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CINCUENTA AÑOS PERDIDOS

El ilegítimo e ineficaz régimen de 1978 que padecemos en España va ya para el medio siglo de existencia y en ese tiempo no ha logrado resolver ni uno solo de los problemas que impiden el avance y progreso del país y su ascenso a los lugares que, histórica y moralmente, le corresponden. Se trata, por lo tanto, de un periodo perdido, de cincuenta años inútiles y tirados a la basura.

Lo primero que debemos saber a este respecto es que dicho régimen no respondió nunca ni a los intereses ni a las necesidades de España. Se trata de una imposición del imperialismo estadounidense pensada para mantener debilitada a la nación. Recordemos que el enemigo Kissinger no se ruborizaba al afirmar que una España fuerte era una España peligrosa, de modo que los estrategas de Washington (con la colaboración culpable de fuerzas políticas españolas más interesadas en apesebrarse y detentar el poder que en servir a la nación y el pueblo: socialistas, democratacristianos, liberales, independentistas periféricos de toda laya…) pergeñaron un régimen llamado a la debilidad y sometido a la obsolescencia programada a través de la lacra federalista y autonomista.

Y, como era de esperar, dicho régimen colonial y sometido a intereses extranjeros, enemigo de hecho de la grandeza de España, no ha solucionado ni uno solo de los problemas prexistentes y heredados del franquismo.

Una breve lista de los problemas que ya acuciaban a España en 1950 y que no ha resuelto el régimen de 1978…y estamos en 2024:

1.- Vivienda.

2.- Despoblación, demografía, emigración (nuestros jóvenes mejor preparados siguen teniendo que salir de España para alcanzar sus más altos objetivos profesionales lo que incide en el debilitamiento demográfico del pueblo, ayudado por ideas «progresistas» que conducen a agudizar la crisis de natalidad.)

3.- Inmigración (a cambio de los españoles preparados que emigran, estamos recibiendo decenas de miles de inmigrantes del tercer mundo con escasa preparación y sin otras finalidades que subvenir al obsoleto modelo económico basado en la especulación y la explotación laboral, la conversión de España en un país de servicios sin industria, tecnología ni investigación y abocado a un mestizaje que destruirá su esencia cultural, moral y genética).

4.-Estructura económica (seguimos en el binomio turismo-especulación urbanística y en el fomento del latifundismo agrario, que incide en el vaciamiento de grandes zonas del interior donde el asentamiento de los intereses de los grandes propietarios incentivados y sostenidos por la PAC es incompatible con la diversificación económica y la prosperidad de aquellos que no son propietarios agrarios y de quienes podrían asentarse en el agro con propuestas innovadoras).

5.- Estructura social (debido al mantenimiento del obsoleto y viciado sistema económico estimulado por la sopa boba del dinero europeo que viene a beneficiar a los oligarcas ya establecidos: en su mayor parte una clase consolidada con la especulación en la I Guerra Mundial y el estraperlo durante el franquismo que se perpetúa gracias a la especulación y al mantenimiento del régimen que les beneficia en perjuicio del resto del pueblo, razón por la cual Bruselas es un problema para España igual de preocupante que Madrid, Barcelona, Vitoria o Sevilla. Debido, decíamos, al mantenimiento de la deficiente y viciada estructura económica se mantiene el cacicazgo que tanto ha contribuido desde la imposición del liberalismo en el siglo XIX a dificultar e incluso paralizar el progreso y la grandeza de España)

6.-Integración territorial y permanencia del Estado (cuando quienes mandan son las oligarquías de siempre con intereses territoriales y bases clientelares y entre ellas se articulan, además, en clave regionalista-nacionalista, es claro que las tensiones comarcales persistirán y aumentarán, especialmente si la constitución permite y potencia cualquier idea tendente al federalismo que en España, la historia lo demuestra, piénsese en la Guerra Cantonal, conduce a la disgregación y a la pérdida de territorios a manos de potencias extranjeras, en ese mismo evento los cantonalistas de Cartagena quisieron unir el territorio que controlaban a los Estados Unidos, no se olvide).

7.-Desempleo (en un sistema económico viciado y anclado en la especulación, la explotación social, la conversión de España en un país bananero de servicios con baja cualificación de sus empleados fomentada por la inmigración selectivamente negativa, se atrae a los menos cualificados para que compitan y reemplacen a aquellos españoles que no emigren disolviendo así la esencia nacional, el paro es sistémico, buscado y parte esencial de la prosperidad de la oligarquía cleptócrata, colonial y corrupta).

8.-Consolidación de nuestros intereses geoestratégicos (Nos metieron en la OTAN, pero la OTAN no defiende nuestros intereses, sino los de nuestros enemigos. Gibraltar sigue y seguirá en manos inglesas sin que dentro de la OTAN tengamos posibilidad de recuperarlo, Estados Unidos sigue favoreciendo a Marruecos en contra de España, lo que nos costó ya nuestras provincias saharauis y amenaza directamente a Ceuta, Melilla y las Canarias…Tampoco nos permite regresar a América con un programa de integración y restablecimiento de la Hispanidad, ni hacer lo propio en Asia y África…)

9.-Tensiones disolutivas (a través de las ideas autonomistas y federalistas y de las leyes que impiden una acción hispánica positiva combatiendo a las fuerzas que contribuyen a la disolución de la nación, desde el independentismo, el servicio a imperialismos orientales, como el moscovita o el pequinés, de las izquierdas o las ideas que amenazan la fibra moral, genética y demográfica del pueblo que el régimen no solo tolera sino que potencia, España avanza hacia la obsolescencia programa que será irremisible convirtiéndonos en un Estado fallido si el régimen perdura lo suficiente).

En suma, hemos perdido medio siglo de progreso y fortalecimiento por causa del ilegítimo e inoperante régimen de 1978. La pregunta es cuando nos hartaremos y llevaremos a cabo una revolución nacional. Os conozco: sois estúpidos y débiles, será nunca.

© Fernando Busto de la Vega.

PRUEBAS DE APTITUD PARA FUNCIONARIOS (LA PERVESIÓN ESTRUCTURAL DEL SISTEMA)

La idea, en principio, no es mala. Diré más: resulta absolutamente necesaria. Eso de evaluar a los funcionarios y condicionar sus ascensos y la permanencia en sus puestos directamente con el cumplimiento de sus funciones no puede discutirse como parámetro radical y necesario para avivar la imprescindible utilidad y funcionalidad burocrática del Estado (entendiendo este como la integridad de sus servicios tanto centrales como autonómicos, municipales y periféricos).

De hecho, los ingenuos estarán muy contentos con lo que el Gobierno ha publicado hoy, 20 de diciembre de 2023, en el BOE en relación con las evaluaciones de desempeño de los funcionarios.

Los que, como se dice vulgarmente, tenemos el culo pelado en el servicio público y aquellos que se encuentren más al cabo de la calle aplaudiremos menos. Para no mentir: levantaremos una ceja escéptica y esbozaremos una sonrisa sarcástica.

Esas pruebas de evaluación, tal y como están las cosas, tal y como funciona la burocracia española, con todas las pequeñas tiranías y taifas instaladas a lo largo y ancho de los escalafones y los organismos y con la perpetua interferencia política de uno y otro signo en continua expansión y colonización privada (partidista y lobista) del espacio público solo representan un instrumento más de manipulación, corrupción, prevaricación, favoritismo y arbitrariedad que empeorará el servicio público perpetuando su progresiva y acelerada decadencia que será una de las causas más directas e inmediatas de la deriva de España hacia la condición de Estado fallido.

No nos engañemos: la burocracia española, y esto es más cierto cuanto más periférica, es un coto del amiguismo, del nepotismo y de la corrupción más o menos encubierta, también de círculos de intereses más o menos confesados (de clase, de partido, de confesión, de favores mutuos, de enchufismo) que se enfrentan al propio Estado y a otros círculos de intereses para conseguir taifas en las que ejercer su tiranía y apesebrarse. Es así. Quien diga lo contrario o miente intencionadamente o ignora la realidad.

Por supuesto, los sindicatos mayoritarios (que ejercen como verticales y correas de transmisión de sectores políticos e intereses privados mucho más vehemente y eficazmente que los propios sindicatos verticales franquistas) han reclamado su papel en el nuevo sistema. Ellos dicen que para evitar arbitrariedades, en realidad, lo sabemos todos, para imponer las propias. Desde hace décadas los sindicatos han dejado de representar a los trabajadores para erigirse en gremios cerrados especializados en la defensa de los privilegios de determinados grupos y hasta generaciones. En ese sentido hemos regresado a la Edad Media y no somos un país moderno, sino una monarquía bananera donde los propios sindicatos contribuyen, con su afán de poder, subvenciones y colocación de propios en todo el organigrama burocrático, a la acentuada decadencia que padecemos.

Lo decimos siempre: el régimen ilegítimo y corrupto de 1978 nos conduce a la destrucción y absolutamente todos las facciones acomodadas en él son igualmente corruptas, ilegítimas y decadentes.

De modo que no hay que alegrarse por el supuesto avance que suponen estas evaluaciones anuales de los funcionarios. Nos encontramos, sencillamente, ante otro instrumento más de prevaricación, arbitrariedad y tiranía encubierta, un paso más en el asentamiento de las taifas burocráticas que carcomen nuestro sistema burocrático: necesario, pero podrido hasta la médula y necesitado de la misma profunda limpieza que los demás ámbitos del Estado (político, sindical, judicial, periodístico, empresarial y bancario…)

En otras palabras: estamos bien jodidos.

Menos mal que todavía nos queda Forges.

© Fernando Busto de la Vega.

LA FALACIA DEL BLOQUEO PARLAMENTARIO

Cuando el partidismo y los intereses fácticos y espurios se imponen al patriotismo y la responsabilidad, se contraen gravísimas responsabilidades y se cometen delitos de lesa patria que no pueden ser perdonados ni reparados, solo castigados. Hablamos de traición.

Hoy, justo después de las elecciones del 23 de julio de 2023 en España, los dirigentes de los dos grandes partidos (PSOE y PP) incurren, una vez más, en los delitos arriba descritos.

Únicamente por sus intereses partidistas y su inercia de politicastros al servicio de sus propias ambiciones y no de los intereses generales de la nación, nos andan vendiendo por un lado el cuento del bloqueo parlamentario y, por el otro, la necesidad de pactar con partidos que son enemigos de España, traidores y nocivos al bien común.

Nos mienten diciendo que la situación política y parlamentaria es complicada e insalvable y esta mentira constituye traición. Y habría que empezar a recordarle a todo el mundo, especialmente a nuestros representantes públicos, que la traición se paga con la vida. Claro: en un régimen liberal diseñado para convertir a España en un Estado fallido, no. Cuando llegue la restitución del orden, entonces sí.

En realidad, la situación política española resulta muy sencilla. Lo principal es dejar fuera de las opciones de decisión a los enemigos de España, sean territoriales o sean extremistas financiados por poderes externos. La solución es una gran coalición centrada en un programa racional y factible que aporte una larga legislatura de estabilidad y progreso beneficiosa para el común del pueblo y la nación.

Negar esta posibilidad y fingir para conducir a España al bloqueo o a pactos con extremistas o independentistas es traición, lo repito. Demagogia, antipatriotismo. Exijo desde aquí la dimisión de todos aquellos que insistan en esa dicotomía artificial y se opongan a la necesaria gran coalición.

Sería el pueblo, en la calle, quien debería exigir esta solución. No se hará porque no vivimos en una verdadera democracia. Una verdadera democracia está compuesta por ciudadanos, el régimen español de 1978 se cimenta en una plebe sin formación y sin moral, es parte de su naturaleza que, como ya hemos explicado en otras artículos de este mismo blog, está diseñada por nuestros enemigos, especialmente el imperialismo yanqui, para conducirnos a la destrucción.

Y así estamos descendiendo un escalón más hacia la condición de Estado fallido por culpa de nuestros irresponsables políticos. Luego se quejarán cuando, por traidores, los llevemos al paredón (a unos y a otros, no habrá diferencia de siglas ni de colores).

© Fernando Busto de la Vega.

NEOLENGUA Y TOTALITARISMO (HACIA LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA)

Lo dijo Kissinger: «Una España fuerte, es peligrosa». Y todo el futuro diseñado por los Estados Unidos para nuestro país estuvo dirigido desde el llamado Contubernio de Munich en 1962, a dinamitar España convirtiéndola en un estado fallido de obsolescencia programada.

Suena a conspiranoia barata, pero en 1951 la OTAN fundó el Comité Clandestino de Planificación que manejó secretamente los destinos de Europa, y, por consiguiente, de España, hasta acaso nuestros días. Nada se escapa a su diseño secreto y, desde luego, la consigna principal en lo que respecta a España es que jamás sea un país fuerte, por eso el régimen de 1978 se diseñó para autodestruirse y lleva camino de hacerlo.

Bien: en esa tarea las neolenguas que nos han ido introduciendo desde las instituciones y la prensa, imponiéndolas artificialmente sobre la sociedad, resultan uno de los instrumentos más efectivos y peligrosos para la conversión (ya próxima) de España en un estado fallido.

Para aquellos que no lo recuerden o jamás llegasen a aprenderlo, diré que el concepto de neolengua aparece en la novela 1984 que George Orwell publicó en 1949 como crítica de los regímenes totalitarios.

En esta novela la neolengua, implementada por el Ministerio de la Verdad, tenía como función dominar el pensamiento de los miembros del partido único y de la sociedad haciendo inviables otras formas de pensamiento y disidencia, que se consideraban crímenes.

En estos días, el régimen de 1978 que padecemos, nos ha impuesto dos neolenguas cuya función es precisamente esa: la de trazar la ortodoxia, dibujar una supuesta realidad en todo opuesta a la verdad, e impedir la disidencia, que se convierte, a través de los delitos llamados de odio (que penalizan la disidencia de pensamiento y obra) en delito y otorgan una supuesta superioridad moral y una legitimidad indiscutible al poder totalitario que nos conduce, paso a paso, a la condición de estado fallido.

La primera neolengua es de naturaleza geográfico-étnica y viene a poner en cuestión la realidad, unidad, viabilidad y legitimidad de España como nación, como pueblo único y como concepto, trabajando, por lo tanto, para su disgregación territorial seguramente acompañada de enfrentamientos civiles.

El modelo que impuso el régimen de 1978 tendía al federalismo de corte alemán por diversos motivos: porque venía a retomar una vieja (y peligrosa, en la guerra cantonal de 1873 los federalistas pretendieron convertir Cartagena en una estado de los Estados Unidos y solo la rápida conquista del cantón por las tropas unionistas logró impedirlo) corriente federalista del republicanismo y regionalista de la derecha católica (que se estructuró en la CEDA), porque para alejar a los catalanistas de la URRS (con la que ya se habían aliado desde los años veinte) y contentar a los vasquistas que trabajaban para la CIA desde los cuarenta los diseñadores estadounidenses les atrajeron con promesas de autonomía e independencia y porque la Fundación Friederich Ebert, gestionada por el SPD alemán y el sindicato IG-Metall, sostenía y dirigía al PSOE que, con el tiempo, además de regalarle SEAT a Volkswagen, hasta copiaría los uniformes de la policía alemana. Y, en conjunto, esta estructura federal, como ya había demostrado la historia de España, conducía tarde o temprano a la disgregación territorial.

Pues bien, con la excusa de ese modelo autonomista-regionalista-federalista que nunca acabó de definirse en ninguna de sus vertientes (lo que ya de por sí convierte al régimen de 1978 en un fracaso) vino a imponerse la neolengua geográfico-étnica.

Se decía que era para integrar las otras lenguas del Estado español y normalizarlas, pero en realidad se pretendía sembrar la división y debilitar los lazos de unión estimulando una neolengua que atentaba contra el legítimo y necesario monopolio del castellano como lengua vertebradora de la unión nacional y del pueblo. Fue así como las provincias, regiones y localidades pasaron a denominarse en jerigonzas territoriales proclamando que las distintas zonas eran realidades políticas y culturales diferentes, lo que conculcaba la noción de unidad. Luego, esa misma política se extendió a los nombres personales y a la educación hasta el punto de que hoy en día parece casi imposible que los alumnos españoles aprendan en español en muchas zonas de la nación y que los ciudadanos lleven a cabo sus gestiones públicas en la lengua nacional, el español, que es la única que vertebra y garantiza la unidad de España siendo todos los demás dialectos, aparte de inventados y artificiales, puramente disolventes y debilitadores del pueblo, la nación y el Estado que son únicos y deben seguir siéndolo.

Esa es la primera neolengua que el ilegítimo régimen de 1978 impuso en España.

La segunda, igualmente dañina y peligrosa, se está imponiendo en nuestros días. Es esa inmensa estupidez (salvo por sus mefistofélicos efectos disolventes) del lenguaje inclusivo.

En este caso la idea es hacer pasar por normales cosas que no lo son y forjar formas de pensar que proscriban el pensamiento crítico y la disidencia. Curiosamente, y es asunto notable y elocuente, todas las cosas que tratan de imponernos como «normales» y «buenas» tienen como función última atentar contra la viabilidad demográfica, y por lo tanto genética, del pueblo español y la sustitución de los españoles no nacidos por miembros de otras etnias que, en la práctica, lanzan al vertedero de la historia las cualidades y virtudes genéticas y culturales que hicieron de España una potencia civilizadora, llevándola a la aniquilación.

En este punto, además, incorporan otro concepto orwelliano: el facecrime, el «caracrimen», es decir: un código de comportamiento físico determinado que contribuye a imponer el pensamiento viciado a través del comportamiento social. En la novela un ejemplo de facecrime era dejar asomar una expresión de escepticismo cuando el Partido hablaba de un triunfo o un logro. En nuestro contexto concreto el facecrime abarca desde lo que denominan micromachismos hasta el concepto de supuesto racismo institucional pasando por toda la panoplia de los llamados «delitos de odio» que solo son una forma de penalizar la disidencia e imposibilitar la reacción de la parte sana de la sociedad para evitar la conversión de España en estado fallido.

El totalitarismo nos subyuga a través de las neolenguas y de las leyes impuestas por un régimen ilegítimo y destinado a la autodestrucción…vuelvo aquí a recordar a Francisco de Vitoria.

© Fernando Busto de la Vega.