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POPULISMO

Es curioso como una sola palabra, un solo concepto, puede delatar y poner de manifiesto todo un sistema de creencias, todo un programa político y un modo de pensar, de proceder. Cómo, una sola palabra, puede mandar al traste toda la hipocresía de un bloque político.

Hoy quiero fijarme en la que da título a esta entrada: populismo.

La acusación de populismo es una de las armas del bloque rector de los regímenes parlamentarios liberal-capitalistas impuestos en Europa occidental tras el triunfo de los Estados Unidos en 1945 y que disimulan con elecciones más o menos irrelevantes su condición de estados vasallos, de repúblicas o monarquías bananeras sometidas al imperialismo yanqui.

Este cúmulo de partidos compuestos por liberales, democratacristianos, socialdemócratas y algunos aditamentos menores están perdiendo base electoral, legitimidad política y social a pasos agigantados. Se van al garete y no saben cómo evitarlo.

Lo único que se les ocurre es insultar y denigrar a quienes les comen la tostada. Les tildan de ultraderechistas, les equiparan con el nazismo y el fascismo y claman contra su populismo. Vienen a decir que si crecen electoralmente se debe a que halagan al pueblo con sus propuestas (más o menos viables) para problemas que los integrantes de ese núcleo «constitucional» de los regímenes bananeros europeos niegan que existan, desde los causados por la inmigración descontrolada a los excesos del wokismo, el feminismo y las ideologías de género entre otros.

Es decir: los ortodoxos de los regímenes liberal-parlamentarios acusan a sus enemigos de ganar las elecciones presentando soluciones para problemas que preocupan al pueblo y que ellos niegan. ¿Dónde queda ahí el pensamiento democrático? ¿Dónde escuchar al pueblo que dicen representar?

El liberal-parlamentarismo-capitalista jamás fue democrático y ni lo son ni lo fueron los regímenes basados en tal ideología impuesta desde Washington. Detentaron una hegemonía política y funcionó el teatrillo electoral durante el desarrollismo porque el nivel de vida de los pueblos mejoró y más tarde por la amenaza desestabilizadora de la estrategia de la tensión y la guerra fría. Luego por la inercia y la ineficacia sindical y nacionalista durante la globalización, pero ahora el suelo comienza a hundirse bajo sus pies.

El pueblo se ha divorciado de sus partidos tradicionales porque estos no defienden sus intereses y les causan problemas cuya existencia niegan. Ello se traduce en el ascenso de otros partidos y la reacción de los ortodoxos y tradicionales en empecinarse en demostrar que no sirven a los intereses de sus pueblos a los que se niegan a escuchar. Siguen empeñados en transitar los mismos caminos ya trillados que les conducen al aislamiento y la pérdida de legitimidad y de poder parlamentario y solo se les ocurre culpar de su debacle a la maldad de sus rivales…esos malvados ultraderechistas populistas.

Son, en suma, la orquesta del Titanic negándose a aceptar el inminente hundimiento y tocando valses como si nada ocurriera.

© Fernando Busto de la Vega.

¿QUIÉN PIERDE EN UNA FUSIÓN BANCARIA?

La desvergüenza de los plutócratas es proverbial y obscena. Muestra sin ambages ni celajes su paupérrima condición moral, su exclusiva dedicación al lucro sin freno alguno y a justificar sus desafueros con toda clase de trucos, estafas y mentiras.

Estos días en España estamos asistiendo al colmo de los colmos. En el transcurso de una opa entre dos grandes bancos (que algunos quieren llamar fusión) el atacante ha lanzado una insistente campaña publicitaria para convencer a los accionistas del atacado para que se dejen sodomizar por el ímpetu avaricioso de los directivos del primero. Su argumento es sencillo: con la «fusión» todos ganan. Uniendo fuerzas serán más grandes, más poderosos…aunque mandarán los del banco atacante.

No deja de ser remarcable la desfachatez del banco atacante que deja de lado en su publicidad a sus clientes y usuarios (y demuestra así el respeto y la estima que les tiene, lógica dejadez en un escenario tendente al monopolio y que en cualquier caso es ya un oligopolio poco regulado y nada contenido por el Estado) para centrarse en los accionistas del rival.

También es de notar esa retórica del «todos ganamos» (aunque mandaremos nosotros, como es natural). Retórica notable y falsa. No todos ganan en una operación semejante. ¿Quién pierde? Pues, para empezar, los empleados. Ya sabemos que a toda fusión bancaria o empresarial sucede una riada de despidos. Mucha gente va a quedarse en la calle. Para seguir: los clientes. A toda fusión sigue un reajuste no solo de plantilla sino también de ubicaciones. En conclusión, habrá menos oficinas, menos cajeros, peor servicio (esto está implícito en la idea de fusión). Además, toda fusión es un paso hacia el oligopolio y finalmente hacia el monopolio y ello lleva consigo un creciente desprecio al cliente cuyas opciones electivas se van reduciendo hasta convertirle en sujeto inerme a merced de la depredación de las grandes corporaciones.

Así que digámoslo con claridad: con estas fusiones algunos ganan (unos más que otros) y casi todos perdemos.

Digámoslo también alto y fuerte: un mundo en que los banqueros tienen las manos libres y marcan las reglas de juego es un mundo mal organizado, inmoral, despreciable e injusto. Los usureros y especuladores han de ser contenidos, vigilados, eliminados incluso. Da igual la ideología…un régimen manejado por los banqueros, los especuladores y los explotadores es siempre inmoral y, por lo tanto, ilegítimo. Eso sucede con los regímenes liberal-capitalistas, urge, pues, derrocarlos y restablecer el orden.

© Fernando Busto de la Vega.

BULOS Y VERDADES

A liar business man and financial advisor

Yo sigo siendo un fan de Poncio Pilato cuando enfrentado a un reo que se posicionaba en posesión de «la verdad» le responde:

—¿Y qué es la verdad?

Y, desde luego, experimento la mayor prevención cuando alguien viene a explicarme, como si fuera estúpido, qué es verdad y qué mentira. Pienso entonces en Antonio Machado y aquel verso: tu verdad, no. La verdad.

En ese sentido, resulta evidente, estamos viviendo tiempos preocupantes, enfermos de totalitarismo a la búlgara.

El liberalismo primero y después la izquierda en todas sus variantes se han posesionado de la ortodoxia ideológica, política y social. Ellos eran el bien y marcaban los límites y el modo de ver el mundo. Evidentemente sus «verdades indiscutibles y naturales» solo eran una opinión, simple ideología que ahora hace aguas. Han perdido la legitimidad que se arrogaron y cada vez tienen más difícil mantener su monopolio sobre la supuesta verdad porque una cosa es predicar y otra dar trigo. El sistema liberalconservador-socialdemócrata se hunde. Más aún desde que el progresismo woke ha tomado las riendas de la ideología dominante. Cada vez las mentiras que sustentan el régimen vigente son más evidentes y convencen a menos gente, por lo tanto los gerifaltes y sus perros guardianes de la propaganda y la ortodoxia se ponen más y más nerviosos y comienzan campañas para intentar mantener su poder y su monopolio ideológico tratando de decirnos qué es verdad y qué un bulo. Curiosamente lo que constatan como verdad sirve siempre a sus intereses y lo que denuncian como bulo, los perjudica. Así es difícil que puedan seguir manteniendo el monopolio ideológico y propagandístico que pretenden.

Es cierto que la otra banda es deleznable e intelectualmente despreciable, que se basa en la catástrofe educativa e intelectual que el evangelismo radical ha causado en el mundo a través de los avivamientos evangélicos de corte romántico e histérico que alejaron las mentes especialmente de los estadounidenses de la realidad, la cordura y la sensatez hace más de un siglo. En realidad, si queremos avanzar, hemos de evitar caer tanto en los lazos de esa verdad alambicada del liberalconservadurismo-socialdemócrata-progre como de la insensata estulticia del trumpismo y sus símiles.

Sea como fuere, en España es preciso recordar la ingeniería que determinados partidos (especialmente el PSOE) aplicaron para la elaboración de supuestas verdades erigidas en dogmas irrebatibles.

Por ejemplo: después del desastre de Annual (1921) el PSOE pasó dos años (1922-1923) boicoteando los avances de España en el norte de África a través de sus tácticas de bloqueo en el parlamento. En aquellos años murieron más soldados españoles por causa de las tácticas obstruccionistas del PSOE y los llamados demócratas que en la retirada de Annual. Y el motivo era sencillo: el empresario Horacio Echevarrieta sufragaba espléndidamente a los diputados de ambas corrientes y estos trabajaban, con excusas sociales, para defender sus intereses. Echevarrieta era socio de Juan March y juntos se lucraban de monopolios en la llamada República del Rif alzada contra España. Por lo tanto, eran traidores a España y responsables de la muerte de miles de soldados españoles de reemplazo a los que sacrificaban en aras de su enriquecimiento.

La situación llegó a ser tan grave que el general Primo de Rivera, cuyo hermano había muerto heroicamente defendiendo la retirada de las tropas en Annual, hubo de dar un golpe de Estado y establecer una dictadura para poder acabar con el problema mediante el desembarco de Alhucemas en 1925.

Naturalmente, esta ignominia debía ser ocultada y en cuanto llegó al poder con la II República, en 1931, el PSOE se sacó de la manga una «comisión de responsabilidades» en las Cortes que impuso su relato viciado y mentiroso que todavía hoy es la explicación ortodoxa de la ocurrido atribuyendo toda la culpa a Alfonso XIII, a Romanones y al general Fernández Silvestre (un héroe a reivindicar, junto con el general Martínez Anido) y ocultando los crímenes de individuos como Indalecio Prieto, Largo Caballero y otros jefes y jefecillos del PSOE que durante el bienio de 1921-1923 estuvieron a sueldo de Echevarrieta y propiciando la muerte inútil de soldados españoles para el enriquecimiento de este traidor y su socio, Juan March, al que luego pasaron a criticar porque no financió al PSOE sino a Franco.

Lo mismo ha sucedido con la llamada Ley de Memoria Histórica y las de género. Se ha impuesto la ortodoxia de un partido, de unos cuantos, sobre la realidad histórica y social. Y estos impresentables son los que pretenden decirnos qué debemos pensar, qué creer y qué no.

Gentuza a extinguir.

© Fernando Busto de la Vega.

VALENCIA: LOS QUE VAN Y LOS QUE VUELVEN

Vivo en Zaragoza, una ciudad del interior de España situada a poco más de trescientos kilómetros de Valencia. Desde aquí, y desde todo el reino de Aragón, están partiendo cada día, centenares de personas (policías locales y nacionales, bomberos, militares, todos ellos fuera de servicio, en sus días festivos o vacacionales, pero también estudiantes, cocineros, albañiles…de todas las profesiones, sexos, religiones y orígenes: hay rumanos, y marroquíes, y americanos de diez o doce países, naturalmente españoles de pura cepa…) salen hacia la catástrofe del reino hermano de Valencia para ayudar.

En ese contexto se está produciendo un fenómeno acaso poco difundido, pero a mi modo de ver altamente significativo: jóvenes que desmantelan las casas de sus padres y de otros familiares (se llevan mantas, toallas, ropa, productos de limpieza, comida…en actos espontáneos de solidaridad…), he visto furgonetas parar en un punto concreto, en una calle cualquiera, para recoger bolsas con objetos necesarios, que aportaban amigos, familiares…parar solo un instante, cargar y seguir camino. He visto furgonetas entrar en centros educativos y en empresas privadas donde se les aportaba el material que se podía detraer, e incluso más, para montar cocinas o comedores de campaña, o lo que se necesitase…todo ello como iniciativa privada de los ciudadanos. He visto gente con su tarjeta de crédito comprando desde productos de limpieza hasta maquinaria que de inmediato se embarcaban en las consabidas furgonetas camino de Valencia.

He visto hombres jóvenes y fuertes llorar porque sus circunstancias del momento no les permiten subirse a una de esas furgonetas e ir, nunca mejor dicho, al fango (el trabajo, los hijos, los padres enfermos, la salud en ocasiones…)

Y he observado algo en los que parten y en los que regresan que me ha llenado de admiración, respeto y fe en el ser humano, incluso en España (esta España plural donde el inmigrante puede ser extranjero, pero sus hijos, sin perder sus raíces acaban diciendo, en lo que a Zaragoza respecta, co y maño), una España que sus políticos de todas las tendencias al servicio de intereses espurios y extranjeros se empeñan en destruir.

Los que van, lo hacen por impulso natural, sin afectación ni presunción. Simplemente agarran lo que pueden de sus casas, de sus amigos, de sus cuentas corrientes, se coordinan con compañeros de trabajo, de pandilla, con familiares y salen de naja hacia la catástrofe, solo para ayudar.

Los que regresan no presumen. Tampoco reblan (palabra aragonesa que significa rendirse), solo se recuperan, retoman sus obligaciones y preparan el regreso.

¡Cuanta grandeza en la gente normal! ¡Cuanta esperanza para el futuro!…¡Que asquerosa miseria e incompetencia en los políticos! ¿Sigue quedando alguna duda de que debemos derribar el corrupto régimen de 1978 (va por ti, Unga-unga) y reconstruir desde los cimientos otro que permita la máxima expresión de un pueblo tan grande?

© Fernando Busto de la Vega.

SAQUEOS EN VALENCIA TRAS LA DANA

Algo ha cambiado en España. Hace apenas una década hubiera sido impensable que en un escenario de catástrofe y devastación como el que está sufriendo Valencia apareciesen saqueadores. Ahora los hay. Hay gente, especialmente jóvenes, que aprovechan la catástrofe para robar y saquear. No para apropiarse de bienes de primera necesidad que aseguren su supervivencia en un escenario dantesco y ante un panorama de saturación de los medios de rescate y auxilio, sino de objetos de lujo.

Hay bandas organizadas que están importando comportamientos delictivos de otros continentes. Que están convirtiendo España en un país peor, que están conduciéndolo a estándares tercermundistas (incluyendo en el Tercer Mundo a los Estados Unidos) y es preciso decirlo: existen culpables que deben pagar por esta transformación que estamos sufriendo.

Por supuesto, los culpables directos de los saqueos, pero, sobre todo, la casta política tanto de derechas como de izquierdas que han abandonado por completo sus deberes, la política a largo plazo y con un plan preconcebido, sus obligaciones como gestores y servidores públicos, que han traicionado al pueblo para dedicarse a la corrupción, a la implantación de ideas nocivas de ambos signos, que ponen por delante de la realidad y de la seguridad del pueblo sus intereses y sus ideologías, las que les imponen desde fuera, desde ámbitos y organismos internacionales a los que los españoles les importamos poco y , en general, desean vernos hundidos en la mierda.

España ha cambiado para mal en una década. Reaccionemos, busquemos a los culpables (nuestros políticos, activistas y empresarios) y castiguémoslos pronto y con dureza. Es preciso enderezar el rumbo, volver a vivir en un país en el que no hay saqueos cuando se producen catástrofes (y conocemos los saqueos a comercios, ¿llegaremos a conocer robos a ancianos en sus domicilios o violaciones?) …

Si no se actúa todo puede ir a peor. Todo irá a peor.

© Fernando Busto de la Vega.