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TRUMP ES UN SÍNTOMA, NO UNA CAUSA.

No debemos olvidar que la razón de ser de los Estados Unidos fue una reacción racista y de intolerancia religiosa al éxito de Inglaterra en su guerra contra Francia en 1763, cuando Londres permitió a los nuevos súbditos canadienses seguir siendo católicos y les permitió continuar hablando francés. La insurrección yanqui de 1776 no tuvo que ver con los impuestos y otras excusas, respondió al auge de histerismo e intolerancia religiosos que los crecientes metodismo y movimientos de reavivamiento cristiano produjeron en una sociedad básicamente teocrática, supremacista y racista como sigue siendo la estadounidense y no debemos engañarnos, son esas las características básicas de un país disfuncional y distópico, tóxico desde su mismo origen.

A lo largo de los siglos XIX y XX las persecuciones raciales continuaron. Los primeros en sufrirlas fueron los marineros españoles, linchados y masacrados en los puertos estadounidenses a lo largo de 1814, pero luego las experimentaron irlandeses, mexicanos, italianos, filipinos, chinos, nativos, por supuesto negros…el régimen de Apartheid (no lo llamaban así, pero de facto lo era) duró en los Estados Unidos hasta la segunda mitad de la década de 1960. Insisto: el racismo, el supremacismo y la intolerancia religiosa son, junto con la avaricia y el egoísmo propios de la viciada ética protestante, la verdadera naturaleza de los Estados Unidos.

No dedicaré demasiado tiempo a detallar el expansionismo de Yanquilandia desde el siglo XIX hasta nuestros días. Todas las intervenciones en el Caribe y la integridad de la América hispana, o el imperio de facto impuesto en Europa occidental desde 1945…

Solo diré una cosa: la primera vez que Estados Unidos actuó al margen de la ONU y utilizando a la OTAN como instrumento imperialista fue en los bombardeos sobre Yugoslavia en 1999 donde se utilizaron bombas de racimo y de uranio empobrecido contra población civil. Siendo presidente el demócrata Clinton, vicepresidente Al Gore y gran muñidor e ideólogo de la operación el también demócrata y futuro presidente Joe Biden. El saltarse las leyes internacionales no es cosa de Trump o de los republicanos, es una estrategia asentada de los Estados Unidos (como ya demostró en los años sesenta y setenta del siglo pasado con la implementación de la Estrategia de la Tensión o la Red Gladio en Europa o la Operación Cóndor en América del sur).

En 2001, los atentados de las Torres Gemelas sirvieron para imponer la USA Patriot Act, en la práctica una ley que convirtió legalmente a los Estados Unidos en un Estado totalitario privando de derechos civiles a sus ciudadanos y, por supuesto, a los de Estados ajenos en una colusión entre los tecno oligarcas de Silicon Valley y sus negocios basados en el control de datos y la vulneración de la intimidad de sus usuarios y los anhelos de control social para seguir fortaleciendo la financiación y el poder de sus estrafalarios y ambiciosos propietarios que ahora apoyan a Trump.

La excusa de los atentados de 2001 sirvió a los Estados Unidos para liderar guerras ilegales, fuera del marco de la ONU, en Asia y África y para extenderse en Europa oriental más allá de lo acordado con Rusia y con intención simple y llanamente imperialista.

Durante la presidencia del demócrata Obama y su vicepresidente Joe Biden se alcanzó la cifra más alta de persecución y expulsión de inmigrantes de la historia de Estados Unidos, lo que ya de por sí resulta significativo.

En resumen: Trump es un cabronazo despreciable. Pero no más que sus antecesores. El problema son los Estados Unidos, la toxicidad de su propia naturaleza como Estado y lo despreciable de su condición moral protestante.

Para que Estados Unidos dejase de ser una amenaza para la Humanidad debería abandonar su obsesión germánica y protestante, abrazar la Hispanidad y pasarse al catolicismo. Olvidar Londres y aceptar el luminoso legado de Madrid.

© Fernando Busto de la Vega.

LA AGENDA 2030 Y EL POSTUREO INSTITUCIONAL

Los pequeños detalles locales sirven a menudo para comprender adecuadamente el trasfondo de los grandes movimientos mundiales. Por ese motivo quiero trasladar al lector uno, minúsculo, de mi ciudad que a mí me ha abierto no poco los ojos con respecto a la Agenda 2030 y demás aleluyas propagandísticas relacionadas con el desarrollo sostenible (y que, por cierto, tendrán un impacto económico notable, enriquecerán a determinadas empresas y poseedores de empresas que nadie nos ha detallado debidamente. No hay una Agenda 2030 con un anexo de oligarcas beneficiados por ella, son datos que ni la ONU ni los estados facilitan, pero que existen, se conocen y son determinantes para el futuro).

Como puede verse en la imagen que introduce esta entrada, los autobuses urbanos de Zaragoza son habitualmente rojos. Lo son desde hace más de cuarenta años, desde que la familia Escoriaza, que poseía la empresa de transportes urbanos en Zaragoza desde principios del siglo XX, vendió su monopolio a una nueva sociedad anónima (TUZSA) allá por mediados de los años setenta.

No voy a entrar aquí a hacer una historia de la empresa de transportes públicos de Zaragoza ni como sus concesiones han ido pasando de unas megaempresas a otras ni evocar los entramados de intereses políticos, amiguismos y sospechas de corrupción más o menos oculta que envuelven su devenir. No es este lugar para poner en solfa el caciquismo aragonés ni los tejemanejes de los partidos nacionales a costa del Ayuntamiento de la quinta ciudad más poblada de España.

Solo quiero señalar un pequeño detalle. Recientemente han entrado en servicio unos nuevos autobuses «cero emisiones», completamente eléctricos, lo que podemos interpretar, o así pretenden que lo hagamos, como un avance en la dirección del crecimiento sostenible. Lógicamente, estos nuevos autobuses, que forman parte de la flota regular, deberían ser rojos también…Pero no: los han encargado verdes y con diseño futurista, como puede verse en la siguiente imagen:

Algunos pensarán, bueno: se trata de un asunto menor. Y , sí, lo es…pero no por ello deja de ser significativo.

Si se tratara de un avance técnico o con intenciones efectivamente medioambientales, no hubiera sido necesario remarcar tan exageradamente la entrada en servicio de estos nuevos vehículos. Hacerlo solo significa una cosa: se trata, en realidad, de un simple movimiento propagandístico. Ergo…nos están corriendo la mano.

Cuando al nuevo cachivache que se supone marca una evolución necesaria, una modernización, le ponen un lacito y lo agitan, es que algo te ocultan. Es el viejo truco del gatito y el puntero láser…el felino persigue el punto de luz, se deja obnubilar por él y se mantiene distraído mientras a su alrededor suceden otras cosas.

Nos tratan como a gatitos…

Cierto que lo escrito aquí parte de un detalle local…pero insisto en que los detalles locales siempre explican a las mil maravillas lo que ocultan las grandes declaraciones nacionales e internacionales. Mirad alrededor en vuestras ciudades y pueblos, encontraréis muchos detalles como el que os traigo a colación y todos apuntarán en la misma dirección: propaganda huera que oculta demagogia barata e intereses económicos ocultos que saldrán muy caros.

© Fernando Busto de la Vega.