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AFINIDADES HISTÉRICAS

A nadie se le oculta que el feminismo tiene una acusada vertiente patológica nucleada en torno a los vaivenes hormonales de las féminas potenciados por la abundancia de fármacos para los desarreglos mentales que consumen y orientada siempre a una infantilización permanente.

Analizando el comportamiento y la ideología de dichas feministas se comprobará que básicamente buscan rehuir sus responsabilidades como adultas, escapar a un reino de dulces y piruletas donde simplemente tienen que reinar. De la contradicción inevitable entre sus aspiraciones peterpanescas y la cruda realidad proceden la inmensa mayoría de sus desarreglos emocionales, mentales, personales y sociales. Pero no por ello aceptan la realidad y tratan de gestionarla racionalmente, al contrario: se empeñan en su constante huida de la realidad y, para ello, buscan el apoyo y el refuerzo positivo de otras trastornadas como ellas conformando grupúsculos sectarios de autoafirmación que conducen siempre a conductas egocéntricas, narcisistas y destructivas que se encuentran en la raíz misma de los problemas sociales que esta enfermedad mental y hormonal descontrolada esta generando en la sociedad. Una sociedad que ha caído en plena decadencia precisamente por ese mal generalizado.

Estas catervas de féminas gravemente afectadas por desarreglos mentales potenciado siempre por asociaciones sectarias que han parasitado el Estado y nunca diagnosticadas por las profesionales (son mayoría las mujeres en los ramos de la psicología y la psiquiatría y los hombres que se dedican a estas labores están coartados o manipulados ideológicamente) que pertenecen a esas mismas categorías sociales y padecen idénticos problemas mentales. Estas manadas de mujeres en plena huida de su madurez y sus responsabilidades (equiparables a los histéricos aquelarres medievales o a las sectas de bacantes enloquecidas de la época grecorromana) decíamos, representan un grave problema social. En el trabajo, donde a menudo son preferidas para los ascensos por cuestiones de discriminación sexual contra los varones y cooptación, suelen ejercer de floreros incapaces a los que precisamente deben sacar las castañas del fuego hombres colocados en puestos subalternos. Una de las causas de la decadencia de la administración pública, incluyendo en ella la sanidad y la educación, es, nos guste reconocerlo o no, la superabundancia en puestos de responsabilidad de mujeres afectadas por ese trastorno peterpanesco disimulado en ideología y totalmente incapaces de hacer frente a sus obligaciones laborales, sociales y personales.

En el campo de la familia es notorio el elevado número de mujeres que, envueltas por el estímulo de sus pequeños aquelarres histéricos y egoístas, acaban eligiendo la vía del divorcio como camino para eludir sus responsabilidades sociales y personales desembocando en unas nuevas adolescencias otoñales cimentadas en la destrucción económica y sentimental de sus antiguas parejas y a menudo de sus hijos (sacrificados en el ara del egoísmo y el narcisismo femenino) y estructuradas en torno al beneficio perpetuo y la falta de compromiso de esas féminas enfermas siempre reforzadas por sus amigas también divorciadas o en vías de estarlo reunidas en esos núcleos sectarios tan poco estudiados en la sociología y la política actuales. Es ahí, en esa red de sectas estructuradas a través de una ideología que esconde y justifica una preocupante serie de desarreglos mentales y potenciada por entidades parasitarias, desde partidos políticos «progres» a sindicatos y asociaciones diversas, donde es preciso buscar la raíz de la indiscutible decadencia de Occidente.

Es ahí donde hay que buscar y donde poner remedio, sin contemplaciones.

LA DENUNCIA DE ELISA MOULIAÁ

No seré yo quien defienda a Íñigo Errejón cuando lo considero un cáncer para la patria y un traidor y él mismo ha reconocido ser un cerdo desagradable y acomplejado con las mujeres. Pero la denuncia de Elisa Mouliaá contra él me parece digna de ser analizada porque pone de manifiesto ese histerismo revanchista, casi psicótico, infantil y ridículo que el feminismo ha inoculado en varias generaciones de hembras de la especie a las que han convertido en enfermas mentales de difícil recuperación.

Los hechos consignados en denuncia pública ante la policía son estos: la individua conoce a un diputado famoso en un sarao cultureta de la capital, se lo lleva a una fiesta en casa de una amiga accediendo explícitamente a las condiciones que él le impone, que incluyen estar siempre a su lado y acabar besándolo (lo que aquí y en toda tierra de garbanzos ha sido de toda la vida consentir y alentar, cuando no calentar) y una vez allí lo ignora poniéndose a bailar con otro (lo que después de haber accedido a sus condiciones es despreciarlo y darle celos por pura maldad o estupidez). El egregio diputado se encabrona, la agarra del brazo y se la lleva a una habitación contigua donde se magrean. Ella rehúsa consumar en tal alcoba ajena, él le exige abandonar la fiesta e ir a su domicilio para fornicar a sabor y ella accede.

Observemos bien los hechos: Elisa, que por otra parte no es una mujer pequeña ni físicamente desvalida, se deja agarrar del brazo y arrastrar sin oponer resistencia. Podría haber frenado la acción con una bofetada, plantándose y pidiendo ayuda en un salón lleno de gente que sin duda hubiera salido en su defensa (por cierto, ¿qué hacía su amigo allí presente sin defenderla?) …pero se deja arrastrar y, una vez a solas, ¡oh, cielos! se queda paralizada…(recomiendo a este respecto la lectura de algunos pasajes de la novela Jarrapellejos de Felipe Trigo bastante pertinentes). Con todo y ya con el miembro fuera y es de suponer en erección, cuando ella muestra su desdén el sátiro la deja ir…ella sale de la habitación tan solo un poco sobada y babeada y en lugar de irse a su casa, sigue bailando hasta que, cumplido el plazo acordado con el diputado, este la invita, bien que con malos modos, a acompañarlo a su casa y ella, que podía negarse, que, sintiéndose amenazada y encontrándose en una fiesta atestada de gente, podría pedir auxilio, accede y va…

Ya en el coche, cuando estaba yendo voluntariamente a casa del famoso diputado para pasar la noche con él (es de suponer que cohabitando y en ardiente coyunda, no para hacer punto o hablar de poesía romántica) recibe una llamada de su padre (al que había dejado de canguro mientras marchaba a vivir la noche) comunicándole que su hijo tiene fiebre y entonces cambia de planes, aunque de todos modos se deja llevar al domicilio del sátiro, famoso político, no lo olvidemos. El diputado, obnubilado por su deseo y, desde luego demostrando ser un zafio alejado de la caballerosidad, se enfada y pone pegas y trata de consumar su torpe deseo, pero, sin embargo, la actriz no es forzada a nada, puede abandonar al diputado y reintegrarse a sus funciones maternales. Hasta aquí los hechos. ¿Y el delito?

Elisa Mouliaá es una mujer adulta que en cualquier momento podía haber frenado los acontecimientos, y de hecho los frenó. ¿ Que Errejón es un mandril en celo sin sensibilidad ni empatía? Vale, no lo niego. Pero ella no es mucho mejor. Es la clásica pasivo-agresiva que cede a todo y luego se encabrona y convierte a su amante ocasional o de turno en una bestia negra al filtrar los hechos, cutres y desagradables, por el tamiz de la ideología supremacista, retorcida y victimista que le ha inculcado el feminazismo. La típica que avergonzándose de sí misma por su falta de dignidad y autorrespeto zanja sus miserias haciéndose la víctima y culpando al hombre de todos sus errores.

La denuncia de Elisa Mouliaá resulta interesante y esclarecedora porque nos demuestra el daño que el feminazismo está haciendo a la sociedad y hasta qué punto está pudriendo la mente, la madurez y la moral de las mujeres. Deberíamos tomar nota.

© Fernando Busto de la Vega.

NUESTRA NATURALEZA SIMIESCA

DISFRUTEMOS Y GOCEMOS CONTEMPLANDO LA CARA DE NUESTRO LÍDER

Leí hace algunos años uno de esos estudios etológicos que en un mal día pueden exacerbar tu ironía malvada y en uno bueno conducirte a reflexiones más o menos serias y profundas. Consistía en un experimento para averiguar qué era lo que más le gustaba contemplar a ciertas especies de monos con la finalidad última de extrapolar los resultados a la sociedad humana compuesta, como sabemos (y aunque nos pese) por primates evolucionados, pero primates al fin.

Pues bien, y no resultó una gran sorpresa, lo segundo que más les gustaba contemplar a los monos (y llamo la atención sobre el divertido sesgo del estudio) era la entrepierna de sus hembras (no encontré rastro, igual me aburrí pronto y dejé el ensayo a un lado antes de tiempo perdiéndome esa parte del estudio, de las preferencias de las monas ¿su segundo objeto de contemplación favorito serán los órganos reproductivos de sus machos? La duda me corroe, aunque no tanto como para inducirme a la investigación de campo). En eso los machos de la especie humana, y ahí están Only Fans, y en sus tiempos Playboy, Penthouse y otras revistas similares, para demostrarlo, no nos diferenciamos demasiado de los primates del estudio. Sé que a muchas puritanas feministas y activistas del mariconismo (generalmente feas, histéricas y traumatizadas) les horrorizará esta verdad, pero solo cabe decirles una cosa: bienvenidas a la vida real, chicas y chiques. Podéis tratar de colonizarla y manipularla para adaptarla a vuestras mentes enfermizas, pero la Naturaleza se abre siempre paso y pronto os apartará del camino principal de la evolución (y entonces pagaréis vuestros excesos).

Pero lo verdaderamente preocupante y desazonador de este estudio no era que los primates machos sintiesen atracción sexual por las hembras de su especie (¡caiga sobre ellos el anatema progre!) sino el primer y más deseado objeto de su contemplación: ¡Las caras de sus líderes!

En efecto: a un primate, más que la anatomía íntima y eróticamente caracterizada de sus hembras, lo que más le encocora y empepina, lo que más le satisface, es contemplar la cara de su jefe…la adhesión acrítica y cerril a su facción. Eso lo explica todo, desde la política desquiciada que padecemos al fútbol…

Yo, como no reconozco ningún líder ni deseo pertenecer a ninguna facción, he de limitarme al porno. Tengo que volver sobre el estudio citado a ver cuales eran la tercera, cuarta y quinta cosas que más complacía ver a los primates del experimento. Por aquello de salir del círculo vicioso…

AUNQUE NADIE ME LO HAYA PREGUNTADO, QUIERO AÑADIR ESTA INFORMACIÓN FUNDAMENTAL A LA ENTRADA: YO SIEMPRE FUI MÁS DE PENTHOUSE QUE DE PLAYBOY. EN SU MOMENTO ESTE TIPO DE PREFERENCIAS MARCABAN UNA DIVISORIA ENTRE HOMBRES SIMILAR A LA DICOTOMÍA MADRID-BARÇA. AHORA YA LO HEMOS SUPERADO CON LA NUEVA CENSURA DEL PURITANISMO PROGRE-FEMINISTA.

© Fernando Busto de la Vega.

¿PUEDE UNA «EXPERTA EN VIOLENCIA DE GÉNERO» DECIR LA VERDAD?

El adoctrinamiento es incesante, se extiende como una plaga por todos los resquicios de la estructura social desde la publicidad (donde la ideología se ha impuesto mediante la acción totalitaria y legislativa de los gobiernos afines a los chiringuitos que se amparan en ella para medrar, parasitar al Estado y destruir la sociedad a sueldo de imperialismos enemigos) hasta las escuelas y ha generado todo un entramado «académico» y de «expertas» que andan por ahí difundiendo la nueva religión progre.

Como todo dogma, la ideología de género en todas sus vertientes, también la de la llamada violencia de ídem, acaba chocando con la realidad, que evidencia su condición artificial, nefanda y nefasta (y utilizo esta palabra en el sentido pagano), y conduciendo a sus propagadores a la radicalización.

Cuando el dogma se ve ridiculizado por la realidad la reacción sectaria es siempre la misma: buscar un culpable externo, demonizarlo y radicalizar el discurso.

Con la ideología de género está sucediendo eso. Del mismo modo que el Renacimiento dio ocasión de existir a fanáticos como Savonarola o Lutero, y el islam, enfrentado al auge de Occidente, no deja de encumbrar a los cenutrios más ignorantes, salvajes y fundamentalistas, el feminismo y su ideología de género están engendrando histéricas jeremiacas cada vez más alejadas de la realidad y de la verdad y más encenagadas en el ciego fanatismo y en la demonización del espantajo que agitan como enemigo.

Conociendo, como conocemos, que su feroz dogmatismo, su totalitarismo estalinista aplicado en los colegios y los institutos (sin que nadie haya pagado por ello: hay unos cuantos miles de activistas y profesoras que deberían acabar en la cárcel y fuera del circuito educativo por su comportamiento abusivo, sexista y disolvente en las aulas) ha fracasado y que las nuevas generaciones, como no podía ser de otro modo, escapan con odio de su dominio ideológico, y la inveterada incapacidad de estas totalitarias para aceptar el hecho de que han fracasado y que están equivocadas, no puede extrañarnos que su reacción sea la huida hacia adelante. Seguir mintiendo y hacer más terrible, especiosa e inquietante su mentira pata continuar agarrándose al poder, a las subvenciones y proseguir con su «táctica del salami» para acabar dominando todos los resortes del Estado y la sociedad.

En esa tesitura la pregunta que da título a esta entrada es simplemente retórica. Quien se dedica a la propaganda nunca puede decir la verdad.

Todas esas «expertas» que cada vez pintan un panorama más negro, que cada día que pasa se inventan una realidad más extrema y claman en los medios que las amparan (y que demuestran así no estar al servicio de la sociedad sino de poderes oscuros que buscan dislocarla y someterla) por todo tipo de prohibiciones y represión hablando en nombre de la supuesta seguridad de todas las mujeres, pero cada vez más, para ganar carga demagógica y lacrimógena, de las niñas solo son charlatanas, bocazas, mentirosas al servicio de una secta.

¿Expertas?…en realidad peritos de parte: mamarrachas a sueldo de una estrategia leninista al servicio de un núcleo advenedizo, intruso y totalitario de asalto al poder. No mejores que Goebbles.

© Fernando Busto de la Vega.

UN PAR DE PELÍCULAS JAPONESAS QUE VER EN ESTOS TIEMPOS DE FEMINISMO PURITANO DE ORIGEN ANGLOSAJÓN.

MEIKO KAJI HUYENDO POR TOKIO DEL POLICÍA QUE HA LOGRADO ESPOSARLA EN EL METRO, PERO AL QUE LE HA CORTADO EL BRAZO A NAVAJAZOS PARA LIBRARSE DE ÉL. JOSHUU SASORI: KEMONO-BEYA (1973).

Quienes me siguen, y oye: no son pocos ni pocas, lo cual agradezco y me sorprende en estos tiempos de decadencia moral, cultural y política, ya saben que estoy hasta los cojones (permítaseme la locución vulgar) de las beatas de sacristía reconvertidas en burguesas progres y que han camuflado su pacato puritanismo en altisonante palabrería feminista. Ya lo he dicho muchas veces: son la misma mierda con diferente vestido.

Por eso, porque es necesario desengrasar, salir del lodo tóxico, castrante y traumatizante de esas feminazis progres de sacristía, las clásicas solteronas o malcasadas retorcidas, amargadas y deseosas de imponer sus problemas mentales al mundo, es preciso contrarrestar su hegemónica propaganda con saludables bocanadas de aire fresco, irreverente y en todo contrario a sus discursos ponzoñosos y paroxísticamente ridículos y enfermizos.

En ese sentido, de momento, nos queda Japón como país libre (aunque no por ello incólume a los arrebatos del puritanismo anglosajón, omnipresente y psicopático). Y hacia allí voy a mirar hoy para recomendar a mis lectores, y lectoras, algunas películas que necesitan ver sí o sí para desintoxicarse del pútrido ambiente feminista y puritano que nos imponen.

En primer lugar quiero reivindicar la carrera cinematográfica de Meiko Kaji en los setenta. Ya Tarantino nos la rescató como cantante en Kill Bill, pero Tarantino no deja de ser un yanqui gazmoño. Es preciso ir mucho más allá.

En esta entrada he comenzado con el principio de la tercera entrega de la serie Prisionera Escorpión, porque siempre me ha apasionado ese comienzo de película y esas escenas en las que la rea perseguida, esposada por un policía en el metro, logra salir del mismo dejando al madero en el interior del vagón y cortándole el brazo a navajazos para huir después, con el brazo cortado colgando de las esposas, por Tokio, pero toda la serie merece la pena ser vista.

En ella, y la anterior, conocida internacionalmente como Stay Cat Rock, no existe la pacatería ni la ñoñería del feminismo woke. Las protagonistas femeninas (interpretadas por Meiko Kaji) habitan un mundo brutal que las agrede, las viola y las machaca, pero logran hacerle frente con valor y salvajismo saliendo adelante y triunfando. No necesitan hablar de feminismo, porque son mujeres fuertes que triunfan y sobreviven. En ese sentido, hay que decirlo, se parecen mucho a mis personajes femeninos.

Meiko kaji en la piel de sus personajes: ¿objeto sexual? Puede, pero desafiante y vengativa, muy lejos de las muñequitas de porcelana hipersensibles y tocadas del ala del actual feminismo.

En esa misma línea de mujeres fuertes sin afectación histérica ni melindres ridículos, víctimas permanentes de todo lo que sucede a su alrededor y no pueden someter a sus órdenes inmediatas y a sus preocupantes fobias indicadoras de una enfermedad mental ya cada vez menos latente, quiero recomendar la película Gun Woman, de 2014, protagonizada por Asami Sugiura y cuya trama dejaré en silencio para quien desee conocerla lo haga por su cuenta y riesgo. Tan solo, como indicación y demostración de lo que estoy diciendo, acabaré esta entrada con un fotograma casi final de dicha película y su protagonista.

GUN WOMAN (2014), UNA PELÍCULA QUE DEBERÍA EMITIR TVE EN PRIME TIME, PERO NO LO HARÁ, LA CENSURA DEL FEMINISMO WOKE PURITANO LO IMPEDIRÍA. LO HA IMPEDIDO HASTA AHORA. ES MOMENTO DE EMPEZAR A EXIGIR LIBERTAD Y PLURALIDAD. ¡ABAJO LA DICTADURA DEL PURITANISMO FEMINAZI!

© Fernando Busto de la Vega.