AMIGAS (SIN DERECHOS)

El peor insulto que una mujer puede recetarle a un hombre es decirle que lo quiere solo como amigo. Esto significa: «eres bueno, pero no lo suficiente». Esconde, además, un germen de estafa. El amigo sin derechos estará obligado a aguantar los malos humores y los bajones emocionales de la mujer en cuestión, a acompañarla a hacer compras, ir con ella a aburridísimos destinos (museos, exposiciones, mercadillos, insulsos viajes a Toledo…), hacerle las ñapas domésticas que precise, cuidarle los hijos o los perros, soportar a sus amigas (casi seguramente neuróticas y sin interés)…

Pero, eso sí, los beneficios físicos (únicos que pueden justificar el soportar la molesta, errática y aburridísima cotidianeidad femenina movida por cambios hormonales, desequilibrios mentales y afectivos, traumas ridículos de la infancia y la adolescencia, narcisismo militante, limitaciones intelectuales y egoísmo rampante) se los otorgarán a otros. Al primero que pase por allí y la pille medio borracha o caliente o a un gorila fijo, desconsiderado y zafio con el que la individua se encamará entusiasta para luego crucificar a su amigo «sin derechos» con sus interminables letanías de quejas y lloros a propósito del garañón al que no renunciará sino para sustituirlo por otro semejante. Y que con sus exigencias y resabios impedirá que la mujer cumpla su parte en el contrato de amistad, relegando a su «amigo sin derechos» a la condición de simple paño de lágrimas o tonto útil a su disposición, pero sin reciprocidad alguna.

En consecuencia (y esto lo aprendí con once o doce años), cuando una mujer te dice aquello de «solo te quiero como amigo» o «vamos a ser amigos sin derechos» hay que largarla, echarla pronto de tu vida porque, en primer lugar, te está insultando. En segundo: te quiere utilizar, mangonear y estafar.

A ver: todas las mujeres pretenden utilizarte, mangonearte y estafarte, pero al menos que la refriega emocional te deje algún rédito apreciable. La coletilla «sin derechos» es una red flag inmediata, máxime si la individua es del género calientapollas, de esas que te reciben en su casa ligeras de ropa (o en bragas directamente) como señal de «amistad» y «confianza» mostrando el género que no te van a permitir disfrutar. Las hay, y son las peores.

¿Por qué escribo esto ahora? ¿Estoy resentido, me ha sucedido recientemente algo que justifique esta diatriba? No, pero quería tener una excusa para ilustrar una entrada con la foto de una chica sexy, y el asunto de las «amigas sin derechos» siempre me ha parecido digno de ser puesto por escrito para aviso de pipiolos que abren sus ojos al mundo.

© Fernando Busto de la Vega.

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