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EL ORIGEN DE LA PAREJA DE LA GUARDIA CIVIL

La de la pareja de la Guardia Civil, capote y tricornio con el naranjero al hombro por los campos españoles, aunque arcaica, es una imagen icónica y arquetípica del «tipical spanish» y arraiga en lo más profundo del inconsciente colectivo. Por eso resulta curioso que nadie se haya preocupado de encontrar su origen, por cierto inesperado y anterior a la fundación de la Benemérita en 1844.

Es preciso, para encontrarlo, retrotraerse a la Primera Guerra Carlista, cuando el general Zumalacárregui, alzado en Navarra por Don Carlos, hubo de improvisar un ejército con elementos campesinos poco formados militarmente y mal armados, vestidos y uniformados. En esa tesitura las complejas evoluciones en campo abierto y las batallas campales quedaban por completo descartadas. Las unidades carlistas operaban en columnas cerradas al frente de las cuales avanzaban compañías distinguidas desplegadas en guerrilla. Era aquella, 1833-1840, una época en la que los fusiles todavía eran de avancarga y un solo tiro. Por lo tanto, las guerrillas debían desplegarse por parejas para que un tirador pudiera cubrir al otro mientras recargaba. Ese es el origen de las parejas en facción (es decir: facciosas, palabra que antes de tener un significado político lo tuvo operativo).

Estas mismas parejas eran desplegadas para la exploración, la escucha, la vigilancia y el control territorial dando origen a un sistema operativo que heredaría la Guardia Civil y mantendría al menos siglo y medio en uso dada su efectividad.

Me parece interesante poner por escrito esta curiosidad histórica.

© Fernando Busto de la Vega.

CINCOMARZADA, UNA FIESTA A EXTINGUIR

Como ya sabe el lector, nací en Zaragoza y sigo viviendo en mi ciudad natal. Hoy, 5 de marzo, se celebra en ella una fiesta conocida como Cincomarzada y que me viene muy bien por aquello de proporcionarme un puente entre Navidad y Semana Santa, pero es una fiesta que debe extinguirse a la máxima brevedad y no perdurar después de la caída del régimen que padecemos.

¿Por qué?

Por la ideología obsoleta, antiespañola y contraproducente que la sustenta.

El 5 de marzo de 1838, en el transcurso de la Primera Guerra Carlista, el general carlista y aragonés Juan Cabañero y Esponera, asaltó Zaragoza con la intención de conquistarla y unir así las dos zonas principales que controlaban los carlistas: Navarra y las Vascongadas y el Bajo Aragón con sus proyecciones en Valencia y Cataluña. La reacción fanática de la Milicia Nacional, un grupo paramilitar liberal y germinalmente esparterista (no olvidemos que hasta la década de 1870 Zaragoza iba a convertirse en uno de los bastiones del esparterismo) logró hacer frente a las tropas asaltantes y expulsarlas de la ciudad en un solo día de combates.

Sabemos que el liberalismo fue el cáncer de España, que los liberales, con los Borbones cristinos a la cabeza, destruyeron España abrazando el liberalismo como sinónimo de corrupción y caciquismo, de renuncia a los bastos horizontes del imperio y aceptación de los estrechos márgenes del provincianismo que convirtió España en una finca que unos pocos oligarcas y caciques podían explotar y manejar a su antojo. Circunstancias, tanto la del caciquismo corrupto encabezado por los Borbones como el pensamiento provinciano y la asunción negativa de la propaganda negra de nuestros enemigos, siguen presentes (no olvidemos que la presunta heredera al trono español, esa tal Leonor, se está formando en un colegio inglés dando por buena así la visión anglófila, y por ende antiespañola, de nuestros gobernantes).

De modo que una fiesta de talante liberal siempre será antiespañola y deberá ser eliminada.

Por otra parte, la Cincomarzada no deja de ser una verbena paleta celebrada en una ciudad que se niega a retomar su hidalgo pasado artístico e intelectual y las riendas del futuro para seguir ensimismada en el paletismo de los hijos y nietos de aquellos que la poblaron en los años sesenta viniendo del campo y desde los setenta identificaron las fiestas del Pilar y otras con las peñas, las vaquillas y demás parafernalias pueblerinas.

Hay que acabar no solo con la Cincomarzada liberal, también con el paletismo de los que, por muy progres que se crean y muchos títulos universitarios que atesoren, siguen yéndose al pueblo de sus abuelos y de sus padres los fines de semana.

Avancemos de una vez, coño.

© Fernando Busto de la Vega.