Cuando el partidismo y los intereses fácticos y espurios se imponen al patriotismo y la responsabilidad, se contraen gravísimas responsabilidades y se cometen delitos de lesa patria que no pueden ser perdonados ni reparados, solo castigados. Hablamos de traición.
Hoy, justo después de las elecciones del 23 de julio de 2023 en España, los dirigentes de los dos grandes partidos (PSOE y PP) incurren, una vez más, en los delitos arriba descritos.
Únicamente por sus intereses partidistas y su inercia de politicastros al servicio de sus propias ambiciones y no de los intereses generales de la nación, nos andan vendiendo por un lado el cuento del bloqueo parlamentario y, por el otro, la necesidad de pactar con partidos que son enemigos de España, traidores y nocivos al bien común.
Nos mienten diciendo que la situación política y parlamentaria es complicada e insalvable y esta mentira constituye traición. Y habría que empezar a recordarle a todo el mundo, especialmente a nuestros representantes públicos, que la traición se paga con la vida. Claro: en un régimen liberal diseñado para convertir a España en un Estado fallido, no. Cuando llegue la restitución del orden, entonces sí.
En realidad, la situación política española resulta muy sencilla. Lo principal es dejar fuera de las opciones de decisión a los enemigos de España, sean territoriales o sean extremistas financiados por poderes externos. La solución es una gran coalición centrada en un programa racional y factible que aporte una larga legislatura de estabilidad y progreso beneficiosa para el común del pueblo y la nación.
Negar esta posibilidad y fingir para conducir a España al bloqueo o a pactos con extremistas o independentistas es traición, lo repito. Demagogia, antipatriotismo. Exijo desde aquí la dimisión de todos aquellos que insistan en esa dicotomía artificial y se opongan a la necesaria gran coalición.
Sería el pueblo, en la calle, quien debería exigir esta solución. No se hará porque no vivimos en una verdadera democracia. Una verdadera democracia está compuesta por ciudadanos, el régimen español de 1978 se cimenta en una plebe sin formación y sin moral, es parte de su naturaleza que, como ya hemos explicado en otras artículos de este mismo blog, está diseñada por nuestros enemigos, especialmente el imperialismo yanqui, para conducirnos a la destrucción.
Y así estamos descendiendo un escalón más hacia la condición de Estado fallido por culpa de nuestros irresponsables políticos. Luego se quejarán cuando, por traidores, los llevemos al paredón (a unos y a otros, no habrá diferencia de siglas ni de colores).
Las campañas electorales son, ante todo, impostura y algarabía, un a modo de venta de coches de segunda mano en la que los gritos y los insultos entre vendedores pugnan por distraer a los compradores de la escasa calidad de los vehículos ofertados. En otras palabras: una simple estafa llevada a cabo por trileros sin honor ni vergüenza entre los que se elige por falta de mejores oportunidades. En la práctica una situación muy similar a la del capítulo de los Simpsons en el que Kang y Kodos se presentan a las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.
Así las cosas, conviene recordar la naturaleza exacta del arco electoral al que nos enfrentamos y la absoluta falta de representatividad, honorabilidad, utilidad nacional y social y eficacia real al servicio del futuro nacional de las fuerzas que se presentan a las elecciones del régimen (que no son las de la nación, puesto que ninguna fuerza política pretende representar al pueblo sino a intereses coloniales extranjeros). Repasemos.
Nuestra vida política está estructurada en partidos de férrea disciplina (se votan siglas, no personas) que, en esencia, presentan esta disposición ideológica y de acción política:
A)—NÚCLEO CONSTITUCIONALISTA: en 1948, tras la derrota del Eje y el inicio de la Guerra Fría, Estados Unidos, que dominaba Europa, y había convertido al sector occidental en una colonia, impuso un sistema político de estabilidad y sometimiento a sus designios que se basaba en la alternancia política de tres corrientes «moderadas» que, en la práctica, se limitaban a aplicar las líneas generales de las políticas que marcaban los amos imperialistas: socialdemócratas, liberales y democristianos. Esa es la alternancia básica en toda Europa (con inclusiones posteriores como los Verdes). Esa Gran Coalición de facto es simple imposición dogmática. Trasladan a los diferentes países lo que marcan los Estados Unidos bien sea directamente, bien mediante instituciones interpuestas (con la ONU a la cabeza). En España se adoptó como alternativa política al franquismo en el llamado Contubernio de Múnich en 1962 y la integran básicamente el PP y el PSOE (si bien nacionalistas catalanes y vascos se adhirieron también a ella en aquel aquelarre de sumisión al imperialismo yanqui).
B)— DERECHA VOCINGLERA: Los medios controlados por la oligarquía, es decir el poder establecido: nos la venden como «extrema derecha» y la «izquierda» domesticada trata de que los veamos como fascistas cuando no son sino ultraliberales con prejuicios racistas, clasistas y religiosos. En conjunto vienen a imponer en España el ideario trumpista surgido de la realidad social y política estadounidense que poco tiene que ver con la española. Ideología que se mueve y medra con dinero y directrices yanquis, especialmente al servicio de los anglosajones protestantes radicalizados por su pérdida de poder e influencia en relación con otras etnias en los Estados Unidos. Hablamos de VOX, que vocifera y hace aspavientos envolviéndose en la enseña nacional, pero sirve a los bárbaros rubicundos y antiespañoles de Washington y son, por lo tanto, notorios traidores a España.
C)—ULTRAIZQUIERDA SIN CONCIENCIA DE CLASE: Entre estos hay comunistas camuflados que todavía no han aceptado el fracaso estructural e histórico de su ideología, agentes de dictaduras tercermundistas (Venezuela, Cuba, Marruecos, Irán, China…) y flipados de todo pelaje, pero, sobre todo, son portavoces de la ideología woke surgida en las elitistas universidades privadas estadounidenses que se tienen por «izquierdistas» y en absoluto están relacionadas con la realidad social, cultural, histórica o política de España dedicándose a olvidar y sepultar la lucha de clases y la defensa de los intereses comunes del pueblo para defender los de minorías residuales enmascarando así su nula intención social y socialista. Ya sabemos: PODEMOS, SUMAR, MÁS PAÍS, etc.
D)—SEPARATISTAS DE TODA LAYA: Estos son los caciques de siempre que, en el centro se encuadran en PSOE, PP y otros partidos regionalistas, pero en la periferia encubren su condición con el nacionalismo antiespañol y en el supremacismo racista (véase catalanistas y vasquistas), pero no por ello dejan de ser caciques y hacer políticas caciquiles. Se les tolera en el régimen de 1978,y hasta se les da alas, por intereses imperialistas de los Estados Unidos que, de este modo, debilitan a España y la ponen al borde de la ruptura impidiéndole fortalecerse y alcanzar su lugar en el mundo que, desde luego, no está bajo la bota yanqui. Además, algunos de ellos, siempre vendidos al mejor postor, aceptan convertirse en títeres de Rusia y China, por ejemplo los independentistas catalanes y, en su momento, también el conglomerado que ahora va de guay y moderno con las siglas de BILDU y no solo son herederos del terrorismo y del supremacismo nazi del nacionalismo vasco, sino de las maniobras de la URRS contra España a través de la demagogia anticolonialista cuando luchaba por arrebatarnos el Sáhara y las Canarias.
En resumen esa es la estructura partidista de nuestro país, nuestros Kang y Kodos particulares. Ninguno de ellos nos conduce al futuro, sino a la debacle y la disolución, ninguno representa realmente al ciudadano sino que son franquicias al servicio del colonialismo extranjero que pugna por convertirnos en un Estado fallido adscrito al Tercer Mundo, sea desde Washington, desde Moscú, desde Pekín o Caracas-La Habana. Votar es mantener el statu quo que nos conduce a la destrucción. Es preciso derribar el régimen para conquistar un futuro esperanzador y la libertad. Hoy mejor que mañana.
Desgraciadamente, estáis domesticados y marcháis como ovejas dóciles e ignorantes hacia el matadero.
En fin: dale que va, allá en el horno nos iremos a encontrar.
La izquierda dejó de ser izquierda hace mucho tiempo, si es que alguna vez lo fue. Ahora, y desde hace mucho, es un a modo de «movimiento progresista» que, mediante la sectorialización de la masa obrera y los enfrentamientos y atomizaciones subsiguientes está conduciéndonos a la utopía ultraliberal del capital frente al individuo solitario y desprotegido. Todo el movimiento progre, incluso entre aquellos grupúsculos intransigentes que siguen creyéndose de izquierda radical, es puro avance del dominio capitalista, de los capitalistas más poderosos que aspiran a un mundo de unos pocos tiranos con poder omnímodo sobre miles de millones de siervos. Es el modelo hacia el que pretenden dirigirnos con el señuelo de lo que ellos llaman «democracia», «izquierdismo» y «progresismo».
Una de las pancartas propagandísticas que estos hierofantes del progresivo golpe del capitalismo oligárquico que estamos sufriendo es el de la paridad que ahora ese partido que nunca fue socialista ni obrero y que desde hace décadas dejó de ser español, nos trata de vender como la panacea del avance social y feminista, como un camino indispensable hacia un nuevo paraíso…
Pero es bueno sentarse a un lado del camino, no dejase arrastrar por el tumulto, respirar, escuchar y darse cuenta de las cosas.
Resulta que los propios jerifaltes (y jerifaltas, que son peores) del PSOE definen la paridad que tratan de imponer mediante una Ley de Paridad de Género y otras iniciativas igualmente totalitarias y chuscas, como el «reparto del poder entre los géneros»…teniendo en cuenta que bajo el wokismo los géneros son fluidos y pueden cambiar de un día para otro y que no solo existen dos sino multitud, eso de la paridad va a presentar muchas y divertidas (por no decir ridículas y deleznables) dificultades.
Aunque, sin entrar en eso, la definición de paridad ya nos presenta un panorama antidemocrático, antisocial y preocupante. Recordemos: el reparto igualitario del poder entre hombres y mujeres…suena bien, pero esconde un profundo clasismo.
Esa paridad procede de las primeras aspiraciones del feminismo original, pero debemos recordar que la base ideológica del feminismo, que sigue alimentándolo hasta nuestros días, es el racismo y el clasismo mezclado con el puritanismo evangelista anglosajón y especialmente estadounidense. Las primeras feministas lo fueron porque les indignaba que siendo de la raza superior, la clase alta y la religión correcta se les privase del voto cuando había hombres de razas inferiores (hispanos, negros, chinos…), clase humilde y religiones heréticas que pudieran votar. Eso no ha cambiado.
Luego, cuando accedieron al voto y a la vida política estas feministas se lanzaron a la imposición de su puritanismo intransigente: censura, prohibicionismo, leyes contra la libertad sexual…y siguen en eso.
Otra cosa que molestaba a esas señoras de raza aria y radicalismo evangélico era quedar excluidas de la dirección de las empresas de sus familias que, generalmente, heredaban sus hermanos. De ahí su ansia de paridad. De repartir el poder y el dinero entre los sexos…
Pero cuidado: la paridad está reñida con las políticas sociales. El poder y el dinero se reparten entre los miembros de la misma clase, no se admiten huéspedes venidos de abajo.
Cuando los progres hablan de paridad están hablando en primer lugar de limitar el reparto a los grupos sociales que ya tienen el poder y, en segundo, de bloquear cualquier posibilidad de ascenso real a las clases sociales medias y bajas.
Yo, que atesoro una larga experiencia de trabajo en institutos de educación secundaria de barrios poco favorecidos de una capital de provincia, he tratado centenares, miles quizá, de chicos y chicas de gran talento a los que se negará la posibilidad de acceder a ese reparto de poder. Serán paritarios en la miseria porque no han podido cursar sus estudios en los colegios privados adecuados, no tienen vínculos de parentesco con los oligarcas necesarios y están descartados desde su matriculación (desde su cuna en realidad) para alcanzar el reparto de poder.
Así que tengámoslo en cuenta y dejemos de tragarnos la propaganda progre: la paridad es un bien que solo beneficia a las mujeres de cierta clase social. Todos los demás, sea cual sea su sexo y su género, están destinados a ser siervos. Paridad quiere decir clasismo, oligarquía y tiranía capitalista.
Tranquilos, seré breve. Solo pretendo enunciar algunos datos históricos que por sí solos aclaran mucha de la realidad histórica de lo sucedido durante la II República española y nos permiten eludir los cuentos y mentiras interminables que izquierda y derecha siguen contándonos sobre el periodo para rebañar la chocolatera en el presente y el futuro.
Mi posición al respecto es sencilla: hace más de ochenta años que la II República acabó. Seguir enfrentados por ella, en lugar de mirar hacia el futuro, resulta tan absurdo como continuar discutiendo sobre quién tenía razón en las guerras civiles romanas.
Dicho esto, y tras advertir que el golpe del general Primo de Rivera fue una continuación de los pronunciamientos decimonónicos y el Pacto de San Sebastián de 1930, que organizó a los partidos republicanos en su conjura contra la dictadura, una continuación de las conjuras de notables (y masones) de ese mismo siglo y que, por lo tanto, todo el resultado de ambos, tanto la Dictadura como la República solo pueden ser interpretadas como consecuencias retrógradas e indeseadas de un mundo político antiguo y ya moribundo en el primer tercio del siglo XX, conviene echar un vistazo a las cifras de escaños.
Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República entre 1931 y 1936, fue elegido como candidato único por un acuerdo de republicanos y socialistas que, evidentemente, soslayaron la voluntad popular y los procesos democráticos entregándose a una cacicada de libro. Teniendo en cuenta ese hecho será interesante contemplar las cifras de Derecha Liberal Republicana, el partido de don Niceto, en las elecciones generales de aquel periodo. A saber: 1931 (25 diputados, de 470), 1933 ( 3 diputados, de 473) y en 1936 (6 diputados, de 473). Esa es la escueta realidad reducida a cifras.
Manuel Azaña, el segundo presidente de la II República, elegido en 1936, dirigió dos partidos en el periodo: Acción Republicana hasta 1933 y después Izquierda Republicana. Sus números son estos: 1931 ( 26 diputados de 470), en 1933 (5 diputados de 473) y en 1936, con Izquierda Republicana y aprovechándose del efecto electoral y polarizador del Frente Popular, 87. Lo que no le impidió ser presidente del Gobierno entre 1931 y 1933 en una coalición variable con socialistas, radical-socialistas republicanos y autonomistas e independentistas varios.
Conviene recordar ahora las cifras electorales del PSOE en ese periodo.
Este partido, que venía de colaborar con la dictadura de Primo de Rivera y que adoptó varias de sus leyes como la de jurados mixtos en el ámbito laboral y se sacó de la manga la de vagos y maleantes a la que tanto jugo iba a sacar el franquismo, obtuvo en 1931 115 escaños, apenas un tercio de los convocados y la mitad de los necesarios para la mayoría absoluta, de modo que se ocultó tras la coalición con los atomizados partidos republicanos dejando la presidencia de la república a Alcalá Zamora y la del Gobierno a Azaña para moverse en un segundo plano con mayor libertad sin comprometerse demasiado con la clase obrera ni asustar a los burgueses, a pesar de lo cual en 1933 sufrió un batacazo electoral que le condujo a quedar en 59 diputados (recordemos, de 473) y le indujo a cambiar de política. Después de fracasar en las urnas por su propia incompetencia y tras quedar expuesta su vocación burguesa ante los trabajadores, se lio la manta a la cabeza, decidió abandonar la democracia y se lanzó hacia la revolución consiguiendo alcanzar los 99 diputados ( de 473) en 1936 dentro del Frente Popular, que significó una concentración de votos en un ambiente polarizado. Es bueno retener estos datos para comprender bien la situación.
Otro de los grandes fracasos electorales de la II República lo experimentó el Partido Republicano Radical, el de Alejandro Lerroux, que fue la segunda fuerza política en el parlamento detrás del PSOE en 1931 con 90 diputados (y que, precisamente por eso, quedó apartado de los Gobiernos de Azaña que funcionaban como caballos de Troya del PSOE) y de nuevo segunda fuerza parlamentaria, esta vez tras la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), y con un incremento de escaños hasta los 102. La CEDA no podía gobernar sin apoyo (había obtenido 115 escaños) y Lerroux, marginado por el PSOE, no tenía más ocasión para alcanzar el poder que pactar con ellos, de modo que lo hizo y entre 1933 y 1935 el propio Lerroux, Martínez Barrio y Samper, todos ellos del PRR, pudieron turnarse en la presidencia del Gobierno. En 1936, el PRR obtuvo solo 8 diputados. ¿El motivo? Lerroux venía siendo corrupto y arbitrario desde sus inicios en política a principios del siglo XX y, una vez en el Gobierno, esta corrupción se hizo evidente con un sinfín de escándalos que convirtieron al PRR en un cadáver político.
En todo este periodo Falange Española obtuvo un solo escaño en 1933 y no se le permitió presentarse a las elecciones de 1936.
El PCE (Partido Comunista de España), por su parte, obtuvo un solo escaño en 1933 y nada más que 15 en 1936 a pesar de beneficiarse de la concentración de voto del Frente Popular. No debemos olvidar a este respecto que en 1937 el PCE dio un golpe de Estado en la zona republicana tratando de eliminar a todos sus rivales, hacerse con el poder y establecer una dictadura lacaya de Moscú.
Y lo dejo aquí, la Historia y los datos a pequeños sorbos se digieren mejor.