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NACIDOS PARA PERDER, LUCHEMOS.

Nacemos para perder. Hagamos lo que hagamos, acabaremos muertos. Esta es una realidad indiscutible. Por eso mismo resulta estúpido tener miedo. Y lo malo del caso es que vivimos acojonados.

Nos lavan el cerebro con el espejismo del triunfo pretendiendo que no nos percatemos de la realidad completa. Hasta el mayor de los triunfadores ha perdido mil veces, hasta el más rotundo éxito conduce al fracaso. La cima es el inicio de la decadencia. Quizá podamos construir un imperio, pero seguramente moriremos con él. O, en cualquier caso, moriremos y de nada habrá servido nuestro esfuerzo. Porque tarde o temprano todos los imperios caen y ninguno de nuestros herederos agradecerá nuestro legado, simplemente lo aceptará como un derecho.

Insisto, pues: nacemos para perder y hagamos lo que hagamos acabaremos muertos, derrotados y olvidados. Entonces ¿de qué sirve el miedo?

Teniendo en cuenta que nuestro tiempo es finito y que acabaremos en el desastre carece de sentido tener miedo. Ya estamos muertos y vencidos, luchemos y vivamos. Seamos grandes de espíritu y dejemos en el mundo la huella de nuestra grandeza, que no es necesariamente la de nuestro poder. Tanto el emperador como el mendigo tienen el mismo compromiso consigo mismos: sonreír con calma ante el dolor y los desafíos y triunfar ante las tentaciones inducidas por el miedo, la pequeñez de espíritu y la ignorancia. Todo lo demás, con riqueza o pobreza, en el poder y la gloria o en la base de la pirámide, en la marginalidad, es desperdiciar la vida.

Vas a morir, aprovecha la vida. Vas a sufrir, combate con valentía y disfruta los buenos momentos. Se grande, se generoso, se benéfico, se indulgente…lo demás, no importa. Tal es el camino hacia la divinidad.

© Fernando Busto de la Vega.

TRES POEMAS DE OMAR JAYAM (O KHAYYAM, SI QUERÉIS UTILIZAR GRAFÍA INGLESA)

En tiempos de incertidumbre como estos, lo mejor es refugiarse en el placer sereno (o en el tumultuoso si se tienen a mano un par de mujeres ardientes y complacientes con las que fornicar y reír) y no renunciar al vino ni a la belleza mientras se escuchan palabras de sabiduría milenaria. Personalmente, me gusta, a veces, brindar a través de los siglos con Omar Jayam y hoy quiero hacerlo públicamente, en esta charla intemporal y muda aderezada con buen vino, mejor talante y una sonrisa relajada nacida de la confianza en el infinito y el desprecio hacia lo contingente.

Así pues, reproduzco aquí tres de los poemas de Jayam, que no serán hueros e inútiles en tiempos como los que corren.

¿Temes lo que pueda traerte el mañana?
No te apegues a nada, 
no interrogues a los libros, ni a tu prójimo.
Ten confianza. De otro modo,
el infortunio no dejará de confirmar tus temores.
No te preocupes por ayer, ya ha pasado. 
No te angusties por mañana, aún no ha llegado. 
Vive sin nostalgia ni esperanza,
tu única posesión es el instante. 
Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: amanece.
Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: anochece. 
 

Cierra tu libro y piensa. Mira impasible al Cielo
y a la Tierra. Da al pobre la mitad de tus bienes,
perdona las ofensas, no le hagas daño a nadie
y apártate a un rincón si quieres ser dichoso.

Son los versos de mi amigo Omar en los que ahora meditaba, con mi copa de vino en la mano. Ya es de noche, pero sé con certeza que amanecerá.

Y no olvidemos a ese respecto al amigo Juan de la Cruz.

© Fernando Busto de la Vega.

TRES ACTOS PARA CAMBIAR EL MUNDO

EL ENCABEZADO DE UN BLOG HA DE BUSCAR UN CIERTO ESPEJISMO DE PERFECCIÓN PARA ATRAER AL PÚBLICO. PERO…

Todos estamos asustados, es inevitable. Aunque no viviéramos en momentos como estos, en los que parece próxima nuestra extinción como especie, algún tipo de fin del mundo, la vida asusta. Me gustaría predicar la confianza, decir, como los grandes profetas de todas las escuelas espirituales: confiad, porque sois amados. Pero estas palabras no sirven para nada sino se viven. Son una enseñanza vacía y engañosa para la mayor parte de los seres humanos. Tarde o temprano llegareis a ese convencimiento, pero sé que no será ahora…ni próximamente.

También sé que la mayoría de vosotros, como yo mismo, buscáis el modo de ser útiles, de cambiar algo en este maremágnum que nos arrastra, de encontrar una esperanza, aunque la vida os destroza, las responsabilidades os abruman, el temor os atenaza…

A este respecto quiero proponeos una disciplina que me impuse hace años y que considero utilísima y una herramienta infalible para cambiar el mundo a vuestro alrededor y, sobre todo, para cambiar vuestro propio interior hacia una posición de mayor serenidad, felicidad y positividad que os hará infinitamente más fuertes y más sabios.

Es sencillo, son apenas tres actos a ejecutar: sonreíd, apreciad la belleza, haced lo mejor que esté en vuestras manos.

Aprenderéis pronto que,para sonreír, es preciso que los demás sonrían también, y eso será una gran lección que producirá un enorme cambio a vuestro alrededor. Cuando comprendáis que hasta en los peores días, en los peores momentos y lugares existe un atisbo de belleza, eso también os cambiará para siempre, y para mejor. No excluyáis a las personas de esa apreciación de la belleza (apreciad y resaltad las virtudes de los demás y no enfaticéis sus defectos). Finalmente: en cada situación haced aquello que consideréis más elevado moral y espiritualmente. No son necesarios grandes gestos, ni grandes gestas, por el contrario, dentro de «lo mejor» se encuentra la humildad.

Probad, siquiera unas semanas: dos, tres…,y observaréis los cambios a vuestro alrededor.

Estamos al borde del abismo, pero podemos evitarlo con una sonrisa. No esperéis a que otros os salven, erigíos vosotros mismos en salvadores.

… LAS SONRISAS MÁS ÚTILES SON LAS SINCERAS Y LAS QUE SURGEN DEL CORAZÓN, AUNQUE VISUALMENTE NO CUMPLAN CON NUESTRAS ESPECTATIVAS ESTÉTICAS. SÉ QUE ME ENTENDÉIS.

© Fernando Busto de la Vega.