
YA QUE ESTAMOS EN MISIÓN DIDÁCTICA HABRÁ QUE RECORDAR QUE LAS BARRAS QUE SE HAN APROPIADO LOS CATALANISTAS INDEBIDAMENTE SON LAS BARRAS DE ARAGÓN CONCEDIDAS POR EL PAPA AL REY DE ARAGÓN SANCHO RAMÍREZ EN 1068 COMO PARTE DEL INFEUDAMENTO DEL REINO AL PONTÍFICE. LOS CATALANES LAS HAN HEREDADO COMO MUESTRA DE SU HISTÓRICO SOMETIMIENTO A ARAGÓN. TÉNGASE SIEMPRE EN CUENTA. ANTES QUE A MADRID, CATALUÑA LE DEBE PLEITESÍA A ZARAGOZA.
Es triste tener que enseñar español a los españoles a estas alturas, y más que el culpable de ello sea el propio Estado sometido a un régimen ilegítimo pensado por nuestros enemigos para debilitarnos y llevarnos a la disolución, pero en fin: la pedagogía es un deber moral.
A ver, en España se habla español (los dialectos pueden tolerarse como curiosidad etnológica o fósiles culturales, pero no como instrumentos políticos de disensión ni como excusas de las oligarquías comarcales o los grupúsculos de izquierda al servicio de imperialismos ajenos para diluir la unidad nacional) y, por lo tanto, es preciso que volvamos a recordar cómo se habla y cómo se escribe.
Verbi gratia: es Cataluña, no Catalunya; Lérida, no Lleida; Gerona, no Girona…y es Pedro, no Pere; Miguel, no Miquel…y, esta es buena: Aureolo no Oriol.
Lo de Aureolo como nombre catalán es interesante porque, en realidad, se refiere a un conde franco que gobernó en territorio aragonés, «frente a Huesca y Jaca» según las crónicas, y expone claramente no solo las constantes apropiaciones culturales e históricas del catalanismo, también sus endebles bases si a la realidad nos referimos. Como el nacionalismo vasco, el catalán no pasa de ser la validación acrítica de un puñado de fantasías y leyendas románticas elevadas a ridículo dogma.
Y ya que hablamos del prefabricado nacionalismo vasco, tan próximo al nazismo en cuanto a su fantasía racista, bueno será repetir la lección: Álava, no Araba; Vizcaya, no Bizkaia; Guipúzcoa, no Guipuzkoa; etc.
Y Orense, no Ourense, La Coruña, no A Coruña…
La unidad indiscutible de España debe sustentarse en unas leyes, una educación, unos derechos y obligaciones y un idioma únicos. Todo lo demás, es traición.
Como pude verse aquí, lo dicho sobre los dialectos catalán, vasco y gallego sirve también para otros, incluido el aragonés.
© Fernando Busto de la Vega.






