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EL PISITO (MARCO FERRERI, 1959) UNA PELÍCULA ANTIGUA PARA UN PROBLEMA MUY ACTÚAL.

Uno acaba aburriéndose de los medios de comunicación, especialmente de los espacios que se ocupan del “debate” político y social. Espacios artificiales, propagandísticos y en nada inocentes destinados a “crear opinión” es decir: dogma, y no a informar. Unos espacios farisaicos e hipócritas que buscan modular el discurso público en beneficio de un régimen pensado para defender los intereses de unos pocos.

Así las cosas, si se presta atención y se tiene la edad adecuada, uno acaba percatándose de que los discursos de hoy son los mismos de hace diez años, y los mismos de hace veinte, y treinta…lo que significa que ningún problema se resuelve ni se ha resuelto en todo ese tiempo y que, en realidad, nadie tiene intención de resolverlo porque el problema que perjudica y preocupa a la mayoría, beneficia a los oligarcas del régimen y, por lo tanto, dista de ser un problema: es una oportunidad de negocio, un medio de explotación y de rebañar la chocolatera. Naturalmente, es preciso guardar las apariencias, dividir a la audiencia y dar la sensación de que el problema preocupa realmente al poder y que hay gente denunciándolo y buscando soluciones. Este modo de actuar se extiende a todos y cada uno de los problemas que hacen imposible la vida del español medio, desde Doñana y la sequía, a la precariedad laboral, los problemas de vivienda…a todo.

Además, siempre se hace hincapié en que esos problemas afectan solo a una parte de la audiencia, generalmente los jóvenes o las mujeres, colectivos expectantes, ávidos de protección y beneficios y vivero de votos decisivos, difuminando así el hecho de que el problema (o el negocio esquilmador) perjudica por igual a todas las clases y segmentos sociales. De este modo se implanta un sesgo victimista en determinados colectivos y una sensación vergonzante que induce al silencio, voluntario o forzado, al elevado porcentaje de individuos de los sectores sociales supuestamente favorecidos que o bien callan para no ser tachados de fracasados por no haber alcanzado los supuestos estándares que se suponen a su rango de edad, a su sexo o nivel de estudios o bien son ignorados y desdeñados .¿A alguien le suena aquello de “ok, boomer”? Es solo un ejemplo…y no resulta nada casual ni inocente que una anécdota irrelevante como la que dio origen a la expresión se haya manipulado y magnificado a posteriori por los medios de comunicación y las redes sociales elevándola a categoría…se trata de una hábil estrategia de división, enfrentamiento y desinformación usada contra toda la población. Y no es la única.

Si observamos el tratamiento de todos los problemas sociales en la prensa, los medios de comunicación y las redes sociales (con sus ejércitos de bots y comentadores a sueldo) nos percataremos de que siempre se tiende a los planteamientos maniqueos, a acusar a un colectivo y victimizar a otro para, de este modo, cauterizar cualquier intento de comunicación y la percepción de problema común. Ya se sabe: divide y vencerás. Y saben dividirnos…es un hecho.

Por eso afirmo que los medios de comunicación y las redes sociales que padecemos no son medios ni redes democráticos…no están diseñados para el libre intercambio de ideas y el entendimiento, sino para el enfrentamiento y la división que favorecen al poder. Son, por lo tanto, medios dictatoriales que encubren una tiranía que se oculta tras unas urnas amañadas.

LOS COMICIOS DEL PARLAMENTARISMO LIBERAL SON FARSAS PARA ELEGIR ENTRE FACCIONES Y SIGLAS AL SERVICIO DEL VERDADERO PODER, QUE PERMANECE EN LA SOMBRA.

Una prueba de esa repetición ad aeternum de los mismos discursos y su falta de resolución a lo largo de décadas la tenemos, como reza el título de esta entrada, en la película El Pisito de 1959.

Estamos hartos de escuchar en la televisión y la radio, de leer en los periódicos, de que nos inculquen la idea de la mala situación de los jóvenes cuya precariedad laboral les impide marcharse de casa a la edad que se supone que deben hacerlo y que se enfrentan a un mercado inmobiliario desequilibrado e inaccesible por el afán de especulación y la escasez de vivienda…Estamos en 2023. Lo mismo se decía en 2008, y en 1993, y en 1978 y en…1959.

La película, lo sé, es antigua, está en blanco y negro y seguramente muchos lectores jóvenes (y extiendo tal condición hasta más allá de los cincuenta años) esbozarán una mueca de pereza y fastidio ante la idea de enfrentarse a ella. Pero merece la pena hacerlo, aunque solo sea a título informativo.

¿De qué va?

Sencillo: una pareja de novios, que ya han superado los treinta años e incluso se aproximan a los cuarenta no han tenido ocasión de casarse a causa de no poder acceder a una vivienda propia. Finalmente, para solucionar su problema, el novio, interpretado por José Luis López Vázquez, contrae matrimonio con una octogenaria para heredar su piso cuando muera y, de este modo, lograr casarse con su novia de siempre y solucionar la vida de ambos. En esta historia tan antigua, en la que la estética es tan diferente de la actual, se reproducen al dedillo todos los problemas que los jeremiacos tertulianos de nuestros tiempos lamentan en relación a los jóvenes actuales hasta, de modo subrepticio a causa de la censura, el sexo a cambio de vivienda…porque un matrimonio es un matrimonio y debe consumarse para que sea legal…

EL TRIÁNGULO PASIONAL DE EL PISITO (1959): LOS NOVIOS Y LA OCTOGENARIA CON LA QUE CASARÁ ÉL PARA HEREDAR SU PISO Y PODER ASÍ DISPONER DE UNA “SOLUCIÓN HABITACIONAL” EN EL IMPOSIBLE MERCADO INMOBILIARIO DE MADRID…DEL MADRID DE 1959 Y DE HOY EN DÍA.

Amigos: ved esta película porque pasaréis un buen rato y comprenderéis que nada ha cambiado en setenta años porque a quien manda realmente más allá del teatrillo político (sea una dictadura o una supuesta democracia) no le interesa que cambie…y sacad las conclusiones que creáis oportunas.

¿Quién está detrás de esta película? Eso también os enseñará Historia.

El director es Marco Ferreri (1928-1997), un italiano que llegó a España en 1956 para intentar vender tecnología cinematográfica italiana y fracasó estrepitosamente por la competencia estadounidense, pero conoció por el camino a Rafael Azcona (1926-2008), novelista y guionista cinematográfico (conocido por sus colaboraciones con Berlanga) que en ese momento trabajaba en la revista humorística La Codorniz, publicación de talante falangista que, mira tú por donde, criticaba acerbamente al régimen franquista.

Juntos, Ferreri y Azcona se las arreglaron, a pesar de la dificultad de financiación y de las zancadillas de la censura, para adaptar al cine dos novelas del segundo: El Pisito (1959) y El Cochecito (1961).

En 1961 Ferreri regresó a Italia, en España no era bien visto por las autoridades´, y Azcona comenzó su colaboración con García Berlanga, en el fondo un señorito de derechas que podía permitirse ciertos lujos como hacer películas satíricas, con Plácido.

Hay que decir que tanto Ferreri, como Azcona y Berlanga eran en ese momento jóvenes alejados de los círculos cinematográficos y que se enfrentaron incluso al desdén de sus propios actores veteranos…pero cambiaron el cine español para siempre.

© Fernando Busto de la Vega.

PLÁCIDO ¿LA MEJOR PELÍCULA NAVIDEÑA DE LA HISTORIA?

Luis García Berlanga era rico de nacimiento y disponía de una familia acaudalada que le hacía partícipe en beneficios extracinematográficos ofreciéndole de paso cierta cobertura caciquil frente a las destemplanzas represoras del franquismo, por ese motivo podía hacer cine despreocupándose de la taquilla y hasta de los productores y enfrentarse tímidamente (pero siempre desde una ironía disciplinadamente clasista y pulcramente derechista) a los sintagmas obligatorios de la narrativa oficial.

Eso, de vez en cuando, especialmente en simbiosis con Rafael Azcona ( autor genial irónicamente costumbrista y mucho más cerca de la crítica social falangista de lo que le gustaría pensar y ahora queremos reconocer) producía obras maestras destinadas a perdurar en la cultura universal (si contasen con la promoción adecuada y el respeto hacia la cultura española tan escaso en las instituciones patrias) y desbaratar el ordenado magín interno del espectador sensible (ni siquiera es preciso que sea inteligente).

Plácido, producida por Alfredo Matas (a quien no debemos olvidar en esta reseña) en 1961, es una de esas joyas berlanguianas que todo el mundo debería conocer. Personalmente, y siempre que puedo, la veo en fechas como estas, en Navidad, que es el mejor momento para apreciar su verdad y su amargura.

En su momento estuvo a punto de ser premiada como Mejor Película de Habla No Inglesa en los Oscars, pero fue derrotada por uno de esos coñazos pretenciosos de Ingmar Bergman tan aptos para alimentar el ego de “intelectuales” igual de vacuos y pretenciosos. Aunque debo recordar que ese coñazo (Como en un Espejo) estaba protagonizado por Harriet Andersson a quien, junto con el propio Ingmar Berman (¡hay de mí, que voy a suscitar la ira del puritanismo feminista!), hay que agradecerle ciertos planos de Un Verano con Mónica (1953), por cierto no muy alejados en estética, es precisa una revisión atenta, de los desnudos de Hedy Lamarr en Éxtasis (1933) y, por lo tanto, de la Freikörperkultur germánica (y nazi) cuya estela cinematográfica seguiremos en otro momento quizá hasta el escándalo en Estados Unidos de la película infantil de la Alemania comunista Gritta Von Rattenzuhausbeiuns (1985).

© Fernando Busto de la Vega