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EMILIA PÉREZ Y LA FALTA DE PATRIOTISMO DE LOS CINEASTAS ESPAÑOLES

A ver si lo entiendo: aparece una producción gabacha que se dedica a humillar e insultar a México y el memo de su guionista y director, ese indigente mental de Jacques Audiard se permite ir por ahí diciendo que el español es un idioma de pobres y subdesarrollados (olvidando, por cierto la cantidad de países míseros y paupérrimos que hablan francés y demostrando su incultura al olvidar también la inferioridad de la literatura y cultura francesa en relación con la hispana) y van los cenutrios de la Academia de Cine Español y se bajan los pantalones y adoptan postura felatoria otorgándole el premio a la mejor producción europea…¿Qué puede pensar cualquier hombre de honor de esa gentuza? Resulta evidente que es urgente limpiar el cine español de traidores e indocumentados, castigar con la mayor dureza a quienes dentro de esa industria trabajan al servicio de intereses extranjeros contra España y la hispanidad y dar ejemplos señeros y taxativos. El primer paso: fin de subvenciones, disolución de la academia, dimisión de todos los responsables del Ministerio de Cultura empezando por su titular que a la larga deberá pagar sus culpas, su condición de traidor despreciable, del único modo que pueden pagar sus culpas los traidores.

Pero no pasará nada. Este país es un Estado fallido, destrozado por los rojos y la cleptocracia al servicio de los yanquis. El régimen, es ilegítimo e intruso, como el de Pepe Botella. ¿Dónde están las barricadas? Destruidas por el adoctrinamiento en los institutos y las universidades.

Pero restauraremos el orden, que nadie lo dude. Los dioses están de nuestro lado.

© Fernando Busto de la Vega.

ABASCAL SE HA DEFINIDO (ES UN TRAIDOR A ESPAÑA)

No nos equivoquemos, que el PSOE y sus aliados sean traidores y enemigos del pueblo y de España no implica que sus rivales electorales dejen de serlo. Y Abascal (aunque no teníamos dudas al respecto) se ha definido claramente como tal al demostrar a sueldo de qué intereses está su partido, Vox.

Los indocumentados e ignorantes progres, que siguen anclados en 1936 sin comprenderlo, no dejan de acusar a cuantos no son de su cuerda de fascistas. Y yo digo que ojalá nuestra extrema derecha fuera fascista porque entonces tendría orgullo nacional y vocación social, PP y Vox son solo representantes de la oligarquía cleptocrática, corrupta y colonizada que hace décadas se vendió al imperialismo yanqui para mantener su poder y sus cauces de enriquecimiento a costa del sometido pueblo español y sin ánimo ninguno de devolverle la grandeza y el poder que le corresponden. Esto nos lo demuestran Abascal y Vox aceptando la financiación y los argumentarios del libertarismo ultraliberal y marchando a rendir pleitesía a Trump.

Cuando restablezcamos el orden en España, Pedro Sánchez y los gerifaltes de PSOE, Podemos, Sumar y los demás chiringuitos independentistas no pueden sobrevivir. Abascal, Feijoo y los suyos, tampoco. Son igual de traidores, pero vendidos a otros intereses que no son los de España.

Mucha banderita, muy poca vergüenza, ningún honor. Gentuza.

© Fernando Busto de la Vega.

TODOS SOMOS FACHAS

No existe mayor prueba de totalitarismo despótico y, al tiempo de más extrema estulticia moral e intelectual, que deshumanizar a quienes te contradicen demonizándolos en una categoría infamante común. Puesto que si se entra en la argumentación hay que molestarse en argumentar y cuando los argumentos son inconsistentes, propios de un fanatismo ignorante y autorreferencial, la derrota es segura (como amargamente han aprendido los progres cada vez que se han atrevido a confrontar sus delirios con un discurso ajeno razonado) huyen de cualquier disputa como de la peste erigiéndose en supuesto referente moral y político, en vara indiscutible para medir la verdad, y se dedican a tachar a sus detractores de fachas o con algún otro epíteto injurioso y calumnioso con la desinencia de «fobo». Cualquier objeción a uno de sus dogmas se responde no con argumentos, sino con un insulto. El detractor es un fascista (¿sabrán estos incultos quién era Mussolini?) o un nazi (¿serán de los que creen que Hitler escapó de Berlín en 1945 y todavía sigue vivo en Paraguay moviendo los hilos mundiales para la instauración de un IV Reich?) y un «nosecuantosfóbo», con eso y la represión (leyes fabricadas ad hoc para modelar la «verdad histórica», recortar la libertad de expresión o trazar unos dogmas sociales, políticos e ideológicos inapelables o bien el público linchamiento en redes sociales o escraches directos seguidos de cancelación) zanjan cualquier disidencia. De eso a los campos de concentración y el exterminio de los opositores al estilo de Stalin, Mao o Pol Pot solo hay un par de pasos.

Habrá que defenderse y defender la libertad, obviamente.

Por desgracia temo que la reeducación de estos elementos será imposible, las únicas labores de higiene social, política, moral e intelectual efectivas deberán pasar obligatoriamente por algún género de «Operación Cóndor». Ellos mismos se lo buscan.

© Fernando Busto de la Vega.

POPULISMO

Es curioso como una sola palabra, un solo concepto, puede delatar y poner de manifiesto todo un sistema de creencias, todo un programa político y un modo de pensar, de proceder. Cómo, una sola palabra, puede mandar al traste toda la hipocresía de un bloque político.

Hoy quiero fijarme en la que da título a esta entrada: populismo.

La acusación de populismo es una de las armas del bloque rector de los regímenes parlamentarios liberal-capitalistas impuestos en Europa occidental tras el triunfo de los Estados Unidos en 1945 y que disimulan con elecciones más o menos irrelevantes su condición de estados vasallos, de repúblicas o monarquías bananeras sometidas al imperialismo yanqui.

Este cúmulo de partidos compuestos por liberales, democratacristianos, socialdemócratas y algunos aditamentos menores están perdiendo base electoral, legitimidad política y social a pasos agigantados. Se van al garete y no saben cómo evitarlo.

Lo único que se les ocurre es insultar y denigrar a quienes les comen la tostada. Les tildan de ultraderechistas, les equiparan con el nazismo y el fascismo y claman contra su populismo. Vienen a decir que si crecen electoralmente se debe a que halagan al pueblo con sus propuestas (más o menos viables) para problemas que los integrantes de ese núcleo «constitucional» de los regímenes bananeros europeos niegan que existan, desde los causados por la inmigración descontrolada a los excesos del wokismo, el feminismo y las ideologías de género entre otros.

Es decir: los ortodoxos de los regímenes liberal-parlamentarios acusan a sus enemigos de ganar las elecciones presentando soluciones para problemas que preocupan al pueblo y que ellos niegan. ¿Dónde queda ahí el pensamiento democrático? ¿Dónde escuchar al pueblo que dicen representar?

El liberal-parlamentarismo-capitalista jamás fue democrático y ni lo son ni lo fueron los regímenes basados en tal ideología impuesta desde Washington. Detentaron una hegemonía política y funcionó el teatrillo electoral durante el desarrollismo porque el nivel de vida de los pueblos mejoró y más tarde por la amenaza desestabilizadora de la estrategia de la tensión y la guerra fría. Luego por la inercia y la ineficacia sindical y nacionalista durante la globalización, pero ahora el suelo comienza a hundirse bajo sus pies.

El pueblo se ha divorciado de sus partidos tradicionales porque estos no defienden sus intereses y les causan problemas cuya existencia niegan. Ello se traduce en el ascenso de otros partidos y la reacción de los ortodoxos y tradicionales en empecinarse en demostrar que no sirven a los intereses de sus pueblos a los que se niegan a escuchar. Siguen empeñados en transitar los mismos caminos ya trillados que les conducen al aislamiento y la pérdida de legitimidad y de poder parlamentario y solo se les ocurre culpar de su debacle a la maldad de sus rivales…esos malvados ultraderechistas populistas.

Son, en suma, la orquesta del Titanic negándose a aceptar el inminente hundimiento y tocando valses como si nada ocurriera.

© Fernando Busto de la Vega.

¿QUIÉN PIERDE EN UNA FUSIÓN BANCARIA?

La desvergüenza de los plutócratas es proverbial y obscena. Muestra sin ambages ni celajes su paupérrima condición moral, su exclusiva dedicación al lucro sin freno alguno y a justificar sus desafueros con toda clase de trucos, estafas y mentiras.

Estos días en España estamos asistiendo al colmo de los colmos. En el transcurso de una opa entre dos grandes bancos (que algunos quieren llamar fusión) el atacante ha lanzado una insistente campaña publicitaria para convencer a los accionistas del atacado para que se dejen sodomizar por el ímpetu avaricioso de los directivos del primero. Su argumento es sencillo: con la «fusión» todos ganan. Uniendo fuerzas serán más grandes, más poderosos…aunque mandarán los del banco atacante.

No deja de ser remarcable la desfachatez del banco atacante que deja de lado en su publicidad a sus clientes y usuarios (y demuestra así el respeto y la estima que les tiene, lógica dejadez en un escenario tendente al monopolio y que en cualquier caso es ya un oligopolio poco regulado y nada contenido por el Estado) para centrarse en los accionistas del rival.

También es de notar esa retórica del «todos ganamos» (aunque mandaremos nosotros, como es natural). Retórica notable y falsa. No todos ganan en una operación semejante. ¿Quién pierde? Pues, para empezar, los empleados. Ya sabemos que a toda fusión bancaria o empresarial sucede una riada de despidos. Mucha gente va a quedarse en la calle. Para seguir: los clientes. A toda fusión sigue un reajuste no solo de plantilla sino también de ubicaciones. En conclusión, habrá menos oficinas, menos cajeros, peor servicio (esto está implícito en la idea de fusión). Además, toda fusión es un paso hacia el oligopolio y finalmente hacia el monopolio y ello lleva consigo un creciente desprecio al cliente cuyas opciones electivas se van reduciendo hasta convertirle en sujeto inerme a merced de la depredación de las grandes corporaciones.

Así que digámoslo con claridad: con estas fusiones algunos ganan (unos más que otros) y casi todos perdemos.

Digámoslo también alto y fuerte: un mundo en que los banqueros tienen las manos libres y marcan las reglas de juego es un mundo mal organizado, inmoral, despreciable e injusto. Los usureros y especuladores han de ser contenidos, vigilados, eliminados incluso. Da igual la ideología…un régimen manejado por los banqueros, los especuladores y los explotadores es siempre inmoral y, por lo tanto, ilegítimo. Eso sucede con los regímenes liberal-capitalistas, urge, pues, derrocarlos y restablecer el orden.

© Fernando Busto de la Vega.