En estas páginas se habla mucho de política y de otros asuntos menores, pero no debe confundirse el lector. Al Autor de estos renglones poco le importan (y cada vez menos) las pasiones del mundo. Si algún mensaje importante quiere transmitir es el del Amor (y de ahí que puedan encontrarse en este blog entradas sobre Hotei o que citan a Rumi, o a Jesús, o al Sol Invicto y los demás dioses salvadores así como a Juan de la Cruz, algunos maestros zen u otros místicos que hablan dicho idioma, el idioma que nos devolverá a casa, a nuestro verdadero hogar).
En esa misma línea quiero hoy traer a estas páginas la poesía de Hildegarda de Bingen, que hablaba un alemán dificultoso (debido a su temprana clausura) y un latín básicamente monástico, pero conocía a la perfección el idioma de los Cielos, del Dios Óptimo Máximo que ella entendía desde la secta cristiana, pero que es universal y accesible desde muchas otras (yo soy pagano y hablo, sin embargo, el mismo idioma que ella, que los seguidores del zen o que algunos sufíes). Por eso, independientemente de vuestro origen o elección, os invito a elevaros con estas músicas y meditar estas palabras.
Dice el poema de Hildegarda:
«Cáritas abundant in omnia, de imis excellentissima super sidera, atque amantissima in omnia, quia summo Regi osculum pacem dedit»
Esto es:
El amor abunda en todo lo existente, desde el humilde polvo hasta lo más alto más allá de las estrellas amándolo todo intensamente. Él le dio el beso de paz al Rey Supremo.
Nada más tengo que decir. Solo recordar a la diosa Diana-Anahita, el manantial puro de agua viva que riega el Elíseo y llega a los infiernos para la salvación de todos de la que nos habló en su momento Juan de la Cruz, cuyo poema os dejo en la versión de Rosalía.
© Fernando Busto de la Vega.