
Vaya por delante que no experimento la más mínima simpatía por la teocracia islámica de Irán, pero en un contexto de ilegal agresión imperialista por parte de los Estados Unidos e Israel parece adecuado hacer una precisión en la que, probablemente, la mayor parte de mis lectores no ha caído hasta hoy.
Debemos tener en cuenta que el líder de la revolución chiita de Irán debe ser un ayatola, pero también un descendiente directo de Mahoma.
En otras palabras, Jomeini y Jamenei podían haberse proclamado califas y tratar de restablecer el califato chiita, lo que hubiera implicado una declaración expansionista y universalista. Al proclamar una república los ayatolas renunciaron ya desde 1979 a la yihad conformándose con la contención de su régimen dentro de sus fronteras.
Naturalmente, como cualquier nación rodeada de enemigos (las monarquías sunitas del Golfo encabezadas por Arabia Saudí, Israel, los Estados Unidos…) Irán organizó a escala regional una política de defensa que incluía una faceta expansiva y de búsqueda de aliados externos, esto resultaba inevitable.
Pero es preciso tener en cuenta el detalle que motiva esta entrada: al proclamarse república y no califato Irán renunció de facto al expansionismo y la guerra. No es un régimen que yo pueda defender en modo alguno, ni tampoco lo pretendo, pero al césar lo que es del césar…el imperialismo y la agresión están en otro bando. Un bando que tampoco es ni puede ser el nuestro.
© Fernando Busto de la Vega.