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ESAS COSAS QUE PASAN (Big Brother is watching you)

No seré yo quien desconfíe de los algoritmos y afirme que la neutralidad en la red es ficticia y existe una sutil censura destinada a la manipulación ideológica y ocultación de la disidencia. No…Ni siquiera recordaré las veces que mi anterior blog, Disidente por Accidente, sufrió extraños bloqueos después de criticar tal o cual política, tal o cual empresa…

Solo digo esto: si criticas a Elon Musk, la estafa de las criptomonedas, la agenda 2030, los tejemanejes y chiringuitos feminazis…se nota. Por lo que sea, el flujo habitual de visitantes se reduce a un tercio o menos, tanto en esos artículos en concreto como en todos los demás. Será que no hay lectores en el mundo que quieran ver esa otra perspectiva de las cosas…será.

De modo que no quiero caer en la conspiranoia y no diré que vivimos una tiranía oculta que manipula lo que vemos o no vemos en internet. Es todo culpa mía por pensar lo que no debo y comunicarlo al público. (Disidente malo—me dicen).

Por cierto: esta es otra de esas entradas que no se verán…o casi.

© Fernando Busto de la Vega.

ADOLESCENCIA, LEGISLACIÓN E IDEOLOGÍA

No nos engañemos: vivimos en un armazón jurídico ficticio, ineficaz y programático que no está pensado para resolver problemas o mejorar el presente y futuro de la sociedad sino para imponer modelos preconcebidos, pura ideología (e intereses de clase y de dominación capitalista), sobre el mundo. Los legisladores no están al servicio de la sociedad y de la nación, sino de facciones y sectas que aspiran, mediante su articulación como medios de presión y partidos políticos, a imponerse sobre la realidad. Eso sucede tanto entre los llamados progresistas como entre los centristas y conservadores, son la misma mierda en sacos distintos.

Personalmente no comulgo con esas ruedas de molino y aspiro (sé que soy un idealista, un ingenuo) a una acción de gobierno, y por lo tanto legislativa, centrada en la resolución de problemas reales y en la articulación de un futuro mejor partiendo de un análisis maduro, práctico y neutral de la realidad. En hacer de la moderación y la racionalidad la guía básica del rumbo a seguir apartando a las sectas demagógicas empeñadas en imponer su dogma sobre la realidad.

En ese sentido me preocupa especialmente, por lo que representa como proyecto de futuro y de esperanza, la juventud que, de lejos, es donde más se ceban las legislaciones dogmáticas de las diferentes sectas (del neoliberalismo al feminazismo) que padecemos.

Por mi edad conozco a los padres y madres que ahora se las dan de puritanos y de santos y sé lo que hicieron en veranos pretéritos. Cada cierto tiempo surgen estudios y encuestas alarmantes y sesgadas que dicen que los jóvenes de ahora (del ahora de cada instante) se inician en el tabaco, el alcohol, las drogas y el sexo mucho más temprano que antes…y son estudios y encuestas que mienten conscientemente. Las recuerdo desde que empecé a leer periódicos a los siete u ocho años y siempre son las mismas y con las mismas intenciones manipuladoras. La experiencia me indica que son mentira. He visto pasar décadas y las cosas, la evolución de los adolescentes, es siempre más o menos la misma. La naturaleza manda, como tiene que ser.

Por mi profesión, trabajo en institutos de secundaria desde hace años, conozco a los adolescentes actuales y puedo afirmar que no son esencialmente peores ni diferentes a los de épocas pasadas (si menos avispados, porque los crían entre algodones y los hacen memos sus papás y sus mamás, y con muchos más problemas psicológicos porque se ha metido al zorro dentro del gallinero: el acceso de los médicos a las personas siempre genera enfermos, el de pedagogos y psicólogos a los jóvenes siempre engendra problemas psicológicos donde no los hay. Luego, además, están las demenciales ingenierías sociales de los progres-femi-wokes que, a fuerza de dar pábulo a las teorías y deseos de teóricas de mentalidad enfermiza, acaban desquiciando a la chavalería) …y, añado, que, en general, me caen bien y tienen mi respeto.

Desde siempre, pero especialmente desde que el neoliberalismo y el feminismo (dos plagas de nuestro tiempo) adoptaron la Revolución Conservadora para alcanzar el poder social y político y establecer su tiranía, todos aquellos que dicen preocuparse por la educación y moralidad de los jóvenes, pretenden, en realidad, adoctrinarlos para conseguir su sumisión y adhesión acrítica en su vida adulta. De ahí el vaciamiento que bajo ambas ideologías concatenadas se está dando en la enseñanza media de los contenidos humanísticos. Se precisan adultos obedientes y crédulos y eso pasa por privar a los adolescentes de conocimientos y herramientas para forjar un pensamiento crítico. He ahí la verdadera corrupción de menores que se lleva a cabo con todos los parabienes del poder ejecutivo y las artimañas del legislativo y judicial.

Retomando el hilo de lo que pretendía expresar desde el inicio de estas líneas: la legislación debería partir de la realidad monda y lironda y orientarla del mejor modo posible para diseñar una sociedad sana, equilibrada y con individuos libres y lo más felices posible. No se hace así. Como hemos dicho: se parte de un estereotipo previo, una premisa falsa que trata de convertirse en cierta mediante la censura y la propaganda y se legisla para conseguir fines espurios que nada tienen que ver con el interés social ni con el correcto desarrollo de los adolescentes.

Vendarse los ojos y negar la realidad para aplicar un esquema preconcebido a la realidad solo conduce a la disfuncionalidad y la catástrofe y ya hemos dicho que este procedimiento se da desde todos los ámbitos del arco parlamentario (de hecho, los partidos políticos no representan a los ciudadanos sino a grupos de poder minoritarios razón por la cual dichos partidos son nocivos para la democracia y el desarrollo social y solo útiles para el parlamentarismo liberal y, por lo tanto, un mal a erradicar).

Nos guste o no nos guste hay varias realidades que debemos asumir para legislar. La primera es que los adolescentes, como corresponde a su edad, van a experimentar y desafiar las normas establecidas. En consonancia con eso, que el consumo de alcohol y de drogas son consustanciales, no de esta generación, sino también de la de sus padres y la de sus abuelos…no hay nada nuevo bajo el sol. Del mismo modo lo es el sexo, que con más o menos publicidad abarca todas las facetas posibles, incluyendo la intergeneracional por mucho que se prohíba y se persiga. Es así, nos guste o no y tenemos que aceptarlo para legislar y educar adecuadamente.

Ahora debemos decidir: ¿legislamos con sentido común, perspectiva amplia y neutralidad para acabar consiguiendo una sociedad libre, sana y equilibrada o nos mantenemos en el dogmatismo histérico para imponer esquemas preconcebidos que jamás encajarán con la realidad engendrando una sociedad hipócrita, enfermiza y disfuncional como estamos haciendo ahora?

© Fernando Busto de la Vega.

MORTADELO Y FILEMÓN EN CLAVE FALANGISTA

España es culturalmente hipócrita. Vive en la continua reinterpretación y olvido interesado de sus realidades para adaptarlas a las conveniencias políticas dominantes de cada periodo y, en general, la tendencia imperante consiste en implantar un sesgo ideológico que divide en bloques la realidad, la sociedad y el legado cultural y escamotear la continuidad histórica de la cultura popular española para adecuarla a los intereses del régimen actual y de la evolución totalitaria que algunos pretenden imprimirle. Por ese motivo artículos “eruditos” e “historicistas” como el presente son necesarios. Porque debemos eliminar el nocivo sectarismo, la manipulación cultural e histórica y establecer una perspectiva neutral y de unidad y futuro a nuestro legado cultural.

En la conmemoración del cuadragésimo aniversario de la aparición de Mortadelo y Filemón, allá por 1998, el propio Ibañez ofreció una explicación del supuesto origen de Mortadelo en la que se aseguraba que su nombre procedía de su forma al nacer. Al parecer una mortadela, recibió el apelativo. Se trataba de una explicación ramplona propia de la reinvención de un mito y su aggiornamento con intenciones de satisfacer la curiosidad infantil sin meterse en charcos innecesarios que nada aportarían a la popularidad del mismo ni a su comprensión dentro de un contexto ligero y sin pretensiones.

No obstante, aquí, y con la intención ya expuesta, vamos a poner en contexto los personajes y su dimensión social contextualizándolos en su momento de surgimiento y primera etapa entre 1958 y 1969.

En esa década, los antiguos participantes en la División Azul se encontraban en el auge de sus vidas y la relación entre Mortadelo y Filemón era una apelación directa a una situación vital que podían reconocer a la perfección, se trataba de un chiste generacional que, a la vez, retrataba a la perfección la pirámide social del momento y la naturaleza ideológica del régimen imperante entonces, así como la deriva personal de muchos de los que se adhirieron a él con entusiasmo en los primeros momentos y, por lo tanto, expresa a la perfección el camino silencioso e íntimamente personal de una generación que fue avanzando hacia la idea de reconciliación y de democracia desde la pérdida de ideales y que, a la postre, tendió una mano que la “otra España” no recogió sin resentimiento y sectarismo.

Los expedicionarios en la División Azul fueron relevándose de tal modo que los veteranos de combate aleccionaban a los novatos antes de regresar a España. En ese contexto, los novatos eran denominados “mortadelos” y estos se dirigían a los veteranos como “jefes” estableciéndose relaciones “profesionales” como las que mantienen los personajes del comic: un “jefe” engreído y desdeñoso, no especialmente competente, obligado a realizar misiones con la ayuda de un novato “mortadelo” voluntarioso, pero inexperto, que las ponía en peligro con su temperamento infantil, ajeno todavía a la mentalidad militar y la naturaleza cruel de una guerra que, como la propia existencia profesional de los personajes, carecía de sentido. No debemos olvidar que la División Azul significó para muchos de sus miembros una dura cura de realidad que les empujó a ese cruel escepticismo y pesimismo social que también muestra el comic. Por lo tanto, es importante apartar a Mortadelo y Filemón de una explicación simplista e ideológica e inscribirlos en una profunda interpretación vital, generacional y social. La grandeza del mito reside ahí: en su hondura, su conexión con la realidad social y su continua evolución y reinvención para adaptarse a la misma cargándose de estratos interpretativos.

El chiste de los jefes y “mortadelos” era netamente generacional y, obviamente, dejó de tener mordiente (aunque no cambiara al constituir la esencia de los personajes) con el tiempo y el cambio social que el mismo comic siguió a partir de 1969 con el ingreso de Mortadelo y Filemón en la TIA y su entrada en el mundo de la guerra fría, pero es bueno, en aras de recuperar una perspectiva neutral y positiva de nuestro legado cultural, recordar esa primera etapa y su origen social, generacional y político.

© Fernando Busto de la Vega.

ELOGIO DEL LIBERTINAJE (Y DEL HEROISMO CABALLERESCO)

Salvo por el hecho de que la fama negativa de los Borgia responde más bien a la xenofobia de los italianos contra una familia española que recogieron los protestantes para justificar su quebrantamiento del orden jurídico internacional (ruptura que les condujo entre otras cosas a naturalizar la piratería como acto comercial) y dejando aparte mi desdén por Orson Welles, a quien estoy lejos de considerar un genio (todo lo más un émulo tardío de las vanguardias europeas, especialmente alemanas) suscribo la frase que ilustra el vídeo de esta entrada (“En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras, matanzas , pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento; en Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, paz y democracia y ¿cuál fue el resultado? El reloj de cuco”). El puritanismo y el dominio gris de los comerciantes que constituyen la base del parlamentarismo liberal capitalista (que, por mucho que insista, no es ni se parece a la democracia) bloquea la creatividad (imponiendo una censura omnipresente a diversos niveles) y conduce a la decadencia moral, cultural y artística.

Es preciso, si queremos sobrevivir, librarnos del liberalismo y todas sus mentiras (incluida la de la igualdad, que es la más nociva de todas. Guste o no hay pueblos que hicieron y expandieron la Civilización y otros que todavía hoy se niegan a aceptarla y parecen incapaces de asimilarla y deben, por lo tanto ser gobernados).

La moral calvinista del liberalismo capitalista, basada en el puritanismo bíblico y la codicia económica propia de los provincianos burgueses alemanes del XVI que se extendió con el protestantismo permitiendo el auge de clases desprovistas de educación, ayunas del sello glorioso de la caballerosidad medieval (no resulta extraño que los judíos fueran, a la postre, los grandes beneficiados del auge del protestantismo pues jamás se habían visto inmersos en la gloriosa tradición europea y helenística del héroe que devino en la figura del caballero, solo fueron especuladores y usureros y esa conculcación de los valores heroicos les vino como anillo al dedo para expandir sus negocios), es una forma de decadencia acentuada desde la Revolución Francesa y la caída del imperio español.

Y no debemos equivocarnos, la izquierda (incluyendo a progres y wokes) ha heredado ese germen de decadencia y la moral pacata del liberalismo, no olvidemos que Marx era un judío alemán crecido y educado en pleno Romanticismo, movimiento que significó la culminación de la mentalidad calvinista-protestante) y legó a sus émulos y seguidores toda esa moral decadente y puritana de la que todavía hacen gala los marxistas y afines. El anarquismo tiene la misma raíz, ergo la izquierda, incluso en su vertiente supuestamente más revolucionaria, cumple el mismo papel que el liberalismo capitalista: la degradación de la grandeza humana que conduce de cabeza a la decadencia social, moral y cultural.

Tenemos que cambiar de paradigma, retornar a la idea heroica y caballeresca, al paganismo que permite a cualquier ser humano alcanzar la condición de dios si demuestra la grandeza necesaria, al hombre que, manteniendo la ecuanimidad apolínea del nada en exceso, sabe que todo le está permitido y que las grandes acciones limpian por sí mismas las miasmas de los grandes placeres. Es preciso inaugurar la época salvaje de los héroes libertinos que nos conduzcan al nuevo nivel superior de civilización.

Sé que la mayor parte de vosotros no entenderá lo que estoy diciendo. Vivimos todavía entre tinieblas, pero yo confío en el Sol Invicto y en Cronos-Zurvan, la luz regresará en forma de relámpago justo antes del alba.

© Fernando Busto de la Vega.

LA INCONGRUENCIA TURCA (Y EL PROBLEMA IRRESOLUBLE QUE ACARREA)

Cuando Mehmet II conquistó Constantinopla en 1453 asumió el título de Qayser-i-Rum, es decir: Emperador de Roma. Naturalmente, nadie, salvo sus súbditos, le reconoció como tal.

Desde el siglo XV los turcos están empeñados en ser aceptados como parte integrante de Europa e incorporados en la familia continental, pero eso es imposible. No se trata ya de su origen estepario y asiático (que comparten, por ejemplo, con los húngaros y los búlgaros) sino del hecho diferencial islámico.

El islam siempre fue una amenaza para Europa que se forjó combatiéndolo (desde la batalla de Guadalete hasta la guerra de los Balcanes pasando por la Reconquista y las Cruzadas). Además, el imperio romano, especialmente el oriental, se identificó con el cristianismo desde el siglo IV y no cabía una sucesión legítima en un monarca musulmán que, además, no mantenía lazos dinásticos con las casas europeas. Sin olvidar que el islam se dedicó a combatir al imperio bizantino desde su mismo origen en el siglo VI siendo la conquista de Constantinopla en el XV la culminación de esa ofensiva.

Así las cosas, el imperio otomano hubo de resignarse a ser la cabeza del mundo islámico y oriental, aunque sin renunciar nunca a su aspiración a ser admitido como parte de Europa.

En parte, el fracaso en materializar dicha aspiración constituyó el germen de la decadencia y desaparición del imperio. La nueva república, con Ataturk a la cabeza, siguió intentándolo a través de una profunda reforma que incidió en el avance hacia la laicidad y la sustitución del alfabeto cúfico por el latino. No obstante, la disidencia de base persistía.

Más adelante, en los albores del siglo XXI, Turquía trató de ser admitida en la Unión Europea viéndose rechazada y acusando a dicha organización de ser, oh sorpresa, un “club cristiano”…y tenían razón: Europa nunca fue musulmana y si se convierte en tal (hay riesgo de ello por las estultas políticas migratorias liberal-progresistas) dejará de ser Europa. Por lo tanto, Turquía solo podría ser considerada parte de Europa si abandona el islam y acepta el cristianismo.

Eso no va a suceder, no puede suceder…los turcos abandonaron las estepas y se integraron en el mundo agrícola y urbano bajo la égida del califato abasida y bajo su legalidad, de modo que el islam sunnita constituye la columna vertebral de su identidad nacional y étnica y su realidad actual proviene de la evolución de ese universo político y jurídico, no del europeo.

¿La consecuencia? Turquía solo tiene dos salidas: el islamismo radical o la política panturquista orientada hacia Asia y hacia las minorías turcas de los Balcanes. En cualquiera de los dos casos, o si los combina, Turquía está llamada a continuar siendo un problema enquistado en el seno de Europa contra el que tarde o temprano habrá que combatir y, a ser posible, eliminar. La geopolítica es así. Cambian los regímenes, permanecen las realidades.

© Fernando Busto de la Vega.