
Más allá de la propaganda de guerra de la OTAN, necesitada de asustar a la población en momentos de intensa crisis geopolítica, parece que la cosa va en serio. Putin acaricia la idea de atacar algún país de la OTAN en los próximos dos o tres años. Esto sería un error, evidentemente.
Una vez que el golpe contra Ucrania fracasó enfangando a Rusia en una guerra larga y de desgaste en la que después de casi tres años no ha podido aplastar a un enemigo supuestamente inferior viéndose obligada a movilizar incluso a sus presos y a mercenarios y milicias afines con el impacto económico y social que eso conlleva y, por lo tanto, con la desafección popular que significa a pesar de la represión y la propaganda oficiales, pensar en desafiar a la OTAN por medios convencionales representa un suicidio.
¿Puede suceder? Lógicamente Putin, un señor de 73 años, está contra las cuerdas. Aceptar la derrota es perder el poder y, con él, la inmunidad de todos sus actos pasados (conocidos y por conocer). Es lógico que huya hacia adelante en una pretensión absurda y suicida para mantenerse sobre el caballo. La pregunta es ¿van a seguirle sus secuaces o asesarán y comenzarán a pensar en una salida que no les conduzca al abismo?
Si yo fuera Putin solo comería los higos de mi higuera y tendría muchísimo cuidado con los pretorianos. Aunque, como demuestra la historia de Roma, ninguna de las dos medidas suele evitar lo inevitable.
© Fernando Busto de la Vega.
Muy fino lo de»los higos de mi higuera…»
Saludos 🤜🤛
Me gustaLe gusta a 1 persona