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OVNIS, FINANCIACIÓN Y CONTROL SOCIAL

Los OVNIS son útiles, llevan siéndolo desde los años cuarenta. Y lo interesante del fenómeno es su versatilidad. El mismo cuento puede aplicarse con utilidad a diferentes estrategias encaminadas todas, eso sí, al mismo fin: el control social.

En los tiempos de la Guerra Fría el fenómeno OVNI sirvió para fomentar un clima de miedo y desconfianza, así como de credulidad, que, por un lado, estimulaba la susceptibilidad del electorado y, por otro, camuflaba pruebas de vuelo y balísticas.

En la época de la Estrategia de la Tensión (desde finales de los sesenta hasta mediados de los ochenta) ejercieron un papel de evasión y canalización de la atención ciudadana. Para quienes no lo sepan explicaremos que la Estrategia de la Tensión fue una táctica de los Estados Unidos y sus satélites para reconducir la sociedad hacia un modelo más autoritario y conformista. En los años de la posguerra se había jugado a contener las ansias sociales de la clase obrera occidental con el desarrollismo, pero el imperialismo soviético y sus medios de agitprop encontraron grietas para desestabilizar gravemente el bando occidental a través de la contracultura, el pacifismo alentado por la KGB a raíz de la guerra del Vietnam, el ecologismo, el movimiento antinuclear…

Las bases ideológicas, sociales y políticas del bando occidental empezaron a socavarse muy deprisa y la CIA contraatacó con la Estrategia de la Tensión: comenzó una angustiosa, sangrienta y feroz campaña de terrorismo de Estado amparado en operaciones de bandera falsa, que abarcaron desde las Brigadas Rojas en Italia y la Baader-Meinhof en Alemania, hasta el GRAPO y la ETA en España, sin otra intención que amedrentar a la sociedad e inducirla a aceptar leyes más represivas, a alejarse de ideas marxistas que se desprestigiaban mediante la sangre y, por ende, a aceptar un cambio de las políticas económicas desde el keynesianismo al neoliberalismo salvaje impulsado por Milton Friedman y la Escuela Económica de Chicago. Así las cosas, los triunfos electorales de Margaret Thatcher en Inglaterra en 1979 y Ronald Reagan en Estados Unidos en 1981 fueron consecuencias lógicas de esta estrategia.

Naturalmente, la Estrategia de la Tensión engendró una terrible angustia en la población y fue preciso habilitar canales para disminuir la tensión y compensar el miedo, la bajada del nivel de vida y demás consecuencias negativas de aquella táctica. Llegó así la liberación sexual, el auge del erotismo, la autorización de la pornografía (incluida la infantil hasta 1979), la extensión del consumo de drogas…y la intensidad de avistamientos OVNI aireados por la prensa sensacionalista y el cine que culminó en películas propagandísticas como Encuentros En La Tercera Fase (1977) o ET (1982).

Ahora estamos asistiendo a una nueva reedición del fenómeno OVNI, y esta vez de modo espectacular: con comparecencias ante el Senado de los Estados Unidos, filtraciones del Pentágono y todo un montaje mediático para dar credibilidad y seriedad al asunto…obviamente, la finalidad última es el deseo de dotar de mayores medios a la industria militar estadounidense que necesita siempre enemigos nuevos y peligrosos para mantener engrasada la maquinaria y seguir produciendo y obteniendo beneficios económicos disparatados. Debemos preguntarnos, no obstante, que otro objetivo político de control social van a asociar a este primordial de rebañar la chocolatera estatal. Algún nuevo supositorio totalitario nos preparan, id preparando la vaselina…

© Fernando Busto de la Vega.

¿LECTORES SENSIBLES?

NATURALMENTE, ES NECESARIO ILUSTRAR ESTA ENTRADA CON UNA IMAGEN QUE DENOTE MACHISMO Y RACISMO Y, SOBRE TODO, INDEPENDENCIA DE CRITERIO CON RESPECTO A LOS CENSORES WOKES. ESCRIBIR ES UN ACTO REVOLUCIONARIO.

Una de las cosas buenas de ser el último mono de la literatura patria es que no me hacen caso ni los abundantes censores que andan estos días por esos mundos convencidos de que la corrección política no es un dogma tan despreciable como todos los demás y ejerciendo de Torquemadas y Savonarolas no solo contra aquellos libros y autores nuevos que pueden defenderse sino, incluso, contra los clásicos.

Vamos a ver: el trabajo de un escritor es, principalmente, poner en solfa cualquier dogma vigente, darle la vuelta a toda normalidad aceptada, provocar, sobrepasar los márgenes para poner en evidencia al poder de turno y sus reglas…que siempre tienen un mismo fin: mantener en el poder al poderoso y en la indefensión y la miseria a los sojuzgados. Escribir es por sí mismo un acto revolucionario.

En ese sentido, en el de evitar la literatura como acción revolucionaria, una de las herramientas más despreciables del poder globalista actual son esos censores, ebrios de puritanismo y de prejuicios maoístas, aunque no tengan ni puñetera idea de quién era Mao Zedong (y del papel que su ideología cumple al servicio del imperialismo totalitario de China) y se crean muy modernos/as/es, que se declaran a sí mismos «sensibles» y trabajan bien por libre, bien, lo que ya riza el rizo, para agencias o editoriales de tal modo que no solo censuran los libros publicados sino aquellos por publicar cuya eclosión impiden, lo cual incide en la desesperada necesidad de los escritores independientes por abrirse camino hacia la luz, a pesar de las editoriales grandes y pequeñas que tratan de impedírselo con criterios crematísticos e ideológicos. Ya sabemos que la buena literatura no va a ser anunciada en televisión ni jaleada en las revistas literarias, se abre ante nosotros el excitante panorama de la contracultura, de la revolución, de la conquista del Estado y el espacio público…¡Somos afortunados! ¡Al combate!

En última instancia, esa de los lectores «sensibles» se trata de censura de la peor especie. Estos lectores «sensibles» no se diferencian en nada de los censores de la inquisición, también aquellos se creían en posesión de la verdad absoluta, aunque, hay que decirlo, sobre todo examinando las publicaciones del Siglo de Oro Español, eran mucho más cultos e inteligentes que las feministas, maricones y negros varios que ahora ejercen de tales con un único objetivo: destruir la Civilización que, les guste o no, es cosa de europeos blancos (no los hay de otro color, mal que les pese).

Estos lectores «sensibles» no han sido capaces de asimilar la Civilización (que es greco-romana) y mucho menos de aceptar el papel subordinado de determinados pueblos con respecto a ella. Así las cosas, en lugar de sumarse a su exigencia moral intentando aportar algo que redima su origen periférico, se empeñan en destruirla mediante la censura, ayudando con ello al ya citado imperialismo totalitario chino.

Estas liendres son miasmas de las catástrofes del siglo XX que todavía nos afectan y representan el síntoma inequívoco de nuestras enfermedades que habremos de curar más temprano que tarde si queremos que la Humanidad y la Civilización sobrevivan. Ello implica poner en valor y recuperar esta última con su sentido filosófico e histórico original y unívoco. Para hacerlo necesitaremos acciones enérgicas y, a menudo, violentas.

Estamos de nuevo al final del imperio romano, de nosotros depende restablecerlo o perdernos en otros mil años de oscuridad. ¡Ah, Flavio Ecio! ¿Dónde estás?…

Mientras tanto, está claro: para defender la Civilización, la Libertad y la supervivencia de la Humanidad es necesario escribir libros machistas, racistas y salvajes. E ir con un bate de béisbol a las presentaciones…Ahora comprendo a los futuristas cuando proclamaban que un puñetazo también es arte.

© Fernando Busto de la Vega.