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¿PUEDE UNA «EXPERTA EN VIOLENCIA DE GÉNERO» DECIR LA VERDAD?

El adoctrinamiento es incesante, se extiende como una plaga por todos los resquicios de la estructura social desde la publicidad (donde la ideología se ha impuesto mediante la acción totalitaria y legislativa de los gobiernos afines a los chiringuitos que se amparan en ella para medrar, parasitar al Estado y destruir la sociedad a sueldo de imperialismos enemigos) hasta las escuelas y ha generado todo un entramado «académico» y de «expertas» que andan por ahí difundiendo la nueva religión progre.

Como todo dogma, la ideología de género en todas sus vertientes, también la de la llamada violencia de ídem, acaba chocando con la realidad, que evidencia su condición artificial, nefanda y nefasta (y utilizo esta palabra en el sentido pagano), y conduciendo a sus propagadores a la radicalización.

Cuando el dogma se ve ridiculizado por la realidad la reacción sectaria es siempre la misma: buscar un culpable externo, demonizarlo y radicalizar el discurso.

Con la ideología de género está sucediendo eso. Del mismo modo que el Renacimiento dio ocasión de existir a fanáticos como Savonarola o Lutero, y el islam, enfrentado al auge de Occidente, no deja de encumbrar a los cenutrios más ignorantes, salvajes y fundamentalistas, el feminismo y su ideología de género están engendrando histéricas jeremiacas cada vez más alejadas de la realidad y de la verdad y más encenagadas en el ciego fanatismo y en la demonización del espantajo que agitan como enemigo.

Conociendo, como conocemos, que su feroz dogmatismo, su totalitarismo estalinista aplicado en los colegios y los institutos (sin que nadie haya pagado por ello: hay unos cuantos miles de activistas y profesoras que deberían acabar en la cárcel y fuera del circuito educativo por su comportamiento abusivo, sexista y disolvente en las aulas) ha fracasado y que las nuevas generaciones, como no podía ser de otro modo, escapan con odio de su dominio ideológico, y la inveterada incapacidad de estas totalitarias para aceptar el hecho de que han fracasado y que están equivocadas, no puede extrañarnos que su reacción sea la huida hacia adelante. Seguir mintiendo y hacer más terrible, especiosa e inquietante su mentira pata continuar agarrándose al poder, a las subvenciones y proseguir con su «táctica del salami» para acabar dominando todos los resortes del Estado y la sociedad.

En esa tesitura la pregunta que da título a esta entrada es simplemente retórica. Quien se dedica a la propaganda nunca puede decir la verdad.

Todas esas «expertas» que cada vez pintan un panorama más negro, que cada día que pasa se inventan una realidad más extrema y claman en los medios que las amparan (y que demuestran así no estar al servicio de la sociedad sino de poderes oscuros que buscan dislocarla y someterla) por todo tipo de prohibiciones y represión hablando en nombre de la supuesta seguridad de todas las mujeres, pero cada vez más, para ganar carga demagógica y lacrimógena, de las niñas solo son charlatanas, bocazas, mentirosas al servicio de una secta.

¿Expertas?…en realidad peritos de parte: mamarrachas a sueldo de una estrategia leninista al servicio de un núcleo advenedizo, intruso y totalitario de asalto al poder. No mejores que Goebbles.

© Fernando Busto de la Vega.

FRACASO Y CULPA

Últimamente no dejo de ver declaraciones en la prensa de activistas del radicalismo feminista lamentándose por el fracaso de su adoctrinamiento en los jóvenes (también entre las chicas), victimizándose como de costumbre y buscando culpables. Como siempre, es parte de su estrategia, tienden a vincular la falta de calado de su adoctrinamiento totalitario con el aumento de la criminalidad (es táctica habitual demonizar al enemigo y deshumanizarlo convirtiéndolo en un ente abstracto, inmoral, agresivo y relacionado con la delincuencia) y se muestran muy preocupadas por el supuesto aumento de violaciones protagonizadas por menores. Dicho aumento es falso en esencia, no sucede nada en estos días que no sucediera antes, pero conviene generar alarma y muchos casos que antes se silenciaban, ahora se airean, esa es la diferencia: pura demagogia.

Sea como fuere, resulta interesante tanto la constatación del fracaso del adoctrinamiento feminazi en los institutos como la habitual inmadurez del análisis victimista y perplejo de las feministas. Ellas nunca se equivocan, nunca tienen la culpa de nada, si algo falla la causa es externa. Ahora, como siempre, las feministas la emprenden contra la pornografía. No es extraño, no me cansaré de repetir que la raíz del feminismo es el puritanismo evangelista anglosajón y que sufragismo y prohibicionismo siempre anduvieron de la mano.

Puesto que ellas no pueden equivocarse, si fracasan la culpa es de la inmoralidad masculina, no olvidemos que otra de las características del feminismo es su sexismo supremacista que considera al hombre un ser inferior.

Pero no debemos equivocarnos, el fracaso del adoctrinamiento feminista se basa en dos errores elementales. El primero es que no se puede ir contra la naturaleza, esta siempre se impone y lo que llevamos grabado en los genes desde el paleolítico y que, además, ha servido como cimiento de nuestro éxito como especie no puede modificarse ni revertirse. Quien luche contra nuestra íntima naturaleza fracasará siempre. Así le va a la Iglesia con el pecado y a las feministas con sus cosas absurdas en torno a la masculinidad y la feminidad…puritanismo estúpido predestinado al fracaso, insisto.

La segunda causa es la natural reacción de los adolescentes a la tiranía impuesta en muchos institutos por estas neonazis del coño. Las feministas son tan totalitarias, escasas de neuronas y fanáticas que no son capaces siquiera de comprender que han impuesto una feroz tiranía convirtiendo muchos centros educativos en verdaderos y terribles gulags feminazis con la natural consecuencia de generar odio en los sometidos y agredidos muchachos.

Como muestra aportaré aquí un botón que yo mismo presencié.

Nos encontramos en un instituto dominado por un equipo directivo fanatizado, todo mujeres, claro. Tal es el grado de aleccionamiento que en las paredes de los baños, a la altura de los ojos de los chicos en los urinarios, hay pegatinas colocadas por dicho equipo directivo aseverando que todos los hombres son maltratadores y violadores peligrosos.

Cierto día una turba de ocho o nueve chicas de trece o catorce años rodean a un muchacho de la misma edad y comienzan a zarandearle, abofetearle y escupirle insultándole con palabras como «hombre» «machirulo» y «cerdo»…¿La causa del alboroto? El chico se ha negado a hacerles los deberes. Ellas se lo habían ordenado amparadas en el supremacismo reinante en el instituto y, al negarse, lo agreden en manada. Aparece al cabo una jefa de estudios, media, averigua el caso…Y el chico acaba expulsado. ¿Alguien piensa en serio que una resolución así no va a generar desafecto y hasta odio en el muchacho, sus compañeros e incluso en los adultos subordinados laboralmente a la dictadura feminazi que obra de semejante modo?

¿Está fracasando el adoctrinamiento feminista? ¿Crece el odio hacia la mujer? ¿Y los delitos sexuales? No es la pornografía, amigas: es vuestra tiranía de carácter estalinista. Dejad la enseñanza, dejad la política y aprended a cocinar y coser, no servís para más. Lo demuestra vuestro fracaso.

© Fernando Busto de la Vega.