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LA NIMIEDAD DE LOS MALOS

Ilustro esta entrada con una imagen de la serie de televisión rusa El Maestro y Margarita (2005), adaptación de la novela homónima de Bulgákov. No haré comentario alguno sobre el motivo, dejaré que el lector, si lo desea, ate cabos (por ejemplo con el Fausto de Goethe o el Frankenstein de Shelley) y llegue en sus conclusiones tan lejos como quiera.

Cine y literatura tienden (en un espasmo decadente de posromanticismo trasnochado y su admiración por el luciferismo) a construir personajes malvados con un aura de grandeza. Incluso simples asesinos en serie, violadores crueles o delincuentes habituales son presentados ante el público como individuos carismáticos y seductores. Esto es un error. Un error porque entra en conflicto directo con la realidad y un error de perspectiva artística y moral que solo conduce a la decadencia social, literaria y cultural.

Yo, a lo largo de mi vida, he conocido suficientes delincuentes para afirmar que ninguno de ellos tiene nada de seductor. Quien recurre a la violencia o la agresión (pensemos en los violadores o incluso en los asesinos en serie) para satisfacer su ego o sus impulsos no tiene nada de superior, es un ser despreciable e inferior incapaz de gestionar sus impulsos egoístas. Por lo tanto, lo podemos situar al nivel de los simios menos inteligentes.

Quizá posea una educación, una formación, un cierto encanto superficial, pero sus actos le colocarán siempre al nivel de los simios inferiores. Y así debe ser tratado y retratado.

El cine y la literatura actuales (especialmente los procedentes de ámbitos anglosajones y aquellos que padecen su influencia, incluso desde el progresismo) tienen el grave defecto de seguir anclados en el siglo XIX. En su inmensa mayoría, por muy modernas que las obras puedan parecer, tienen planteamientos arcaizantes y desarrollos dependientes de los tics más despreciables del Romanticismo. Eso se debe a que nuestras sociedades liberal-capitalistas (y especialmente las anglosajonas) no han evolucionado, siguen conformándose mediante esquemas mentales que tienen al menos trescientos años. El mundo anglosajón está atrasado y superado por la actualidad, solo puede, por ende, ofrecer productos degenerados procedentes de modelos caducos y moralmente contraproducentes. En otras palabras: bazofia. Y todos los que imitáis o aceptáis esos mismos modelos caducos solo producís eso: mierda.

Conviene ir replanteando, sobre todo en España (no hablo de las literaturas americanas, porque es obvio que en Hispanoamérica la dependencia de los modelos anglosajones o franceses es máxima y por ende sus producciones más degeneradas y despreciables que las peninsulares) presupuestos ideológicos y perspectivas morales nuevas y diferentes, que se anclen en nuestra tradición cultural y no en la anglosajona o la francesa. Hasta entonces, queridos (y queridas, las mujeres, especialmente las progres feministas que se creen la bomba por escribir imbecilidades sin profundidad filosófica ni conocimiento real de la vida y que se presumen cultísimas sin haber leído a Góngora, Ovidio o Plauto, son las que en mayor medida chapotean en ese asqueroso lodo) colegas que seguís en el lodo del posromanticismo germánico-evangelista, solo seréis basura literaria. El pasado, la nada. Por mucho que vendáis.

© Fernando Busto de la Vega.