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TODOS SOMOS FACHAS

No existe mayor prueba de totalitarismo despótico y, al tiempo de más extrema estulticia moral e intelectual, que deshumanizar a quienes te contradicen demonizándolos en una categoría infamante común. Puesto que si se entra en la argumentación hay que molestarse en argumentar y cuando los argumentos son inconsistentes, propios de un fanatismo ignorante y autorreferencial, la derrota es segura (como amargamente han aprendido los progres cada vez que se han atrevido a confrontar sus delirios con un discurso ajeno razonado) huyen de cualquier disputa como de la peste erigiéndose en supuesto referente moral y político, en vara indiscutible para medir la verdad, y se dedican a tachar a sus detractores de fachas o con algún otro epíteto injurioso y calumnioso con la desinencia de «fobo». Cualquier objeción a uno de sus dogmas se responde no con argumentos, sino con un insulto. El detractor es un fascista (¿sabrán estos incultos quién era Mussolini?) o un nazi (¿serán de los que creen que Hitler escapó de Berlín en 1945 y todavía sigue vivo en Paraguay moviendo los hilos mundiales para la instauración de un IV Reich?) y un «nosecuantosfóbo», con eso y la represión (leyes fabricadas ad hoc para modelar la «verdad histórica», recortar la libertad de expresión o trazar unos dogmas sociales, políticos e ideológicos inapelables o bien el público linchamiento en redes sociales o escraches directos seguidos de cancelación) zanjan cualquier disidencia. De eso a los campos de concentración y el exterminio de los opositores al estilo de Stalin, Mao o Pol Pot solo hay un par de pasos.

Habrá que defenderse y defender la libertad, obviamente.

Por desgracia temo que la reeducación de estos elementos será imposible, las únicas labores de higiene social, política, moral e intelectual efectivas deberán pasar obligatoriamente por algún género de «Operación Cóndor». Ellos mismos se lo buscan.

© Fernando Busto de la Vega.

ERREJÓN, IGLESIAS, ALGUNA DE SUS CHURRIS Y UNA LECCIÓN POLÍTICA

La estrategia leninista solo resulta realmente efectiva si puede recurrir a la violencia y la represión. Lenin y Stalin sobrevivieron y alcanzaron su posición de tiranos deificados por la izquierda mundial por la capacidad de alcanzar el poder, establecer una férrea dictadura y erigirse en sanguinarios tiranos dedicados a exterminar a sus detractores y aplastar a sus pueblos y a los pueblos sometidos a su agresivo imperialismo.

Cuando la estrategia leninista es de vía estrecha, utiliza los métodos demagógicos y torticeros habituales, pero no conquista el poder y establece una dictadura sanguinaria, consigue algunos éxitos para sus ambiciosos promotores, pero acaba fracasando porque no alcanza el monopolio de la verdad y la mediocridad, falta de ética y de espíritu de clase y patriotismo de sus promotores no pueden esconderse.

Nadie, y lo digo en voz alta, con conocimiento de causa y como sentencia política y filosófica firme, que considere e implemente la utilización de tácticas leninistas para auparse al poder es otra cosa que un demagogo oportunista y mediocre, de calidad humana deleznable. Alguien carente de moralidad y patriotismo, poseído por su propia vanidad y ambición. Gentuza, en suma. De ahí la necesidad que tiene de alcanzar el poder absoluto y utilizarlo para la represión del pueblo y el exterminio de sus colaboradores que, desde el primer instante, son sus rivales.

Iñigo Errejón, Pablo Iglesias y unas cuantas de sus churris (muy feministas, pero sumidas en los círculos femeninos de adoración a machos alfa tan frecuentes en las universidades, manadas conformadas en torno a intelectuales de pacotilla con ínfulas de tipos guais y revolucionarios y conformadas por alumnas y becarias devotas y sometidas; muy feministas, pero subidas por método inguinal y felatorio a los cargos y ascensos que sus caudillos de harén han podido y querido repartirles) han sido víctimas de esta realidad. De su propia mediocridad, de su propia falta de moral, de su hipocresía, de su ambición, de su estrechez de miras, de su vanidad infinita…y de su absoluta estupidez. No hablo de ideologías ni de siglas ni de partidos, hablo de estrategias políticas y realidades humanas. Han fracasado, y acabarán fracasando por completo como individuos y como grupo por su propia ineptitud, por su absoluta ignorancia, por creerse tiburones oceánicos cuando apenas son sardinillas en un minúsculo barril.

Uno a uno han ido siendo expulsados por la fuerza centrífuga de los círculos que asedian el poder y todos por el mismo motivo, el mismo estúpido, perverso y ridículo error de cálculo: utilizar los métodos leninistas de asalto al poder sin tener la posibilidad real ni el valor para alcanzarlo…y ya lo hemos explicado: sin lograr establecer una dictadura sanguinaria y salvaje que oculte la inmoralidad y la mediocridad de los integrantes del clan que asalta la cumbre política con dichas estrategias ambas quedan inevitablemente al descubierto y el demagogo acaba expuesto, ridiculizado, amortizado y fracasando como político.

Estos tipos, y sus churris asociadas, admiran a Lenin, han estudiado a Lenin, pero no lo han asimilado y no han tenido el valor suficiente para lanzarse a fondo en su apuesta por el poder. Son estúpidos y cobardes. Y lo más imperdonable y despreciable de todo: mediocres, vulgares, grises, anodinos.

© Fernando Busto de la Vega.

TOTALITARISMO LIBERAL E IZQUIERDISTA

ROBESPIERRE, UN AMABLE POLÍTICO LIBERAL Y SANGUINARIO GENOCIDA QUE ANTECEDIÓ A OTROS MUCHOS SIMILARES ALCANZANDO, POR LAS DERIVACIONES IZQUIERDISTAS DE LA REVOLUCIÓN A OTROS TIPOS SIMPÁTICOS Y HUMANITARIOS COMO STALIN.

Hay que asumir y empezar a difundir como acto revolucionario y contracultural que tanto el liberalismo como todas sus derivaciones izquierdistas son ideologías totalitarias, represivas y anquilosadas en su propio fanatismo y, por lo tanto, contrarias a la libertad y absolutamente inadecuadas para el avance de la especie, el salto civilizatorio y evolutivo que necesitamos.

Muchos piensan lo contrario por la labor de lavado de cerebro y propaganda total de estos regímenes que padecemos y nos impiden avanzar. Desde la escuela misma nos adoctrinan para convencernos de que la «democracia» (llaman así, equívocamente, a lo que no es sino parlamentarismo liberal de origen masónico y, por ende, enemigo de la civilización) es un régimen natural que garantiza la libertad del individuo. Es falso. Solo hay que ver los nervios y la intolerancia de los «centristas» cuando surgen opciones políticas capaces de descabalgarlos del poder o de poner coto a la herencia ideológica de la Revolución Francesa y sus adláteres en el mundo. Ahí vemos el rechinar de dientes, los cordones sanitarios, las alharacas y la pulsión represiva.

Basta, sin embargo, ir a los orígenes, fijarse en el Régimen del Terror de la Revolución Francesa, en la Guerra a Muerte de los mal llamados libertadores americanos (en realidad traidores al servicio de la masonería y el imperialismo protestante anglosajón, gentuza en suma: hablo de Bolívar, de San Martín…de toda esa chusma) o de la política represiva de los Estados Unidos desde su origen hasta nuestros días. El moderno imperio liberal-parlamentario-capitalista se sustenta en el genocidio de sus enemigos y opositores allí donde es necesario (ocurre que como la mayoría de estos genocidios se remontan a los siglos XVIII y XIX ya no los recordamos, entre otras cosas porque la educación impuesta desde el poder alcanzado por los represores nos hurta la historia) y se basan en la propaganda y el adoctrinamiento constante desde la escuela, los medios de comunicación, las instituciones…

Pero el liberalismo (y todas sus derivadas de izquierda desde la socialdemocracia al comunismo) es básicamente un régimen totalitario, ilegítimo, periclitado, nocivo, inadecuado para el salto necesario de la especie que debe ser combatido, junto con toda su ideología, derribado y sustituido. Tenemos una revolución pendiente y aquí incitamos a ella.

© Fernando Busto de la Vega.