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EL MUNDIAL DE SEXO Y LA PUREZA EN EL DEPORTE

Hay cosas que nos sorprenden y que no somos capaces de ver venir. Cosas inauditas que nos llenan de pasmo y estupor.

Por ejemplo: el hecho de que el sexo llegara a convertirse en un deporte (con aspiraciones olímpicas) y que su primer campeonato mundial, que iba a celebrarse en Gotemburgo (Suecia, dónde si no), acabara como el rosario de la aurora. Los participantes se amotinaron contra la organización y no habrá competición ni campeones, de momento.

Según declaraciones de la organización, una Federación Sueca de Sexo Deportivo (o algo así), el problema tiene que ver con la pureza e integridad moral en el ámbito deportivo.

Dicha Federación reunió un grupo de actores y actrices porno para llevar a cabo las pruebas gimnástico-sexuales que pretendían ser grabadas y retransmitidas en directo y se llevó el disgusto de comprobar que este grupo de «deportistas» consumían alcohol y drogas, y hasta se dopaban con Viagra, antes de participar en sus competiciones, lo que, evidentemente, iba en contra del espíritu olímpico que se pretendía insuflar a este nuevo deporte. De modo que se procedió a las sanciones y las amonestaciones y los participantes reaccionaron sublevándose contra la organización y boicoteando el campeonato que quedó en agua de borrajas.

¿Quién iba a suponer todo esto?

Yo, por mi parte, estoy indignadísimo, como la Federación Sueca de Sexo Deportivo. El porno miente demasiado. Hay que escenificarlo a pelo, sin drogas, alcohol ni excitantes…y, a ser posible, en jornadas matutinas de lunes a viernes. ¿Qué es eso de tolerar la participación de golfos y golfas politoxicómanos y de mal vivir en las escenas pornográficas? ¿Qué es eso de mancillar el sagrado deporte del sexo olímpico con sustancias indeseables e indeseadas? ¡Esto tiene que cambiar ya!…Acaso para conseguir un deporte sexual como Dios manda deba promocionarse en colegios e institutos a ser posible de intensa influencia religiosa y con espartana disciplina. De ese modo se conseguirán participantes de moral intachable que puedan participar en campeonatos serios y decentes. Imagino también las exhibiciones de Navidades y fin de curso en los salones de actos de esos centros pulcros y dignamente decorosos y las competiciones sabatinas con los padres forofos insultándose entre sí y a los árbitros (digo yo que habrá árbitros en el sexo olímpico como en todos deportes)…

Otro mundo, vaya.

© Fernando Busto de la Vega.