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AL BORDE DEL PRECIPICIO

No solemos pensar en ello porque el Estado y las empresas se encargan de proporcionarnos una falsa sensación de seguridad y estabilidad que nos permite olvidar que nuestro mundo funciona al límite de su operatividad, lo que implica que tarde o temprano sufriremos un evento traumático de consecuencias incalculables. Tranquilos, no estoy aventurando futuros apocalipsis ni profetizando algún género de snow crash, pero sí diciendo que el mundo actual tiende al funambulismo con las consecuencias que ello conlleva.

Hace solo unos días, la empresa Red Eléctrica Española hubo de pedir a las grandes empresas del país que se desconectaran de la red para garantizar el mantenimiento del consumo doméstico evitando un gran apagón. La petición se efectuó sobre las nueve de la noche, en la cresta del consumo doméstico, y decayó pasada la media noche cuando ya la gente estaba acostada en su mayor parte. La crisis sobrevino por la concatenación de algunos factores más o menos imprevistos e imprevisibles: la falta de viento que detuvo la generación eólica, los bajos niveles de los pantanos, que dificultaron la hidráulica (y conviene aquí anotar el hecho a menudo desdeñado de que, como el hombre neolítico, seguimos dependiendo de la naturaleza para sobrevivir) y la parada intempestiva de la central nuclear de Ascó para examinar cierta válvula sospechosa.

Al cabo no sucedió nada, pero pudo haber sucedido todo.

Me pregunto, eso sí: si las empresas que pararon su producción repercutirán en los salarios de sus empleados las pérdidas sufridas y qué sucederá con sus cotizaciones en bolsa y en lo relativo a la inflación, fue un pequeño incidente, pero todos conocemos el efecto mariposa. Me pregunto también qué hubiera sucedido si no se hubiera detectado la citada válvula defectuosa, que sucederá cuando se apaguen las centrales nucleares y dependamos solo de la lluvia y el viento para generar nuestra energía contando, además, con una flota de vehículos con millones de unidades eléctricas…¿Nadie ve los problemas que se aproximan?

Nos vamos a divertir en los próximos años, y a muchos niveles.

© Fernando Busto de la Vega.

UNA PREGUNTA A CUENTA DEL PLAN DE AHORRO ENERGÉTICO

Para empezar, no estaría de más que el lector tuviese claro lo que pienso del Plan de Ahorro Energético.

En cualquier caso, esta madrugada, mientras trataba de conciliar el sueño con la humilde ayuda, no ya del aire acondicionado sino de un simple ventilador, me ha venido a la mente esta pregunta:

—Siendo que el consumo de energía es algo puramente privado; siendo, además, que como consumidor pago esa energía a precio de usura (a causa de la incuria del Estado y sus sucesivos gobiernos que han tolerado y fomentado el chiringuito oligopólico de las operadoras energéticas y que a estas alturas todavía no las ha nacionalizado encarcelando a sus corruptos dirigentes abismados en la explotación del pueblo y en la especulación más indigna e inmoral) ¿Qué derecho tiene ese mismo Estado a imponerme la cantidad y el modo de utilización de dicha energía? ¿Pretenderlo no es a la vez un signo de incompetencia, de connivencia con los especuladores y de pura y simple tiranía?

Sí, claro, tienen toda una panoplia de argumentos moralmente plausibles para justificar sus actos. Pero solo son propaganda y excusas vacías para esconder su incompetencia, su corrupción y su autoritarismo.

Y es peor de lo que parece, porque resulta que todo esto viene a cuenta por la notoria incompetencia de los rapaces alemanes que, después de insultarnos y robarnos a manos llenas durante la crisis de 2008 (provocada en gran medida por su incompetencia y su avaricia) ahora tratan de esconder su fracaso convirtiéndonos una vez más en cabezas de turco y deudores de su mala gestión.

¿De verdad queremos seguir siendo socios de esa gente? ¿De verdad nos sirve para algo la Unión Europea?

Al final han sido unas cuantas preguntas más de las que prometía el título, pero todas ellas procedentes.

Y, para colmo, la sandía a precio de caviar…también por la incuria gubernamental.

© Fernando Busto de la Vega.