Son los actos y no las palabras lo que definen la realidad. En eso, supongo, estaremos todos de acuerdo.
Los actos de Rusia en Ucrania desmienten su retórica. Esos ataques indiscriminados contra la población civil, esa táctica de reducir a escombros humeantes ciudades como Mariúpol, el heroísmo de cuyos defensores quedará inscrito con letras de oro en la Historia, son mucho más elocuentes que la propaganda rusa.
Por otro lado, en el marco de la propaganda occidental contra Rusia se trata de vincular exclusivamente a Putin con esas tácticas criminales y se alude reiteradamente a la destrucción de Alepo en Siria por tropas rusas en 2016 o, incluso, a la de Grozny, en Chechenia, en 1999-2000. Y son acusaciones ciertas, no vengo aquí a discutirlas, pero a mi juicio interesadamente sesgadas.
Considero que debemos mirar más allá de la retórica propagandística de la OTAN tanto para refutarla, si es el caso, como para confirmarla y establecer series históricas que se remonten más atrás en el tiempo para conseguir una visión más exacta de los acontecimientos desbordando la escueta y obscena propaganda de bloque.
Hoy, y teniendo en mente la destrucción de Mariúpol y los crímenes de guerra llevados a cabo por Rusia en Bucha y otras localidades ucranianas, quiero traer a colación un hecho bastante desconocido, al menos en España, de la guerra de Afganistán que nos ayudará a comprender el comportamiento del ejército ruso en 2022.
En diciembre de 1978 la Unión Soviética comenzó la invasión de Afganistán ocupando Kabul con las fuerzas especiales del Grupo Alfa de la OSNAZ y deteniendo y asesinando al presidente Amín para sustituirlo por Karmal, acto continuo numerosas tropas soviéticas entraron por tierra y aire en Afganistán ocupando el país por completo. Si nos fijamos bien, nos encontramos con una táctica bastante similar a la usada en Ucrania en 2022, con la diferencia de que aquí la invasión terrestre precedió a la acción de las fuerzas especiales y Zelenski no pudo ser detenido y asesinado por los rusos ni se asustó hasta el punto de huir, lo que frustró el éxito de la operación. Si seguimos fijándonos, lo sucedido en Ucrania en febrero no se diferencia demasiado de lo sucedido en Kazajistán en enero de este mismo año. Nos encontramos, por lo tanto, ante una táctica añeja, pero eficaz si se lleva a cabo correctamente (cosa que no sucedió en Ucrania en 2022).
Tampoco es novedad lo de reducir ciudades a escombros asesinando y desplazando a su población.
Volviendo a la guerra de Afganistán, mirando cuarenta años atrás, nos encontramos con lo sucedido en Herat.
Herat, era considerada por los soviéticos la ciudad más culta y pacífica de todo Afganistán. Sus habitantes hablaban un dialecto persa y se diferenciaban por su vida urbana y tranquila de los turbulentos pastunes del sur y del centro, o los rudos hazaras, tayikos o uzbekos de otras regiones. Puesto que parte del programa soviético en Afganistán consistía en una modernización de la sociedad (establecimiento de la igualdad entre hombres y mujeres, de un salario mínimo para los trabajadores, de la ruptura de las estructuras tribales, y por lo tanto feudales…) consideraron que los ciudadanos de Herat, más aún que los de Kabul, serían partidarios del mismo. Por lo tanto, dando por sentado que la ciudad resultaría amigable, establecieron en su aeropuerto la base más importante del ejército soviético y permitieron que los asesores y oficiales se asentasen libremente en ella, como en un territorio amigo.
Y, al principio lo fue.
No obstante, apenas llegados, los soviéticos comenzaron a detener y asesinar gente. La población de Herat organizó una manifestación de protesta frente al palacio del gobernador soviético y este hizo que las tropas la disolvieran a tiros matando numerosos civiles. Corría el mes de marzo de 1979, los soviéticos apenas hacía tres meses que se habían establecido en Herat.
La reacción popular frente a la matanza en el palacio del gobernador soviético fue una inmediata y comprensible insurrección que cursó con la caza y asesinato de los oficiales y asesores soviéticos y sus familias. La guarnición afgana de la misma, encabezada por el pastún Ismail Khan, que llegaría a ser ministro de Agua y Energía en 2005-2013, y compuesta en su mayor parte por tayikos, se sublevó también enfrentándose a las tropas soviéticas y llegando a ocupar el aeropuerto que estos pretendían convertir en su base principal en Afganistán.
Como respuesta, los soviéticos movilizaron una columna de 300 tanques desde Turkmenistan, que bombardearon día y noche la ciudad hasta reducirla a escombros asesinando numerosos civiles y haciendo que decenas de miles se refugiasen en Irán mientras Ismail Khan se convertía en un poderoso líder guerrillero sublevado contra los invasores que llegó a derrotar también a los talibanes en 1995.
Cuando los soviéticos se retiraron de Afganistán en 1992, Herat continuaba en ruinas.
Como vemos, lo de Mariúpol no es nuevo, ni siquiera se retrotrae a la destrucción de Alepo o Grozny, es una táctica constante del ejército ruso desde hace al menos medio siglo. Es bueno saberlo y tenerlo en cuenta para el futuro.
Estamos viviendo momentos aciagos en la política exterior española, especialmente en lo que a Marruecos y el Sáhara respecta. No podemos, a fuer de patriotas, permanecer callados. Es preciso alzar la voz. Ya hemos explicado en estas mismas páginas, y en más de una ocasión, que avanzamos con botas de siete leguas hacia la condición de estado fallido. No falta mucho para que eso suceda. Hay que rectificar (y el primer paso será derrocar el régimen de 1978 y establecer uno que verdaderamente permita la regeneración nacional).
En momentos como este parece preciso recordar algunas verdades que la propaganda del régimen suele ocultar. La primera y más trascendental: LOS ESTADOS UNIDOS NO SON ALIADOS, SINO ENEMIGOS DE ESPAÑA A LOS QUE ESTAMOS SOMETIDOS.
¿Habrá que recordar que, a pesar de todo lo que España hizo por la independencia de los Estados Unidos estos, a comienzos del siglo XIX, establecieron una embajada en Tánger cuyo principal fin fue coordinar la piratería norteamericana con la berberisca contra España? Es cierto que los estadounidenses acabaron bombardeando Trípoli en 1804, pero solo porque los tripolitanos no dejaron de atacar buques estadounidenses, si bien estos, a la altura de 1808, incluso asaltaban puertos como el de Málaga a guisa de corsarios. Durante todo el siglo XIX los Estados Unidos alentaron la piratería contra España y acabaron arrebatándonos Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas en 1898.
Más adelante, durante el largo contencioso con Marruecos por el Sáhara y otras provincias españolas (1956-1975), los Estados Unidos siempre estuvieron de parte de nuestro enemigo (luego son enemigos nuestros) informando a los marroquíes de los movimientos de tropas y aviones españoles. Es cierto que hubo un breve periodo, entre la guerra de Ifni(1957-1958) y la de las Arenas (1963), en que los Estados Unidos nos ayudaron a modernizar nuestro ejército, pero ello se debió a que Marruecos los había expulsado de las bases que les habían cedido los franceses en su territorio y a que sus empresas petrolíferas estaban prospectando la provincia española pensando que podrían explotar su petróleo. Defraudada la expectativa petrolífera y readmitidos en Marruecos, volvió la enemistad de los Estados Unidos hacia España y sus provincias africanas y, a ese respecto, no estará de más recordar que la idea de la Marcha Verde fue de Henry Kissinger y tuvo entre sus motivaciones impedir que España dispusiera de un territorio donde experimentar sus bombas atómicas, ingenios que nos hubieran convertido en una nación independiente y no sometida al imperialismo yanqui, como ahora estamos.
Finalmente, es preciso tener en cuenta que, cuando nos obligaron a ingresar en la OTAN, signo máximo de sometimiento a dicho imperialismo, se negaron, continuando su política favorable a Marruecos y contraria a España, a que dicha organización defendiera Ceuta, Melilla y el resto de plazas y presidios de soberanía. En otras palabras: frente a las ambiciones de Marruecos, estamos solos, los Estados Unidos favorecen, una vez más, a nuestro enemigo (luego ,insisto, debemos considerarlos enemigos).
El absurdo volantazo de Pedro Sánchez con respecto al Sáhara en estos días aciagos solo puede concebirse como un concesión a la presión de los Estados Unidos bajo palabra de su Gobierno de mantener el statu quo…pero EN UCRANIA HEMOS VISTO EL VALOR DE LA PALABRA DE LOS ESTADOS UNIDOS, CONFIAR EN ELLA ES ESTÚPIDO Y SUICIDA.
De modo que queda claro que debemos empezar a diseñar nuestra propia política de defensa (y salir de la OTAN, salvo que la OTAN se comprometa a defender la integridad del territorio español y nos otorgue la dirección de las operaciones y el control sobre el estrecho de Gibraltar y las Canarias, de lo contrario la OTAN es una estafa más que una solución), una política de defensa que no solo pasa por el incremento del gasto en armamento y en personal militar, también por la formación patriótica y moral en escuelas e institutos, lo que implica, como ya he dicho en otro lugar, la expulsión de los mismos de esa caterva de «educadoras» (son mayoritariamente mujeres, aunque no faltan hombres afectados por el mismo mal) portadoras de valores «progres» y «cuquis» que solo pueden considerarse nocivos para el pueblo (la Patria, al carajo con chorradas como la matria) y pura y simple corrupción de menores. Hay que recuperar la educación para salvar a España, y es preciso que los culpables de corromper a generaciones de jóvenes sean castigados con la máxima dureza. Nada de perder el puesto y ya está: deberán responder por sus daños a la juventud, al pueblo y a la patria. Esto es indispensable para el resurgir de España.
Finalmente, España, en cuanto le sea posible, debe trabajar activamente tanto por la independencia del Sáhara (aunque debe asegurarse de que el traidor Brahim Gali, recordemos: antiguo policía territorial español que se sublevó, al servicio de Gadafi contra nosotros y que, a través del Frente Polisario ha establecido una dictadura sobre el pueblo saharaui que en modo alguno podemos avalar ni tolerar, un Sáhara independiente bajo el Polisario sería un enemigo mayor contra España que el propio Marruecos) como por la implementación de una República del Rif absolutamente necesaria para la tranquilidad de España como nación.
Hagamos algo de memoria.
BANDERA DE LA REPÚBLICA DEL RIF
En 1921, utilizando como agente sobre el terreno al traidor Abd el Krim, los alemanes, ingleses y estadounidenses la organizaron precisamente contra España, que sufrió el Desastre de Annual, pero dio la lección del Desembarco de Alhucemas (que copiarían después los gringos para los suyos en la II Guerra Mundial) logrando restablecer la paz en 1926.
En 1956, tras la independencia de Marruecos, los rifeños se sublevaron contra el sultán organizando una II República del Rif que el entonces príncipe Muley Hasán (Hasán II) y el general y criminal de guerra (tanto en España a las órdenes de Franco como en el Rif bajo las de los Alauitas) general Ben Mizzián aplastaron con salvajismo (recurriendo entre otras cosas, además de la tortura y el terrorismo de Estado, a bombardear con napalm a la población civil).
España, para la seguridad de su territorio nacional (Ceuta y Melilla son parte irrenunciable del mismo) debe proceder a la implementación de una III República del Rif, así como al favorecimiento de una República Independiente del Sáhara (libre del Frente Polisario) para asegurar la protección de las Canarias. Ahora no podemos hacerlo porque seguimos bajo la bota de los Estados Unidos, sumidos en un régimen vasallo que nos conduce a la destrucción y minados en nuestro interior por ideologías disolventes y cancerígenas que deberán ser erradicadas cuando se restaure un régimen libre, regenerador y verdaderamente español. Ahora no podemos seguir ese camino, repito, pero es el que nos salvará.
No confundamos a nuestros amos con nuestros amigos y el llamado progresismo con el avance y la civilización. En España, el liberalismo y sus afines, son el mal, la ideología de nuestros enemigos y de las élites corruptas a ellos sometidas desde 1833
Analizar el pasado para comprender el futuro es siempre una buena medida. A este respecto, en circunstancias económicas difíciles como las actuales, no está de más volver la vista atrás, fijarla en los Estados Unidos y evaluar, si quiera someramente, tres profundas crisis (¿estructurales o de crecimiento?) financieras cuyo origen y desarrollo nos permitirá comprender mejor el terreno que pisamos en este incierto y atribulado siglo XXI que será de aniquilación completa si no logramos que sea de avance y reconstrucción.
LA CRISIS FINANCIERA DE 1819
Las guerras napoleónicas y el año sin verano (1815) habían convertido en deficitaria la agricultura europea abriendo una importante ventana para la especulación en ese campo que la oligarquía financiera estadounidense decidió aprovechar para enriquecerse.
Los mecanismos políticos se pusieron de inmediato en marcha y en 1817 lograba crearse el Segundo Banco Nacional (después de que el Primero hubiera acabado en bancarrota y boiciteado políticamente en 1811). La operación especulativa tenía una doble vertiente: por un lado se abría el grifo del crédito para conseguir el establecimiento de nuevos colonos en territorios yermos y luego se compraba a bajo precio su producción cerealista para revenderla en Europa a precios de carestía consiguiendo ingentes plusvalías. Lógicamente, se creó una burbuja tanto de crédito como comercial. Y esta burbuja no tardó en estallar.
Para 1818 los efectos del año sin verano y de las guerras napoleónicas estaban remitiendo en Europa y los precios del grano bajaron dando al traste con el negocio de los cien inversores que manejaban la mayor parte de los depósitos del Segundo Banco (entidad privada que gestionaba el crédito del Gobierno Federal vendiéndole de paso el dinero que emitía) de modo que los depósitos en oro y plata del mismo dejaron de cubrir las emisiones de papel moneda. Más aún: a ser infinitamente menores que los vales emitidos. Tal circunstancia generó una inflación galopante que aumentó cuando al ser destituido el director del banco (William Jones) se descubrió que tanto él como sus directivos habían incurrido en lucrativos fraudes y robos de depósitos que, enriqueciéndoles a ellos, conducían al banco (privado) y al gobierno, que dependía de él, al borde de la quiebra.
El nuevo director del Segundo Banco, Langdon Cheves, tuvo como principal interés contener la inflación para salvar el valor nominal del papel moneda en manos de los cien inversores de la entidad que constituían la aristocracia financiera de los Estados Unidos. Para contener la inflación sin evidenciar la desproporción entre papel moneda y depósitos de oro y plata ni perjudicar los intereses de los grandes inversores recurrió a la restricción del crédito causando una profunda recesión que agudizó el desempleo entre las clases desposeídas del país y llevó a la ruina a los pequeños propietarios, especialmente a los colonos agrícolas cuyas adquisiciones de tierras se habían llevado a cabo en papel moneda prestado por el propio banco que ahora exigía los pagos en metálico, en oro y plata.
Para 1822 la situación financiera del Segundo Banco ya se había estabilizado pero el director Cheves mantuvo el control del crédito que ahora generaba artificales plusvalías para los grandes inversores.
En 1823 Cheves fue destituido a causa del descontento popular, pero su sucesor: Nicholas Biddle, siguió al servicio de los mismos intereses, los de los grandes inversores que se habían enriquecido a costa de la ruina de los pequeños propietarios y los trabajadores. Biddle abrió el crédito de nuevo, pero concentrándolo en los intereses industriales de los grandes inversores que se lanzaron así a aventuras empresariales que generaron una revolución industrial en el marco de la cual los trabajadores quedaron más sojuzgados y dependientes del capital que ellos manejaban y los pequeños inversores de antaño en su mayor parte fueron proletarizados mientras se creaban latifundios a costa de las pequeñas propiedades expropiadas.
La política financiera del banco continuó en la misma línea hasta que en 1832 llegó a la Visepresidencia de los Estados Unidos un representante de los pequeños agricultores, Martin Van Buren, que retiró en 1833 los créditos estatales del Segundo Banco llevándolo a la ruina, pero no sin que dejara tras de sí una poderosa élite de grandes capitalistas enriquecidos mediante la especulación del trigo y el papel moneda y los créditos industriales entre 1817 y 1833.
Martin Van Buren
LA CRISIS FINANCIERA DE 1857
Dicha élite siguió operando en un contexto de absoluta libertad bancaria que favorecía la especulación con el papel moneda, cada vez más desacreditado (de ahí la importancia histórica de las diversas fiebres del oro que sufrió el país, especialmente la de California en 1848: la gente común solo tenía acceso al papel moneda de los bancos, de valor dudoso cuando no nulo, y necesitaba oro y plata para estabilizar su situación económica, y estos circulaban poco y eran extraordinariamente caros habiéndose convertido casi en monopolio de la élite inversora, de ahí también la abundancia de asaltos a bancos y trenes que los transportasen, y la tesaurización de los metales preciosos.
Rápidamente, la inversión en las compañías de ferrocarril y de seguros crearon una nueva burbuja que estalló al arruinarse en 1857 la Ohio Life Insurance.
De nuevo la necesidad de convertir masivamente el papel moneda de dudoso valor en metales preciosos generó un pánico financiero que perjudicó los beneficios de los grandes inversores del norte que se habían enriquecido con el Segundo Banco Nacional.
Hacia 1859 la crisis se encontraba ya estabilizada, pero había supuesto una drástica disminución de las plusvalías de la oligarquía financiera del norte. La solución fue sencilla: en 1861 se desató la guerra civil que, bajo la loable excusa de acabar con la esclavitud, perseguía el insidioso objetivo de poner los estados del sur bajo la dependencia financiera de la oligarquía del norte. En 1863 se estableció la Ley Nacional de Banca, que estabilizó el sistema financiero volviendo a la senda del crédito a los industriales del norte arrastrando, junto con los efectos de la guerra y de la creciente inmigración, a gran parte de la masa estadounidense a la condición de proletarios cada vez peor pagados. Lo que activó el movimiento obrero en el paradigma de la «democracia» (cuando los liberales pronuncian esa palabra quieren decir en realidad: parlamentarismo liberal capitalista de facciones oligárquicas y lobbies en el que el pueblo es únicamente obra de mano lo más barata, explotada y sin derechos posible) y, consecuentemente, una feroz represión contra el mismo que se agudizó con los concatenados efectos de la siguiente crisis, la de 1873.
Los alemanes impusieron a Francia ingentes reparaciones de guerra que solo admitieron cobrar en oro. Tal circunstancia les permitió erigirse en principal potencia económica mundial al precio de causar una crisis económica global al adoptar el patrón oro como respaldo de su moneda, lo que abocaba al empobrecimiento y la inflación al resto de las naciones, de pronto embarradas en un ya ineficiente patrón bimetálico.
Como no podía ser de otro modo, los Estados Unidos se vieron también afectados viéndose obligados, entre otras medidas, a romper sus tratados con los pueblos indígenas e invadir las Black Hills (que habían cedido a los sioux en el Tratado de Fort Laramie en 1868) allá por 1876, a causa de los ya imprescindibles yacimientos de oro que albergaban al tiempo que intensificaban la colonización del interior continental para multiplicar la ya deficitaria la producción agraria.
La ruptura del Tratado de Fort Laramie condujo a un recrudecimiento de la guerra contra los nativos, que perduró hasta al menos la masacre de Wounded Knee en 1890 y contó entre sus episodios con la derrota del ejército estadounidense (ya sabéis: el famoso Séptimo de Caballería de Michigan) en la batalla de Little Big Horn en 1876. Todo ello unido al surgimiento y desarrollo del movimiento obrero en zonas ya industrializadas y mineras del que hemos hablado antes.
Así las cosas, una nueva crisis, sobrevenida antes de que se pudieran superar del todo los efectos de la anterior, la de 1857, se desencadenó en 1873.
Ese año comenzó la llamada Gran Depresión de 1873-1896 que en general hemos olvidado en favor de la de 1929, pero que, por el contrario, es bueno que tengamos muy presente en momentos como los que atravesamos.
En la primavera de 1873 la Bolsa de Viena se vino abajo como consecuencia del paso de Alemania al patrón oro y, consecuentemente, las compañías ferroviarias y todas las empresas a ellas asociadas (bancos, aseguradoras…) colapsaron, dando inicio a una onda de choque que se expandió por todo el mundo. Durante veinte años, el incremento en la producción de hierro y acero desplomó los precios de estos productos uniéndose al hundimiento de los de las materas primas (grano, algodón…) en un acentuado ciclo de deflación que condujo al empobrecimiento de grandes masas de población europea impulsada a la emigración, lo que en Estados Unidos condujo a un incremento de la mano de obra que derivó en la bajada de salarios (hasta un trescientos por cien menos en 1877 en relación con 1867) y el consiguiente descontento que se tradujo en un incremento del movimiento obrero y sus movilizaciones con el ápice significativo de la Gran Huelga de Ferrocarriles de 1877 que las empresas y el gobierno estadounidense reprimieron salvajemente usando el ejército, la policía y matones privados que emplearon ampliamente el asesinato, la coacción, la violencia y la tortura dando así comienzo a la feroz represión contra el movimiento obrero y la consolidación de la hegemonía de la oligarquía financiera como centro del Estado que todavía perdura en el neoliberalismo actual que han exportado a gran parte del mundo.
Al final, los Estados Unidos salieron de la profunda crisis de 1873 mediante la guerra: arrebatando a España sus últimas provincias ultramarinas (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, las Marianas…) y apropiándose de los circuitos económicos que las unían en 1898.
CONCLUSIÓN
Ese es el ciclo: especulación, represión del pueblo que protesta por su empobreciento, crisis y guerra que enriquece más a los ricos empobreciendo más a los pobres entre los que se cuentan los «países aliados» mejor denominados «estados satélite». Así funciona el sistema impuesto por los Estados Unidos en el que estamos sumergidos como estado satélite y que, desde luego, no nos favorece.
Ese es el juego tras la guerra de Ucrania y el giro del Gobierno Sánchez en el asunto del Sáhara Español (del que oportunamente hablaremos en estas mismas páginas) y es bueno que lo sepamos. Nos llevan una vez más al matadero, y es posible que esta vez sea la definitiva. Seamos conscientes y comencemos a actuar. Estados Unidos son nuestros enemigos y la OTAN no está diseñada para defendernos sino para explotarnos, controlarnos y manipularnos.
Decía Manuel Fraga Iribarne que a los cuarenta años te entra la prisa. El tiempo empieza a acelerarse y comprimirse y cada vez quedan menos ocasiones de alcanzar las más íntimas ambiciones. Él, en 1962, justo cuando cumplía los cuarenta,, se convertía en ministro de Información y Turismo, puesto que mantuvo hasta los cuarenta y siete. Después llegaron las maniobras políticas para alzarse a la cabeza del Gobierno (1969-1989) que le convirtieron, admitámoslo sin ambages, en un fracasado si bien, durante quince años, entre los sesenta y ocho y los ochenta y tres pudo gozar de una dorada satrapía autonómica sobre la que jugar a gobernar.
Pero no es de Fraga Iribarne de quien quiero ocuparme, sino de Putin y su cuadrilla de silovikis.
A menudo no reparamos en el hecho, a mi modo de ver crucial, de que todos ellos transitan ya por el inicio de su séptima década de vida. El tiempo se les acaba y durante el último cuarto de siglo solo han sido capaces de auparse al poder y mantenerlo en medio de una mediocridad apabullante y una corrupción galopante. Bien mirado, ante la Historia no son nada. Apenas unos robaperas de cuarta que no han sabido recuperar el poder y la influencia de los que disfrutaba la URSS en la que se educaron. Esta es una verdad que su propaganda puede ocultar a sus súbditos actuales, pero que perdurará inmisericordemente desnuda durante siglos, milenios…aunque los milenios, admitámoslo, estaban destinados a olvidarlos como irrelevantes y mediocres de mantener su perfil del último cuarto de siglo.
Tienen setenta años, los lujos y los privilegios dejan de tener importancia (¿de qué sirve poder pagarte las mejores putas si ya no se te levanta o disponer de los licores más caros si te elevan la tensión arterial y te provocan acidez de estómago?) y se enfrentan a la eternidad. A la necesidad impúdica de dejar un legado.
Ignoro cuales son sus creencias religiosas y si alguno de ellos piensa en llegar al otro lado con un expediente limpio. Lo cierto es que, como demuestran los hechos, se ha apoderado de ellos el pánico a la irrelevancia histórica.
¿Y si todo este asunto de Ucrania fueran solo cosas de la edad?
Los yayos mandamases rusos son conscientes de su mediocridad y están dispuestos a ganarse un lugar en la posteridad (aunque sea sombrío y despreciable) a costa de la sangre de los jóvenes propios y ajenos. Terrible forma de vampirismo erostratista en absoluto infrecuente en la Historia.
Los dioses nos guarden de los viejos fracasados que disponen de demasiado poder (y armas nucleares).
Un conquistador debe serlo. Un ejército victorioso es siempre un ejército leal y dispuesto a afrontar los sacrificios de la guerra sean estos cuales sean. Las cosas cambian cuando la victoria se demora y el orgullo se quiebra. Entonces el «conquistador» que lo rige puede empezar a temer por su propia cabeza (ya sea metafóricamente o no).
El ejército de los Estados Unidos perdió la guerra de Vietnam cuando sus miembros dejaron de poder pasearse orgullosamente por su propio país vistiendo el uniforme militar y Atila difícilmente hubiera muerto de un infarto en su noche de bodas allá por el 453 si después de la derrota en los Campos Catalaunicos (451) no hubiera logrado destruir Milán y Aquilea (452), esta última, hay que decirlo, de pura chiripa.
Del mismo modo, la guerra colonial portuguesa (1961-1975), que no parecía poder ganarse, fue un factor fundamental para el golpe de Estado contra la dictadura de aquel país en 1974. La llamada Revolución de los Claveles se produjo por el hartazgo del ejército portugués en una prolongada guerra sin gloria en las colonias y desembocó en una inmediata (y, para mí, vergonzosa) rendición en todos los frentes.
Putin se encuentra ahora mismo en esa misma situación, con muchos soldados de reemplazo llenos de rencor por haber sido arrojados al estercolero de una guerra difícil de ganar y sin gloria y con muchos oficiales y jefes (han muerto ya tres generales, dos de ellos rusos, checheno el otro) preguntándose qué demonios hacen en semejante laberinto y avizorando un futuro todavía más sacrificado y complejo para ellos.
Nos acercamos a los idus de marzo. Y añado: ¿nos acercamos a los idus de marzo?