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EL EMPRESARIO ITALIANO QUE ESTUVO A PUNTO DE ACABAR CON EL TEATRO Y LA ÓPERA EN ESPAÑA: GIUSEPPE CROZE, 1776-1779.

Giuseppe Croze yace injustamente olvidado dada su enorme (y negativa) influencia en la historia de la ópera italiana y el teatro de todo género en España. En las apenas cuatro temporadas que perduró su empresa en nuestro país causó nada menos que tres incendios catastróficos en otros tantos teatros: Valencia (1777), Zaragoza (1778) y Murcia (1779) siendo parte muy importante sus desastres para que Carlos III tomara la decisión, vía decreto, de prohibir la actividad teatral ese mismo año 1779. Prohibición que perduró hasta la llegada al trono de Carlos IV en 1789.

Los Borbones, como sabemos, eran franceses y muy relacionados con Italia, de modo que sentían aversión por la tradición teatral española, que recordaba, además, demasiado a los Habsburgo y trataron desde muy temprano de finiquitar el legado de Lope, Calderón y Tirso de Molina sustituyéndolo por las modas francesas e italianas.

Fernando VI (1746-1759) introdujo en España a Scarlatti y Farinelli, el infante Luis Antonio a Boccherini…y, en fin, Carlos III (1759-1788) sostuvo la Compañía de Ópera Italiana de los Reales Sitios entre 1767 y 1776.

La Iglesia Católica, por su parte, siempre opuesta al fenómeno teatral, obstruyó en lo posible la expansión de los nuevos géneros y aun de los antiguos consiguiendo prohibiciones parciales y regionales de los mismos en distintos momentos y lugares no siendo la menor influencia en el ya citado decreto de prohibición de 1779.

En ese ambiente de renovación teatral muchos empresarios y artistas italianos vieron abierto un nuevo campo de oportunidades para subsistir y hasta prosperar probando suerte en España. Entre ellos encontramos al citado y malhadado Giuseppe Croze que en 1776 andaba ofreciéndose a distintos ayuntamientos para establecer su compañía. Gracias a sus instancias y correspondencia sabemos que entonces contaba para llevar a escena cinco óperas bufas, una seria (casi con toda seguridad el Artajerjes que tantos disgustos iba a causar con su escena de las estatuas vivientes en el jardín y sus fuegos escénicos asociados), ocho tonadillas y seis bailes de nueva invención. Dos años más tarde, en 1778, disponía nada menos que de veinte óperas y una compañía de ocho cantantes, doce bailarines y un número indeterminado de músicos, que no debía ser pequeño porque sabemos que en Murcia, en 1779, ocupaban nada menos que treinta y cuatro sillas.

Finalmente, en la temporada 1777-1778 consiguió una oportunidad en Valencia.

LOS INCENDIOS.

BODEGA DE LAS BALDAS (VALENCIA, 1777)

El arzobispo Andrés Mayoral impuesto por Felipe V en 1737 y que se mantuvo en el puesto hasta su muerte en 1769, era un eclesiástico eficaz y beligerante que, entre otras cosas, prohibió las procesiones de disciplinantes en 1762, ordenó que los libros parroquiales se escribieran en castellano y dirigió una guerra sin cuartel contra la influencia de los enciclopedistas franceses intentando poner el impulso ilustrado bajo el control del arzobispado, para lo cual creó diversos centros docentes.

Entre sus muchas acciones en la guerra cultural del momento se contó la de conseguir que Fernando VI prohibiera las representaciones teatrales y operísticas en Valencia, si bien acabó siendo derrotado y en 1761Carlos III, recién llegado de Nápoles, donde había impulsado la construcción del Real Teatro di San Carlo, atendió los requerimientos del ayuntamiento (que se lucraba arrendando el teatro que poseía o deseaba poseer) permitiendo de nuevo la actividad teatral y operística en la ciudad.

De inmediato, el ayuntamiento valenciano se lanzó a la construcción de la Casa de Comedias del Olivo, pero mientras esta se terminaba habilitó como teatro provisional la llamada Bodega de las Baldas, sita en la calle Trinitarios, no lejos de la Puerta de la Trinidad. Era este un almacén propiedad del marqués de Busianos, en la época Cristóbal de Valdá, y totalmente construido en madera, lo que no dejaría de tener sus consecuencias.

Como sabemos, en 1777 arrendó aquel teatro provisional Giuseppe Croze y no llegó a acabar la temporada. Antes de concluir el año (recordemos que las temporadas operísticas abarcaban de septiembre a junio) se produjo el incendio que redujo a cenizas la Bodega de las Baldas (o, en valenciano: Botiga de Valdà). El asunto, aunque grave, se consideró un accidente y Croze no sufrió ningún contratiempo legal, si bien quedó en la ruina y hubo de salir de Valencia con urgencia.

TEATRO DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA (Zaragoza, 1778)

En Zaragoza, la Casa de Misericordia, establecida en el actual Edificio Pignatelli, se sustentaba con la explotación de la plaza de toros adjunta (y todavía existente) fundada en 1764 y el Hospital de Nuestra Señora de Gracia con un modernísimo, elegante y reputado teatro a la nueva moda italiana fundado en 1771 situado en el lugar que ahora ocupa la sede del Banco de España haciendo esquina entre la plaza de España (entonces de San Francisco) y el Coso.

A la altura de 1778, con la reciente disolución de la Compañía de Ópera Italiana de los Reales Sitios dos años atrás, este espectáculo estaba experimentando una expansión por toda España ya que los cantantes y bailarines en paro buscaban nuevos acomodos en compañías privadas si bien, como de costumbre, Zaragoza sufría la dura competencia de Madrid y Barcelona a la hora de poner en marcha sus proyectos culturales. Pero la oportuna intervención del conde de Sástago hizo que se pudiera contratar a la compañía de Giuseppe Croze, recién huido de Valencia y el pavoroso incendio de la Bodega de las Baldas.

Tampoco en esta ocasión la compañía de Croze logró acabar el primer trimestre de la temporada. El 12 de noviembre de 1778 se produjo el incendio del Teatro de Nuestra Señora de Gracia que causó casi ochenta muertos.

CUADRO ATRIBUIDO A GOYA Y QUE REPRESENTA EL INCENDIO DEL TEATRO DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA, DEL QUE PARECE SER FUE TESTIGO PRESENCIAL

El fuego comenzó en el segundo acto de la ópera La Real Jura de Artaxerxes en el transcurso de la escena de las estatuas vivientes en el jardín.

Según parece esta ópera era una traducción al castellano (realizada por Antonio Banzo) del famoso y prolífico libreto «Artaserse» de Metastasio. Lo que no sabemos, porque nuestras fuentes no lo indican, es cual de las setenta y una versiones musicales que desde su estreno en el Teatro delle Dame de Roma el 4 de febrero de 1730 hasta aquel 12 de noviembre de 1778 se habían compuesto se escenificaba. Personalmente quiero pensar que se trataría de alguna de las últimas y más nuevas, a saber: la de Paisiello (estrenada en Módena en 1771), la de Vento (Londres, 1772), Giordani (Londres, 1772), Manfredini (Venecia, 1772), Myslivecek (Nápoles, 1774), Borghi (Venecia, 1775), Guglielmi (Roma, 1777) o Bertoni (Milán, 1777), si bien tampoco puede descartarse alguna versión ya conocida de algún compositor famoso, como Pórpora (Londres, 1734), Broschi (Londres, 1734), Gluck (Milán, 1741) o cualquiera de las de Hasse (Venecia, 1730; Londres, 1734; Dresde, 1740 o Nápoles, 1762).

Sea como fuere, el Teatro de Nuestra Señora de Gracia quedó reducido a cenizas y Croze ofreciendo sus servicios al ayuntamiento de Pamplona que, prudentemente, rechazó alquilarle su teatro, motivo por el cual, acabó en Murcia.

CASA DE COMEDIAS (Murcia, 1779)

Seguramente, una de las mejores bazas que Croze presentó ante el ayuntamiento de Murcia para conseguir el arrendamiento de su casa de comedias fue la de llevar como cabeza de cartel al alemán Mateo Lampruker, definido como «medio carácter» y procedente de la Compañía de los Reales Sitios. Además de este conformaban la compañía los bufos Claudio Gemni y Filippo Venti, el tenor Vincenzo Panchi, la primera dama Magdalena Ferraglioni; la segunda, Rosa Scavini; la tercera, Magdalena Carogga y toda una larga serie de bailarines de ambos sexos en su mayor parte pertenecientes a la familia Narici.

¿Resultado? Nuevo incendio, el tercero en tres temporadas, y de nuevo antes de concluir el primer trimestre de representaciones. Ahora bien, en Murcia la ruina, al contrario que en Valencia y en Zaragoza, no fue completa y la temporada pudo reanudarse, pero ya no con el peligroso Giuseppe Croze al frente sino con Giuseppe Pozzi que ya había sido empresario de aquella casa de comedias en temporadas anteriores.

Después de este tercer incendio poco o nada sabemos de Giuseppe Croze que debió volver a Italia cuando Carlos III prohibió las representaciones teatrales y operísticas, en gran medida a causa de los incendios que había ido provocando por los distintos teatros por los que pasaba, ese mismo año de 1779.

Confieso que no dejo de estar medianamente fascinado por este desastroso empresario y plenamente dispuesto a seguirle la pista antes de 1776 y después de 1779. Quién sabe, si tengo tiempo para investigar quizá le dediqué una monografía bien documentada dentro de unos años…lo que es seguro es que en algún momento será un personaje de alguna de mis novelas.

Quede aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

ÉXITO Y TRIFULCAS EN EL TEATRO DEL XVIII (UN EJEMPLO: MARÍA LADVENANT)

Uno de los grandes pecados de España, y que debe atribuirse sobre todo a sus élites «cultas» de los últimos trescientos años, abducidas hasta mediados del XIX por lo francés y desde que los liberales se hicieron con las riendas del país para su decadencia y destrucción por lo anglosajón, es la absoluta indiferencia y consiguiente ignorancia sobre su historia en todos los aspectos y, muy especialmente, por el cultural y artístico.

Cuando cualquier paniaguado profesor de secundaria concibe la idea de poner a sus alumnos en contacto con el teatro clásico (cosa que sucede de pascuas a ramos) hay muchas más posibilidades (un noventa por ciento) de que piense en Shakespeare que en Lope o Calderón. En Música se enseñará a Haydn, Bach y Haendel, pero no a Nebra, Soler y Leal o Literes, que no les iban a la zaga en calidad, aunque son despreciados por su condición de españoles (los alemanes, italianos y franceses que conformaron el canon actual ignoraban y despreciaban la cultura española, de la que no obtenían réditos ni fama)… y así todo.

De hecho, sé que este artículo será uno de esos que muy pocos leerán porque ni siquiera los términos de sus etiquetas están en el mapa cultural y de intereses no ya de la mayoría sino incluso de un núcleo estimable de hispanos y españoles «cultos» . En suma: la abismal ignorancia hispana en lo referente a su propio pasado y cultura que facilita tanto que a uno y otro lado del Atlántico consumamos religiosamente las ruedas de molino eructadas por anglosajones y germanos en general. Una pena. Pero yo soy inasequible al desaliento. Seguiré intentando culturizar y civilizar a los arriscados hispanos hasta llevarlos al redil del necesario resurgimiento.

Hoy vamos a fijarnos en la corta, pero exitosísima carrera de la actriz y «autora», esto es: directora de compañía teatral, María Ladvenant.

Hija de actores, nació por accidente en Valencia, donde sus padres representaban, en 1741 y murió en Madrid en 1767, sin haber llegado a cumplir los 26 años. Vida breve, pero bastante para que sigamos recordándola.

Debutó en Madrid en 1759 como meritoria sin sueldo (para entonces ya estaba casada con el actor Manuel de Rivas)y al año siguiente ya era segunda dama y en 1762, estando ambas en la compañía de María Herrero (nótese que en el teatro del siglo XVIII las mujeres tenían las mismas posibilidades no solo de éxito sino de formar y dirigir compañías que los hombres, por mucho que nos quieran engañar las modernas e ignorantes feministas), estalló su rivalidad con otra joven actriz ascendente: Mariana Alcázar.

El enfrentamiento trascendió la simple rivalidad sobre las tablas puesto que en el momento existían dos grandes y combativas facciones entre el público: los chorizos y los polacos.

Hay que decir que los chorizos no se llamaban así por su propensión al robo. El origen de su nombre se encuentra en un lance de la escena, precisamente en el Corral del Príncipe. Allí, en 1742, actuaba el famosísimo cómico Francho que representaba un entremés muy popular en el que debía comer unos chorizos. Cierto día, al encargado de preparar la escena se lo olvidó colocarlos en el escenario y el cómico, improvisando, arrancó las risas del público en una larga escena en la que reclamaba sus chorizos al escenógrafo. Sus frases y ademanes causaron furor en el público y sus partidarios dieron en imitarlos ganándose el apodo.

Pues bien, a la altura de 1762 los chorizos, que se identificaban con un lazo azul en el brazo, se pusieron de parte de Mariana Alcázar y sus rivales, los polacos, que se identificaban con un lazo dorado, de María Ladvenant. Este enfrentamiento causaba tumultos y peleas en el interior de los teatros, especialmente en el Corral del Príncipe, donde actuaba preferentemente la compañía de María Hidalgo y, naturalmente, en tabernas y callejones. La gente, literalmente, se dejaba de hablar y se daba de navajazos a causa de dicha rivalidad que, de todos modos, acabó pronto.

En 1763 Mariana Alcázar, que por cierto también escribía sainetes con música y otras obras hoy en su mayor parte perdidas, pero que despertaron el respeto y la admiración de Moratín y De La Cruz, hubo de abandonar la compañía de María Hidalgo y su rival, María Ladvenant se atrevió a dar la campanada con solo 23 años. Ese año, la autora (es decir: propietaria de compañía) Águeda de la Calle se retiró del teatro y ella solicitó a las autoridades sucederla en su puesto. La petición causó enorme revuelo y gran rechazo por su excesiva juventud. Una vez más se le enfrentaron los chorizos encabezados esta vez por el primer galán Nicolás de la Calle (obviamente familiar de la jubilada que pretendía heredarla) y el primer «gracioso» Chinica y la apoyaron los polacos y algún discreto duque que acaso la tenía como amante y sería padre de alguno de los cuatro hijos que dejó a su muerte.

El caso es que Nicolás de la Calle y Chinica acabaron en la cárcel y, lo que es peor, encuadrados mal de su grado en la compañía de María Ladvenant cuando salieron de la misma al poco tiempo y la joven actriz sucedió a Águeda de la Calle como «autora» con sede en el Corral del Príncipe.

Desgraciadamente para ella las cosas cambiaron pronto. Su duque la abandonó allá por 1764 y Nicolás de la Calle y Chinica aprovecharon la circunstancia para contraatacar consiguiendo el primero la autoría que ansiaba y ambos el breve encarcelamiento de María Ladvenant que, al salir del calabozo, y tras un corto retiro, regresó a la escena con el mismo éxito de siempre, aunque muchas más deudas.

En abril de 1765 murió repentinamente (yo siempre he sospechado de un envenenamiento) dejando el camino libre a sus detractores y competidoras. Sin embargo, cuarenta años después seguían recordándola y admirándola quienes la habían visto actuar alguno de los cuales dejó un elogioso retrato de ella: hermosa de rostro y cuerpo, buena y exacta declamadora, actriz excepcional, excelente cantante…

Hoy, casi 260 años después de su muerte algunos seguimos recordándola y respetándola.

© Fernando Busto de la Vega.

UNA ESTAMPA DE LA (DES)INTEGRACIÓN

ZEUS, JUNTO CON APOLO Y ATENEA LA BASE DE NUESTRA CIVILIZACIÓN QUE DEBEMOS DEFENDER.

El concepto de multiculturalidad, como toda la ideología progresista, esconde, bajo el aspecto de loables principios humanitarios, el ponzoñoso veneno del maoísmo (el racismo anti-blanco impulsado por los chinos al servicio de sus intereses imperialistas) que de un modo un otro utilizan no solo Pequín, sino también Moscú y las potencias del Golfo y Teherán para disgregar, debilitar y paralizar hasta su disolución a las naciones occidentales. Es así, discutirlo resulta absurdo y solo pueden hacerlo aquellos que se benefician económica e institucionalmente de dichas ideologías o los fanáticos estúpidos incapaces de ver la realidad.

Para ilustrar a donde nos conduce esa trampa ideológica pondré un solo ejemplo que me ha comentado una amiga testigo presencial de los hechos.

Un instituto de secundaria: se lleva a los alumnos a ver una obra de teatro de carácter mitológico. Estos, menores, necesitan una autorización de sus padres. Y aquí viene la fotografía social que nos explica a las cara la (des)integración futura, a no más de diez años vista.

¿Quiénes acuden a la función? Los alumnos de origen español y europeo, sin excepción.

¿Quiénes no lo hacen? Los alumnos hispanoamericanos incursos en sectas evangelistas (no debería, por cierto, poder entrar en España ningún hispanoamericano que haya renunciado al legado español para asumir el imperialismo anglosajón a través del evangelismo, esa conversión es ya de por sí un acto hostil y antiespañol) y los musulmanes.

No hace falta ser muy listo para comprender como la multiculturalidad echará a perder no solo la convivencia sino hasta el legado histórico de Europa que, se quiera o no, hunde sus raíces en el paganismo indoeuropeo. Y eso antes de una década. Y ya no existe una solución pacífica y sencilla. El horror futuro está servido por la ignorancia y la malignidad de los progres.

© Fernando Busto de la Vega.

ESMERALDA Y SU CERDITO, UNA NUEVA NOVELA

Pues ahí vamos, por constancia y empeño que no quede.

Con los habituales problemas de promoción y distribución y en medio de un panorama literario siempre adverso, seguimos en la brecha. Esta primavera ofrezco al mundo una nueva novelita negra con su poco de humor y mala leche social y política.

Esmeralda, hija del marqués de Casimba, único aristócrata negro de España debido a cierta irregularidad dinástica de una antepasada a finales del XIX, es una chica joven, guapa, concienciada socialmente, simpática y con un pasado un tanto oscuro y sucio gracias a la influencia de una antigua novia de su padre y famosa aristócrata y «socialité» metida en todas las fosas sépticas de la alta sociedad: desde el tráfico de drogas o las misas negras y la corrupción de menores hasta colaboraciones con los servicios secretos y las mafias, Azahar Wiegand, nieta de los condes de Avilés de Coy e hija de un nazi refugiado en España durante el franquismo.

En apariencia Esmeralda Lafita Pérez-Gordon no tiene problemas…pero se los busca. No solo mantiene una relación sadomasoquista con su «Cerdito», el ministro del Interior de un gobierno conservador, sino que, además, las graba provocando que este, Ángel Pinillos, universalmente apodado el Acelga Pocha, y corrupto hasta la médula, además de miembro de una sociedad secreta, Los Volcánicos, se ponga nervioso y envíe a un grupo de policías corruptos a recuperar y destruir las imágenes. Estos asaltan el pequeño yate donde Esmeralda pasa unos días con su amante aparentemente nórdica en aguas de Ibiza y ella logra escapar a nado y desnuda hasta la playa. A partir de ahí comienza una intensa aventura que no acaba cuando los detectives Juan Sherlock (descendiente del general Sherlock, que defendió Melilla en 1774) y Al Parcero (de origen español, pero nacido en Nueva York) logran desmantelar los manejos del ministro derrotando y llegando a un acuerdo con sus enviados. Es justo en ese momento cuando el servicio secreto interviene para forzar a Esmeralda y los detectives a seguir en contacto con el ministro para investigar a la organización o secta de Los Volcánicos.

Una novela que es una excusa como otra cualquiera para entretenerse y pasar el rato.

Espero que os guste. Y, de lo contrario, prometo hacerlo mejor la próxima vez.

Incluyo el índice con el nombre de los capítulos:

PRIMERA PARTE: PELIGROS DE LA PROMISCUIDAD

Capítulo 1.- UN FIN DE SEMANA PORNOBOLLO Y LETAL.

Capítulo 2.- ESPERANDO A LA CABALLERÍA EN ES CAVALLET, SIN ROPA NI DINERO.

Capítulo 3.- A TRAVÉS DE IBIZA, PERSECUCIÓN EN LA MADRUGADA.

SEGUNDA PARTE: INTERMEDIO EN 05.

Capítulo 1.- EN CASA, UNA FAMILIA MAL AVENIDA.

Capítulo 2.- LA AGENCIA DE DETECTIVES SHERLOCK Y PARCERO ENTRA EN JUEGO.

Capítulo 3.- HUYENDO DEL CERDITO.

Capítulo 4.- ACOSADOS EN LA MADRUGADA, ES PRECISO RECURRIR A LOS CRALLISES.

Capítulo 5.- ¿JAQUE MATE AL CERDITO?

Capítulo 6.- EL SERVICIO SECRETO TIENE ALGO QUE DECIR (Y ENVÍA AL AGENTE MANOLÍN).

TERCERA PARTE: EL PUÑETERO ASUNTO DE LOS VOLCÁNICOS.

Capítulo 1.- TEJIENDO UNA RED INVISIBLE.

Capítulo 2.- ESMERALDA Y SU CERDITO VUELVEN A JUGAR, CON GUARDAESPALDAS Y MUCHO PÚBLICO.

Capítulo 3.- EL SERVICIO SECRETO NO COMPRENDE NADA Y ESMERALDA BUSCA INSPIRACIÓN EN EL MUSEO DEL PRADO.

Capítulo 4.-LA FUNDACIÓN FORJA, NUEVO EDÉN, EL BEATO CIRIACO Y UN TÍO JESUÍTA Y EXORCISTA.

Capítulo 5.- ASALTO A SAN FRUTOS PAJARERO, CON NOCTURNIDAD Y EN DESCAMPADO.

Capítulo 6.- MUCHAS FRACASAN EN LA EMPRESA POR NO TENER PREPARACIÓN.

Capítulo 7.- EL CERDITO LE HACE UNA PROPOSICIÓN Y VARIAS CONFIDENCIAS A ESMERALDA.

Capítulo 8.- LA LLEGADA DE SAN MARTÍN Y EL EQUÍPO AMÉRICA ROSA.

Capítulo 9.- AZAHAR WIEGAND HACKEADA Y CHANTAJEADA, EL EXCEPTICISMO DE PAQUITO EL NEGRO.

Capítulo 10.- ORDO MILITIA CHRISTI SOMOSAQUENSIS.

Capítulo 11.- OPERACIÓN BLESSING.

© Fernando Busto de la Vega.

UNA PELÍCULA INJUSTAMENTE OLVIDADA: QUERIDÍSIMOS VERDUGOS (BASILIO MARTÍN PATINO, 1973)

LOS TRES VERDUGOS, NO LO OLVIDEMOS: HONORABLES FUNCIONARIOS, ACTIVOS EN EL TARDOFRANQUISMO EN UNA DE LAS CHARLAS QUE COMPARTEN ANTE LA CÁMARA DE BASILIO MARTÍN PATINO.

Nada, absolutamente nada, supera a la realidad pura y dura, al encuentro con los personajes fautores de la cotidianidad, con las personas en su propia circunstancia. Y ni siquiera son necesarias alharacas estilísticas ni admoniciones maximalistas. Basta poner una cámara neutral (si es que una cámara puede serlo, en la narración sea esta oral, escrita o audiovisual sucede lo que con las partículas subatómicas: la observación implica siempre modificación y sesgo) delante del individuo y dejarle hablar, expresarse. Lo demás sale por sí solo. En la vida corriente el equivalente es comer o tomarse un café con alguien. Un buen escritor conoce bien el proceso y sabe utilizarlo.

Pues bien, Basilio Martín Patino (1930-2017) hace poco más en la película documental que quiero recomendar hoy desde estas páginas. Logra, a base de dinero, como alguno de los participantes reconoce en el metraje, reunir a los tres verdugos activos durante el tardofranquismo y hacerles hablar entre ellos delante de la cámara. Nada produce mayor impresión, nada expresa mejor su nivel moral, su mismidad, su anodina y al tiempo terrible condición. Paralelamente (y no sé si aquí entra la manipulación política y el amarillismo melodramático) se intercalan entrevistas a familiares de ajusticiados y a los de un condenado a muerte. Basta con eso.

La película se rodó clandestinamente (más por afán peliculero del director y ansias de figurar en el imaginario heroico de la siempre hiperventilada y camandulera mítica libertaria que por necesidad: nadie se oponía a su rodaje, simplemente no se hubiera podido estrenar) allá por 1973.

Se estrenó en abril de 1977, en plena Transición, y cosechó apenas 250 000 espectadores pasando en gran medida desapercibida. Más tarde, en los ochenta y quizá en los noventa, se emitió alguna vez por televisión en horarios de madrugada. Poco más.

Sin embargo, es una película, un documental, absolutamente imprescindible. Un documento vivo de la realidad que pretende narrar, sin manierismos, sin afectaciones moralistas, sin la deriva histérica, mixtificadora y populista de los actuales documentales dirigidos por niñatos (más bien niñatas) sin experiencia vital ni formación cultural adecuada.

Una reliquia de cuando hasta los anarquistas como Basilio Martín Patino eran señores inteligentes, con clase y cultura. Flor de otras épocas y silencioso escarnio de la actual.

Hay que verla.

© Fernando Busto de la Vega.