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ELON MUSK, TWITTER Y EL CAPITALISMO DE SIEMPRE

Uno de los signos más evidentes de la decadencia en la que nos estamos adentrando y de la absoluta falta de cultura social y política de muchos individuos de nuestras adocenadas sociedades occidentales es la admiración e incluso reverencia, fanática y casi de naturaleza feudal (sin recibir nada a cambio, antes al contrario: ofreciendo sus propios haberes al ídolo), por ciertos destacados empresarios señeros con hechuras de supervillanos o, en el mejor de los casos, de peligrosas amenazas para la democracia y la sociedad en su conjunto.

Explotadores y especuladores que se nos venden como genios revolucionarios que, usando tácticas luciferinas, nos ofrecen imperios que, en la práctica, no son otra cosa que fantasías, cortinas de humo. Desde las redes sociales que sirven básicamente como instrumentos de control social y aperos del totalitarismo en su consunción con los servicios secretos y los intereses políticos, sociales y económicos de las grandes corporaciones hasta las más innecesarias y absurdas innovaciones que nos presentan como escalones hacia un futuro idílico (ya se sabe: es una de las más básicas tácticas del capitalismo, crear necesidades previamente inexistentes y expectativas sobre la vacuidad. En otras palabras: estafas de cuento largo para embaucar a los toliguis menos avispados).

¿Significa lo anterior que rechazo la tecnología y me opongo al progreso? En absoluto. Me opongo a que esa tecnología y ese supuesto progreso esté en manos de una escueta élite oligárquica de ideología explotadora y totalitaria. En ese sentido China es una gravísima amenaza, pero los incensados oligarcas occidentales no dejan de serlo en idéntico grado por mucho que nos los vendan como salvadores y genios.

No soy cristiano, pero aprecio esa idea de que el Demonio vendrá al mundo disfrazado de grandeza y belleza y que su dominio se establecerá por la mentira y la seducción. Ya está sucediendo si otorgamos a las vacuas promesas de la tecnología y a quienes las manejan y nos las ofrecen envueltas y primoroso organdí como esa figura maligna que busca esclavizarnos mediante la fascinación.

Uno de estos oligarcas que nos presentan propagandísticamente como salvadores sin serlo (y que hasta series populares como The Simpsons y The Big Bang Theory nos han embellecido para el consumo de masas) es Elon Musk, al que suele tratársele de genio revolucionario y guía indiscutible hacia el futuro.

Sin embargo, quien pretenda comprender la realidad que le rodea y prever adecuadamente el futuro que le aguarda, se fija en los hechos, no en las palabras ni en las fantasías publicitarias. Y en este momento empresarialmente crucial en el que el oligarca de marras da un zarpazo más hacia el monopolio (y, por lo tanto, la explotación total y totalitaria de la sociedad) los hechos son públicos, comprobables y elocuentes.

Elon Musk adquiere Twitter para completar su imperio extractivo y, ¡oh, sorpresa!, actúa con los más viejos y rancios métodos del capitalismo de siempre: reduciendo salvajemente la plantilla para aligerar costes (y redoblando la carga de trabajo de los empleados que se salven de la quema y que quedarán quietos, callados y explotados a falta de sindicación y con la espada de Damocles del despido pendiendo sobre sus cabezas).

¿Queréis comprender el presente y anticipar el futuro? Es sencillo: Elon Musk se ha quitado la careta al comprar Twitter…es el viejo capitalismo de siempre. La explotación y la tiranía global a la que aspiran las grandes corporaciones. En vuestras manos está cambiar ese futuro distópico al que nos abocan.

Despertad, comprended, cambiad, actuad.

© Fernando Busto de la Vega.

CANCELACIÓN, TOTALITARISMO Y LIBERTAD

Comienzo la mañana leyendo la prensa y encuentro en un rincón de cierto periódico la ya habitual noticia de que un grupo de wokes exige boicotear el libro de no sé qué autor por considerarlo racista. Lo típico.

Ni siquiera voy a perder el tiempo refiriéndome a la libertad de expresión y al derecho de cualquiera a enunciar y difundir sus opiniones aunque sean contrarias al consenso mayoritario. Tampoco voy a explayarme en argumentar que el debate es la base de la creación de consensos sociales, siempre en evolución, y que, precisamente, la función de un intelectual, de un artista, es vulnerar los dogmas establecidos para impedir el inmovilismo y el totalitarismo que siempre son causa y consecuencia (en un bucle que se retroalimenta) de la llegada al poder y su afán por mantenerse en él y acapararlo cada vez en mayor medida de grupos determinados.

Un consenso social es siempre una herramienta de poder de una oligarquía determinada. Y toda oligarquía es nociva y debe ser removida de su posición, al menos parcialmente, lo antes posible; de lo contrario evoluciona indefectiblemente hacia la corrupción y la tiranía totalitaria. Es este un hecho demostrado por la Historia.

Los wokes, ya lo sabemos, son un rodillo totalitario y corrupto que pugna por encastrarse en el poder con visos de tiranía estalinista. Es por ello que deben ser combatidos sin tregua, aunque se compartan sus puntos de vista ideológicos (que, en cuanto ideología, son sesgados, parciales y discutibles; a pesar de lo que a ellos mismos les gusta pensar ni están en posesión de la verdad absoluta ni su supuesta superioridad moral es tal).

Pero, al grano: a mí, lo que de verdad me ha enfurecido esta mañana, mientras leía la prensa, es la desfachatez totalitaria de esa gente que trata de decirme (a mí y a ti, a todos) qué debo leer y qué no.

De modo que el libro en cuestión, según ellos, es racista y por eso no debo leerlo… Seamos serios. Seré yo, individuo libre y con criterio propio, quien decida si lo leo o no y, una vez leído, seré yo quien juzgue si es racista o no… e incluso si me convence o no ¿y si resulta que sus argumentos racistas u homófobos, o del tipo que sean, son contundentes y me hacen cambiar de idea, evolucionar?…

El camino para asentar como mayoritarias las propias ideas, es argumentar mejor, no inventar de nuevo la Inquisición. Auctoritas frente a Potestas, amigos…es la Auctoritas la que define la razón; la Potestas, y no digamos ya el Imperium, si no se basan en la Auctoritas, son solo represión y tiranía…ignorar esto es inscribirse en el grupo de los bárbaros, situarse fuera de los márgenes de la civilización. Pero los wokes, aparte de proceder de una mezcla de mundos que han perdido el contacto con la verdadera y única civilización, del protestantismo y el maoísmo, tienen problemas en la argumentación porque han reducido su ideología al extremo del ridículo y resulta estúpida e indefendible, por eso recurren a la censura y la cancelación. Son un germen para la tiranía de los memos, unos puritanos de tres al cuarto sin base intelectual y cultural, solo ideológica. Gentucilla sin interés, pero peligrosa para la libertad.

© Fernando Busto de la Vega.

LA DICTADURA DE LA IZQUIERDA

Estoy empezando a estar harto de leyes “progres” que tienen como función última limitar mi manera de pensar, lo que puedo decir o hacer o el modo en que debo comportarme. Al decir esto, y es un efecto secundario del pensamiento totalitario que anima a ciertos colectivos, muchos me tildarán ya de facha y de derechista. No lo soy (abjuro de todo sectarismo y me opongo a cualquier forma de tiranía, sea azul, verde o roja). Ahora, en los días que corren, la tiranía que más amenaza, la dictadura que va imponiéndose subrepticiamente, es la roja, por eso es esa la que hay que combatir en primer lugar.

Lo primero que debemos advertir es que el totalitarismo izquierdista no es en absoluto inocente y derivado de una ingenua sobreactuación de jóvenes idealistas exaltados. Nos enfrentamos a la vieja (data de 1945-1948) Táctica del Salami según la cual, rodaja a rodaja, los partidos comunistas se quedaron con la totalidad de los Estados donde fuerzas contrarias no lograron frenarlos. Y, por cierto, que no establecieron precisamente democracias ni llevaron libertad ni prosperidad a sus pueblos. Porque esa es otra: si te proclamas defensor del proletariado y en lugar de conducirlo a una era de prosperidad lo condenas a décadas de miseria, algo falla. Y para quién quiera enmendarme la plana en este punto, dos ejemplos: Cuba y Corea del Norte. Y en cuanto a la forma de tratar al pueblo y la libertad de los ciudadanos ahí están, sin agotar el elenco: las purgas de Stalin, los millones de muertos de Mao, Pol Pot…

Lo segundo es que ellos mismos saben que carecen de implantación, que la sociedad en su conjunto, salvo en escasísimo porcentaje decreciente, repudia sus imposiciones y está lejos de convertirse en su vía de ascenso al poder. Por ese motivo andan desesperados buscando ampliar sus bases electorales con todo género de clientelismos, desde el patrocinio que pretenden ejercer sobre el colectivo LGTBI (a cuyos miembros están lejos de favorecer con ello, solo a ciertos colectivos subvencionados y a radicales histéricos—o histériques— que perjudican con sus actos y declaraciones la convivencia pública y, por lo tanto, a los miembros de a pie de sus propios colectivos estigmatizados en su vida cotidiana por el fanatismo de los predicadores a sueldo del régimen), o las mujeres (cuya representación se limita a las alharacas de los grupúsculos organizados afines al poder adquirido por los izquierdistas), la idea absurda de reducir la edad de votación a los dieciséis años o de admitir toda una caterva de neodamois procedentes de la inmigración, y no suficientemente españolizados, en el censo electoral.

Saben que son minoritarios, pero están decididos a ocupar el poder, a utilizarlo para regar con subvenciones a sus organizaciones títeres e ir escalando peldaños hasta poder imponer su hegemonía indiscutible al modo más estalinista posible. Es así, la estrategia es clara para cualquiera que no sea estúpido.

Mientras tanto, limitan cuanto pueden la libertad de pensamiento y de palabra (no hay más que ver esa aberración doctrinal y totalitaria que es la Ley de Memoria Democrática que están imponiendo, o el modo en que se alían con los independentistas para permitirles imponer del mismo modo versiones aberrantes y falsas de la Historia para favorecer su conquista del poder estatal) y censuran el comportamiento social introduciendo leyes destinadas a hacer prevalecer dictatorialmente su ideología de género y otras similares y a dividir a la sociedad para crear un escenario artificial de buenos y malos en los que ellos, erigiéndose en adalides de los “buenos”, puedan auparse al poder.

Hoy por hoy, y desde el desafortunado momento en que Rodríguez Zapatero alcanzó la presidencia del Gobierno en 2004, la izquierda representa un verdadero peligro de dictadura y está llevando a cabo un golpe de Estado paulatino. Evidentemente, es preciso frenarlo.

Desgraciadamente, dentro del ilegítimo régimen liberal que padecemos, esta certeza nos deja en manos de otro sectarismo no mucho mejor.

© Fernando Busto de la Vega.

SALUD MENTAL, EL NUEVO MANTRA

En los últimos tiempos ha surgido un nuevo mantra del “Estado de Bienestar” que nos gobierna considerándose con derecho a decidir por nosotros y a imponernos la intervención en nuestra vida diaria y personal de “expertos” destinados a diseñar nuestro comportamiento y pensamiento de acuerdo con el dogma que pretenden imponer.

Vivimos un avanzado proceso de totalitarismo “tecnocrático” que poco a poco y por diversas vías, todas ellas amparadas por unos Estados que no defienden precisamente los intereses del pueblo y en los que los parlamentos solo juegan un papel teatral para escenificar una supuesta democracia inexistente y vulnerada por los poderes que se esconden detrás del conveniente escenario.

Ahora, los medios de comunicación y políticos y funcionarios muy preocupados por la población están empezando a lanzar la idea de que, especialmente los jóvenes, tienen gran cantidad de problemas mentales y que es preciso proporcionarles ayuda psicológica.

Están tratando de convertir en enfermedad el descontento causado por políticas destinadas a empoderar y enriquecer más a los poderosos y ricos arrebatando las oportunidades a los jóvenes. En todos los regímenes totalitarios, la disidencia ha sido perseguida bajo el estigma de la enfermedad mental, se trata de un hecho histórico.

Es preciso recordar a este respecto que la “normalidad psicológica” no es un concepto neutral y aséptico sino un dogma impuesto desde el poder.

Que el Estado y los poderes económicos empiecen a dudar de la salud mental de los jóvenes y a pretender ponerlos de un modo u otro bajo tutela de funcionarios de un oculto Ministerio de la Verdad con el nombre de terapeutas y psicólogos no augura nada bueno.

Lo que viene va ser peor que el nazismo o el estalinismo….es preciso comenzar a prepararse. La sublevación será necesaria. Volvámonos locos.

© Fernando Busto de la Vega.

Nota: 44j-99k-234-456-beñ-004

DIFERENCIA ENTRE DEMOCRACIA Y PARLAMENTARISMO LIBERAL

Vivimos en un régimen totalitario que nos machaca con la ortodoxia dominante día y noche: en la escuela o los institutos, desde los medios de comunicación y hasta desde la publicidad. Por eso, porque estamos programados para creer lo que se nos dice y no cuestionarlo, comulgamos con ruedas de molino como que parlamentarismo liberal y democracia son la misma cosa. Es falso.

El parlamentarismo liberal que padecemos, basado en la desigualdad y preparado para dar ventajas a los hijos de las clases altas dominantes perjudicando a los de las clases bajas (en otras palabras: burlando la igualdad de oportunidades que es básica en la democracia) es un régimen pensado para que las facciones oligárquicas se turnen en el poder sin efusión de sangre y sin que nada cambie en esencia. Habrá quien piense que la existencia de partidos “izquierdistas” o “antisistema” en al ámbito parlamentario cambia las cosas. Error: esas siglas no dejan de representar facciones más o menos explícitas de la oligarquía. Hagamos un experimento: ¿cuantos diputados y líderes políticos proceden o han procedido realmente de la clase obrera? ¿Qué medidas en favor de la clase obrera defienden los actuales partidos de “izquierdas”? Mucha defensa del colectivo LGTBI (que ganó su legitimidad en las instituciones internacionales como la ONU a mediados de los 90 a cambio de asumir el ideario burgués-capitalista, de ahí su obsesión por el matrimonio) y de los inmigrantes (cuya abundancia beneficia al capital perjudicando al obrero nacional, enfrentado a una competencia que baja los salarios y las exigencias sociales y laborales), mucho multiplicar los chiringuitos de nombres rimbombantes donde colocar a militantes y amiguitos…pero muy poco defender al obrero o al ciudadano de clase media cuya defensa, a día de hoy, ha de hacerse en clave nacional y no internacionalista.

Es así, no hay que darle más vueltas.

En cambio, la democracia verdadera, que no tiene por qué adoptar formas parlamentarias de corte liberal ni derivar hacia el lodo de la partitocracia, se basa en la defensa de los intereses del ciudadano, no del capital ni de la ortodoxia internacional sea marxista o capitalista, y se estructura en torno a la igualdad de oportunidades: misma enseñanza pública para todos, misma capacidad de acceso a puestos de responsabilidad para todos y compromiso de prosperidad para todos, lo que contrasta con el acaparamiento de recursos, riqueza y poder por parte de las oligarquías. El primer paso de la democracia es quebrar el espinazo de la oligarquía corrupta, incompetente y cleptocrática que nos domina y se esconce en el juego partidista del parlamentarismo liberal-capitalista. Pueblo y nación son una misma cosa, no puede articularse la nación en la división entre honestiores y humiliores, entre oligarquía y clase sometida, y mucho menos venderla a cualquier clase de sucio internacionalismo, es decir: entregar nuestro destino a instancias que no podemos votar ni controlar y a las que, como pueblo y como nación, no les importamos nada. Es más: en la mayor parte de los casos nos odian y nos desprecian por ser quienes somos.

El parlamentarismo liberal, desde su implantación en España en 1833, nos pone en manos de nuestros enemigos de siempre…y así nos va.

Es hora de dejar paso a la DEMOCRACIA.

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© Fernando Busto de la Vega

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