
El domingo 26 de julio de 1806, en Winkel, con Maguncia a la izquierda y Bingen (la abadía de Hildegarda) a la derecha, ambas en la orilla opuesta, la joven poetisa de 26 años Karoline Von Günderrode, desesperada por no conseguir que su amante, Georg Friederich Creuzer, que tendría el mal gusto de sobrevivirla hasta 1853, abandonara a su mujer, buscó un tranquilo y adecuado paraje en la rivera del Rin y llegó hasta él con un llamativo vestido rojo. Una vez allí, tras asegurarse de que se encontraba sola, extrajo de su faltriquera un estilete de plata y se lo clavó en el corazón dejándose caer, como una Ofelia travestida en amapola, en la corriente impetuosa del río, que la arrastró durante días hasta que la encontraron en un remanso. Había dejado escrito el siguiente poema:
Du, starkes Rot,
Bis in den Tod
Wird dir gleich sehen meine Liebe,
Nicht bleichen wird die Farbe,
Bis in den Tod, du, starkes Rot,
Wird dir gleich sehen meine Liebe.
Es decir:
« A ti, rojo intenso,
hasta la muerte
se parecerá mi amor,
no palidecerá el color,
hasta la muerte,
a ti, escarlata fuerte,
se parecerá mi amor.»
No quiero decir nada más.
© Fernando Busto de la Vega.
