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DOS MÉRITOS DE JAVIER MARÍAS

A nadie que siga este blog se le oculta mi empeño en reformular el panorama literario de los últimos cien años para eliminar las erróneas perspectivas impuestas por una maquinaria literaria y propagandística al servicio de la petulancia, la pedantería y la vacuidad de ciertos sectores oligárquicos y provincianos, a menudo nucleados en torno a la decepcionante industria editorial catalana que se erigió en faro comercial después de la guerra civil (no olvidemos que, por mucho que se victimicen los catalanistas, el triunfo de Franco significó el de la paleta y explotadora oligarquía catalanista cuyos vástagos, con un buen capital a su disposición, pudieron dárselas de progres, de comunistas de salón y de iluminados popes de la intelectualidad sin salir de su provincianismo, de su antiespañolismo, de su clasismo y de su limitada formación escorada a la anglofilia y el afrancesamiento). Como ejemplo de lo dicho, hace meses publiqué este pequeño trabajo sobre Felipe Trigo o este otro sobre algunos escritores sobrevalorados.

En esa tesitura revolucionaria (poco apreciada por las masas, he de admitirlo) es preciso aprovechar cada coyuntura para avanzar en la revisión de las creencias culturales imperantes y en el socavamiento de la errónea perspectiva heredada, no para derribar mitos con pies de barro, que caerán por su propia inercia que los desprotege frente a los vaivenes y rigores de la Historia, sino para encontrar figuras hoy ocultas y desconocidas. Y, sobre todo, para engendrar un mundo literario y cultural completamente diferente y comprometido con el resurgir de España como realidad poderosa.

Necesitamos barrer a las oligarquías corruptas e incompetentes y ello implica demoler sus andamios propagandísticos, también en el ámbito literario. Aniquilar sus lugares comunes y desmochar sus torres en el aire que nos parecen sólidas a base de relatos sesgados y perspectivas viciadas. Necesitamos, también, desarrollar nuevas estructuras sociales, nacionales y culturales y ello implica construir sobre las ruinas del pasado.

Por eso no podemos ceder a la hipocresía ni a la debilidad complaciente.

Y el caso de Javier Marías permite, ahora que su muerte lo ha puesto de moda, señalar dos de sus principales méritos que nos ayudarán a aclarar las estructuras del mecanismo literario, propagandístico y cultural de este país.

Su primer mérito fue nacer en la familia adecuada, con los contactos adecuados. No solo sucede en la literatura. En muchos ámbitos de la sociedad española (empresa, política, profesiones liberales…) los méritos, los contactos y las oportunidades se heredan. Si Javier Marías hubiera procedido de una familia pobre de Vallecas quizá hubiera logrado publicar, pero raramente habría alcanzado el estatus que alcanzó, por muchas milongas que nos cuenten. ¿Desmerezco con esto su obra? En absoluto, digo que en España vivimos en una sociedad clasista, cerrada y cutre que no permite el ascenso de los vástagos de las clases trabajadoras salvo como mascotas marginales y que, si su procedencia hubiera sido otra, no conoceríamos su obra y nadie la glosaría en los medios de comunicación. Ergo ese fue su primer gran mérito: nacer no ya en la familia adecuada, sino en la clase social precisa y, dado el republicanismo de su padre, en el momento adecuado para aprovechar el péndulo de la Transición y la emergencia de una socialdemocracia burguesa necesitada de referentes culturales que esgrimir como propios. Marías fue el equivalente literario a la Movida o a la nueva comedia madrileña, una moda para parecer modernos y creerse mejores que sus antecesores de los niños pera que ocuparon el espectro cultural y político en los ochenta y noventa sin ser otra cosa que un relevo generacional de la oligarquía de siempre.

El segundo gran mérito de Javier Marías, y ya hablamos sobre ello en el artículo que dedicamos a Salman Rushdie, fue encarnar la ideología adecuada, incluyendo una acusada inclinación a la influencia de lo anglosajón que refleja muy bien (como la fascinación de Garci por el cine norteamericano y sus tics “culturales” o ciertos tortuosos desvíos de Gonzalo Suárez) la desconexión de las clases altas y medias de este país con su propia cultura, de hecho: el avanzado proceso de aculturación y colonización que padecemos y que debe ser revertido de inmediato.

Lo dejo aquí.

© Fernando Busto de la Vega.

LA CRISIS DEL HIELO

Resulta que a la crisis de camareros (causada por la poca vergüenza de los empresarios hosteleros que someten a su personal a largas jornadas laborales no remuneradas, a bajos sueldos que no permiten vivir con dignidad y a una temporalidad criminal) se le suma en la hostelería la crisis del hielo.

Pasa que los establecimientos no tienen hielo por causa de los problemas derivados de sus proveedores.

Desgraciadamente, uno tiene ya sus años y ha tenido que trabajar para ganarse la vida. Durante un cortísimo periodo fui el peor camarero de la historia y durante otro más largo gané algo de dinero con la organización de fiestas y eventos y nunca me faltó el hielo por un motivo sencillísimo: carecía de proveedores. En esa época existían máquinas que lo fabricaban y que no faltaban en ningún local que se respetase ni en ninguna nave de empresa dedicada a la organización de eventos que supiera cómo hacer las cosas. Cierto: adquirirlas representaba una inversión inicial y un cierto gasto de mantenimiento que debía unirse al consumo de energía inherente a su funcionamiento, pero merecía la pena.

¿Por qué ahora falta hielo en los bares y las discotecas? ¿Ya no existen dichas máquinas?…No, el problema es uno muy frecuente (y extrapolable al resto de la economía) en nuestro país: un modelo ineficiente de negocio contagiado de la ideología neoliberal de la externalización. Cuando externalizas en equipos básicos y en provisión de productos indispensables sucede esto: quedas a merced de las fluctuaciones de los mercados en los que se desenvuelven tus proveedores y de circunstancias incontrolables.

Sucede en los bares y, como hemos dicho, sucede a todos los niveles de la economía mundial. La ideología neoliberal está profundamente equivocada en todos sus puntos, es una estupidez absoluta que hemos aceptado a causa de su origen yanqui y el seguidismo estúpido de nuestros sectores empresariales. Y ahora pagamos las consecuencias.

Ocurre lo mismo con la explotación de la mano de obra que se pretende poco cualificada (cuando desde un buen camarero a una buena limpiadora pasando por un buen albañil o mecánico, son empleos que exigen una especialización, una experiencia y una cualificación que es preciso pagar y marca la diferencia, aunque no se aprenda en carísimas universidades privadas o escuelas de negocios destinadas a adoctrinar y ofrecer títulos a los niñatos de las clases altas que no han trabajado ni van a trabajar de verdad en toda su vida): si no la pagas y la respetas al final expulsas el talento de tu sector.

Hay que repensarse, empresarios cortoplacistas, peseteros y pancistas: dejar la avaricia y pasarse a la eficiencia, al respeto y al patriotismo social. Os irá mejor.

Por cierto: me dice un amigo propietario de un bar (y que no ve con buenos ojos esta entrada) que, de todos modos, él tiene que pagar por el hielo picado para la coctelería… Y ese es el problema: que torean sin saber, se meten sin conocer los cimientos más elementales del oficio. De toda la vida los buenos barmans (no los que hacen malabares con las botellas, sino los que tenían los huevos pelados de recorrer cruceros y hoteles de lujo) sabían elaborar el hielo frappé, que es el mejor para cualquier preparación de coctelería digan lo que digan los zangolotinos de la modernidad.

Es sencillo: se envuelven los cubitos en un trapo limpio y se golpean contra la pared o se machacan con un martillo hasta convertirlos en una masa granulada dejando al cliente sorprendido y absorto con el procedimiento. Claro que en nuestros días no faltarán las pisaverdes concienciadas que consideren dicho proceso violento y machista. Es lo que hay…

De verdad: estoy convencido de que los actuales profesionales, a fuerza de modernos y de listos, padecen un profundo déficit de conocimientos sobre sus propios oficios y negocios. Un profundo desconocimiento que se extiende a todo el pasado, lo que convierte a muchos elementos de las actuales generaciones en boga (desde la X a la Z) en auténticos ignorantes, incompetentes y fracasados en potencia. Y así nos va.

Esas generaciones, compuestas en su mayor parte por individuos muy pagados de sí mismos, pero con muy poca experiencia real y muy poco respeto al pasado del que deberían haber aprendido, a la par que conducidos cual rebaños por gurús de la economía que solo son vendedores de humo (aunque hayan conseguido hacerse ultramillonarios) están fracasando hoy, en tiempo real, es un hecho…y van a arrastrarnos a todos en su fracaso colectivo. Lo decía en una entrada anterior: mis queridos fracasados, es momento de cambiar, de aprender…de convertiros en adultos.

¡Vaya, algunos con cincuenta, con cuarenta, con treinta años están llamados a madurar por causa misma de la realidad!… ¡Qué drama!

© Fernando Busto de la Vega