, lo saben quienes siguen este blog, de derribar los falsos mitos y las falacias artísticas y literarias del malhadado siglo XX para iniciar una nueva etapa de futuro más allá del partidismo y las oligarquías que han conducido España a su total decadencia desde la imposición de los liberales en el siglo XIX. Acaso el Guernica de Picasso sea uno de esos falsos mitos a derribar…¿Y si lo tiramos a un vertedero y ya de paso nos deshacemos de la visión maniquea, guerracivilista y sesgada que pretende implantar en el público ?

Una última cosa diré: guste o no, la guerra es un acto evolutivo. Las pierden los menos adaptados, los más débiles, aquellos que están llamados a desaparecer de la faz del mundo para dejar paso a los vencedores, que representan la ventaja evolutiva de la especie. Aquellos que pierden una guerra no deben empeñarse en mantener las ideas que les condujeron a ser derrotados ni perpetuarse en la queja permanente y en vencer con mendacidad rastrera lo que no supieron ganar en los campos de batalla. Todo derrotado es inferior por definición. La ideología del Guernica, también.

© Fernando Busto de la Vega.