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UN CADÁVER PARA MARCO AURELIO

Como Marco Aurelio, yo también creo que todo es opinión.

Pero, me pregunto que hubiera sucedido si a Marco Aurelio le hubieran hecho convivir quince días con un cadáver. Él podría opinar y hasta decretar que estaba vivo, no obstante los carroñeros y las moscas, además de opinar lo contrario, lo demostrarían sobradamente con su actividad así como los restantes efectos, nunca agradables, de la putrefacción.

En estos tiempos que corren hemos contemplado hasta la saciedad como se defienden opiniones contra toda evidencia. El cadáver se pudre, pero existen quienes niegan porfiadamente el hecho y siguen proclamando encontrarse ante una entidad viva y en perfecto estado de salud.

Yo soy un estoico convencido (más allá del postureo modernillo y trascendiendo las modas y tontunas facilonas en boga en el decadente occidente que habito), pero afirmo que debemos matizar la frase de Marco Aurelio. Todo es una opinión, sin embargo la opinión que sustentamos ha de apoyarse en la razón y la evidencia.

Un poquito de cordura y sentido común es lo que necesitamos como primera providencia en este mundo enloquecido y carcomido de dogmas y fanatismo.

Claro que esto que digo es solo una opinión.

© Fernando Busto de la vega.

MEDITANDO DESNUDAS

Estamos en agosto, hace calor y no nos apetece enfrascarnos en sesudas y profundas disquisiciones. Así que tiraré de anécdota un tanto infantil y bastante ramplona para rellenar esta página y unos minutos de asueto para mis lectores.

Ya he explicado varias veces en estas entradas que lo mío es el zen (no budista) y el estoicismo. Naturalmente, uno no puede decir esto sin haber pasado un buen puñado de horas sentado en meditación y efectuándola con otras muchas técnicas. Por algún motivo esta circunstancia a los varones y a las mujeres de cierta edad les resulta por completo indiferente mientras que a las jóvenes las atrae con una cierta pátina de reverencia. Es lo habitual: donde las mujeres con experiencia ven un gilipollas, las jovencitas bobas encuentran un tipo muy profundo e interesante.

Ello conduce a veces, lo confesaré, a experiencias mixtas entre el misticismo y la bellaquería que encuentran su traducción en poemas como este de El Gorrión en la Rama Desnuda:

Al alba, sentada en tanga para meditar,
dice:—guíame.
Respondo:—mata a Buda sin vacilar.
Hazlo, y bésame. 

Esa mezcla entre lo divino y humano, que tanto puede escandalizar a muchos, es, sin embargo, una utilísima enseñanza que no desgranaré aquí.

Pues bien, vamos a la anécdota (y, ojo, a su enseñanza):

Días pasados, en un breve viaje a Levante, mi joven anfitriona y sus amigas me pidieron que las guiara en una práctica de zazen (o similar) que yo encaucé por la técnica Shikantaza.

El zazen siempre se practica vestido, pero las chicas, con la intención de integrarse en la naturaleza, exigieron practicar desnudas. Me pareció bien. Tal determinación condujo a unas largas pesquisas para encontrar un lugar lo suficientemente retirado y discreto como para encontrarse en la naturaleza, pero sin mirones indeseados.

Finalmente, al anochecer, consintieron comenzar el ejercicio.

No hubo mirones, pero las chicas acabaron huyendo a la carrera del lugar entre gritos y manotazos: atraían a los mosquitos y estos se mostraban inmisericordes. No negaré que me reí a gusto. Su impulso místico acabó ahí, mientras huían en cueros por el campo, no lejos del mar, perseguidas por una miríada de insectos.

En ese punto yo recordé otro poema de El Gorrión en la Rama Desnuda:

Calor feroz de estío, medito.
Las moscas que revolotean mi calva
¿me martirizan o me salvan?

Naturalmente no les hablé a las chicas de este poema ni de la enseñanza que conlleva. No lo hubieran comprendido. En lugar de eso se vistieron y buscamos una terraza agradable. Lo demás ya no resulta de interés para el lector.

© Fernando Busto de la Vega.